Al Salir Del Infierno - John Franklin Bardin

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    Despus de un largotratamiento, Ellen es dada de alta yregresa a Nueva York con sumarido. Ha pasado dos aosinternada y no ha visto un tecladodesde que sufri la crisis nerviosa.Ahora quiere reanudar su carrera deconcertista, y lo primero que buscaal llegar a casa es su clavicordio.Slo que est cerrado y no aparecela llave por ninguna parte...

    Ese, y la fra actitud de su

  • marido, son los primeros detallesextraos que Ellen percibe a sualrededor.

    Nada, o muy poca cosa,comparado con la sinfona depesadilla que est a punto dedesencadenarse en su vida...

    "Los lectores de esta historiala leern con horror... los quepuedan soportarla. Y no laolvidarn fcilmente"

    Patricia Highsmith"Un clsico del suspense

  • psicolgico"Ross MacDonald

  • John Franklin Bardin

    Al salir del infierno

    Ttulo original: Devil take theBlue-Tail Fly

    Traduccin: Miguel Martnez-Lage

    1. a edicin: marzo 1998 1948, John Franklin Bardin Ediciones B, S.A., 1998Printed in Spain

  • ISBN: 84-406-8017-1Depsito legal: B. 5.461-1998Publicado por acuerdo con

    Lennart Sane Agency AB.

    Nota del autorTodos los personajes que

    aparecen en este libro son ficticios.En ningn momento se hacereferencia a persona alguna queexista realmente.

    A John C.Madden,

  • con respetoy admiracin

    When I was young I used to

    wait On massa and give himhispate, And pass the bottle whenhe got dry And brush away theblue-tail fly.

    Chorus

    Jimmy crack corn and I don't

  • care, Jimmy crack corn and I don'tcare, Jimmy crack corn and I don'tcare, My massa's gone away.

    And when he'd ride in theafternoon, I'd follow after him witha hickory broom, The pony beingrather shy, When bitten by a blue-tail fly.

    Chorus

    One day he'd ride round the

    farm, The flies so numerous they

  • did swarm, One chanced to bitehim on the thigh... The devil takethe blue-tail fly!

    Chorus

    The pony run, he jump, he

    pitch He threw my massa in theditch: He died and the jurywondered why... The verdict wasthe blue-tail fly!

  • Chorus

    They lay him under a 'simmon

    tree His epitaph is there to see...Beneath this stone I'm forced tolie... Victim of the blue-tail fly!

    Chorus

    [Autntico espiritual negro

    de, aproximadamente, 1840]

  • De joven me tocaba atender

    al amo y servirle la comida ypasarle la botella cada vez que leentraba la sed y apartarle elmoscardn.

    Estribillo

    Jimmy desgrana el maz y me

    da igual, Jimmy desgrana el maz yme da igual, Jimmy desgrana elmaz y me da igual. Mi amo ya no

  • est.Y cuando por la tarde sala a

    cabalgar, yo iba tras l con unavara de avellano, pues el caballose encabritaba al picarle elmoscardn.

    Estribillo

    Un buen da recorri la

    granja a caballo y eran tantos losmoscardones, que parecan unaplaga; uno se atrevi a picarle en

  • el muslo... el demonio se lleve almoscardn!

    Estribillo

    Corri el caballo, salt,

    arroj al amo en una zanja,se muri del golpe y el jurado

    pregunt por qu... para declararculpable al moscardn!

    Estribillo

  • Lo enterraron bajo un caqui y

    all est su epitafio... Bajo estalpida he de yacer... Vctima delmoscardn!

    Estribillo.

  • 1

    Al despertar, su primerpensamiento fue: Ha llegado elda, y lo repiti una y otra vez,encantada por el eco de las slabas,por el ascenso y descenso de sucadencia, hasta pronunciarlasincluso en voz alta, acentundolascon un tono festivo: Ha llegado elda. Ellen respir hondo y estirlos brazos hacia el techo verdeclaro, hasta que le chasquearon las

  • articulaciones y los tendonescedieron un punto. La clara luz dela maana baaba la habitacin,inmaculada y asptica, salpicndolade sol, como una batidora salpicade crema las paredes del molde.Ellen ri al pararse a pensar en esaimagen, complacida por su propiaingenuidad. Ciertamente, no habaolvidado nada. Slo haba visto unavez batir la crema para hacermantequilla fue durante aquelmes, su primer mes de casada, quepasaron Basil y ella en una granja

  • de Vermont; slo haba visto unavez la crema amarillenta y espesa,aquella mantequilla extraa,blanquecina, que tena un sabormaravilloso, y la pala de batir,llena de espuma hasta el mango. Ah,ya estaba bien de nuevo, no le cupola menor duda; de otro modo, jamsse le habra ocurrido pensar enaquello. Y le pareci tan adecuadoel sol sobre las paredes colorverde claro pareca, de hecho, lacrema batida volvindose poco apoco mantequilla que no pudo

  • por menos que sentirse feliz. Locierto es que se sinti tan feliz enese instante como lo haba sido a lolargo de aquel mes, aquel mesidlico e increble, recin casadacon Basil. Su estado de nimo, elsol y la mantequilla, todo era una yla misma cosa, todo era de una solapieza. Ellen dej caer los brazos y,con un suspiro exultante decontento, dej vaciar los pulmonesde la enorme bocanada de aire quehaba contenido, que habaguardado celosamente, como si de

  • ese modo pudiera atesorar parasiempre la perfeccin de aquelinstante. Y bot y rebot pese a ladureza de los muelles y el colchn,arrojando a un lado sbana, manta ycolcha, para saltar de la cama.

    Hoy me voy a casa!Basil iba a acudir a recogerla.

    Ella se agarrara a su brazo, concierta gravedad, tal vez cohibida enexceso, y recorreran juntos elpasillo. Permanecera a su ladomientras Martha o acaso seraMary? les abra la puerta, slo

  • que en esa ocasin no le apretarael brazo con ms fuerza, no setensaran sus dedos sobre el sperotweed de su traje. En esa ocasinno tendra que detenerse ante lapuerta, no tendra que permanecerunos instantes sola, desamparada,mientras Basil la besaba en lamejilla, en la frente y, con unaprecaucin para ella del tododesconocida hasta entonces, en loslabios. No tendra que sonrer, notendra que hacer un comentariointrascendente, insignificante,

  • animado, dedicado unas veces aMartha otras veces haba sidoMary mientras l se alejaba abuen paso y traspasaba el umbralpara bajar haciendo ruido lasescaleras de metal, a prueba deincendios. No tendra que dar lavuelta en redondo y recorrer elpasillo hasta su habitacin, unahabitacin idntica a todas lasdems a pesar de los gruesosvisillos, los volmenesencuadernados con partituras deBach y Haendel, de Rameau y

  • Couperin, de Haydn y Mozart,ordenados en el anaquel que habapedido y que Basil se encarg detraerle de la ciudad. Hoy no! No,ya nunca ms tendra que sentarsejunto a la ventana, de espaldas, parano verle alejarse por el caminoenlosado, en compaa del doctorDanzer, con el peso muerto de suBach preferido sobre el regazo,abierto por la primera pgina deltexto, agitndose las negras notascomo un enjambre ante sus ojos,arqueados los dedos en una

  • complicada postura al practicar elprimer acorde, con todos lossentidos puestos en el ritmo,apoyndose en la nota ms alta,percibiendo con absoluta precisinel momento en que deba finalizarloque no sea demasiado pronto nidemasiado tarde, sintiendo unavez ms la meloda en los odos, lalenta dignidad de la zarabanda deAna Magdalena, delicadoornamento de su melancola.

    Hoy me voy a casa!Volvi a decirlo en voz alta,

  • riendo entre dientes al tiempo quese cepillaba con gestos vivaces elcabello, hasta dejrselocentelleante. Se visti con rapidez,con seguridad, sin vacilar a la horade elegir las prendas que iba aponerse: eligi de formairrevocable el traje de chaqueta deun tono verde bosque, los zapatosmarrones de suela flexible, elsombrero con una pluma por adornoque a ella no le entusiasmaba, peroque Basil se haba tomado lamolestia de escoger personalmente

  • para llevrselo, muy orgulloso desu eleccin. En aquel momento nonecesit decidirse, pues estabadecidida desde varios meses antes,desde que os por vez primeraanticiparse a ese da. Estaba todoelegido, a decir verdad, con la solaexcepcin del sombrero; ella habadecidido ponerse otro, algo msmasculino tal vez, pero que lesentaba mejor y que, adems, lepareci ms indicado para laocasin. Despus Basil le llev elde la pluma, y ella no iba a dejar de

  • ponrselo, dado que por nada delmundo deseaba herir sussentimientos. No; en adelante iba aanteponer a todo la felicidad deBasil, que para ella haba de sercondicin sine qua non, pues l lomereca. Dnde estara ella de nohaber sido por Basil? Quin habacuidado de ella, quin habahablado y razonado con ella cuandoms enferma estuvo? Quinpermaneci a su lado en todomomento? Basil. Y quin habaacudido a verla todos y cada uno de

  • los das de visita, pese a saber quede nada servira, viajando desde laciudad hasta el villorrio en tren, ydel villorrio al hospital en unatestado autobs? Basil. Y la ltimavez despus que a l se locomunicaran le llev aquelsombrero. Un sombrerito tonto, unafruslera con una absurda pluma poradorno, de esos que compran lasmujeres cuando estn enamoradas ylos hombres cuando entran en unatienda, algo avergonzados, yterminan por decir quisiera un

  • sombrero... para regalar. Y enambos casos, la confesin suscitalas mismas palabras que pronunciala dependienta: Oh, a la seora lequedar tan chic..., y luego esebalbuceo, esa misma forma debuscar el monedero o la billeteracon cierta vergenza, el mismosonrojo al pensar ms tarde en laescena, a sabiendas, tanto si seadmite como si no, que uno hametido la pata. En fin, despus detodo, qu ms daba? Qu podaimportar que el da requiriese un

  • sombrero ms serio, ms sobrio?Acaso no lo haba compradoBasil, acaso no vala ese solohecho ms que todos los prejuiciosfemeninos? Oh, no haba ms quehablar: se pondra el sombrero yadems de mil amores, pues poralgo amaba a Basil, aparte de ser elda en que se iba a casa con l. Esoera lo nico importante, se era elhecho maravilloso.

    Tras