Arevalo Marquez Roberto - Epsilon 01 - Epsilon La Tierra Perdida

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Text of Arevalo Marquez Roberto - Epsilon 01 - Epsilon La Tierra Perdida

La tierra perdida (?psilon n? 1) (Spanish Edition)

psilon

La Tierra Perdida Roberto Arvalo Mrquez

Copyright Roberto Arvalo Mrquez, Aranjuez 2008. 2011. 2015

Este libro no podr ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo permiso del autor. Todos los derechos reservados.

Inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual de Madrid.

Autor y maquetacin: Roberto Arvalo Mrquez.

Diseo de portada: Julio Toledo Garca.

ISBN-13: 978-1517052652

ISBN-10: 1517052653

A mi familia y amigos.

Sois el combustible que hace que siga escribiendo.

PROLOGO

Todo estaba oscuro, demasiado para ser una noche con luna llena. Tan slo el dbil reflejo de algunas farolas aportaba a aquella solitaria calle un pice de luz que indicase a sus transentes por dnde deban caminar. Pero tampoco haba mucha gente que caminase por ah. Slo l, un hombre de treinta y pocos aos, con las vestiduras rasgadas y mojado. Poda or el chasquido de sus zapatillas al caminar, empapadas, y con cada paso que daba, notaba cmo el agua se le escurra lentamente por las suelas.

No saba por qu estaba mojado y se encontraba bastante aturdido. El pelo moreno le chorreaba como un grifo mal cerrado, haciendo que increbles gotas le resbalasen de sus mechones y se deslizasen por sus mejillas hasta que se estrellaban contra el suelo cuando se desprendan de su barbilla. Lo que no entenda era por qu se encontraba as, mojado, cuando en el cielo no se divisaban nubes y el suelo estaba completamente seco. Se habra cado a un ro? Deba de ser eso si no recordaba que hubiera llovido.

Caminaba con tmidos pasos, tratando de recobrar la compostura antes de llegar a casa, intentando por todos los medios recordar algo de lo que haba pasado momentos antes para poder contestar a las personas que le estaban esperando. Fue entonces, caminando casi sonmbulo, cuando repar que no saba quin le esperaba. O lo mismo no le esperaba nadie? No lo saba... estaba confundido y lo nico que poda hacer era caminar lentamente por aquella oscura y solitaria calle. Al final de ella estaba la puerta de su casa.

Continu su camino casi a tientas, hasta que de pronto se top con una nueva farola que iluminaba la zona con algo ms de fuerza. Al lado de sta se divisaba un letrero casi al borde de donde la tenue luz ya se difuminaba, hasta tal punto que no se apreciaba. En l se poda leer: calle de Faith.

Se palp los bolsillos de su pantaln. Primero los delanteros y despus los traseros, e intent recuperar su cartera para revisar las pertenencias que tena dentro de ella. La tena en el bolsillo trasero izquierdo de sus vaqueros, pero cuando la toc, le pareci curioso que sta no se hubiera mojado. Estaba intacta, como si hubiera estado en una bolsa impermeable que la hubiera protegido del agua que haba empapado su cuerpo.

La abri y encontr varias fotos, su documento oficial de identidad, dos tarjetas y dos monedas. No haba nada ms. Cogi su DNI y de un modo instintivo le dio la vuelta para intentar ver el nombre de la calle. Pero estaba borroso. No vea bien lo que pona y por ms que se frotaba los ojos, no vea con claridad su reverso.

El nombre de la calle no le sonaba, no se vea bien, y aquel lugar estaba tan oscuro que ya dudaba que realmente estuviera en el lugar correcto. Pero qu diantre le pasaba? Por qu no era capaz de recordar nada? Por qu cuando cogi su DNI se dio cuenta que por no acordarse, no se acordaba ni de su nombre?

Le hubiera gustado tirarse al suelo y echarse a dormir hasta el amanecer, pero en aquella oscura noche, pareca que el sol jams llegara, que la penumbra invadira cada centmetro de asfalto de ese lugar por mucho tiempo. Adems, necesitaba ayuda. Necesitaba encontrarse con alguien si al final descubra que no estaba en la calle correcta. Por eso, decidi continuar su camino, aunque no supiera adnde se estaba dirigiendo.

Una nueva luz emergi al final de la calle, como quien ve o siente la llamada de los ngeles. l se acerc con cautela, pero sin pausa. Tan slo se detuvo cuando sinti que le vena una arcada. Se reclin apoyado en una de las paredes y trat de vomitar. Se senta mareado, incluso con un fuerte dolor en el pecho y en el abdomen, y confiaba que devolviendo pudiera recobrar la compostura. Pero no expulsaba nada hasta que de pronto una nueva arcada provoc que echase un poco de... agua?

Efectivamente, tras devolver volvi a sentirse con fuerzas y alz de nuevo la mirada al frente, acercndose cada vez ms rpido a la luz que brillaba en el fondo. Poco a poco, esa luz empez a envolverle, a rodearle por todos lados. Sus ropas se haban secado y el dolor que pudiera sentir, ya se haba desvanecido. Cuando ya se encontraba en medio de la luz, sta brill con ms fuerza. Un brillo tan resplandeciente que le oblig a cerrar sus ojos para que los destellos no le molestasen.

Cuando los volvi abrir, la calle haba desaparecido y en su lugar haba una habitacin de paredes color vainilla, con un mullido sof y una mecedora de mimbre. Enfrente del sof haba una pequea mesa de mrmol repleta de ovillos de lana y varias agujas, y en el suelo haba una alfombra tupida de color marrn. En una de las paredes, reposaba una gran mueble lleno de libros en sus estantes, una televisin antigua y en enfrente de stos, un gran espejo que cubra la mayor parte de la pared. Al ver aquel lugar, una tmida sonrisa se dibuj en su rostro... estaba en casa.

Comenz a llamar a voces a su madre mientras sala del saln y se adentraba por el estrecho pasillo al resto de las habitaciones. Pero con l no haba nadie, lo cual era extrao. A estas horas de la noche, su madre ya deba haber regresado a casa.

Volvi al saln y se detuvo enfrente del inmenso espejo. Fue entonces cuando vio que tena mltiples heridas: en el mentn, en las mejillas, en la nariz... eran heridas pequeas, que si bien estaban tan esparcidas por todo su rostro que parecan una sola. Se las toc suavemente, comprobando que no era nada por lo que deba preocuparse y despus se descubri el pecho para ver si las heridas se haban extendido por todo el cuerpo o si slo haban sido por la cara. El pecho le tena intacto y tras descubrirse las piernas, encontr una cicatriz extraa en la rodilla derecha, como si se hubiera cortado o golpeado con algo. Se pas las yemas de los dedos por la marca y al notar su relieve, se inquiet. Debi de ser un buen golpe, pero no recordaba qu haba sucedido.

Un nuevo destello de luz desbord la habitacin y cuando desapareci, volvi aparecer en el centro del saln, con la camisa puesta, y de nuevo mojado desde los pies hasta la cabeza. En la mecedora se postraba ahora una amable anciana que sostena entre sus viejas manos dos agujas y un ovillo de lana blanca.

Mam? pregunt el muchacho mientras se acercaba a ella, con miedo de aproximarse demasiado y que un nuevo destello hiciera que desapareciera. Cmo diablos has entrado? No he te odo entrar.

Pero la anciana sigui tejiendo. Era como si no le escuchase, como si fuera invisible para su anciana madre. Se reclin a sus pies tratando de mirarla a los ojos, pero ella le evitaba la mirada y continuaba con sus quehaceres como si con ella no hubiera nadie.

Madre, te acuerdas de m? pregunt. Saba que ella ya no recordaba muchas cosas. Soy tu hijo.

Era curioso pensaba. Poda acordarse a su madre, pero no consegua evocar su propio nombre en su cabeza.

La anciana, de espeso pelo cano, levant la vista y mir detenidamente a los ojos de su hijo y entonces sonri. Se reclin sobre l y despus le dio un suave beso en sus mejillas. l le devolvi la sonrisa, sorprendido por todo cuanto estaba sucediendo, y despus, la anciana le seal una de las ventanas. l se volvi y vio cmo una luz azulada entraba por las cortinas.

Pero qu diablos ocurre! exclam mientras se levantaba con cautela.

Mir a su madre y sta le volvi a sonrer antes de volver la mirada a las agujas para seguir tejiendo. l slo supo devolverle la sonrisa, intentando no mostrar ningn pice de preocupacin por todo cuanto suceda, y empez a caminar hacia la ventana. Cuando lleg hasta ella, tom la cortina con las manos y vacil si correrla o no. Cogi aire y con fuerzas la apart dejando ver lo que haba tras ella.

No puede ser! pens en alto mientras su madre le volva a mirar con esa sonrisa. l se gir hacia ella e inmediatamente despus volvi a mirar a la ventana.

Pero era imposible. Haca tan slo unos minutos que haba estado fuera y all, a parte de la inmensa oscuridad, no haba nada. Sin embargo, ahora, tras los cristales de lo que pareca ser su casa, estaba el ocano. Era como si se hubiera sumergido a cien metros debajo el agua y desde all se vea un destello de luz del sol que trasluca desde la superficie sobre las aguas cristalinas.

Esto no puede ser real volvi a pensar en alto y su madre se levant de la mecedora y se acerc a l. Ya a su lado, se enganch del brazo de su hijo y volvi a sonrer. Sabes que est pasando? pregunt y ella asinti y volvi a sealar a la ventana.

Entonces volvi a mirar a travs del cristal, que aguantaba de una manera estoica la presin del agua, y vio una especie de embarcacin sumergida con un extrao smbolo: un crculo con un carcter en su interior que desconoca su significado. No entenda nada y la sensacin de incertidumbre de lo que podra pasar despus empezaba a apoderarse de la situacin.

Se debe tratar de un sueo... s, eso debe ser concluy no muy convencido mientras se llevaba la mano derecha al brazo izquierdo para intentar pellizcarse en busca de alguna sensacin que le provocase dolor.

Pero no lleg hacerlo. Un repentino estruendo son desde fuera de la casa provocando un ligero temblor que le tiro al suelo y cuando fue a levantarse, la anciana desapareci. Dio una vuelta sobre s mismo, mirando a su alrededor en busca de su madre, pero ya no estaba. Su desconcierto aumentaba por momentos acompaado de una serie de escalofros y cuando volvi hacia la ventana, un hormigueo de pnico envolvi todo su cuerpo. Una increble figura de una extraa bestia que nadaba lentamente se apostaba enfrente de l, como si observase a su alrededor. Se detuvo y gir su desfigurada cabeza de pez hacia la ventana, fijando sus extraos ojos rojos en los de l. Lanz un nuevo graznido y la casa volvi a temblar, aunque en esta ocasin l no se cay al suelo.

Ha llegado el momento dijo la voz de una mujer joven.

Se volvi hacia atrs y all estaba muy firme una chica de su misma edad. Rubia y de pelo largo, sin sonrer y con la mirada fijada en l... Aquella mujer era muy familiar. La conoca, de eso estaba seguro, pero no lograba recordar quin era. Entonces se volvi hacia la ventana y cuando la criatura volvi a gritar, los cristales del saln se rompieron dejando que el agua entrase violentamente.

La mujer se ech a llorar y l se cay al suelo con el primer golpe del agua.

Te quiero... adis se despidi la mujer y desapareci.

l segua aturdido e intentaba por todos los medios levantarse del suelo. Pero no poda. La fuerza del agua le tiraba cada vez que intentaba reincorporarse. El espejo de la pared se desprendi y tras l apareci un smbolo de una extraa e de color grisceo. La habitacin se inundaba con rapidez y el gran volumen de agua del interior hizo posible que, buceando, pudiera apartarse del chorro que entraba por la ventana. Entonces escuch un nuevo grito, el chillido de una mujer, aunque con l no haba nadie ms. Y despus, sinti el acero de una navaja rasgando la piel de su rodilla.

La cartera se desprendi de sus bolsillos, el agua removi toda la habitacin y cuando ya estaba a punto de quedarse atrapado sin ms opcin, decidi sumergirse y tratar de salir por la ventana para nadar hacia arriba. Era su nica opcin para sobrevivir en lo que l pensaba que se trataba de un sueo demasiado real. Cogi aire y se sumergi, no sin antes quitarse las zapatillas para poder bucear mejor.

Afuera, la bestia que gritaba bajo el agua continuaba deslizndose despacio, pero ignorando cmo l trataba salir hacia la superficie con todas sus fuerzas. Pero las aguas se agitaron cada vez ms. El color cristalino que pudo haber visto dentro del saln de la casa haba dado lugar a un color verdoso que pareca empujarle hacia abajo.

Sin embargo, l no desisti. Us todas sus fuerzas, hasta quedarse exhausto. Su sueo estaba siendo tan real que pens que podra morir de verdad. Y poco a poco, con la claridad del agua de poca profundidad, lleg hasta la superficie. Fue una suerte que afuera un trozo de madera estuviera flotando en el agua. Un trozo de madera a la cual se aferr como la ltima esperanza de sobrevivir, y ya sin soltarse de ella, cogi una profunda bocanada de aire para llenar sus pulmones, no sin antes sufrir un ataque de tos repentino para expulsar el agua que haba tragado.

Afuera, la noche volva a ser oscura y no vea en su horizonte nada que no fuera agua... Era tan real...

Nad a tientas por aquellos mares con el miedo de ser asaltado por la bestia que tena sumergida a sus pies, hasta que se hizo con un trozo de madera ms grande, donde pudo subirse y tumbarse.

Exhausto, trat de descansar un poco olvidando el increble absurdo que estaba viviendo. Pero en su mente no poda quitarse de la cabeza la imagen de su madre y de aquella mujer, hasta que de pronto, se le apareci el rostro de un hombre de expresin severa y barba espesa que intentaba contener la comisura de sus labios para no esbozar una sonrisa. Sus ojos negros le miraban con atencin, expectante por todo cuando suceda y entonces le dijo:

psilon.

Pero l no saba qu significaba y perdi la conciencia.

Bienvenido.

I

En la rama de un robusto rbol, dos colibres rechonchos y de grandes plumas verdes permanecan inmviles agarrados mientras observaban cmo en el horizonte el sol volva a levantarse en el cielo. Para estos colibres, aquello era ya casi un ritual. Todas las maanas solan coincidir en la misma rama. Se enganchaban a ella con fuerza cuando an quedaba cerca de una hora de la salida del sol y esperaban. Y cuando las luces comenzaban a colorear la cristalina agua del mar, ellos comenzaban a cantar. Un canto fuerte y acompasado, como si fuera una orquesta, e interpretasen la misma cancin para todo aquel que estuviera dispuesto a escucharlos.

Aquella maana cantaron como cualquier otra, y despus de un rato, ambos pjaros se enzarzaron en una batalla con sus picos intentando hacer callar al otro. Y es que, a pesar de llevar mucho tiempo amarrndose a la misma rama, no haba maana donde uno no quisiera quedar por encima del otro. No sola haber un vencedor absoluto. A veces ganaba el ms regordete y en otras el ms delgado. Pero ganase quien ganase, el resultado era siempre el mismo: el colibr ganador se quedaba un rato ms cantando solo en la rama mientras que el perdedor volaba hacia la orilla, beba algo de agua y trataba de buscar algo para comer.

Y as fue en ese da soleado y de aguas tranquilas. El regordete le dio varios picotazos y el ms delgado cedi la rama a su compaero de maanas. Vol hacia la orilla y bebi un poco antes de ponerse a buscar algo que llevarse a la boca, hasta que top con un hombre que permaneca tirado en la arena. El colibr lo mir con curiosidad, volviendo su cabeza hacia todo su alrededor, como si tratase de entender cmo haba llegado ah.

El hombre vesta con una camisa morada y unos pantalones vaqueros completamente magullados con diversas roturas por varios lados. Estaba descalzo, con los pies hinchados y con heridas por la cara. Se le vea exhausto, habiendo perdido la consciencia hasta tal punto que no notaba siquiera las olas de la playa que rozaban sus mejillas. A tres metros de l, haba un gran trozo de madera que se haba alejado debido al oleaje de la noche y el colibr, a su lado, le miraba ahora con otro tipo de curiosidad se podr comer?

Se subi encima de su espalda mientras daba pequeos saltos hasta llegar a la cabeza, se reclin, cogi un poco de fuerzas y trat de coger algo de pellejo con el pico. El hombre no reaccion al primer picotazo, pero quien s que lo hizo fue su compaero de maanas, quien abandon la rama con mucha presteza para intentar quitarle el suculento manjar que pretenda comerse. As, los dos pjaros iniciaron una nueva batalla en su perpetua guerra para quedarse uno por encima del otro. Empezaron a pelear encima de la cabeza del muchacho, para despus irse alejando poco a poco hacia el trozo de madera hasta que una nueva ola los sorprendi a los dos, asustndolos, y emprendieron el vuelo a la misma rama donde cada maana cantaban.

Fue esta ola lo que provoc que el hombre sufriera un nuevo ataque de tos, escupiera agua y abriera lentamente los ojos. Segua aturdido y cuando trat de alzar la mirada al frente, la claridad que empezaba a iluminar la playa le provoc una pequea molestia en sus ojos azules. Se llev una mano a la cara para protegerse de la luz y poco a poco se la fue apartando para que la vista se le fuera acostumbrando. Hasta que al final pudo abrirlos completamente y mirar el paisaje que le rodeaba.

Durante una fraccin de segundo, no pudo sino otra cosa que maravillarse con el fascinante lugar donde se encontraba. Una playa de aguas claras y cristalinas, de arena fina y suave, y al fondo la increble entrada a un bosque que casi se le antoj tropical, de grandes y altos rboles, muy frondosos en sus copas y de un verde muy vivo con miles de arbustos en sus races que se fusionaban con el trasfondo del bosque. Un paisaje que invitaba a desconectar.

Pero la sensacin que le invadi durante esa fraccin de segundo, se disip cuando comprendi la extraa situacin por la que pasaba. En primer lugar dnde estaba? Cmo haba llegado hasta ah? Pero lo peor de todo, lo que ms angustia empezaba a producirle era quin era?

Comprenda los conceptos y las situaciones, pero en su mente haba algo que le bloqueaba. Algo que le impeda acceder a sus recuerdos, a su memoria. Era como si estuviera vaco por dentro. Se mir las manos y despus se ech un vistazo, con los pantalones y la camisa mojada, descalzo y con una extraa marca en un lado del torso, como si se hubiera golpeado con algo.

Quiso gritar. Pero la angustia creci al descubrir que no recordaba ni como se gritaba. Y en lugar del chillido liberador que pretenda dar, tan slo pudo emitir un extrao sonido mudo que pareci desgarrarle la garganta, aunque sus odos apenas pudieran percibir sonido alguno. Cogi una bocanada de aire, mientras sus ojos empezaban a empaarse en lgrimas y finalmente, chill.

Fue un chillido de desesperacin que se pudo or a gran distancia. Abatido, volvi a tirarse al suelo, intentando hacer esfuerzos por recordar cualquier cosa, lo que fuera con tal de entender por qu estaba all y cmo demonios podra salir. Las olas de la playa volvieron a mojar sus pies y tras girarse hacia el horizonte, donde el mar se perda donde sala el sol, comprendi que todo lo que estaba sucediendo era real. No era el sueo que deseaba que fuese.

Pasados unos instantes en los que el sonido del mar, el piar de los pjaros y la brisa del viento removiendo los arbustos llenasen el silencio, decidi levantarse y salir del agua. Al fin y al cabo, haba estado demasiado tiempo en remojo y necesitaba secarse.

Se alej de la playa y de la arena, y empez a desnudarse donde empezaba a nacer el suelo verde del bosque. Se quit la camisa y los vaqueros, quedndose slo en ropa interior. Los escurri y los dej reposar encima de una gran roca con cierta textura cristalina. El sol incida directamente sobre ella y confiaba que pudiera secarlas con rapidez. Despus se sent en el suelo, con la mirada perdida en el horizonte, y busc en su interior la forma de recordar cmo se pronunciaba una palabra.

Tres horas despus, habindose dormido de aburrimiento y despertado por el hambre, decidi buscar algo que comer. Pero antes, palp la ropa y comprob, tal y como era de esperar, que ya se haba secado. Se la puso y comenz andar lentamente, sin adentrarse al desconocido bosque. Tan slo merodeaba por los rboles ms cercanos en busca de algn fruto que pudiera llenarle el estmago. Pero no estaba de suerte. Aquellos rboles, a pesar de ser ricos en hojas, estaban escasos de frutos y al cabo de un buen rato, empez a mirar los verdes vegetales y de tacto spero como la nica opcin para calmar al gusanillo. Arranc un par de hojas, las oli y las tir al suelo un poco asqueado de pensar en comerse eso. Slo esperaba encontrar otro tipo de comida, y pronto, porque si no vera en ellas la nica opcin posible para calmar al hambre.

Se acerc nuevamente al agua de la playa, sin adentrarse demasiado. Pero deba sumergirse ms si lo que pretenda era buscar un pez. Y con los pantalones remangados y mirando detenidamente el agua, un ruido a sus espaldas le puso nuevamente en alerta. Se gir bruscamente, dejando que los pantalones volvieran a entrar en contacto con el agua, pero detrs de l no haba nadie. Tan slo los dos colibres que seguan posados sobre la misma rama y sin apartar la mirada de l. Pero cuando volvi a girarse para continuar examinando el agua, otro ruido llam su atencin. No poda confiar en nada e inmediatamente sali del agua, mirando en la direccin donde le haba parecido orlo y camin a pequeos pasos, buscando rpidamente algo por el suelo que pudiera usar en el caso de necesitar defenderse. Pero no haba nada, y continu sus torpes pasos rogando para que fuera su imaginacin.

Y nuevamente el ruido emergi detrs de esos arbustos, seguido de unas tmidas risas. Le hubiera gustado alzar la voz para instar a quien fuese a que saliera, pero an segua con ese extrao bloqueo en su mente que le impeda poder pronunciar palabra alguna, aunque en su mente creyese recordar como se haca.

El arbusto se movi efusivamente y las risas se pudieron escuchar con ms fuerza, hasta que de pronto, la cabeza de un nio muy blanco y de pelo moreno sali de uno de esos recovecos que haba entre las ramas del frondoso arbusto. Le mir y sonri.

No me hagas dao! que no nos estbamos riendo de usted. Lo prometo se apresur a informar el muchacho.

Pero un segundo. Qu lenguaje haba usado? Tena la sensacin de que no era el suyo, pero le haba entendido. Aquello supuso un alivio para l. Escuchar las palabras del muchacho haba provocado que en su mente se rompiera uno de los miles de bloqueos que sufra. Era como si hubiera descubierto como se deba hablar.

Me entiendes? pregunt el hombre no muy seguro de saber qu estaba diciendo. Pero el nio asinti como seal de haber logrado establecer comunicacin con otra persona.

Fue esperanzador para l. A pesar de todo, no estaba tan perdido como pensaba. Haba gente y hablaban en un idioma que l conoca, aunque tuviera la sensacin de estar usando un lenguaje que no era el suyo. Pero eso daba igual en ese momento. Haba ms gente con l y ellos podran ayudarle.

Del otro lado del arbusto salieron dos nios ms y una nia. Todos deban tener entre siete u ocho aos, vestidos con una especie de tnicas marrones y unos pantalones anchos de lana blanca, aunque repletos de manchas de estar jugando en la tierra. Todos le miraban fascinados, sorprendidos por encontrarse a un hombre tan extravagante y extrao por aquellos parajes. Pero para l, tambin era extrao encontrarse con este grupo de nios y ms en un lugar como aqul.

Hola, muchachos hay alguno ms por ah escondido? pregunt cortsmente.

No respondi el nio de la cara cubierta de pecas. Estamos slo nosotros cuatro.

Y qu hacis aqu? Tan lejos de... bueno, en un lugar como ste.

Venimos todas las maanas para or a Pich y Chopo respondi la nia.

A quienes?

A esos dos pjaros que estn posados en la rama de aquel rbol. Todas las maanas cantan muy fuerte y se pegan entre ellos para ver quien canta mejor. Al que gana, le damos un trozo de pan coment el nio de ms baja de estatura al tiempo que sustraa el pan de una bolsa y se lo enseaba. El hombre mir a ese pedazo de pan con el deseo de arrebatrselo de las manos y llevrselo a la boca, pero se contuvo. No poda robar a un nio. Y usted qu hace aqu?

No lo s... Dnde estamos? Qu es este lugar? les pregunt alzando la vista a su alrededor.

No sabe dnde est? pregunt a la nia el cro que an no haba hablado y sta levant los hombros al unsono sin saber qu responder.

No, no lo s confes l.

Estamos en las playas este de Axelle, en la regin de Alabastra. Cmo puede no saber eso? Este lugar es conocido por todos.

Axelle? Eso dnde queda... suena a... Pero no saba que palabra haca referencia a lo que quera decir. Era como si en ese lenguaje no existiera el trmino que calificaba a lo que le sonaba ese nombre. Francs?

Qu ha dicho? volvi a interrumpir el nio ms bajito.

No le he entendido... Chanchs? Qu es eso? le pregunt la nia con una sonrisa risuea.

Nada, nada... olvidadlo se apresur a responder obviando que aquellos nios desconocan su significado. Dnde estn vuestros padres?

Estn en el pueblo... Trabajando contest el nio pecoso.

Me podrais llevar con ellos?

A mis paps no les gustar que lleve desconocidos al pueblo. Se enfadaran mucho si supieran que estamos hablando contigo.

Y tienen razn, pero chicos, necesito ayuda. Necesito que me vea un... Cmo se pronunciaba la palabra que haca referencia a la persona que cura a los enfermos en aquel idioma que conoca? un mdico.

mdico? repitieron los cuatro al unsono.

Este hombre habla muy raro! exclam entre risas la nia.

Qu es un mdico? pregunt el nio ms reservado.

El seor que cura a la gente aclar.

Ah! Un sanador concluy el nio de pecas y l asinti un tanto perplejo. Y para qu necesitas un sanador? Yo no te veo que ests enfermo. Un poco magullado, eso s.

Necesito uno porque... no recuerdo nada. Muchachos, necesito ayuda.

No recuerdas nada? pregunt el ms bajito.

Ni siquiera tu nombre? aadi la muchacha sin darle tiempo a contestar.

Ni siquiera mi nombre... Por eso necesito un... sanador. No creo que vuestros padres se enfaden por ayudar a una persona que no recuerda ni como se llama.

Los cuatro nios se miraron perplejos sin saber qu hacer. Era como si esperasen a que fuera otro quien accediera a la peticin del extrao hombre, pero ninguno se atreva a tomar la iniciativa.

Un momento se excus la muchacha y con un ademn con la mano, llam al resto de sus amigos.

Se alejaron unos metros y formaron un crculo uniendo sus cabezas para debatir qu deban hacer. Mientras, el hombre se qued inmvil en su sitio, esperando a que los muchachos terminasen de deliberar acerca de qu estaban dispuestos hacer. Les caa bien. A pesar de sus extraos atuendos y de su forma de hablar, haba algo en l que les conmova. Tal vez ese aspecto demacrado, de naufrago, que desprenda, con sus atuendos medio hmedos, arrugados y con esas mltiples heridas superficiales. De vez en cuando, alguno de ellos levantaba la mirada para encontrarse con la suya y cuando se daban cuenta que l les miraba expectante, la volva a agachar intentando disimular.

Unos minutos despus, los cuatro nios deshicieron el corro y se acercaron a l, dejando que la nia fuera la portavoz del grupo.

Puede venir con nosotros... Le llevaremos ante el sanador para que le cure.

Gracias, de verdad que muchas gracias respondi complacido mientras soltaba una fuerte bocanada de aire.

La nia esboz una gran sonrisa mientras los tres muchachos emprendan la marcha de vuelta al pueblo. Ella le hizo un ademn para que les siguiera y juntos se adentraron dentro del bosque.

Inmediatamente despus, el colibr ms delgado corri hacia el lugar donde el hombre haba yacido a primera hora de la maana y con su pico agarr su cartera olvidaba. Se subi de nuevo a la rama y su compaero de maanas comenz a enzarzarse nuevamente con l para hacerse con ella. Hasta que de un mordisco, sta cay al suelo, entre unos matorrales, provocando que ambos pjaros se asustasen y emprendieran el vuelo hasta la maana siguiente, donde se reencontraran momentos antes de la salida del sol.

Tras saltar aquellos primeros arbustos donde los nios haban estado escondidos, los cinco llegaron a un estrecho camino de tierra que suba y bajaba varias pendientes. l no dejaba de mirar a todo su alrededor, en alerta por si sala de cualquier escondrijo algn tipo de bestia o animal salvaje que intentase agredirlos. Pero los nios estaban muy tranquilos, tarareando una extraa cancin y rindose cada dos por tres.

En serio que no recuerdas nada? pregunt la nia, sorprendida por que alguien pudiera sufrir algo as. l asinti levemente, como si tratase de meditar en ello, y entonces ella insisti. Ni siquiera tu nombre?

Ni siquiera mi nombre respondi l intentando ocultar su angustia.

Vaya. Yo me llamo Renella y ellos son Conexo, Zuio y Arceldo se present la nia antes de que el nio de pecas, a quien la nia haba sealado como Zuio, y el ms tmido, Conexo, empezasen a cantar.

Arceldo es un cerdo! Arceldo es un cerdo!

Callaos, idiotas! contest el ms bajito con su tono de voz agudo y estridente. El hombre no pudo evitar sonrer ante aquella imagen.

No es que fuera el momento idneo para rerse, pero las chiquilladas de los cuatro muchachos sirvieron para que desconectase en parte del extrao momento que viva y se relajara durante aquel camino al pueblo.

Durante el trayecto los dos muchachos no dejaron de saltar de rbol en rbol, mientras Arceldo y Renella caminaban a su lado preguntndole tantas cosas que no saba contestar que hizo que su angustia fuera en aumento.

Abandonaron el estrecho camino de tierra cuando llegaron a una bifurcacin donde varias rutas se fusionaban en una misma y nica direccin. En el centro del camino donde todos se juntaban, haba una enorme estatua de piedra tallada al milmetro representando la figura de una mujer de pelo largo, con un brazo extendido al cielo y sujetando a un nio con el otro. Algunas enredaderas se haban enrollado a lo largo de una de las piernas y del brazo, tiendo el gris de la piedra de un verde oscuro que se le antoj un tanto ttrico. Aun as, no poda negar que la estatua gozaba de una gran expresividad. Era muy bella. Toda una obra de arte.

Qu estatua ms hermosa coment el hombre segn se iban acercando a ella Quin es ella?

Quin? pregunt Renella.

La mujer de la estatua.

Es la dama Chrystelle no la recuerdas? interrumpi Arceldo.

Debera saber quin es? pregunt extraado.

Todo el mundo sabe quien es la dama Chrystelle! exclam Renella. Al final va a ser cierto que no recuerdas nada.

La dama Chrystelle es la guardiana de la luz y la protectora de los nios perdidos aclar Arceldo.

La guardiana de la luz?

Yo que vosotros no perdera el tiempo en decirle cosas! intervino el nio de las pecas, Zuio, mientras saltaba de un lado a otro.

Por qu lo dices? pregunt Renella.

Ya lo he visto en otras ocasiones empez a explicarles. No recuerdan nada. Se van olvidando de todas las cosas importantes hasta que de pronto su mente desaparece. Mi padre ha tratado con varias personas as Maana ni se acordar de nuestros nombres, por lo que yo no perdera el tiempo en decirle quin es la dama Chrystelle.

Estoy enfermo? pregunt horrorizado.

S respondi con frialdad. Supongo que te morirs pronto.

Zuio! No le puedes decir eso reprendi Renella.

Qu ms da! Si maana no se acordar.

Aun as. No est bien.

El muchacho sigui saltando alegremente acompasado de las risas de su amigo Conexo, mientras, unos pasos atrs, Renella, Arceldo y el hombre caminaban ms despacio. Ella trataba de animarle y le deca que no hiciera caso a su amigo, que sola ser muy mentiroso. Pero algo haba cambiado en la expresin de la muchacha. Se notaba que slo lo deca para tranquilizarle.

Continuaron con el camino sin mucha conversacin. El hombre, asustado de preguntar cualquier otra cosa y que aquel nio pecoso lo relacionase con algn tipo de sntoma de la enfermedad que presupona que le matara, decidi guardar silencio y lo nico que haca era escuchar las conversaciones que mantenan los cuatro amigos. No haba nada de especial en ellas, de hecho, algunas cosas no las entenda, pero no pregunt. Tan slo cuando vio que el camino no terminaba nunca, les interrumpi.

Queda muy lejos el pueblo?

No, ya llegamos contest Renella. Cuando subamos esta cuesta, ya lo veremos.

l asinti sin dejar de mirar a su alrededor. La espesura del bosque que pudo ver al principio ya haba desaparecido. Ahora pareca que el terreno fuera ms llano y la vegetacin que haba ya no fuera tan tropical. Haban andado mucho, s, pero el suficiente como para que pudiera haber esa diferencia en cuanto a la flora del lugar?

Efectivamente, cuando terminaron de subir la cuesta, a lo lejos empezaron a divisar las primeras casas de eso a lo que ellos haban llamado pueblo.

Eso era el pueblo? pens. Ms que un pueblo, pareca una triste aldea pobre, de casas bajas, mal organizadas y construidas con materiales endebles que no garantizaban que pudieran aguantar en pie durante mucho tiempo. Un barrio de chabolas.

Las calles eran tambin de tierra, sin asfaltar y las casas convivan en perfecta armona con la vegetacin de la zona. A lo lejos, hasta donde la vista alcanzaba, vea los altos de un edificio situado en el centro y a su alrededor haba algunas casas ms firmes, construidas por ese mismo material que pareca granito, aunque tendra que acercarse ms para asegurarse.

Es ah dnde vivs? pregunt a los cuatro y todos ellos asintieron.

En Borja inform Renella. All estarn nuestros padres. Ya vers como ellos te podrn ayudar. Seguro que recuerdas todo intent animarle.

Con la bajada de la cuesta que les llevaba a la entrada de Borja, los tres chicos emprendieron una carrera para ver quien de ellos era el ms rpido, mientras Renella y el hombre a quien acababan de rescatar, les miraban con una expresin divertida.

En esta ocasin, Arceldo fue el ganador, lo que provoc que sus dos amigos, llenos de frustracin, comenzaran otra vez a vitorear aquello de Arceldo es un cerdo con el objetivo de truncarle el momento de gloria. Y lo conseguan. Arceldo reaccionaba muy mal a las mofas de sus amigos. Ya en alguna ocasin se haba peleado con ellos y sola darles bastante fuerte. El problema luego vena con su padre, quien le reprenda por ser tan bruto.

Queris dejarle en paz! Luego lloraris cuando os pegue advirti Renella mientras se acercaba a su amigo y trataba de relajarle.

La muchacha sola enternecerse mucho con Arceldo, saliendo tantas veces en su defensa que al final terminaban metindose con ella, lo que provocaba que l se enfadase ms y al final les atizaba ms fuerte.

Renella quiere a Arceldo! Renella quiere Arceldo! empezaron a vitorear. Renella es una cerda! Renella es una cerda!

Eh, chicos, tranquilizaros se interpuso el hombre entre ellos para intentar que se callaran los muchachos. Pero Zuio, el nio de pecas, le respondi sacndole la lengua a modo de burla y le dijo.

T calla, desmemoriado!

Tanto Zuio como Conexo continuaron riendo a grandes carcajadas hasta que al final salieron despavoridos hacia la entrada de Borja. Se metieron dentro del pueblo y seguramente se marcharon a sus casas para tener que evitar dar ningn tipo de explicacin a los mayores del pueblo. As les pasaban a Renella y a Arceldo el problema de tener que explicar quin era ese hombre, dnde lo haban encontrado, por qu lo haban trado hasta el pueblo y lo ms importante, qu hacan ellos en las playas del este?

Cobardes! grit Renella consciente de por qu haba actuado as. Olvidadlos. Son tontos los dos... Vamos a mi casa. Estar mi madre y con ella se puede hablar.

Ninguno de ellos aadi nada ms y sin ms demoras, los tres entraron dentro del pueblo. Haba muy poca gente caminando por las calles. La mayora eran nios y mujeres, y todos tenan unas ropas similares a la de los muchachos. Tnicas, capas, mantones...

Todos se volvieron a mirar al hombre que entraba por vez primera. Para un pueblo como Borja, donde todo el mundo se conoca, aquello era una noticia de la que deban sacarle el mximo jugo. Arceldo y Renella iban en cabeza, saludando a todas las personas con las que se cruzaban, y el hombre iba detrs de ellos, con la cabeza agachada intentando evadir todas las miradas de sorpresa.

La calle principal, aqulla que si continuabas por ella te llevaba a ese edificio central que haba visto, estaba bastante deteriorada. Llena de rocas incrustadas por el camino y desniveles que hacan muy difcil su trnsito. En las fachadas principales de las viviendas haba mucha iconografa acerca de esa dama de la luz, la dama de Chrystelle, junto con la imagen de un hombre robusto de espesa barba y expresin severa. Y encima de todas las puertas estaba esa extraa e que haba visto en algn otro lugar, aunque no recordase dnde.

Al final de la calle se poda ver un pequeo mercado, casi todo ocupado por mujeres, donde vendan con el mtodo ms antiguo la mercanca que tenan. Desde pan, gallinas, legumbres hasta atuendos o calzado. Solan captar a sus clientes voceando. Y lo hacan extraordinariamente y armando un gran revuelo.

Gallinas! Seora, tengo estupendas gallinas! La gallina de los huevos grandes! La gallina del perfecto asado! Seoras, miren cmo tengo a las gallinas! gritaba una mujer rodeada de jaulas con gallinas cacareando. Otra mujer se le acerc y le dio una gran moneda de cobre.

La quiero para asar coment.

Te la mato?

S, por favor.

Y la vendedora sac a una de sus gallinas, la cogi con fuerza con las dos manos y la rompi el cuello en un instante antes de darle el animal muerto. La mujer la meti en una bolsa de tela y se despidi en busca de otro puesto donde poder seguir comprando.

Renella hizo las veces de gua del pueblo y le fue explicando todo con sumo detalle, hasta le deca el nombre de las mujeres que compraban en el mercado, tal vez con la esperanza de que alguno le sonase en la memoria, algo que le diera algn indicio de que no padeca la terrible enfermedad que supona Zuio que tena. Sin embargo para l, todo aquello era nuevo. No poda recordar nada.

Salieron de la calle principal girando por una de las bocacalles donde el suelo presentaba en las mismas condiciones. Pero no pareca importar a la gente de Borja el estado de sus caminos. A pesar de llevar calzado que poco poda proteger de los cantos de las piedras, sus pies ya estaban acostumbrados andar sobre ellos.

Aqu vivo yo comunic Renella con una sonrisa. Fue entonces cuando repar en que no haba cerraduras en las puertas. Tan slo empuj un poco y la puerta se abri. Entr ella y su amigo, pero l se qued fuera por precaucin. Pero pasa, no te quedes ah fuera... Voy a llamar a mi madre. Mam! Mam, dnde ests?!

El hombre entr con cautela mientras la muchacha vociferaba llamando la atencin de su madre. La casa era muy lbrega y oscura, con muebles muy bastos: una mesa comedor, unas sillas, una estantera casi vaca y una chimenea negra. No haba puertas que separasen los habitculos de la casa, sino unas simples cortinas blancas que colgaban de unos arcos y las paredes parecan estar pintadas con tierra, de arena que se desprenda si te rozabas con ella.

Al cabo de unos segundos, la cortina se abri y apareci una mujer con un pao entre las manos y un delantal. Era una mujer joven y regordeta, de mofletes sonrojados y una melena rubia que tena recogida con una pinza. Al principio no repar en la visita que tena y empez a reir a su hija por dar esas voces.

Cuntas veces te habr dicho que no debes ir gritando como las mujeres esas del mercado...

Mam, tengo que contarte algo interrumpi, pero ella segua, con un vaso en el trapo y frotndolo con fuerza sin levantar la mirada, concentrada que dejar impoluto aquel utensilio.

Siempre pegando semejantes voces. No s como no ests sorda de lo que gritas.

Mam! grit.

El grito fue lo nico que logr que se callase. Tal vez por eso su hija era una gritona, porque era la nica manera de ahogar las voces de su madre. Ella dej de frotar el vaso y la mir muy severa. Pero al levantar la vista, se top con aquel extrao hombre a quien no conoca de nada. Sus ojos se cruzaron y sin saber por qu, la mujer se asust.

Disclpeme, seora, espero no haberla asustado coment l.

Quin es este seor?

Mam, es eso lo que quera decirte. Le encontramos esta maana por ah perdido y necesitaba ayuda. Quiere que le vea el sanador respondi Renella.

Y esas ropas? De dnde eres? De Silvanio? pregunt, pero l no contest.

Cmo va a ser de Silvanio? No tiene pintas de ser uno de ellos respondi Renella.

No s muy bien a qu tiene pintas este seor. Y qu es lo que le ocurre? Por qu necesita un sanador?

No recuerda nada, mam.

Est desmemoriado? pregunt sobresaltada. A ver seor, sintese le orden mientras deslizaba una silla y se la ofreca. El hombre, asustado y sin saber qu hacer, obedeci y se sent con cautela sin apartar la mirada de la amable mujer. Sabe dnde est?

No... Bueno, en Borja? Me lo ha dicho su hija respondi.

S, est en Borja pero recuerda algo antes de encontrarse con mi hija?

Dira que noconfes.

Entiendo... Renella Dnde le encontraste? pregunt a su hija.

En las playas del este respondi con cautela.

Cmo que en las playas de este? Qu hacas t ah, jovencita? Te he dicho muchas veces que no se puede pasar por ah. Es que no lo entendis.

Ya lo s, mam...

Y t, Arceldo, tambin sabes que no debis andar por ah y menos solos. Ya hablar con tu madre reprendi al amigo de la hija que permaneca en el absoluto silencio. Anda, marchaos los dos a la casa del sanador y decidle que venga de inmediato. Yo me quedar con l.

Los dos muchachos obedecieron sin rechistar y se fueron dejando a solas a la madre y al extrao hombre. l no deca nada, sino que permaneci en el ms absoluto de los silencios sumergido en sus pensamientos.

Cada vez estaba ms convencido de que aquello tena que ser un sueo, o mejor dicho, una pesadilla. Nada de esto podra ser real. Un mundo como aqul que se estaba descubriendo ante sus ojos no podra existir en otro sitio que no fuera su imaginacin.

Tiene hambre? Quiere que le saque algo de comer? se ofreci la amable mujer.

S, por favor... No s cuanto tiempo llevo sin comer y tengo un agujero en el estmago.

Tome un poco de pan y unos embutidos... y un poco de agua.

Se lo sirvi todo encima de la mesa y se qued observando como coma lentamente, aunque al hombre le apeteca devorar, pero por respeto o por educacin, fue un poco ms comedido.

En serio cree que estoy enfermo? pregunt despus de haber saciado un poco el hambre, que estoy... desmemoriado.

No lo s confes ella con una mirada enternecida. Qu es lo primero que recuerdas?

Un pjaro... Un pjaro que se pos en mi espalda y me pic. Creo que pretenda comerme... y el agua del mar.

Entiendo... En todo caso no creo que ests desmemoriado. Una persona que sufre esta enfermedad y ya no recuerda ni quien es, suele presentar otro tipo de aspecto. Cierto que hablas raro, tienes un acento que no logro identificar de donde es, pero no muestras torpeza a la hora de expresarte... Tus formas de vestir tambin son muy... extravagantes, por lo que supongo que eso, aadido al acento, dejar claro que no eres de Axelle, o al menos de la regin de Alabastra... Si estuvieras desmemoriado, ya no recordaras bien cmo se habla, incluso cmo se anda, y tampoco recordaras lo que ha pasado hace unas horas... No, no creo que ests desmemoriado, pero tampoco soy una experta en el asunto.

Es una enfermedad frecuente por estas tierras?

S. Est ligado a una de las pestes vertidas sobre el mar por las criaturas malignas. Si tragas el virus, en menos de un mes empiezas a olvidar todo. Primero cosas con cosas simple, como comprar el pan o ir a trabajar, y luego empiezas a olvidar a tu familia, a tus amigos, hasta que te olvidas de quien eres. Luego ya llega el momento de olvidar cmo se anda, cmo se salta y se habla... hasta que un da, te olvidas de cmo se respira y te mueres.

Dios! es terrible.

Por eso creo que no ests desmemoriado. Un desmemoriado no es consciente de estas cosas en el punto en el cual deberas tener de avanzada la enfermedad. De todos modos, como te he dicho, no soy una experta en este asunto. Pero no te apures. Enseguida vendr en sanador y te observar. Seguro que l puede decirte algo.

Tuvo que esperar media hora a que llegase el sanador del pueblo. Se trataba de un hombre muy mayor, con el pelo completamente cano y muchas arrugas por toda la cara. Lleg, le mir detenidamente y despus empez hacerle una serie de preguntas simples y sencillas como de qu color era la mesa o cuntos dedos tena levantados. Supo contestar a todo, salvo a la pregunta de qu da de la semana era.

Le pidi despus que se descubriera el torso y se lo examin minuciosamente, detenindose en la marca que tena en el lateral. La palp suavemente y despus cogi un extrao potingue y se lo unt lentamente.

Guard un poco de silencio, quedndose ausente, como si meditase en su diagnstico, y despus se fue hacia su maletn de piel y extrajo unas hierbas.

Amana llam a la madre de Renella. Te importara hacerle una infusin con estas hierbas?

Por supuesto que no me importa... Sabe lo que tiene? pregunt mientras coga las hierbas y l le miraba con atencin.

La buena noticia es que no est desmemoriado... la mala, que no s qu le pasa contest, y que no recuerdes nada dificulta mucho la labor. Slo tengo claro que, de Alabastra, no eres. Tu atuendo es muy extrao.

Y el acento interrumpi Amana. El acento no es de aqu, y yo dira que no es de ninguna regin de Axelle.

Un silvano? pregunt mirndole detenidamente. No tiene aspecto de ser de Silvanio. Por el acento, no, dira que no, pero sus ropas son muy extraas.

Una pregunta interrumpi el hombre Por qu actuis como si yo no estuviera delante? No hago ms que oros que si estoy enfermo, que si soy de no s dnde Y no s si lo que decs es bueno o malo.

Disclpanos. No queramos ofenderte respondi el viejo.

Por favor, decidme algo que me ayude porque estoy muy asustado saben? Os veo a vosotros, veo vuestro pueblo y vuestro modo de vivir y no puedo hacer otra cosa que asustarme. Estoy cagado de miedo porque estoy empezando a pensar que no soy de este mundo.

A qu te refieres? pregunt Amana.

Digo que no slo no recuerdo nada de todo esto, sino que creo que vengo de un lugar muy diferente a ste. Es como si me hubiera tragado un agujero negro y me hubiera llevado muy lejos de mi casa.

Pero si ni siquiera recuerdas cmo es tu casa! respondi la mujer antes de que tomase el viejo de nuevo la palabra.

Lo cierto es que tenemos muchos desmemoriados en Borja, es una de las consecuencias de vivir cerca del mar, pero normalmente solemos conocerlos a todos y que nadie pueda decirnos quin eres eso dificulta mucho las cosas. Pero debo decirte que me reafirmo en que t no ests desmemoriado Los desmemoriados no sienten miedo.

Entonces Hay alguien que sepa decirme qu me pasa?

Amana dnde le encontraron? pregunt el sanador.

En la playa del este Y no me digas nada! Ya he reprendido a los nios por irse hasta all.

As que en la playa repiti meditando. No debera atreverme a decir tal cosa pero

Pero que pregunt el hombre.

Entre el acento, las ropas y que ha aparecido en la playa este Puede que venga de alguna tierra lejana?

Cmo puedes decir eso? Todo el mundo sabe que las criaturas marinas se tragaron toda la tierra y dejaron slo las tierras de Axelle.

Lo s, pero no est desmemoriado, no es de Axelle y tampoco es de Silvanio. Qu otras opciones nos quedan?

Y por qu no recuerda nada? pregunt Amana.

Puede que estuviera en alguna embarcacin, buscando ms tierras nosotros lo hemos hecho en centenares de ocasiones. Lo mismo se toparon con alguna bestia, la embarcacin naufrag y l sobrevivi llegando a Axelle a la deriva.

Eso no responde a mi pregunta contest incrdula Amana.

S la responde. Bien sabemos que las bestias marinas tienen facultades para hacernos enfermar. Nosotros mismos vivimos la epidemia de los desmemoriados por culpa de esas bestias Quin sabe qu ms son capaces de hacer?

Un segundo interrumpi el hombre. Segn ustedes, yo vena en un barco de otras tierras y un monstruo marino me atac provocndome esto?

Es lo nico que se me ocurre, al menos por ahora respondi el anciano.

Y entonces Qu solucin hay? pregunt desesperanzado. El anciano le mir compasivo y le dijo tras un gran suspiro.

Rezar y esperar que psilon se apiade de tu alma respondi con firmeza.

psilon? Dnde haba odo ese nombre antes? Las caras de compasin de la mujer y la del anciano contrastaban mucho con la de aquel hombre, que los miraba atemorizado por aquello que le decan. El mundo que le describan no poda ser cierto, deba ser una terrible pesadilla. Y que lo nico que pudiera hacer fuera rezar, le desalentaba an ms. Pero, a quin deba rezar? A ese tal psilon? y quin era ese tal psilon? Acaso no se trataba de una simple letra griega?

II

Al norte de Axelle, en los puertos de la ciudad de Jos, dos ancianos miraban a los marineros que se preparaban para partir en sus navos. Haca bastante viento, aunque no se divisaban nubes en las cercanas, y los tripulantes partan con la moral alta.

Unos metros atrs del lugar donde observaban los ancianos a los marineros estaba la taberna de Jos, un lugar de encuentro para todos los hombres y mujeres que vivan en el mar. All, como cada da antes de partir de expedicin, estaba Merlo, uno de los capitanes de los batallones de defensa de Axelle.

Se trataba de un hombre de veintids aos, corpulento y de piel muy bronceada causada en parte por las largas horas al sol que pasaba dentro de su navo. No sola ir afeitado, aunque no permita que la barba le creciera mucho, y es que le gustaba ir as, a medio afeitar. Se alist al batalln de defensa de Axelle con la edad de quince aos y en muy poco tiempo logr hacerse con puestos relevantes dentro de la jerarqua de dicha institucin. Hombre solitario all donde los haba, Merlo era considerado como uno de los capitanes ms exigentes, pero leales del batalln, aunque no cayera bien a su tripulacin.

Aquella maana, como todas las maanas, Merlo se tomaba un whisky antes de zarpar, sin hablar con nadie mientras meditaba en todo lo que tena pendiente de hacer. Su tripulacin estaba armando su navo y en breve saldran durante cinco das a patrullar los mares y proteger a los barcos pesqueros de los posibles ataques de las bestias marinas. Llevaban tiempo sin sufrir una embestida y aquello provocaba cierta confianza a los marineros, aun as, l no bajaba la guardia.

Siempre estaba en alerta. Ya era demasiado tiempo sin recibir ningn ataque. Dnde se habran metido las bestias? Para el capitn se estaba empezando a convertir en una monotona demasiado aburrida. Necesitaba accin.

Tabernero! Necesitamos suministros de ron y whisky! Que zarpamos a la mar vocifer uno de sus marineros con alegra acompaado de su amigo que se dispona a ayudarle a cargar los barriles.

Nos vamos a patrullar, no de fiesta interrumpi Merlo sin levantar la vista de su copa.

Lo s, capitn, pero llevamos mucho tiempo sin avistar a las bestias. Habr que buscar un entretenimiento para estos das coment con picarda.

Est de servicio, marinero. No s de dnde ha sacado que iba a dejarle beber en mi navo volvi a interrumpirle.

El capitn Cover permite beber a la tripulacin replic el acompaante.

Y yo tambin permito bebe, pero agua. Puedes beber agua hasta hartarte.

Con mis debidos respetos, capitn, pero llevamos mucho tiempo desocupados, sin hacer nada ms que ver mar. Hay quienes piensan que las bestias han muerto. No estara mal que nos llevsemos un poco de ron.

No se preocupe, marinero... Le mantendr ocupado limpiando la cubierta sentenci el capitn disimulando su sonrisa Tabernero, guarde el ron! Mis muchachos se pasan al agua! Se gir haca su subordinado y con una maquiavlica sonrisa, aadi antes de irse para dejarlos solos. Pero qu buen capitn que soy!

Los dos marineros se miraron contenindose la furia, detestando ms si cabe al capitn que tan buena reputacin tena entre los altos cargos y que tan mal caa entre los marineros.

ste se enfrentar a un motn el da menos pensado coment el amigo del marinero por lo bajo, observando cmo se iba marchando el capitn de la taberna. Cuando sali, el otro marinero se puso al lado de la barra y volvi a gritar.

Qu pasa con ese ron y el whisky! Qu salimos a la mar en unos momentos!

La luz del sol ceg momentneamente a Merlo. Tuvo que llevarse la mano a la frente para protegerse los ojos, hasta que poco a poco empez a recuperar la visin, observando aquel panorama matutino del puerto de Jos. Los marineros estaban cargando su gran navo, uno de los ms fuertes de toda la flota de Axelle, mientras algunos familiares se iban despidiendo de aquellos que zarpaban por primera vez. Los barcos pesqueros estaban de regreso tras dos das capturando peces y algunas mujeres cargaban los pescados con carretillas para llevarse a sus pueblos y venderlos en los mercados. Era el ritmo habitual de aquel pueblo pesquero, pero que tan importante poda ser para Axelle. Merlo lo saba y tras mirar a toda esa monotona habitual, levant la vista al horizonte, al temido mar.

Aquella mirada era ya casi un ritual para l. Era su modo de retar a las bestias, su modo de avisarles que aquellos das no estaran de suerte, puesto que l surcaba los mares impidiendo que atacasen como tiempo atrs hicieron. Pero aquella maana, su mirada se perda en el mar no como aquel viejo reto, sino como una splica.

Bestias, salir de vuestro escondrijo alz la voz al viento esperando alguna respuesta. Pero slo el viento pareca golpear sus odos y, a pesar de sus deseos de batalla, en el mar no pareca haber ningn indicio de una aparicin.

A su espalda, otro de los capitanes del batalln de defensa de Axelle le observaba con curiosidad. Se trataba de Fastian, uno de sus mejores amigos. Tena un ao ms que Merlo, un poco ms alto y ms esbelto. Su cabello era rizado, aunque sola llevarlo muy corto para impedir que se le rizase hacindole una gran cabeza, sus ojos eran de color miel y al contrario que su amigo, siempre tena la barba rasurada. Se haban conocido el mismo da que ingresaron en el batalln, cuando ambos eran muy jvenes. Sus logros fueron casi simultneos: prosperaron a la vez dentro del batalln y alcanzaron puestos de relevancia uno detrs del otro... Las malas lenguas afirmaban que Merlo y Fastian, en realidad, haban logrado sus puestos debido a una tercera y annima persona que gozaba de prestigio dentro de la institucin y que sus logros eran tan escasos que no estaban justificados los puestos que ostentaban. Merlo sola reaccionar muy mal ante aquellos rumores vertidos por la tripulacin, pero Fastian saba como ignorarlos.

Caers peor a la tripulacin si no les dejas subir un poco de ron coment divertido y Merlo se volvi para encontrarse con la pcara mirada de su amigo, quien haba observado desde una de las mesas la conversacin mantenida con sus marineros.

Saben que no pueden beber alcohol mientras estn patrullando respondi con desdn sin dejar de pensar en sus perdidas bestias marinas.

Los das pueden ser muy largos... y las noches ms. Sobre todo ahora que todo est en esta extraa calma.

Hasta el da que aparezcan. Debemos estar alerta. No nos pueden pillar borrachos el da que ataquen de nuevo.

Ahora mismo yo me preocupara ms por los silvanos que por las bestias coment Fastian.

A m esa chusma no me preocupa. Slo las bestias me pueden quitar el sueo... respondi perdiendo la vista de nuevo en el horizonte. Por qu no atacan? Dnde se han metido?

Ay, mi querido amigo Merlo! Cunto tiempo hace que nos conocemos? Siete aos? Y siempre con el mismo sueo: derribar a una de las bestias.

S que se es mi destino, Fastian, y algn da lo conseguir.

Acabars en un atad como te enfrentes prematuramente a una de ellas. Sabes a la perfeccin que hace falta a todo un ejercito para derribarlas. Slo unos pocos han logrado hacerlo... y muchos los que han fracasado dijo su amigo.

Y yo ser uno de los pocos que lo consigan sentenci.

Eso espero, porque no me gustara tener que verte envuelto en mortajas.

Descuida. Eso no pasar nunca.

Cundo zarpis? pregunt Fastian.

En cuanto acaben de armar el navo... Cada vez me ponen con la tripulacin ms torpe... Mira se cmo carga la comida coment sealando a uno de los marineros ms obesos de la tripulacin, que se mova con lentitud deslizando uno de los barriles.

Y luego me pregunt por qu caes tan mal a los marineros... En fin, Merlo, ten cuidado estos das le aconsej.

Y por qu? No esta todo tan tranquilo? respondi a modo de burla.

Lo digo por los silvanos... Los han avistado muy cerca de nuestros mares. Algo quieren.

Navego con la Indestructible... Ni se atrevern acercarse a ms de diez leguas de mi camino fanfarrone provocando las risas de los dos capitanes.

Los barcos pesqueros haban terminado de descargar toda la mercanca recogida das atrs y aguardaban a que el navo del batalln de defensa se adentrase en el mar antes de volver a salir a capturar peces.

Ambos capitanes se despidieron y Merlo baj al puerto para meter prisa a sus marineros. Se estaban demorando y aquello provocara un retraso a los pescadores, quienes no solan quejarse por miedo de algn tipo de disputa con el batalln, aunque los ancianos que observaban la actividad del puerto no tenan inconveniente alguno a la hora de sealarlo.

Era la tradicin. El batalln de defensa se adentraba en el mar y aseguraba las rutas para que los pescadores pudieran navegar tras l y poder capturar tantos peces como necesitase la poblacin de Axelle. Pero a Merlo no le gustaba ese cometido. Aoraba las expediciones de antao, cuando el batalln viajaba en busca de bestias a las que aniquilar o tierras lejanas que descubrir. Lamentablemente, aquellas misiones ya no se llevaban a cabo. Los brutales ataques recibidos haca cinco aos provocaron que el hermano Mayor anulase todas estas operaciones y relegara al batalln de defensa a la mera funcin de proteger a los pescadores, algo que desmotivaba a los altos cargos. De hecho, estas nuevas funciones, alejadas del campo de batalla y de la concentracin militar, haban provocado que la especializacin del cuerpo de defensa se hubiera mermado, aceptando dentro de la tripulacin a simples marineros.

Tal vez por eso, su fiel amigo Fastian le recomendaba que se anduviera con cuidado y tuviera cautela a la hora de atacar a una bestia. Con la tripulacin que tena ahora, la derrota estaba ms que asegurada.

Entr en el navo al tiempo que los ltimos marineros se despedan de su familia. Soltaron las marras y zarparon poco a poco, alejndose de Jos. Era una imagen impresionante para todo aquel enamorado de los paisajes. El barco ms grande de Axelle, deslizndose lentamente, adentrndose en las aguas claras del mar Intermedio mientras la luz de sol incida en l hacindolo brillar. Para muchos, aquel navo era la joya del reino.

Buenos das, capitn salud Rever Preparado para hacerse con la mar?

Buenos das, Rever dale potencia que tenemos que cuidar a los nios. Merlo siempre haca referencia a los pescadores como los nios como muestra de su disconformidad por hacer tales trabajos equiparables a los de una guardera.

Rever era un hombre joven, de la misma edad que el capitn. Fiel amigo suyo y piloto del navo ms importante de la flota, algo que le enorgulleca. Era alto, bastante ms que Merlo. Su piel morena contrastaba bastante con su cabello claro, pero sola rasurarse la cabeza entera para evitar que nadie se burlase de la gran diferencia que a la vista se perciba. Muy fuerte, resultado de las largas horas de entrenamiento, pero a pesar de su imagen de tipo duro, todos saban de la gran amabilidad que derrochaba.

Sabes, capitn, he vuelto a dejar embarazada a Yhena confes con una gran sonrisa.

Otra vez? Pero seguro que es tuyo? Porque despus de todo el tiempo que ests en el mar, no s cmo te las apaas para embarazarla vacil.

No brome con eso, capitn respondi con una gran sonrisa.

No seras el primer piloto a quien le ocurre de cualquier modo, si es tuyo, debera pasar ms tiempo en alta mar porque cada vez que pisas tierra, le haces un bombo a la pobre Yhena. Qu es, el cuarto hijo?

El quinto, mi capitn respondi orgulloso.

Por la dama Chrystelle! A este paso tendrs tu propio pelotn coment sorprendido. Y dime, qu hace un padre de familia como t navegando en una tripulacin como sta? Deberas quedarte en tierra, Rever, buscar otro trabajo y estar con tu seora y tus retoos. Y si algn da sucede algo? Qu hara la pobre Yhena, viuda y con cinco nios?

Y dejar de navegar? Ni loco, capitn! Esto es mi vida. Amo a Yhena y a mis hijos, pero no me imagino mi vida sin que estas manos agarren un timn. Adems, piloto nada ms y nada menos que la Indestructible, capitn. Es imposible que me suceda algo respondi orgulloso.

As da gusto salir a navegar y no rodeado de estos cenutrios que tengo coment a su piloto alzando la vista a las cubiertas.

Buenos das, compadres interrumpi Sergo, el ayudante de Merlo. Los dos se volvieron y le saludaron con una sonrisa. El viento haba amainado y el sol empezaba a pegar un poco ms fuerte.

Sergo era uno de los ms mayores de la tripulacin. Se haba ganado el puesto como premio de consolacin a los buenos tiempos vividos en la orden. Durante mucho tiempo capitane un gran navo, pero tras una disputa con sus enemigos, la embarcacin naufrag y como castigo tuvo que aceptar el puesto de ayudante del joven capitn. Era eso o la jubilacin. Por suerte, la relacin con Merlo era buena y sus opiniones siempre contaban con la estima del capitn. Adems, su nuevo puesto le dejaba ms tiempo libre, que sola ocuparlo haciendo lo que ms le gustaba: comer. Tal vez era por eso por lo que su barriga haba crecido de un modo asombroso, adquiriendo una forma similar a la de una inmensa bola.

Buen da para navegar verdad?

Has revisado todo ah abajo? pregunt Merlo, quien an no haba echado un vistazo a su tripulacin, tal vez debido a su desnimo.

S, todos estn haciendo sus cometidos Pero, cmo diablos se ha metido tanto granjero en el navo? Si nos atacan, no s como defenderemos a los pescadores. Ms bien dira que nos tendran que defender ellos a nosotros.

Eso mismo estaba pensando yo coment Merlo. En fin, pasemos estos cinco das como mejor podamos y ver qu puedo hacer a nuestro regreso.

A este paso, nos cambian al piloto y nos ponen a un pastor brome Sergo provocando las risas de Rever.

Los dos primeros das sucedieron en la embarcacin en una relativa tranquilidad. Tan slo los quehaceres diarios era lo que mantena ocupados a la tripulacin, dejando que gran parte de la jornada tuvieran un tiempo ocioso donde podan hacer todo cuanto se deseaba. De hecho, aquellos dos marineros a quien reprendi el capitn en la taberna, fueron aplaudidos por sus compaeros la noche que sacaron el ron y el whisky que metieron a escondidas.

Merlo saba a la perfeccin que sus dos marineros haban metido las bebidas alcohlicas. Conoca las costumbres de la tripulacin y daba igual que la mayora fueran granjeros, que entre ellos no hubiera los autnticos soldados que deberan estar en un navo de semejante calibre. El ron y el whisky era algo casi universal en Axelle, sobre todo en Jos.

Realizaron la ruta tal y como estaba previsto. Primero hacia el norte, hasta la frontera con los mares de Silvanio, despus al este y luego la vuelta hasta la frontera, donde deberan volver hacia atrs, hacia el puerto. Los barcos pesqueros solan estar alejados del navo, pero se les poda ver en el horizonte como si de unas pequeas manchas en el mar se tratasen. Si alguno vea algo raro, cogan un cuerno y lo hacan sonar para que el batalln escuchase la llamada de auxilio y corriera en su ayuda, mientras que el resto de los barcos pesqueros volvan de inmediato al puerto.

La mayora del tiempo Merlo se pasaba en el puente de manos, mirando a los pesqueros, esperando a que la seal del cuerno sonara y pudiera ponerse en accin. La oportunidad de convertirse en un hroe para la gente de Axelle. Pero los rumores cada vez eran ms fuertes. Las bestias ya no apare-can y con ellas, su oportunidad de ser reconocido.

Capitn! Capitn! empezaron a gritar en la cubierta la tripulacin.

Merlo, que miraba con atencin a los pesqueros, se sobresalt con la llamada de los marineros e inmediatamente se dispuso a ver qu era lo que suceda. Tal vez esperanzado por encontrar la bestia que tanto tiempo llevaba buscado.

Qu sucede? pregunt cuando lleg con ellos.

Hay algo all respondi uno de los marineros ms mayores mientras sealaba hacia la otra direccin, donde no se encontraba los pesqueros. Creo que es un barco, mi capitn.

Merlo ech un vistazo y pronto mascull algo que nadie entendi. En el horizonte, alguien se acercaba a saludarlos.

Rever! llam Merlo al piloto, que se asom desde el puente de mandos un tanto desconcertado. Se aproxima un barco silvano. Veamos qu quieren!

Qu sucede? pregunt Sergo sobresaltado.

Nada, no sucede nada respondi desilusionado. Tan slo es un barco silvano.

Y qu bicho les ha picado? pregunt Sergo. l sola simpatizar menos con los silvanos que el resto de la poblacin de Axelle.

No tengo ni idea contest mientras intentaba volver al puente de mandos apartando a la tripulacin. Pero todos le miraban. Estaban asustados ante la presencia de sus histricos enemigos y ni la tranquilidad de Merlo por la inesperada visita serva para tranquilizarlos. Queris apartaros de mi camino! grit malhumorado y todos se alejaron, dejando que subiera por las escaleras, no sin antes dedicarles una mirada de desprecio. Panda de cenutrios.

Capitn, no puede tratar as a la tripulacin, aunque sean granjeros, o te enfrentars a un motn el da menos pensado empez a aconsejarle Sergo mientras los dos suban al puente de mando.

La revolucin del rastrillo, eso ha estado gracioso brome Merlo.

Tras llegar al puente de mandos, el capitn, junto con Rever y Sergo, fueron viendo cmo aquella embarcacin se iba acercando cada vez ms a ellos. Ese barco lo conocan a la perfeccin. Se trataba del ms famoso de la flota silvana, la Zulema, y capitaneado por el silvano ms odiado por todo el batalln de defensa de Axelle: el capitn Preston.

Sergo comenz a maldecir en cuanto supo de quien se trataba. Esa rata de cloaca o marinero de tres al cuarto que se pensaba mejor que los dems, o mejor dicho, el origen del odio del ayudante del capitn Merlo hacia sus vecinos y enemigos. En tiempos pasados, tras el fin de la era de las batallas contra las bestias, ambas flotas se enfrentaron en una temible disputa que se sald con el futuro como capitn de Sergo cuando Preston, capitaneando la Zulema, inund su navo.

La Zulema se trataba de un grandioso barco de enormes velas y un armazn tan duro que para muchos le honraba el ttulo de ser el navo ms fuerte de los dos feudos. De La Zulema se inspiraron la gente de Axelle para construir La Indestructible, con el propsito de arrebatarle a los silvanos el ttulo o el honor de tener la embarcacin ms dura y fuerte, pero an ambas joyas no se haban enfrentado y desde el primer da que La Zulema se cruz con la Indestructible, los capitanes de los dos navos aprovechaban cualquier excusa para retarse, aunque al final ninguno de los dos tuviera el coraje de jugarse su barco.

Seor! Piden permiso para abordar el barco inform uno de los pocos soldados de verdad que quedaban en la Indestructible.

Dejadles pasar. Quiero saber qu quieren orden Merlo.

El soldado se retir dejando solos de nuevo a los tres amigos, quienes observaban desde la retaguardia como La Zulema se les echaba encima. Desde las dependencias del navo salan varios silvanos dispuestos a abordar La Indestructible, entre ellos, el capitn Preston.

El capitn Preston era un hombre alto, no muy corpulento y con la piel casi aterciopelada. Un autentico galn conocido en su tierra ms que por capitn por ser un gran conquistador de mujeres. Rubio y de un intenso azul en los ojos. Para muchas de sus conquistas, Preston era lo ms parecido a un ngel. Pero a parte de esa fama de conquistador, para los silvanos, el capitn era todo un maestro en el campo de las armas. Su agilidad y su fuerza eran lo suficiente como para tenerlas en cuenta, convirtiendo a Preston en un rival difcil de derribar.

Con l iban otros dos tripulantes de su embarcacin. Dos expertos soldados, con cara de muy pocos amigos, que solan ir del lado del capitn all donde fuera.

Merlo se qued observndole detenidamente, mientras bajaba a la cubierta en el mismo momento en el que Preston pona un pie en ella. Tras l estaba toda la tripulacin contemplando a los tres soldados con cierto recelo, con miedo incluso, siendo conscientes de que dentro de La Indestructible no haba suficiente personal cualificado para derribar a los silvanos en el caso que buscasen un enfrentamiento. Pero no deban asustarse. Por muy mal que les cayese el capitn Merlo, l ya estaba ah y saban que no dejara que les pasase nada. Con su capitn entre ellos, todos se sentan ms seguros.

Apartaos! vocifer Merlo mientras lograba hacerse un hueco haca estribor, donde Preston y compaa acababan de llegar.

Pero mira a quien tenemos aqu! exclam Preston en cuanto su mirada se fij en la del capitn de Axelle. Pero si es ni nada ms ni nada menos que el cabo Merlo coment menosprecindole como ya era habitual entre ellos. No saba que en Axelle estuvieran tan faltos de soldados que tienen que poner a los cabos a dirigir barcos.

Capitn, no entres en su juego. Slo quiere sacarte de tus casillas aconsej Sergo malhumorado.

Hola, Sergo, no te haba visto salud Preston. Qu tal te va? El otro da pas por donde hund tu barco y sabes? Estaba el agua tan cristalina que pude ver cmo ahora est lleno de algas... Est precioso. Un hogar fabuloso para los peces.

Vete al Diablo, Preston! bram Sergo antes de que Merlo se interpusiera entre ellos.

A ver, dime qu es lo que quieres y lrgate de aqu interrumpi Merlo muy severo.

Sabes, eres muy poco hospitalario... Tratar as a unos invitados.

T no eres un invitado! volvi a interrumpirle. Dinos qu es lo que te trae aqu y lrgate.

Bien... bueno, Qu se le va hacer! No olvidar tu hospitalidad cuando tengas que pisar mi navo, camarada.

Jams pisar tu barco, a menos que sea para hundirlo, y no soy tu camarada. Y volver a rogarte que seas claro en tus motivos para venir hasta aqu. No tengo tiempo para intercambiar falacias contigo.

Vale. Me doy por enterado... En fin. Me hago cargo que vosotros, un barco como ste, tripulado por un grupo de granjeros y pescadores, no seris muy dados a los clculos martimos, pero he de advertiros que estis en mares silvanos, por lo que os pido, muy cortsmente, que abandonis estas aguas a la mayor brevedad posible.

Preston, estos mares pertenecen a Axelle, y lo sabes respondi Merlo.

Veo que no te informan de las nuevas de tu tierra. Segn el ltimo acuerdo alcanzado con el hermano mayor de Axelle, estos mares ahora son nuestros. Por lo que, debis abandonar y marchar en direccin a Jos.

Si hubiese habido algn cambio en las rutas de navegacin de Axelle, me hubiera enterado... Ms bien creo que este Circo! Que ests montando, lo nico que persigue es... Retar a La Indestructible?

Que canalla eres... Me has pillado! brome. Pero si quiero hundir esta... cosa flotante, no necesito una excusa para ello. Llamo a mis hombres y la hundo en menos de lo que te puedes creer.

Cuando quieras hacemos la prueba ret Merlo provocando las carcajadas de su enemigo.

No seas ingenuo, Merlo. Mira a tu tripulacin! Si parece un barco pesquero ms que el batalln de defensa de Axelle! No tendra ni para empezar con vosotros, por muy grande que quiera ser vuestro navo. As que, por qu no eres un chico bueno y te alejas de aqu... O acaso quieres volver a Jos sin barco? Qu diran tus superiores?

Las carcajadas de Preston resonaron en la mente de Merlo lleno de impotencia. Por mucho que se negase a reconocerlo, saba que tena razn. No bastaba con tener un gran navo. Sin gente cualificada que supieran llevarlo, jams lograra vencer a La Zulema. En una batalla, la derrota estaba ms que sentenciada.

A las carcajadas de Preston se sumaron las de sus dos secuaces mientras toda la tripulacin de La Indestructible observaba con resignacin la mofa de los silvanos que se marchaban sintindose los vencedores del encontronazo.

Merlo buf algo incomprensible entre dientes y se dio media vuelta, malhumorado, para regresar al puente de mandos en cuanto los silvanos abandonaron el barco. Una vez all empez a maldecir por todo lo que suceda. Rever le observaba con cautela, esperando a recibir alguna orden para modificar la ruta de navegacin o si deba permanecer en el mismo lugar. Mientras, Sergo acompaaba las maldiciones del capitn, enfurecido, o mejor dicho, enajenado, por como si se hubiera burlado de l.

Los silvanos comenzaron a alejarse quedndose siempre a una ligera distancia de La Indestructible, observado su paso y esperando a que se retirasen. Desde la cubierta de La Zulema, Preston miraba sonriente al batalln de defensa de Axelle, confiando en que no tardaran en retroceder otorgndole otra victoria de las miles rencillas que tenan.

Capitn, los silvanos no se retiran... Esperan que retrocedamos comunic Rever.

No retrocederemos. Si quieren bronca, la tendrn respondi Merlo.

Capitn... Si me permites un consejo... No tenemos capacidad para hacerles recapitular... Usted mismo lo ha dicho das atrs y yo soy padre de cinco criaturas.

Las miradas entre el piloto y el capitn se cruzaron brevemente hasta que al final Merlo agach la cabeza con resignacin, intentando contener su frustracin y reteniendo sus deseos de propinar un puetazo a alguien para liberar esa sensacin de angustia que senta. Pero saba que Rever tena razn, que aquel da deban ceder, aunque aquello significase una pequea victoria para el capitn silvano. Pero cuando levant la vista para coger aire y dar la orden, desde uno de los barcos pesqueros perdidos en el horizonte, el sonido de un cuerno retumb en sus odos.

Se trataba de ese sonido grave que tanto tiempo llevaba sin escuchar y esta vez tocado de un modo intermitente, como de alguien desesperado que suplica ayuda urgente.

Los tres levantaron la vista en la direccin contraria al barco silvano, buscando alrededor de los barcos pesqueros algn indicio del peligro. Pero all no se vea nada, slo a los barcos de Jos. Al sonido del cuerno de aquel pesquero, se sum el sonido de otro, y ms tarde otro. De pronto, tres barcos avisaban de peligro, pedan ayuda, pero all no se vea nada. Merlo no entenda qu suceda.

En el barco silvano, Preston haba perdido el inters por La Indestructible. El sonido atronador de aquellos cuernos tambin le haba puesto en alerta. Estaba perplejo, desconcertado ante una situacin que no lograba entender.

Capitn! Espero rdenes rumi Rever.

Rever, direccin a los pesqueros! Veamos qu sucede respondi Merlo. Sergo, dirgete a cubierta y organiza a los soldados en caso que suceda algo.

Soldados? Qu soldados? espet el ayudante.

Ya me has entendido.

Pero ante el desconcierto y la incertidumbre reinante, un graznido ensordeci los odos de todos ellos. Merlo se apresur a bajar a la cubierta. Aquel sonido no poda ser de otra cosa que no fuera una bestia, sus bestias perdidas.

De nuevo, otro estruendo ensordeci el lugar y en ese instante el mar empez a agitarse hasta tal punto que se levant en una columna de agua justo enfrente del barco del capitn Merlo. Los cuernos continuaron sonando, esta vez tocados con ms rapidez, y dos segundos despus, cuando la columna de agua baj, el sonido de uno de los cuernos, simplemente ces. El mar se haba tragado al barco.

Corred, maldita sea, corred! grit Merlo mientras el barco avanzaba a toda velocidad para intentar socorrer a los pescadores.

Un nuevo graznido se escuch y, como haba ocurrido antes, se levant otra columna de agua impidiendo un rpido avance por parte de La Indestructible. Merlo no cesaba de gritar, dando rdenes para que los tripulantes supieran qu deban hacer en cuanto llegasen al lugar donde estaban los pescadores y poder rescatarlos de inmediato... Pero sus tripulantes no eran profesionales, y en aquel momento, el pnico se apoderaba de ellos. Otra vez se escuch un golpe y el sonido de otro cuerno ces, vindose claramente que el mar se lo haba tragado cuando la columna de agua volva a su lugar.

Desde la Zulema, el piloto silvano preguntaba a Preston si hacan algo. Pero el capitn slo observaba la escena, viendo como cunda el pnico entre la tripulacin axelliana y como los pescadores sucumban lentamente a los graznidos de sus temibles bestias.

Capitn! Estamos obligados a ayudar. Ellos no pueden. Morirn todos record su piloto.

Mira invit Preston sealando al horizonte.

Tras aquella batalla campal, con los torpes barcos flotando sobre el inestable mar, se poda advertir la enorme sombra de aquello que estaba provocando semejante tragedia. Era inmensa, pareca no tener fin. Preston haba entendido que no haba navo, ni La Zulema ni la Indestructible, capaz de plantar cara a esa cosa, fuera lo que fuese.

Por psilon! Que semejante criatura nos deparan los dioses ahora! exclam el piloto silvano al descubrirlo.

El cdigo dice que cuando las circunstancias no albergan garantas de victoria, debemos mantenernos alejados y volver cuando las bestias ya no ataquen para recoger a los heridos.

Los matarn a todos! exclam el piloto.

Y a nosotros tambin si nos adentramos ah contest Preston.

Merlo corri de la proa a la popa en busca de alguien capaz de mantener la calma, pero por ms que gritaba, tan slo los cinco soldados profesionales de los que dispona parecan estar preparados para socorrer al pesquero ms cercano. Agarr varias cuerdas y se aproxim a la barandilla dispuesto a lanzrsela a los pescadores, pero cuando se asom, descubri debajo del agua a la bestia que les estaba atacando. Sus soldados se presentaron de inmediato, provistos de lanzas, arcos y flechas, y desde la cubierta empezaron a atacar como buenamente podan, arrojando sobre el mar toda la capacidad ofensiva de la que disponan. Pero no serva de nada.

El capitn palideci cuando lo vio y segundos despus, entre la Indestructible y el pesquero, una nueva columna de agua se levant entre ellos, inclinando su navo y haciendo que el pesquero se resquebrajase y estallara en miles de cachos. El agua, al descender, empez a invadir la cubierta, cayndose tambin los cuerpos sin vida de algunos pescadores. Era como si los hubieran reventado.

Capitn! Debemos salir de aqu! grit Rever. Va a volcar el barco!

No, tenemos que salvar a los pescadores! orden mientras los soldados, seguidos de Sergo, trataban de coger a las personas que se ahogaban poco a poco.

Merlo! No me hago con el barco!

Pero el capitn no escuch a su piloto y continu en su fracasada labor de salvarlos. Era su misin

Las columnas de agua se levantaron en diversas ocasiones, provocando que otros barcos estallaran en miles de cachos, y tan slo el pesquero ms alejado pudo mantenerse a una distancia prudencial salvndose del terrible caos. Los cuernos haban cesado y en su lugar slo se poda or el estruendo del mar al chocar con el navo, hasta que el sonido de una explosin dej bien claro que no podan vencer, que tenan que huir.

Pero ya era tarde. El armazn de la Indestructible se rompi. El barco empez a partirse, los mstiles a caerse y el puente de mandos se derrumb precipitndose a las profundidades marinas. Son un nuevo graznido y despus... la calma.

La sombra que los haba acechado desapareci y sobre el mar slo haba trozos de madera flotando y los cadveres que se sumergan lentamente.

Capitn, espero rdenes dijo el piloto de La Zulema.

Ahora s. Acerqumonos respondi antes de dirigirse a su tripulacin. Coged slo a los vivos.

Media hora despus, Merlo suba a bordo de La Zulema, con su navo hundido y hecho pedazos y su orgullo herido de muerte, rescatado por los silvanos. Pero su angustia creci cuando descubri que, a su llegada a tierra, tendra que comunicar a Yhena que Rever haba muerto.

III

El sanador se haba marchado en busca de algunas de las hierbas que ralentizaban todo tipo de enfermedades tpicas de Axelle con el objetivo de drselas al hombre del mar, mientras Amana se haba quedado con l para darle de comer y proporcionndole una cama para que descansase hasta que el sanador de Borja regresase.

Aquel hombre, cuando se miraba al espejo, saba, aunque no pudiera demostrarlo, que l no era de ese mundo. No, l vena de un lugar muy diferente donde los sanadores eran mdicos y vestan con bata blanca. Encerrado en aquella lgubre habitacin, mientras Amana daba de comer a su hija Renella, trataba de hacer esfuerzos por recordar algo, aunque slo fuera su nombre. Pero cuando cerraba los ojos, slo un remolino violento de agua verde se apareca en su mente.

Axelle? Silvanio? Los desmemoriados? Nada tena sentido y aunque deseaba que las hierbas que tomaba a modo de infusin sirvieran de algo, en el fondo saba que no lograran nada. No recordaba nada a consecuencia de un shock traumtico que, cuando menos lo pensase, se desvanecera haciendo que recordarse de golpe. Entonces tendra la certeza de que l no perteneca a ese lugar aunque no supiera cmo haba llegado all.

El viejo regres a media tarde. Amana le haba dicho que no poda hacerse cargo de aquel hombre, muy a su pesar, y que tena que encontrar un lugar donde pudiera hospedarle.

No te preocupes, Amana. He hablado con el Hermano del pueblo y quiere verlo. Le daremos cobijo y comida hasta hasta que se nos ocurra algo coment el sanador.

De verdad que si estuviera sola, dejaba que se quedase. Pero mi marido vendr pronto de trabajar y lo que menos necesito es una disputa con l por esto. A l no le gustan los extraos. Ya lo conoce se justific la mujer con un gran apuro.

De verdad, Amana, ya ha hecho mucho por l y seguro que l se lo agradece.

El sonido de la puerta de la habitacin donde se encontraba el hombre del mar, se cerr de golpe mientras l sala tras escuchar toda la conversacin.

Amana llam con timidez, no se preocupe por m. Comprendo su situacin y gracias por haberme dado un plato de comida y permitir que durmiera un poco No todo el mundo estara dispuesto a tal cosa y ms si se presupone que estoy enfermo.

Venga, por favor, no hagamos ningn drama! interrumpi el sanador. Yo ya vena con las intenciones de llevarte conmigo. El hermano quiere hablarte.

Quin es el Hermano? pregunt el hombre.

El Hermano es el mximo responsable de lo que sucede en el pueblo. l es el gua espiritual y el que toma todas las decisiones.

Ah, s, entiendo como una especie de como se deca alcalde.

Alcaide? preguntaron Amana y el sanador al unsono.

Ves como habla muy raro aadi Amana.

El hombre se despidi de Amana con mucha educacin y ella le deseo una pronta recuperacin antes de que salieran de su casa. Despus, l y el sanador comenzaron a caminar por las calles de Borja, que a esas horas de la tarde ya empezaban a quedarse vacas.

Marcharon hacia el templo, el lugar donde viva el hermano del pueblo, y por el camino, al igual que haba hecho Renella, el sanador fue explicndole cada uno de los sitios y las calles por donde pasaban con la esperanza de que empezase a recordar algo, cualquier cosa. Pero por mucho que se esforzaba, para ese hombre todo era nuevo.

Llegaron al edificio que estaba en el centro del pueblo al cabo de unos diez minutos y en la entrada principal se encontraron con un grupo de personas que sala y entraba con frecuencia. Posiblemente, en Borja, el mayor movimiento de gente se produca alrededor de dicho edificio, donde todo el mundo sola acudir, por lo menos, una vez al da aunque los haba que se pasaban la mayor parte del tiempo.

Aqu es comunic el sanador. Esto es la casa espiritual del pueblo de Borja y en las plantas superiores es donde reside el Hermano.

Entiendo Esto es como un templo.

Exacto Te suena de algo? pregunt esperanzado.

Un templo? trat de hacer memoria. Recuerdo que es un templo y cuando me has hablado de l, una imagen me ha venido a la cabeza pero nada ms.

Qu imagen?

Una cruz sentenci para desilusin del sanador.

No, psilon no tiene ninguna cruz como smbolo respondi desilusionado.

Qu es psilon? pregunt alzando la voz y provocando cierta sorpresa entre la gente que pudo escucharle.

Por la dama Chrystelle, baja la voz! reprendi. No puedes entrar en la casa de psilon y preguntar qu es. Es una blasfemia y aqu han condenado a personas por menos que eso.

Pues tampoco s quien es la mujer sa respondi en un susurro.

Paciencia, amigo Esperemos que al Hermano se le ocurra algo se dijo a s mismo.

El templo estaba lleno de bancos de madera donde la gente se reclinaba de rodillas y apoyaba la frente en el respaldo de delante. El hombre dedujo que lo hacan para rezar, aunque an no supiera a quien rezaban. Las paredes tenan un aspecto muy lbrego, donde apenas incida la luz. Tan slo el tenue brillo de algunas velas que se apostaban en las esquinas. En medio del templo se ergua un altar subido en una tarima de color blanco con ese extrao smbolo con forma de E que haba visto en aquel Sueo?... Al verlo, record la imagen de aquella anciana y de aquella mujer o mejor dicho, record sus voces diciendo algo al unsono.

psilon susurr por lo bajo.

Recuerda algo? pregunt el sanador mientras caminaban por el templo.

Recuerdo ese smbolo respondi sealando a la E que haba en el altar lo he visto antes.

Muy bien, amigo! exclam el sanador. Eso es muy buena seal. Ver como pronto recordar todo.

Salieron de aquel centro espiritual adentrndose a las plantas superiores por una puerta escondida en uno de los laterales, no sin antes de que el sanador se hiciera con un candelabro para iluminar los empinados y desiguales escalones de una escalera que pareca no acabar nunca.

Cuando llegaron a la siguiente planta, el sanador se volvi y advirti al hombre. Era preferible que hablara poco. Alguna palabra mal dicha en el momento menos oportuno podra provocar un fatal desenlace, puesto que el Hermano de Borja era un seor muy mayor y bastante conservador. Y aunque estaba avisado del mal que sufra, poda ser bastante irracional si as le pareca.

La segunda planta estaba mucho ms iluminada, en gran parte debido a sus grandes cristaleras donde entraba la luz del sol del atardecer. No haba paredes que separasen las habitaciones, sino finas cortinas azul celeste. Y en los nicos muros que haba, se exhiban un sinfn de mosaicos con dibujos que no llegaba a entender. Algunos parecan simples retratos mientras que otros eran una mezcla de colores que no saba identificar qu significaban. Entre estos mosaicos pudo ver un retrato de aquella mujer inmortalizada en la piedra de los caminos de Borja, la dama de Chrystelle. No dijo nada, porque as se lo haba pedido el sanador, pero aquel rostro le era muy familiar, y no de haberlo visto tallado en la piedra.

El sanador llam al anciano Hermano casi en un leve susurro imperceptible y de la nada, sali un hombre de entre las cortinas, vestido con una gran tnica. Tena varias arrugas en la frente y su expresin pareca ms sombra que la del resto de Borja, como si ya hubiera vivido demasiado y estuviera cansado de vivir, pero no era un anciano.

Hola, amigos. Ya pensaba que no vendrais coment el seor en el mismo tono tan suave.

l es el Hermano? pregunt el hombre del mar.

No des voces volvi a reprenderle el sanador. S, Hermano, ste es el hombre del que te he hablado.

Pero si no debe tener ms de cincuenta aos? Cre que estbamos hablando de un anciano.

Cincuenta y tres aos para ser ms exactos coment el Hermano confundido.

Y eso es ser anciano? replic el hombre.

Hombre, si tienes en cuenta que ms de la mitad de la gente de Axelle no llega a los cuarenta tener cincuenta y tres aos es de ser ya un anciano rechist el sanador.

No, eso no es ser anciano volvi a replicar. Anciano lo es uno a los setenta, ochenta aos. Pero a los cincuenta coment antes de quedarse en silencio, bajo la expectante mirada del Hermano de Borja y el sanador. Qu ocurre?

Te dije que era muy extrao aadi el sanador en otro susurro.

Ya veo contest el Hermano con una sonrisa. Por suerte para l, le caa bien.

El Hermano les hizo un ademn invitndoles a seguirle adentrndose en la segunda planta del templo. En un principio slo apartaban cortinas de su camino, haciendo que la habitacin resultase un poco confusa, hasta que finalmente llegaron a lo que deba ser el saln de la casa del mandams de Borja. De nuevo, el smbolo de la E se apareca por todos lados, bordado en las cortinas y en la alfombra que haba en el suelo. En el centro haba una pequea mesa muy baja y varios cojines tirados alrededor de sta a modo de sillas para que sus invitados se sentasen.

Pero el Hermano no estaba solo. Con l haba otras