Cervantes / Avellaneda / Cervantes («Quijote», II, 30-33)

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Text of Cervantes / Avellaneda / Cervantes («Quijote», II, 30-33)

  • CERVANTES / AVELLANEDA / CERVANTES {QUIJOTE, I I , 3 0 - 3 3 ) .

    O

    CARLOS ROMERO M U O Z

    UNIVERSIDAD CA' FOSCAR; DE VENECIA

    l.OY'La influencia del [Quijote] apcrifo sobre la Segunda parte c e rvan t i na - e sc r i be Gonza lo Pontn (2004: c c x v i i ) - promete ser, en los p rx imos aos, el ms activo foco del debate sobre la composic in la obra". La previsin provocar, a no dudarlo , discusiones, sobre todo entre quienes todava hoy consideran este tipo de indagaciones senci l lamente intiles o - p a r a decirlo de manera ms a t e n u a d a - "un esfuerzo innecesario". Veremos. Aqu y ahora, lo que interesa es dar un mn imo de informacin sobre los tres nicos textos - i g n o r o si existen ya o t r o s - en que se estudia de manera especifica la aparicin, en el actual captulo 30 de 1615, de una pareja ducal aragonesa lectora de 1605}

    Marn (1978: 235) afirma que para entonces , "o poco antes, Cervantes ya haba ledo, y muy bien, el texto apcrifo". El hidalgo permanecer durante nada menos que veint iocho captulos en el castillo o casa de placer de los aristcratas. " [Pjarece c o m o si Cervantes , que ya ha decidido en su interior no llevar a don Quijote a la ciudad, quisiera probar que sabe pintar mejor que su rival esa relacin entre el hroe y los grandes de este m u n d o " (244). La explicacin es, en principio, plausible. Lo que el estudioso no explica de ningn m o d o es cmo nuestro novelista, a pesar de su notable capacidad de redaccin, ha podido escribir en pocos meses dos tercios de 1615.

    Yo m i s m o (Romero Muoz , 1993: esp. 99-103) pienso que Cervantes , tan explcita y duramente crt ico, a partir del actual captulo 59 de 1615, con un 1614 all presente, al igual que 1605, en cuanto libro ya impreso, comprende bien pronto la fecundidad del hal lazgo y decide hablar de esa Primera parte publicada con gran xito en varios lugares de la Segunda. Ello comporta , l i teralmente, una "vuel ta atrs": una revisin radical - q u e puede llegar incluso a la reescr i tura- de no pocos pasajes, con resultados casi sin excepcin felices. N o me corresponde - y , menos , en esta o c a s i n - dar un juic io sobre tal hiptesis. S puedo y aun debo indicar que en aquel viejo artculo no faltan errores de detalle y que - c o s a ms g r a v e -echo de menos en l, desde hace no pocos aos, el necesario anlisis de a lgunos e lementos ya entonces identificados como relevantes, sobre todo en el segmento narrat ivo que nos interesa (108-119). De su lectura no se deduce, en cambio , que Cervantes haya tenido que someterse a un trabajo par t icularmente arduo para introducir - c o n toda probabil idad, muy t a r d e -en el pr imit ivo 1615 cuantos cambios consider oportunos.

    El ya citado Pontn (ccxv) seala que, segn Martn J imnez (2001) , Cervantes " tuvo acceso al manuscr i to de Avellaneda antes de empezar su cont inuacin, y sostiene que el Quijote de 1615 es, desde la primera a la lt ima lnea, una obra marcada por la constante rplica al apcrifo, que se revela como fuente principal de la inspiracin cervantina". No es

    ' De ahora en adelante, esta cifra designar a la Primera parte cervantina, como 1615 a la Segunda y 614 al Segundo tomo de Avellaneda. Si no me equivoco, se debe a Casalducro la cuidadosa distincin entre "el Quijote de 1605" y el Quijote de 1615". Al fin y al cabo, una parte "no es superior a la otra: son diferentes" (1949: 222).

    EL QUIJOTE EN BUENOS AIRES. Carlos ROMERO MUOZ. Cervantes / Avellaneda / Cervantes (Quij...

  • posible olvidar, sin embargo, que "[l]a circulacin manuscr i ta de [1614] est lejos de ser un hecho probado; y, en todo caso, los indicios que acaso apunten a una posible difusin de la obra en 1613 (segn sostiene [el crtico]), no dejan a Cervantes un margen de t iempo demasiado holgado para escribir la totalidad de la Segunda par te" .

    2.0. En las pginas que siguen, me he propuesto superar, en la medida de mis posibi l idades, las objetivas carencias del artculo de 1993. Para ello, he examinado una serie de datos ms rica, mejor organizada y - e s p e r o - dotada de una mayor capacidad persuasiva, dentro de lo que cabe en este autntico campo minado de las conjeturas.

    Sigo creyendo que en los captulos 30-33 del 1615 impreso cabe distinguir un vast s imo espacio, correspondiente a una versin precedente, y otro, por supuesto mucho ms breve, consti tuido por una coherente serie de "interpolaciones de autor" . En un pr imer recorrido de estos estupendos captulos, pongo en evidencia los descuidos a mi entender all comet idos por el novelista. Ms de uno, a is ladamente, t iene indiscutible importancia; otros la adquieren en solidaridad con el conjunto; todos, en fin, se me figuran indicativos de una situacin de notable " turbulencia" o " inestabi l idad" textual, digna de ponderada cons iderac in . 2

    2.1. El encuentro de amo y escudero con los duques y sus cazadores ha tenido lugar "al poner del so l" (11, 30, 956). Los saludos, la invitacin, la amena conversacin hasta el "cas t i l lo" o "casa de placer", el solemne recibimiento del andante por parte de la numerosa servidumbre y otras ceremonias recordadas por el narrador habrn ocupado no poco t iempo. En conclusin (11 ,31 ,966) ,

    [v]istise don Quijote, psose su tahal con su espada, echse el mantn de escarlata a cuestas, psose una montera de raso verde que las doncellas le dieron, y con este adorno sali a la gran sala, adonde hall a las doncellas puestas en ala, tantas a una parte como a otra, y todas con aderezo de darle aguamanos, la cual le dieron con muchas reverencias y ceremonias. Luego llegaron doce pajes, con el maestresala, para llevarle a comer, que ya sus seores le aguardaban.

    - Pido desde ahora disculpa por el nmero y - la amplitud de algunas- de las citas, en su mayora cervantinas, aunque no faltan las de otros autores. Me habra sido muy difcil abreviar las primeras, si de veras deseaba "ilustrar", desde mi punto de vista, algo a radice "discutible". Justifica a mi entender las restantes una elemental lealtad tanto hacia quienes de algn modo corroboran mis opiniones como - y ms - hacia aquellos con los que, por muy variadas razones, me encuentro en frecuente desacuerdo. Con la ayuda de todas, espero librarme de ser incluido entre los "alegres comentaristas" de que habla Rosales (1960: 26, 409, 413, 536-537...). Que los descuidos, deslices o contradicciones existen en 1605 y en 615 (con el aadido, importantsimo, de las constatablcs entre uno y otro) es cosa indiscutible, con buena paz del gran poeta y notable crtico, quien no duda en afirmar que "los supuestos olvidos de Cervantes [...] no son tales errores, sino libertades de expresin, obedecen a un propsito artstico neto y bien definido . . ." (28) y "las ligerezas que se achacan a Cervantes generalmente son tiltracorrecciones de los alegres comentaristas [...] No son olvidos, pues, son indeterminaciones. Cervantes tiene clara conciencia de ellas y representan, justamente, lo ms caracterstico de su estilo. // La mayora de los errores cervantinos suelen ser perpetrados por los crticos" (537). Aqu pueden bastar, como respuesta, las sensatas palabras del bachiller Carrasco (11, 3, 713): ". . .como las obras impresas se miran despacio, fcilmente se veen sus faltas, y tanto ms se escudrian cuanto es mayor la fama del que las compuso".

    EL QUIJOTE EN BUENOS AIRES. Carlos ROMERO MUOZ. Cervantes / Avellaneda / Cervantes (Quij...

  • "A comer"? Lo natural habra sido "a cenar", como no olvida precisar Clemencn (nota 21) . Cabe , claro est, imaginar que comer t iene aqu un alcance general , pero ni el uso del autor ni cuanto leemos en la conclusin del captulo 32 y en el comienzo del 33 (987) dejan lugar a la menor d u d a . 3 N o hay ms remedio que aceptarlo: Cervantes ha sufrido un desliz, que m u y bien podra indicar una "vuel ta" al trabajo de revisin de algo redactado quin sabe exactamente cunto t iempo atrs.

    2.2. N o es absurdo imaginar que los bur lones duques hayan callado al capelln el nombre del extrao comensal que esperan y el del no menos peculiar personaje que con ste se presenta. Sea c o m o fuere, la divert ida "cuest in de los as ientos" ofrece la ocasin para colmar esa posible laguna. Dice el escudero:

    -No tema vuesa merced, seor mo, que yo me desmande ni que diga cosa que no venga muy a pelo, que no se me han olvidado los consejos que poco ha vuesa merced me dio sobre el hablar mucho o poco, o bien o mal. -Yo no me acuerdo de nada, Sancho -respondi don Quijote-; di lo que quisieres, como lo digas presto. -Pues lo que quiero decir -dijo Sancho- es tan verdad que mi seor don Quijote, que est aqu presente, no me dejar mentir. -Por m, Sancho, miente cuanto quisieres, que yo no te ir a la mano, pero mira lo que vas a decir. -Tan mirado y remirado lo tengo, que a buen salvo est el que repica, como se ver por la obra. -Bien ser -dijo don Quijote- que vuestras grandezas manden echar de aqu a este tonto, que dir mil patochadas. -Por vida del duque -dijo la duquesa-, que no se ha de apartar de m Sancho un punto. Quirole yo mucho, porque s que es muy discreto. [...] - [ . . . ] don Alonso de Maran, caballero del hbito de Santiago, que se ahog en la Herradura, por quien hubo aquella pendencia aos ha en nuestro lugar, que a lo que entiendo mi seor don Quijote se hall en ella, de donde sali herido Tomasillo el Travieso, el hijo de Balbastro el herrero... No es verdad todo esto, seor nuestro amo? Dgalo por su vida, porque estos seores no me tengan por algn hablador mentiroso. -Hasta ahora -dijo el eclesistico-, ms os tengo por hablador que por mentiroso, pero de aqu adelante no s por lo que os tendr. (967-968)

    La falta de reaccin del capelln ante los Sancho y los don Quijote que acaba de or inclina a sospechar que ni cada uno de por s ni los dos juntos le dicen absolutamente nada, porque para l son de todo punto nuevos. N o slo. Cuando el hidalg