Czeslaw Milosz - El Valle Del Issa

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El valle del Issa

Milosz Czeslaw

Czeslaw MiloszPremio Nobel de literatura 1980

El Valle del Issa

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El valle del Issa

Milosz Czeslaw

Ttulo original: Dolina Issy

1 edicin: marzo 1981

Czeslaw Milosz

Traducido del polaco por Anna Rodn Klemensiewich. Diseo de la cubierta: Guillemot Navares Reservados todos los derechos de esta edicin para Tusquets Editores, Barcelona, 1981. Tusquets Editores, S/A; Iradier 24, Barcelona-17

ISBN: 84-7223-201-8 Depsito Legal: B. 8452 - 1981 Fotocomposicin Beltrn, Sagrera 76, Barcelona-27 Grficas Diamante, Zamora 83, Barcelona-18

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Milosz Czeslaw

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Debemos empezar por la descripcin de la Regin de los Lagos en la que viva Toms. Estas regiones de Europa estuvieron mucho tiempo cubiertas de glaciares, y en su paisaje se advierte la crudeza del Norte. La tierra, generalmente de arena y piedras, es apta tan slo para el cultivo de patatas, centeno, avena y lino. Esto explica que el hombre haya respetado los bosques que moderan en cierta medida el clima y protegen de los vientos del mar Bltico. Los rboles ms comunes son el pino y el abeto, aunque tambin hay sauces, encinas y arces; faltan las hayas, que crecen mucho ms al sur. Se puede viajar por estos bosques durante mucho tiempo sin que se canse la vista, porque, a semejanza de las ciudades humanas, las comunidades arbreas poseen propiedades inconfundibles; forman islas, franjas, archipilagos, surcados aqu y all por caminos con rodadas marcadas en la arena, alguna que otra casa, o un viejo horno para resina, cuyas paredes derruidas van siendo recubiertas por la vegetacin. Y siempre, desde una colina, se abre de pronto la inesperada visin de la azulada superficie de un lago con la blanca manchita, casi imperceptible, de un somormujo y una hilera de nades sobrevolando los juncos. En los pantanos, se cran cantidades de pjaros; en primavera, en el plido cielo azul, resuena un intermitente rumor el va-va de las becadas, sonido producido en el aire por sus plumas remeras, cuando realizan sus montonas acrobacias amorosas. El dbil susurro y el farfullar de los urogallos, como si a lo lejos hirviera el horizonte, y el croar de millares de ranas en los prados (su nmero determina el de las cigeas, que tienen sus nidos sobre los tejados de las casas y de los pajares) componen las voces de esta estacin en la que, al fundirse bruscamente las nieves, empieza a florecer el rannculo y el mezeren, pequeas florecillas lila-rosceas que brotan de los arbustos an sin hojas. Dos estaciones caracterizan esta regin, como si hubiese sido creada para ellas: la primavera y el otoo; largo, generalmente bueno, envuelto en un olor a lino hmedo y en el sonido de golpes de espadilla y de ecos lejanos. Las ocas se sienten entonces inquietas e intentan, torpemente, emprender el vuelo, como si quisieran seguir a las ocas salvajes que las llaman desde arriba. A veces, alguien trae a casa una cigea con el ala rota que ha podido salvarse de la muerte que, en cambio, le ha tocado en suerte a su compaera de viaje y que, incapaz de volar hasta el Nilo, es liquidada a picotazos por las guardianas de la ley. Corre la voz de que un lobo se llev un cochinillo. Desde los bosques llega la msica de los perros de caza: con voces de soprano, bajo y bartono, ladran sin dejar de correr, persiguiendo la presa y, por el tono, puede saberse si siguen la pista de una liebre o de una cierva. La fauna de estas tierras es mixta, an no del todo nrdica. Se encuentra algn que otro lagpodo, pero hay tambin perdices comunes. La ardilla, en invierno, tiene el pelo grisceo, an no es del todo gris. Hay dos clases de liebres: las

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comunes, que tienen el mismo aspecto en verano y en invierno, y las albinas, que mudan el pelaje y pasan inadvertidas en la nieve. Esta coexistencia de especies distintas ofrece un buen tema de estudio para los naturalistas, y la cosa se complica an ms por el hecho de que, como dicen los cazadores, hay generalmente dos variedades de liebres: la de campo y la de bosque, que adems se cruzan a veces con la albina. Hasta hace poco el hombre de estas regiones fabricaba en casa todo lo que necesitaba. Se cubra con un tejido grueso que las mujeres extendan sobre la hierba y rociaban con agua para que se blanqueara al sol. En la estacin de los cuentos y de las canciones, ya bien entrado el otoo, los dedos extraan el hilo de la madeja de lana acompaados por el rtmico golpear del pedal de la rueca. Con este hilo las mujeres tejan paos en sus telares caseros, conservando cada una celosamente el secreto de sus dibujos: cuadritos, espigas, este color para la trama, aqul para la urdimbre. Las cucharas, las cubas, los utensilios caseros se labraban tambin en casa, igual que los zuecos. En verano, solan llevar un calzado trenzado con lber de tilo. Slo despus de la primera guerra mundial aparecieron las primeras cooperativas lecheras y los centros para la compra de carne y trigo: tambin las necesidades de los habitantes de las aldeas comenzaron a ser distintas. Las casas, de madera, van cubiertas, no de paja, sino de tablillas de pino. Una percha transversal, apoyada sobre una horquilla, de uno de cuyos extremos cuelga un peso y del otro un cubo, sirve para sacar el agua del pozo. La gran ilusin de las mujeres es poseer un jardincillo delante de casa. Cran en l dalias y malvas: plantas altas que crecen pegadas a la pared, no las que slo adornan la tierra y no pueden verse desde el otro lado de la cerca. De este panorama general pasemos ahora al valle del ro Issa que, bajo muchos aspectos, constituye una excepcin en la Regin de los Lagos. El Issa es negro, profundo, de curso lento, y sus riberas estn cubiertas de mimbres; a veces, hasta desaparece bajo las hojas de los lirios de agua: serpentea por los prados, y los campos, que se inclinan suavemente sobre cada una de sus orillas, poseen una tierra muy frtil. Es un valle privilegiado, gracias a su tierra de mantillo, ms bien rara en esos parajes, sus frondosos vergeles y quiz a su aislamiento del resto del mundo, que jams supuso un inconveniente para sus habitantes. Las aldeas son ms ricas que en otros lugares, situadas, o bien junto al nico camino ancho a lo largo del ro, o bien ms arriba, en terrazas; de noche, con las luces de sus ventanas, se miran unas a otras a travs del espacio, que repite, como una caja de resonancia, el repicar del martillo, los ladridos de los perros y las voces de sus habitantes; quiz por esto sea tan conocida esta regin por sus canciones antiguas que se cantan a voces, nunca al unsono, rivalizando con la aldea de en frente, en busca de un final ms bello, dejando que la frase se extinga lentamente. Los estudiosos del folklore han recogido junto al Issa muchos temas que se remontan hasta los tiempos paganos, como la historia de la Luna (que, entre nosotros, es de sexo masculino) que sale del lecho nupcial donde ha dormido con su esposa, el Sol.

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Una de las particularidades del valle del Issa es que en l viven ms demonios que en otros lugares. Es posible que los sauces carcomidos, los molinos y la maleza de las orillas sean especialmente acogedores para estos seres que se aparecen tan slo cuando ellos lo desean. Los que lo han visto dicen que el demonio es ms bien pequeo, del tamao de un nio de nueve aos, que lleva un frac verde, chorrera, el pelo recogido en forma de cadogn, medias blancas y que, con la ayuda de unos zapatos de tacn alto, procura ocultar las pezuas, de las que se avergenza. Hay que aceptar estas explicaciones con cierta reserva. Quin sabe si los demonios, conocedores de la supersticiosa admiracin de la gente por los alemanes hombres expertos en comercio, investigacin y ciencia, no tratarn de darse importancia vistindose como Emmanuel Kant, de Koenigsberg? No en vano, junto al Issa, al que posee una fuerza impura se le llama tambin el alemancillo, dando a entender con ello que el demonio es un aliado del progreso. De todos modos, cuesta creer que pudieran vestirse as cada da. Por ejemplo, uno de sus entretenimientos favoritos consista en bailar en los cobertizos donde se agrama el lino y que suelen estar en las afueras del pueblo: cmo podran, con sus fracs, levantar esas nubes de polvo y agramiza, sin preocuparse por mantener un aspecto respetable? Y por qu, al estar dotados de una especie de inmortalidad, habran elegido precisamente un traje del siglo dieciocho? En realidad, nadie sabe hasta qu punto pueden cambiar de aspecto. Cuando una joven enciende dos velas, en la vigilia de San Andrs, y se mira en el espejo, puede ver su futuro: el rostro del nombre al que unir su vida, y a veces hasta el rostro de la muerte. Ser el demonio disfrazado, o actuarn otros poderes mgicos? Y cmo distinguir a los seres aparecidos con la llegada del cristianismo, de los antiguos, de los de siempre, de la bruja del bosque, que intercambia a los recin nacidos en sus cunas, o de los duendecillos que, por la noche, salen de sus palacios, ocultos en las races de los sacos? Se comunicarn de algn modo entre s los demonios y estos otros seres ms recientes, o estarn simplemente all, unos junto a otros, como ocurre con los arrendajos, los gorriones y las cornejas? Dnde estar el pas en el que se refugian unos y otros cuando la tierra se ve aplastada por hileras de tanques, cuando los que van a ser fusilados cavan sus propias tumbas junto al ro, mientras, entre sangre y lgrimas, penetra la Industrializacin en la aureola de la Historia? Podramos imaginar una especie de congreso que se celebrara en las cavernas situadas en lo ms hondo de la tierra, all donde el calor pasa a ser insoportable debido al fuego del centro lquido del planeta; un congreso en el que centenares de miles de pequeos demonios, vestidos de frac, serios y cariacontecidos, escuchar