Desarrollo y trabajo decente para todos

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  • Revista Internacional del Trabajo,

    vol. 123 (2004), nm. 1-2

    Copyright Organizacin Internacional del Trabajo 2004

    Desarrollo y trabajo decente para todos

    Ignacy SACHS

    *

    urante sesenta aos el desarrollo ha sido una poderosa

    ide-force

    ,

    D

    como concepto analtico y como ideologa, fundamental en eltrabajo del sistema de las Naciones Unidas. Al igual que el elefante deJoan Robinson difcil de definir pero fcil de reconocer , el desa-rrollo no se deja encapsular en frmulas simples. Y este carcteresquivo se debe a sus mltiples facetas y a su complejidad. Como era deesperar, el concepto de desarrollo ha ido evolucionando todos estosaos, incorporando experiencias positivas y negativas y reflejando loscambios sufridos por la configuracin poltica del mundo y las sucesivasmodas intelectuales.

    Los estudios sobre el desarrollo han servido para precisar el con-cepto, lo cual contrasta con el desconsolador nivel de desarrollo querealmente hay en muchas partes del mundo. De ah que sea necesariorevisar el concepto para hacerlo ms operativo y a la vez reafirmar, msque nunca, su importancia, especialmente cuando la idea de desarrolloest siendo atacada desde dos frentes.

    Los llamados posmodernos proponen renunciar a la idea misma conel argumento de que ha actuado como una trampa ideolgica inventadapara perpetuar relaciones asimtricas entre las minoras dominantes y lasmayoras dominadas, tanto dentro de los pases como entre ellos. Afir-man as que se debera pasar a un estadio de posdesarrollo, sin explicarclaramente cul sera su contenido operacional concreto. Por supuestoque tienen razn al poner en tela de juicio la tesis de que es posible un cre-cimiento material indefinido, pues nuestro planeta es finito. Pero estaobviedad no dice gran cosa acerca de lo que habra que hacer en los prxi-mos decenios para superar los dos problemas fundamentales heredadosdel siglo

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    a pesar de su progreso cientfico y tcnico sin precedentes: eldesempleo masivo y el aumento de las desigualdades.

    * Catedrtico honorario y codirector del Centro de Investigaciones del Brasil Contempo-rneo de la Escuela de Estudios Sociales Avanzados de Pars (EHESS). El presente artculo estbasado en un documento elaborado por el autor para la Comisin Mundial sobre la DimensinSocial de la Globalizacin constituida por la OIT.

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    En cuanto a los fundamentalistas del mercado, implcitamenteconsideran el desarrollo como un concepto redundante. Su argumentoes que el desarrollo se producir como un resultado natural del creci-miento econmico gracias al efecto de filtracin. Por lo tanto, no haynecesidad de una teora del desarrollo: es suficiente con aplicar la cien-cia econmica moderna, que es una disciplina histrica y de validez uni-versal. Sin embargo, la teora de la filtracin sera totalmente inacepta-ble por motivos ticos aun cuando funcionara en la prctica, cosa quede hecho no sucede. En un mundo de pasmosas desigualdades, es undisparate pretender que los ricos se hagan an ms ricos para que aslos desposedos estn un poco menos desposedos.

    A fin de afrontar estos dos problemas es urgente una nuevaaproximacin entre tica, economa y poltica (Sen, 1987). La econo-ma que prescinde de consideraciones morales y sentimentales es comolas figuras de cera, que, pareciendo estar vivas, siguen careciendo de lavida de los seres vivos (Gandhi, 1921, pg. 344).

    Mientras sean producto del entramado social, las desigualdadesmorales

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    slo podrn erradicarse mediante la voluntad responsable:unas polticas pblicas que fomenten la necesaria transformacin insti-tucional y la organizacin de medidas positivas que afiancen a los esta-mentos ms dbiles y menos representados de la poblacin, esa es-forzada mayora privada de posibilidades de trabajo y de subsistenciadecentes y condenada a desperdiciar la vida en la lucha diaria por lasupervivencia.

    Como seala Ricupero (2002, pg. 64), las economas no se desa-rrollan por el mero hecho de existir. El desarrollo econmico ha sidouna excepcin histrica, no una regla general; no surge espontnea-mente de la libre interaccin de las fuerzas del mercado. Los mercadosslo son una de las varias instituciones que participan en el proceso dedesarrollo. Y puesto que son por naturaleza miopes, socialmente insen-sibles y segn Soros (2002) amorales, su ordenacin (o debera-mos decir su reordenacin) es una necesidad urgente a la vista de ladescorazonadora desigualdad que siempre trae consigo la aplicacin delas recetas neoliberales resumidas en el Consenso de Washington.

    En cierto sentido, el Consenso de Washington ha actuado comouna contrarreforma dirigida contra el capitalismo reformado que llega la mayora de edad tras la Segunda Guerra Mundial, inspirado en lostextos de Keynes y Beveridge y en las experiencias del

    New Deal

    esta-

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    Rousseau (1754) traza as la distincin entre las desigualdades humanas: Hay dos formasde desigualdad en la especie humana; una que denomino natural o fsica, porque es establecida porla naturaleza, y que consiste en una diferencia de edad, salud, fuerza corporal o cualidades delespritu o del alma; y otra que puede llamarse desigualdad moral o poltica, pues depende de unaespecie de acuerdo, y es establecida, o al menos autorizada, por el consentimiento de los hombres.Esta ltima consiste en diversos privilegios de que gozan algunos hombres en detrimento de otros,como los privilegios de ser ms ricos, ms respetados o ms poderosos, e incluso el de tener lafacultad de exigir obediencia.

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    dounidense. As, el capitalismo reformado se construy con el objetivode exorcizar los terribles recuerdos de la Gran Depresin en torno a losconceptos de pleno empleo, Estado social (o de bienestar) y planifica-cin. Y, al mismo tiempo, ofreca una alternativa al socialismo realdel bloque sovitico, que en aquel momento gozaba de credibilidad engrandes franjas de la opinin pblica gracias a su xito en la moviliza-cin de todos los recursos humanos disponibles para un veloz y amplioproceso de crecimiento econmico e industrializacin

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    .Los treinta aos dorados del capitalismo (1945-1975) coincidieron

    con la guerra fra entre los dos bloques y con la carrera armamentstica.Esta situacin frustr los intentos de las Naciones Unidas de construirun orden econmico internacional ms equitativo, pero, al mismotiempo, sent unas condiciones favorables para que los pases en desa-rrollo adoptaran polticas de no alineamiento y aprovecharan las expe-riencias ms acertadas de los dos bloques rivales

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    .La situacin cambi radicalmente durante el decenio de 1970. La

    invasin de Checoslovaquia en 1968 desvaneci las ltimas ilusionessobre la capacidad del bloque sovitico de construir una versin delsocialismo con rostro humano. Los capitalistas perdieron entoncesparte de sus miedos y se volvieron ms arrogantes. La crisis energticade 1973 y sus consecuencias se utilizaron para desacreditar el keynesia-nismo y, poco despus, la contrarreforma neoliberal cobr fuerza al lle-gar al poder Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

    La cada del muro de Berln certific la defuncin del socialismoreal como paradigma de desarrollo y dej el terreno libre al evangelioneoliberal, que domin las polticas de desarrollo hasta finales del dece-nio de 1990. Sin embargo, el paradigma neoliberal no consigui cumplirsus promesas. De hecho podra considerarse que la tragedia del desa-rrollo vivida por la Argentina

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    constituye el acta de defuncin del Con-senso de Washington, si no en el plano de las construcciones ideolgicas las ideologas alienantes resisten tenazmente , s al menos en elplano de los programas prcticos.

    No es necesario entrar aqu en la discusin sobre el papel delFondo Monetario Internacional (vase, en particular, Stiglitz, 2002).Sealemos solamente que los nicos pases en desarrollo a los que les

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    Como seala Jean Ziegler, los partidos socialdemcratas occidentales y sus sindicatostransformaron el miedo de los capitalistas a la expansin comunista en ventajas sociales para susseguidores (2002, pg. 33).

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    Fue sin duda el caso de la India en la poca de Nehru, donde se produjo el intento msimportante de definir una verdadera tercera va.

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    Marshall Berman (1988) analiz la segunda parte del

    Fausto

    de Goethe como la primeratragedia del desarrollo. Por analoga podramos hablar de una tragedia argentina del desarrollo,esta vez real y no literaria.

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    fue bastante bien en el decenio pasado son precisamente los que se ne-garon a aplicar al pie de la letra las recetas consagradas por el Consensode Washington.

    As es que estamos instalados en las ruinas de dos paradigmas. Hallegado el momento de poner entre parntesis el evangelio neoliberal,a modo de interludio infeliz

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    , y de revisar la breve historia del conceptode desarrollo, rica en ideas y recomendaciones que son muy pertinentespara el tema que nos ocupa.

    El desarrollo, un concepto esquivoy cambiante

    An est por escribirse una historia completa de la idea de desa-rrollo

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    . En esta parte nos limitamos a hacer unas pocas observacionesy destacar ciertos puntos relevantes para el resto del anlisis.

    El pensamiento sobre el desarrollo, tal como lo conocemos hoy,naci en el decenio de 1940, cuando se preparaban los proyectos parala reconstruccin de los pases europeos devastados por la SegundaGuerra Mundial. Para esta tarea se moviliz a refugiados antifascistashngaros, polacos y alemanes, dndose por hecho que no se iba a per-mitir que la Europa oriental cayera bajo la influencia sovitica. La Con-ferencia de Yalta todava estaba por llegar.

    Entre los problemas a los que se enfrentaban estos p