desencanto y utopía

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  • DESENCANTO Y UTOPALa educacin en el laberinto de los nuevos tiempos

  • Repblica Bolivariana de VenezuelaMinisterio del Poder Popular para la Educacin Universitaria

    PresidenteNicols Maduro

    Ministro del Poder Popular para la Educacin UniversitariaPedro Calzadilla

    Humberto Gonzlez

    Viceministra de Desarrollo AcadmicoAna Alejandrina Reyes

    Viceministro de Polticas EstudiantilesJehyson Guzmn

    *sta es una publicacin conjunta entre el Fondo Nacional de Ciencias, Tecnologa e

    Innovacin y el Centro Internacional Miranda.

  • ISBN: 978-980-7050-23-4Depsito legal: lf35520103704196Impreso en CaracasRepblica Bolivariana de Venezuela

    Centro Internacional Miranda

    PresidenteLuis Bonilla Molina

    Directorio

    Rubn Reinoso Ratjes

    Vctor lvarez Rodrguez

    Trina Manrique

    Gonzalo Gmez Freire

    Miguel ngel Prez Pirela

    Vladimir Acosta

    Pedro Luis Gonzlez

    Rafael Gustavo Gonzlez

  • DESENCANTO Y UTOPA

    Pablo Gentili

    La educacin en el laberinto de los nuevos tiempos

  • A Mateo, por ensearme cada da que la paternidad es un ejercicio revolucionario.

    A la memoria de Cecilia Braslavsky.

  • AGRADECIMIENTOS

    Sin abdicar de mi responsabilidad plena sobre los errores e incon-gruencias, seguramente frecuentes, del presente libro, quiero agradecer a algunas personas e instituciones que mucho me han ayudado a la reali-zacin de los captulos que lo componen.

    En primer lugar, quiero agradecer a todo el equipo del Observato-rio Latinoamericano de Polticas Educativas (OLPED) del Laborato-rio de Polticas Pblicas de la Universidad del Estado de Ro de Janeiro, as como de su sede en Buenos Aires. Rafael Gentili, Daniel Surez, Gustavo Fischman, Carlos Skliar, Dalila Andrade, Ingrid Sverdlick, Marcelle Tenrio, Julin Gindn, Ernesto Grance, Deolindo Nunes, Fabiola Camilo y Renato Ferreira me han acompaado en diversos momentos de esta caminata y siempre ser grato a ellos. Andrea Beren-blum me ha permitido llegar a este lugar. Silvina, Valentina y Andrea siempre estn de mi lado, cueste lo que cueste.

    Emir Sader y Gaudncio Frigotto, adems de amigos incompara-bles, suelen escuchar mis disquisiciones pedaggicas con sorprendente paciencia y generosa atencin.

    Pedro Badia y el equipo de Escuela Espaola, as como Jaume Carbonell, de Cuadernos de Pedagoga, del otro lado del Atlntico, mucho me han estimulado, publicando algunos de estos textos en sus prestigiosas revistas.

    A Florencia Stubrin le debo las ganas que me ofrece de iniciar cada maana como si fuera un festejo de amor interminable. Adems, la lectura de todo lo que escribo y ella corrige con persistente paciencia y una risa de belleza incomparable.

    Dedico este libro a la memoria de Cecilia Braslavsky, con quien tuve el honor y la enorme oportunidad de trabajar entre 1984 y 1991. Recuerdo a Cecilia con muchsimo cario y respeto.

  • Fue ella quien me permiti iniciarme en la investigacin educa-tiva. Con ella compartamos interminables charlas sobre el socialismo, la necesidad de renovacin de la izquierda, sobre su experiencia en la Universidad Karl Marx de la ex Repblica Democrtica de Alema-nia, sobre la Argentina que se estaba construyendo durante el gobierno de Ral Alfonsn. La recuerdo siempre riendo y pelendose cariosa-mente con todos, en aquellos intensos das de los ochenta, en el rea Educacin de FLACSO. Gracias al estmulo de Cecilia y a una beca del DAAD de Alemania, me fui de la Argentina antes de que comenzara el diluvio neoliberal, durante la gestin del Presidente Carlos S. Menem. Nunca entend muy bien cules fueron las razones que llevaron a Cecilia a colaborar con esa administracin. Una vez que esto ocurri, y luego que ella parti a Ginebra, slo nos volvimos a ver muy ocasionalmente. La distancia y las opciones polticas me separaban de Cecilia mucho ms de lo que jams hubiera deseado. Sin embargo, siempre sent hacia ella una enorme gratitud.

    S que hoy estoy aqu, escribiendo estas lneas, convencido que la lucha contra el monopolio del conocimiento es la lucha por la dignidad y los derechos, porque ella me brind una oportunidad que pocos tienen la posibilidad de disfrutar. De mi parte, contino recordando a Cecilia leyendo, hablando, gesticulando y riendo al mismo tiempo, mientras su diploma de la Universidad Karl Marx iluminaba la sala en aquellas fras tardes de invierno en que yo soaba, alguna vez, dedicarme a la investi-gacin en el campo educativo.

    Tambin dedico este pequeo libro a mi hijo, Teo, como siempre.

    Ro de Janeiro, julio de 2007.

  • Desencanto y Utopa

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    INTRODUCCIN

    -Salvaos vosotros- parece gritar la educacin en este libro, desbor-dada del peso y la responsabilidad que le quieren aplicar los nufragos del roto mundo posneoliberal.

    Pero sedientos, siguen insistiendo. Tan desvalidos estn. Ella se defiende:

    -!No me exijis tanto! Yo slo os ayudo a mirar el mundo con ojos plurales, con hambre crtica e irreverente, con esa necesidad de saber que tenis desde que os expulsaron de uno de los mil parasos del pasado!-Pero la sociedad desorientada, sin pistas, des-pistada, sumergida en una orga de libros de autoayuda, de millones de comerciales televisivos, de una afn de consumo que se queda en la esfera del deseo pero que frena la rabia que lleva a la revuelta, sigue esperando que la educacin, y su instrumento, los maestros, sean la media naranja de un amor quebrado cuando el conocimiento se convirti en una mercanca y la enseanza en un negocio. Tranquilos, nos dice Pablo Gentili desde estas pginas. No hay utopa sin desencanto.

    Makarenko escribi su poema pedaggico porque haca falta la revolucin. En estos textos, este argentino de Nuestramrica, maestro de escuela con una regla de medir versos, escribe su poema en prosa sobre la educacin porque hace falta terminar con la contrarrevolucin. Como los poetas, enmascara para que se vea, oculta para ensear, tapa el rostro, como los zapatistas, para que realmente le vean. Y si Barthes recurri a la lucha libre mexicana, van a desfilar por este libro superhroes y antih-roes, pelculas de xito y films de culto, fotos terribles que ganan premios y terribles premios que ganan fotos, laberintos de Borges y enmaraados cruces de caminos latinoamericanos, utopas en los parasos perdidos (donde el latinoamericano regresa a la selva y al ro despus de enten-der que Pars agoniza decadente y Mosc tirita como un oso encerrado)- y distopas a la vuelta de la esquina. Utopas desde el precipicio, dice Gentili para que la pedagoga se haga esperanza. Un dibujo de una nia en la escuelita de un pueblo.

  • Pablo Gentili

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    Qu le pas a nuestra manera de pensar que no vimos que llegaba el fascismo?, se preguntaba Walter Benjamn en el ao 1940. Qu le pasa a nuestra manera de pensar que no vimos que llegaba el neoliberalismo?, recupera Boaventura de Sousa Santos seis dcadas despus. Ahora, Pablo Gentili se reapropia de la pregunta y grita: Qu le ha pasado a nuestra manera de ensear que no vimos que sembrbamos humilla-cin? Pero no est dispuesto a que el desencanto devore la alegra. Y nos regala este libro para que, con l, no lo permitamos. Se lo debemos a un pedagogo que se fue a morir a una Escuelita en La Higuera.

    La educacin en Amrica Latina ha sido, como poltica pblica,

    del Estado. Los cincuentas fueron aos del desarrollismo y la educa-cin cabalg con ese mpetu. Aunque ese mpetu dibuj ya los rasgos de desigualdad y exclusin que afearon el rostro de los sistemas polti-cos latinoamericanos (cuando no eran las dictaduras quienes lo quebra-ban a golpes). Los noventa trajeron un invierno fro y estepario, de algn modo conclusin de ese hacer demediado, del cul an no nos hemos del todo levantado. Cuba, una pequea isla resistente a los embates del imperio, apenas poda asomar su ejemplo en un mar de malas prcticas continentales. Bajas inversiones educativas, privatizaciones, precariza-cin del trabajo docente fueron vistiendo a la educacin de mendigo y quisieron vestir a la pedagoga de fulana. Pero como este libro demuestra, ni siquiera todo ese arsenal de cuatro dcadas pudo anegar esa corriente rebelde de la pedagoga latinoamericana. Puede callarse a un poeta, pero no se puede callar a la poesa. Los muchos pobres esperan su canto para alimentar su estmago vaco. Aos despus de que Amrica Latina se quedara callada y cruzada de brazos cuando se asesin la esperanza en el Chile de Salvador Allende, el continente demostr que estaba desper-tando. Algn maestro ense a aquellos nios, hoy gobernantes, que la historia cuando duele no debe repetirse.

    Pero el tnel ha sido muy largo cmo no inventar lmparas para acercar la luz que no llega? La investigacin educativa busca iluminar el rea ciega de la enseanza. Y tambin se pasea Gentili por esa acera.

  • Desencanto y Utopa

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    Pero no es extrao que su pensamiento en esta tarea desemboque en el recuerdo de su mentora, Cecilia Braslasky, donde da una leccin de pedagoga al demostrar que pesa ms el amor y ensea ms una mirada comprensiva que el reproche a la compaera que, tambin por hones-tidad, recalca el autor, acompa el Gobierno de llanto de Menem. Vueltas de la vida.

    Pero no se ha olvidado de que no hay derechos sin luchas, que no hay reconocimiento sin exigencia, que no hay palabra sin grito. Y trae, como un enamorado regresa un recuerdo a su pecho, ese camino compartido que ha tenido siempre en nuestro continente la educacin popular y la emancipacin. Y vuelven los poemas y los recuerdos. Como la historia que nos narra de Don Pablo Gonzlez Casanova, insigne intelectual de Mxico y del continente, quien quiso ver al Subcomandante Marcos y los indgenas le ensearon que Marcos estaba en el barro, que conocerlo no era entrevistarse para compartir lecturas febriles, sino para hundir los pies en el barro. Y all, entre el barr