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El comunismo libertario y el régimen - Christian Cornelissen

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La sociedad humana es y continuará siendo siempre un mosaico de formas de existencias, de usos y costumbres más diversos, Todo se halla en Todo, decía un viejo filósofo chino, Lao-Tse, y no podría comprenderse la composición tan sumamente compleja de una civilización, si uno no se diese cuenta de la coexistencia necesaria de una gran variedad de formas que se entrelazan y que, en su conjunto, constituyen el mosaico humano.

Text of El comunismo libertario y el régimen - Christian Cornelissen

Christian Cornelissen

El comunismo libertario y el rgimen de transicin de Christian Cornelissen

EL COMUNISMO LIBERTARIO Y EL RGIMEN DE TRANSICIN

Christian Cornelissen

PRESENTACINEl ensayo del libertario holands, Christian Cornelissen, El comunismo libertario y el rgimen de transicin, publicado a principios de la dcada de 1930, constituye un interesante documento que expresa las inquietudes existentes en el seno del movimiento libertario europeo en la poca de la revolucin social espaola.

Las tesis, hiptesis y opiniones vertidas en este ensayo por Cornelissen estaran presentes en las polmicas generadas en el seno de los organismos anarquistas ibricos tales como la Confederacin Nacional del Trabajo y la Federacin Anarquista Ibrica.

En la actualidad muchas de esas tesis, hiptesis y opiniones pueden ser de enorme utilidad al movimiento libertario internacional, puesto que si bien mucha agua ha pasado por el molino desde la poca en que este ensayo fue escrito, igualmente existen, quirase o no, temas que an no han sido agotados en el seno del movimiento libertario y que Cornelissen aborda con gran maestra.

Por supuesto que tambin existen, en el ensayo que a continuacin publicamos, algunos claro-obscuros que no podemos pasar por alto. Nos referimos, concretamente, a esa visin eurocentrista no exenta de cierta altanera racista francamente deleznable; sin embargo, a fuerza de ser sinceros, resulta casi imposible el negar que esas ideas, por desgracia estaban presentes en la mayora de las conciencias libertarias europeas de aquella poca, habiendo, por supuesto, sus excepciones.

Esperamos que la presente edicin virtual sirva de algo para encontrar el hilo de Ariadna que permita al movimiento libertario salir del pavoroso laberinto en el que desde hace ya bastante tiempo se encuentra.

Chantal Lpez y Omar Corts

PRLOGO

Antes de bosquejar, en las pginas siguientes, las bases de una economa comunista libertaria, importa recordar al lector todas las dificultades que se presentan ante quien emprenda una obra semejante.

La sociedad humana es y continuar siendo siempre un mosaico de formas de existencias, de usos y costumbres ms diversos, Todo se halla en Todo, deca un viejo filsofo chino, Lao-Tse, y no podra comprenderse la composicin tan sumamente compleja de una civilizacin, si uno no se diese cuenta de la coexistencia necesaria de una gran variedad de formas que se entrelazan y que, en su conjunto, constituyen el mosaico humano.

Una forma de sociedad evolucionada en el sentido comunista, diferir, en primer lugar, segn los pases e incluso segn las diversas regiones de un mismo pas. No podra ser idntica en Espaa y en Rusia; diferir tambin entre diversos pases de la Europa occidental, como Espaa y Francia o, ms an, como Inglaterra; presentar asimismo profundas gradaciones, una vez establecida en un pas como Espaa, si quisiera estudiarse su aspecto avanzado desde las costas del pas hacia el centro, o desde la llanura hacia las montaas, o tambin desde el campo hacia las grandes ciudades.

La produccin en sociedad comunista diferir tambin de industria a industria, y el consumo segn la naturaleza del artculo consumido. Bajo ninguna forma de civilizacin podra dejarse al personal de la industria de la electricidad o del servicio de ferrocarriles la misma libertad de accin que a los agricultores, pues, doquiera se presenta el peligro inmediato para la vida humana, es necesaria una disciplina mas rigurosa.

En fin, una civilizacin comunista es un organismo que evoluciona como evoluciona todo en la Naturaleza, y no podra olvidarse, por tanto, que, nacida de la forma de civilizacin capitalista precedente, llevar por todas partes, durante siglos enteros, las huellas de sus orgenes. No podramos describir, por consiguiente, los principios fundamentales de una civilizacin comunista libertaria sin admitir la necesidad de la existencia de un perodo de transicin, durante el cual los usos y costumbres de la antigua civilizacin capitalista ejerceran an un fuerte influjo en todas las instituciones comunistas.

Del mismo modo, si queremos juzgar la posibilidad de realizar hoy el ideal comunista libertario, o acercarnos a este ideal, tendremos que reconocer la realidad de los hechos en el sentido de que no hay que menospreciar la potencia de nuestros adversarios principales: los capitalistas organizadores de las industrias, de los transportes y del comercio; los propietarios de tierras, el clero que les sostiene y el Estado actual que es su instrumento.

Una ventaja afectiva de las masas laboriosas reside, desde luego, en su fuerza numrica. Pero las clases de los capitalistas y de los terratenientes tienen a su favor una larga experiencia -que es a veces una rutina- en la alta direccin de las empresas industriales, comerciales y agrcolas; en los servicios de transportes y de comunicaciones y en la administracin pblica.

Que el lector de las pginas que siguen se d cuenta de todas las observaciones precedentes, si comprueba que, en nuestro estudio, slo hemos trazado a grandes rasgos el desenvolvimiento de una economa comunista libertaria, dejando el lugar necesario a la influencia de toda clase de factores especiales de naturaleza histrica, tnica, nacional o local.

No es tan slo que nos hallamos convencidos de que los acontecimientos del porvenir decidirn de la parte de que podremos realizar nuestro ideal, sino que tambin estamos muy conscientes de toda la complejidad de la vida en sociedad, para querer entrar en todos los pormenores de una exposicin.

No somos profetas y debemos atenernos rigurosamente a trazar, slo a grandes rasgos, el cuadro de una civilizacin comunista libertaria.

Christian Cornelissen

INTRODUCCIN

GENERALIDADESEl ideal de una sociedad comunista libertaria es la realizacin de una vida social, que se ha caracterizado mediante la frmula: A cada cual segn sus necesidades y para cada cual segn sus capacidades.

Podemos ver la prueba de que la Humanidad puede acercarse, y cada vez ms, en el transcurso de los siglos venideros, a este ideal, en la institucin de la Familia actual. Una familia feliz, una familia modelo de nuestros das -ya sea rica o pobre- es estrictamente comunista en el sentido indicado por la frmula citada anteriormente. El rgimen bajo el cual se vive y se trabaja es ste: uno para todos y todos para uno. Los ms fuertes y los ms inteligentes sostienen a los nios y a los ancianos, libres para ser sostenidos a su vez cuando caen enfermos o cuando envejecen.

Con todo, no podramos aceptar el principio formulado anteriormente sino para un porvenir muy lejano, si quiere aplicarse a toda la sociedad.

Digamos a un cristiano sincero -que los hay- que la aplicacin estricta del principio del Evangelio: Si alguno te golpea en la mejilla derecha, presntale tambin la otra mejilla, sera un absurdo y tendra tambin, con los hombres tal como los conocemos, resultados diametralmente opuestos al efecto presumido. El creyente responder -si es inteligente-: Lo s muy bien, pero considero mi principio como un ideal lejano de un amor perfecto, ideal que sera ciertamente imposible de alcanzar con la inmensa mayora de los hombres de nuestra poca, mas al cual es preciso tratar de acercarnos, sin embargo, lo ms posible y en cuya direccin debemos perfeccionarnos.

De anloga manera es como comprendemos el ideal del estricto comunismo. Bien sabemos que, actualmente, un rgimen social que no exigiese que el trabajo de todo hombre culto y en buen estado de salud pudiera contrabalancear la extensin de su consumo, hallara dificultades prcticas insuperables. Y esto tambin en tanto que la naturaleza humana no sea transformada profundamente en el sentido altruista.

Es precisamente en los medios obreros de diversos pases donde hemos hallado los partidarios ms fervientes y hasta fanticos del rgimen: El que no trabaje, no comer.

Esto se explica por el hecho de que los obreros saben mejor que otros que la vida es difcil, que la Naturaleza no da nada si no se suministran esfuerzos, y que el perezoso que deja que otros trabajen para l, comete un abuso.

Un solo hecho de nuestra larga experiencia de la vida: Durante la primera revolucin rusa, en 1904-1906, ramos el propietario (de nombre) de un steamer que haba transportado fusiles y municiones a los revolucionarios rusos. Estando el buque de regreso en el puerto de Amsterdam, el propietario de los fusiles y yo tuvimos la intencin de dar una gratificacin de cincuenta florines a todos los hombres de la tripulacin y una suma mayor a los cuatro oficiales. Pero habiendo dejado el barco en Italia algunos tripulantes -para regresar ms pronto por ferrocarril, el capitn haba tenido que contratar a cinco rabes en la costa norte de frica. Ahora bien, en Amsterdam, tomando la palabra el boatsman (patrn) en nombre de la tripulacin, nos dio gracias por la gratificacin prometida, pero aadiendo que sus camaradas y l rehusaban todos el aceptar los cincuenta florines, si se daba tambin a los rabes la misma gratificacin. En efecto, estos hombres haban dejado trabajar a sus camaradas casi solos, incluso en plena tempestad, cuando el pequeo navo haba tenido que buscar la proteccin de la costa inglesa. Es este un ejemplo en que los trabajadores no aceptaran una ddiva, bien merecida sin embargo, y se perjudicaran a s mismos, antes que tolerar que esa misma ddiva fuese concedida a personas que no la haban merecido.

Al cabo de ms de treinta aos de estudios econmicos especiales y de ms de cuarenta aos de experiencias prcticas en el movimiento obrero internacional, no vemos personalmente ningn porvenir prximo para el estricto comunismo ms que en algunas esferas muy especiales de la produccin y del consumo y para artculos de primersima necesidad: pan, ropas de trabajo y viviendas de lo ms sencillo.

E

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