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El fuego del dragón

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Novela Fantástica

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    EL FUEGO DEL DRAGN

    Moiss Herreras Diego

  • El fuego del dragn

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    SEP-INDAUTOR: 03-2010-022309501400-14

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    El rey de los enanos

    -I-

    Si algn extranjero visitara nuestra aldea, quizs se vera tentado a pensar que entre nuestros plcidos cultivos, pequeas y aparentemente frgiles viviendas de madera y barro cocido, o los pintorescos jardines colgantes con flores multicolores y verdes hojas, es imposible que se geste un espritu guerrero, capaz de realizar ni la mitad de las proezas que nuestras leyendas cuentan. Pero estaran cayendo en una terrible equivocacin.

    Ya lo dicen nuestros habitantes ms venerables, viejos y sabios: Los dragones ms feroces duermen entre las ms hermosas flores. Tal vez seamos pequeos y algunas de nuestras historias sean poco precisas, pero eso se debe ms al paso del tiempo que a un afn de engaar al incauto que se anime a escuchar la voz de un enano. Somos un pueblo honesto y trabajador que ha aprendido a navegar a contracorriente y llegar a tiempo a nuestro destino. La palabra de un enano es

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    tan firme como las colinas que nos sustentan y los

    campos que nos dan de comer. Pese a lo que se dice de nosotros, al menos en mi pueblo no existe la avaricia que ha erradicado a muchas otras culturas, dejndolas en la ms profunda pobreza econmica e intelectual.

    No atesoramos joyas, amuletos o monedas, salvo nuestras piedras de fuego; que son esferas de cristal de roca negra, que en el centro parecen albergar una chispa de luz, como una estrella atrapada en un trozo de piedra. stas son el nico tesoro que conservamos de un pasado que permanece ajeno y distante.

    Tan pronto nace un enano, se le coloca un

    collar que tiene su propia piedra de fuego, de la cual nunca se desprende, salvo por dos motivos; cuando se establece con quien ha aceptado ser su pareja e intercambian piedras, como muestra del compromiso, o cuando se muere. Entonces la piedra es entregada al ser querido ms cercano y el cadver es enterrado en el jardn de los ancestros, donde sus

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    deudos habrn de sembrar un rbol y en sus cimientos debern depositar la piedra de fuego.

    As es, somos ceremoniosos, pero qu le

    vamos a hacer. Eso nos ayuda a recordar quines somos. Adems de que nos invita a no olvidar a aquellos que han compartido su pequeo trozo de eternidad con nosotros.

    Tal vez no sepamos cundo fue que los primeros enanos abandonaron las entraas de la tierra, pero no hemos olvidado que as fue. Qu pas antes? No lo s y nadie lo sabe. Pero se cuenta que los primeros enanos emergidos quedaron tan sorprendidos de las bellezas iluminadas por los rayos del sol (y la dulzura de las fresas), que inmediatamente olvidaron lo que haban dejado atrs de ellos. Aunque no se descarta que adems de eso su pasado haya sido tan doloroso, amargo y oscuro, que prefirieron prescindir de su recuerdo.

    En cuanto a lo que ocurri despus, eso lo sabemos todos, de generacin en generacin nos hemos contado siempre la misma historia. De eso nos hemos encargado todos aquellos que la vivimos.

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    La cual no es divergente a la versin que tienen los dems de la misma, incluyendo entre stos a los gigantes. Porque nuestra historia bajo los rayos del sol va de la mano con la de ellos. Enanos, gigantes de las montaas y colosos de hielo, entre todos hay una historia de rocas, sangre, muerte, agua, fresas y nieve.

    -II-

    En ese entonces la sequa haba hecho mella de nuestros campos y las fresas brotaban secas, pequeas y amargas de los arbustos. Para empeorar las cosas, el rey haba muerto sin dejarnos un heredero o sucesor designado que ocupara su lugar. Slo nos dej una afligida reina, que no tena el menor inters de continuar en el cargo, y un sueo que nos comunic a todos, una maana antes de morir.

    Aquel da hicieron sonar las campanas del palacio, y como era costumbre, todos acudimos al llamado del monarca. l estaba enfermo y cansado (tambin los enanos envejecemos), pero era

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    intrpido, siempre lo haba sido y no se mostr diferente en esa ocasin.

    Se par ante todos, alz su hacha sagrada y grit:

    Hijos mos! Mucho me temo no poder acompaarlos por ms tiempo! La muerte me ronda como la blanca luna circunda el firmamento! Pero he tenido una visin: un sueo! S que transitamos por tiempos difciles, pero hemos tenido peores, lo s y algunos de ustedes comparten ese conocimiento conmigo! Pero tambin s que el futuro habr de ser prspero! Lo he visto! He soado con ello y s quin habr de guiarlos en esa nueva aventura! No conozco su nombre o labor, ni siquiera s si ya ha nacido, aunque mi dbil corazn me dice que as es! Ni siquiera s si habr de ser una, o uno de ustedes! Bsteles saber que ser el corazn de este reino y que en su hombro derecho habr de tener una marca con la cual podrn identificarlo con facilidad: una estrella de siete puntas!

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    Nadie saba que ese da habra de ser la ltima vez que se dirigira a nosotros, pero tan pronto supimos de su muerte la bsqueda de aquel o aquella que habra de sucederle comenz.

    -III-

    El reino era pequeo como lo es hoy, as como sus

    habitantes, por lo que no nos demoramos mucho en reconocer que nadie posea tal sea distintiva. Haba lunas, trboles, nubes y hasta mariposas, pero ninguna estrella de siete puntas. Lo ms cercano fue una estrella de seis picos, que encontramos en el hombro derecho de una joven cosechadora de fresas. La cual fue llevada ante el consejo de los ancianos para que ellos determinaran si era suficiente para coronarla o no.

    El consejo era presidido por la reina, quien consider que la marca de la joven no corresponda a la profetizada por el rey, pero que al ser lo ms cercano que se haba podido encontrar, no deba ser pasada por alto. Pero an tendra que demostrar que tena lo suficiente para ser coronada.

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    Kim era el nombre de aquella joven cosechadora de fresas, quien era feliz con su trabajo y no tena ningn deseo de poder o riquezas. Su mayor anhelo era levantarse todas las maanas con los primeros rayos del sol, y su mayor riqueza era beber un poco de agua fresca del pozo, escuchar el trinar de los gorriones y recolectar fresas para el desayuno comunitario. Pero amaba a la reina, tanto como a su rey, y si ella crea que podra ocupar su lugar, entonces as habra de ser. Y si su majestad pensaba que antes de coronarse habra de pasar una prueba, as se le fuera la vida en intentarlo, con gusto aceptara su destino.

    La prueba no sera nada fcil, Kim tendra que ir al norte, donde las montaas le rascan la panza al cielo. Con el objeto de averiguar por qu los pozos que se nutren de su agua helada, estaban casi secos, cuando siempre haban estado rebosantes, incluso en los estiajes ms prolongados. La misin era peligrosa, no slo por lo accidentado del camino e inhspito del tiempo, sino porque tendra que atravesar el reino de los gigantes de las montaas, y

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    ms all de las tierras heladas, hasta los dominios de los mticos colosos de hielo.

    sa era su prueba, mas no tendra por qu enfrentarla sola, aunque no hubo muchos enanos que se ofrecieran a acompaarla, de hecho slo dos; OKhan (el guardabosques que siempre haba estado enamorado de Kim) y yo (su entonces bisoo aprendiz), que por nada del mundo me habra de perder la experiencia de conocer las tierras que reposan ms all de las nubes.

    -IV-

    El viaje empez muy temprano, cuando el sol ni siquiera asomaba alguno de sus rayos por encima del horizonte. Nunca antes alguien haba ido haca donde tenamos que ir, por lo que no sabamos qu tanto cargar con nosotros o cunto nos tomara llegar

    a nuestro destino. Sin ningn tipo de experiencia, y basndonos nicamente en el tiempo que nos tomaba llegar a la laguna de los susurros, ms all del bosque de los gigantes verdes, calculamos que el viaje habra de durar ms o menos treinta o cuarenta

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    das, contados con pies pequeos y entre escabrosos riscos, hasta llegar a la cuna del agua: las cascadas de los inmortales.

    No podamos cargar en nuestras pequeas maletas vveres para tantos das, y una carreta sera demasiado imprctica para el camino, por lo que nos abastecimos con lo ms que pudimos y emprendimos la marcha, esperando que el viaje slo durara la mitad del tiempo calculado.

    -V-

    Conforme subamos las colinas y nos acercbamos al paso de las montaas y al reino de los gigantes, nuestras pequeas mochilas se fueron vaciando, aunque contradictoriamente nos parecan cada vez ms pesadas. Nos costaba trabajo respirar, y entre el fro y el cansancio, los huesos y msculos nos

    empezaron a doler sin misericordia. Ni siquiera haba nieve en las copas de los rboles, pero eso no impeda que el fro nos abofeteara sin clemencia el rostro.

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    De no ser por las piedras de fuego, hubiramos muerto congelados mucho antes de cruzar la primera de las montaas de la cordillera helada, o al menos yo, porque cada vez que se haca de noche y empezaba a bajar la temperatura, OKhan se aseguraba de cubrir con sus propios sarapes el cuerpo de Kim, sin que ella se diera cuenta, mientras l se mantena descubierto casi toda la noche, y cuidando de que no se fuera a apagar la fogata. Yo no le deca nada, aunque siempre procur apoyarlo lo ms que poda. Pues saba lo que l senta por ella. Para m Kim era quien pudiera llegar a ser mi reina, pero para OKhan ella era el amor de su vida.

    -VI-

    Cinco das de