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EL MEDIO PELO

EL MEDIO PELO

en la Sociedad Argentina

(Apuntes para una sociologa nacional)

A. PEA LILLO, Editor

OBRAS DEL MISMO AUTOR

El Paso de los Libres. Prlogo de Jorge Luis Borges Buenos Aires 1934.

El Paso de los Libres. Segunda edicin. Prlogo de Jorge Abelardo Ramos. Ediciones Coyoacn,

Buenos Aires 1960.

El Plan Prebisch. Retorno al coloniaje. Ediciones "El 45", Buenos Aires 1955. (Agotado).

Los Profetas del Odio. Ediciones Trafac, Buenos Aires, 1957. (Agotado).

Los Profetas del Odio. Segunda edicin. Ediciones Trafac, 1957. (Agotado).

Ejrcito y Poltica. Suplemento de la Revista "QUE", Buenos Aires, 1958.

Poltica Nacional y Revisionismo Histrico. Coleccin La Siringa.

A Pea Lillo editor. Buenos Aires 1959.

Prosa de Hacha y Tiza. Ediciones Coyoacn, Buenos Aires 1960.

Forja y la Dcada Infame. Ediciones Coyoacn, Buenos Aires 1962.

Filo, Contrafilo y Punta. Ediciones Pampa y Cielo, Buenos Aires, 1964.

1. Edicin Noviembre 1966

2. Edicin Diciembre 1966

3. Edicin Diciembre 1966

4. Edicin Enero 1967

Impreso en la Argentina

Se termin de imprimir la presento edicin,

en los Talleres Grficos ORESTES S.R.L,

Gascn 274, Capital Federal,

en el mes de Febrero de 1967.

ndice

Advertencia preliminar

CAPTULO I - El marco econmico de lo social

CAPTULO II - La sociedad tradicional

CAPTULO III - Desarraigo de la clase alta

CAPTULO IV - La crisis de la sociedad tradicional

CAPTULO V - La sociedad urbana se modifica

CAPTULO VI - La Sociedad y los lmites de la "Patria Chica"

CAPTULO VII - Una escritora de "medio pelo" para lectores de "medio pelo"

CAPTULO VIII - Las clases medias, la nueva burguesa y la aparicin del "medio pelo"

CAPTULO IX - La partida de nacimiento del "medio pelo"

CAPTULO X - La composicin social del "medio pelo. Permeabilidad y filtro

CAPTULO XI - Las pautas del "medio pelo"

Conclusiones

Apndice

ADVERTENCIA PRELIMINAR

Si bien el tema que voy a tratar en este libro es de sociologa debo prevenir al lector que no estoy especializado en la materia, y que slo ando por ella de "bozal y lazo", como dijo Hernndez, un socilogo nuestro que tampoco era de la especialidad. Guardando las distancias con el autor del Martn Fierro intento colocrmele "a la paleta" en el mtodo, proporcionando datos y reflexiones que he recogido como actor y observador apasionado en el curso de una vida lo suficientemente prolongada para que pueda ser testigo de casi todo lo que va del siglo.

Tal vez lo que resulte sea pura ancdota de "mirn", pero no es mi propsito, como no fue el de Hernndez, hacer obra puramente literaria a travs de un personaje de imaginacin, que es lo que pretendieron entender durante mucho tiempo los mandarines de nuestra cultura.

Porque los conoca se previno:

...............................................................................................................

Digo que mis cantos son

para los unos... sonidos

y para otros... intencin.

Nos dej as, el mejor, sino el nico, documento histrico sobre una poca de transicin en que fue sepultado el pueblo-base de nuestra nacionalidad; de ese drama tendramos muy escasas noticias, a pesar de lo reciente, por la labor de los informantes documentales y eruditos, sin la presencia de su testimonio potico elaborado en una vida de hombre "comprometido", y en causas perdedoras.

Con esto se comprender porque he subtitulado este trabajo como "apuntes para una sociologa" con la esperanza de proporcionar al socilogo, desde la orilla de la ciencia, elementos de informacin y juicio no tcnicamente registrados, que suelen perderse con la desaparicin de los contemporneos. Que lo logre o no, depender de mis aptitudes que "pido a los santos del cielo" me ayuden a ponerme en la huella de tan ilustre marginal de lo cientfico.

Al mismo tiempo, pretendo ofrecerle a mis paisanos un espejo donde vean reflejadas ciertas modalidades nuestras, particularmente en la cuestin de los status, de cuya evolucin histrica me ocupar en primer trmino. Deseo hacerlo amablemente, abusando del escaso humor de que dispongo, para atenerme al castigat ridendo mores, en espera de que la comprensin de la falsedad de ciertas situaciones, y el ridculo consiguiente, contribuyan a liberar a muchos de las celdas de cartn en que se encierran con la aceptacin de artificiales convenciones.

El socilogo apreciar los hechos que refiero, valorndolos segn el juicio que surja de su particular inclinacin interpretativa. Yo slo pretendo sealarlos y es su tarea determinar causas, lo que no excluye que ocasionalmente me aventure hasta las mismas, cuando lo imponga la descripcin de los grupos identificados. Esencialmente aspiro a sealar la gravitacin en nuestra historia de las pautas de conducta vigentes en los grupos sociales que la han influido, y solo subsidiariamente referirme a las causas originarias de las mismas.

Con lo ya dicho, la naturaleza de testimonio de este trabajo excuso la ausencia de informaciones estadsticas y de investigaciones de laboratorio que pudieran darle, con la abundancia de citas y cuadritos, el empaque cientfico de lo matemtico y al autor la catadura de la sabidura. Las pocas pilchas que lo visten son las imprescindibles para justificar la presentacin del testimonio. 1

RELATIVIDAD DEL DATO "CIENTFICO"

A este respecto debo confesar mi prevencin contra los datos de ese gnero que en muchas ocasiones, con su deficiencia perturban ms que ayudan. Creo en la eficacia utilizar como correctivo del dato numrico la constatacin personal para que no ocurra lo que al espectador de ftbol que con la radio a transistores pegada a la oreja, cree que dice el locutor con preferencia a lo que ven sus ojos.

Por va de ejemplo van pruebas al canto:

"La Nacin" del 6 de marzo de 1966, nos informa sobre el resultado de un relevamiento aerofotogrfico realizado en la ciudad de Crdoba, para comprobar la validez del registro de propiedades urbanas de la Municipalidad de esa Capital. Dice el ingeniero Vctor Hansjurgen Haar, quien tuvo a su cargo el relevamiento, que la pesquisa ha indicado que slo el 50 % de las propiedades se encuentran correctamente registradas, y de ese 50% si bien cumplen con sus obligaciones al fisco, no han declarado sus propietarios mejoras que se han hecho en sus viviendas.

Esto significa que el 50% de la ciudad de Crdoba no existe estadsticamente pues los datos sobre la construccin se recogen de los registros municipales. El sesudo investigador que slo se gua por estos datos y no por las empricas comprobaciones, se encontrar con que la oficina en que trabaja y el techo bajo el que duerme no tienen existencia efectiva, segn los datos de la realidad cientficamente documentada, si como es muy probable, ese techo y esa oficina pertenecen al 50% de construccin que para la estadstica es inexistente. En cambio otras informaciones estadsticas le permitirn comprobar paralelamente que Crdoba ha crecido varias veces en estos ltimos decenios, en poblacin y en actividad, con lo que tendr que concluir que Crdoba es un fenmeno urbano en el cual la mayora de la poblacin est indomiciliada y donde no existen las fbricas, los talleres, los escuelas, etc., que resultan de otras estadsticas que no son las de la construccin. A cules se atendr?

(Limitndome a la construccin, ya haba hecho mi composicin de lugar hace mucho tiempo mediante una somera investigacin reducida a la manzana cntrica de Buenos Aires en que resido y que el lector puede hacer en la suya. Pude comprobar que las modificaciones interiores en las casas de la manzana hechas en los ltimos aos sin la correspondiente intervencin municipal presentacin de planos, aprobacin, permiso de construccin e inspecciones importaban una inversin muy superior a la de los dos o tres edificios nuevos construidos en la misma manzana con el consiguiente registro municipal. Squele la punta el lector a este hecho y trasldelo a la crtica general de los datos estadsticos).

El caso de Crdoba se repite para el Gran Buenos Aires en dos pocas distintas.

Desde las ltimas dcadas del siglo pasado Buenos Aires y sus alrededores recibieron gran parte del contingente inmigratorio europeo cuando el Hotel de Inmigrantes y el conventillo fueron escalones hacia la casita propia. Es muy posible que el italiano, el espaol o el turco que las levantaron construyendo una pieza y una cocinita, sin sanitarios, haya registrado en la municipalidad suburbana esa primitiva construccin. Pero ese hombre ahorrativo que realizaba el sueo de la casa propia fue agregando habitaciones construidas con la ayuda de un media cuchara, a lo largo del lote que pagaba en mensualidades, pues la casa creca a medida que creca la familia. Y stas no las registr.

El fenmeno volvi a repetirse cuando a la ola inmigratoria ultramarina sucedi la migracin provinciana hacia los centros industriales. Cualquier inspector municipal del Gran Buenos Aires podr decir cmo se suceden barriadas y barriadas enteras no inscriptas en los padrones municipales. (O tal vez no se lo diga porque all hay un "rebusque": sorprender a los vecinos de esas barriadas en plena construccin sabatina y dominical con el aporte voluntario de vecinos y amigos, para paralizarle la obra por falta de planos y llegar, despus del susto consiguiente al "arreglo" Pero el "arreglo" tampoco figura en las estadsticas! Sin embargo, sera interesante registrar estadsticamente el monto de los mismos que explicaran por qu esos inspectores se resignan al msero sueldo comunal, que no alcanza para mantener el automvil que tienen a la puerta y es elemento imprescindible para el descubr