El Paraiso de Los Gatos - Emile Zola

  • View
    10

  • Download
    5

Embed Size (px)

DESCRIPTION

Literatura francesa

Transcript

  • Este cuento se public por primeravez en 1866 en el peridico LeFigaro con el ttulo La jornada deun perro errante. Luego, los perrosfueron sustituidos por los gatos y elcuento sufri varias modificacioneshasta la versin definitiva que aquse presenta.

    Siendo sta una alegora del eternodilema entre libertad y confort,donde un gordo gato domstico seescapa para probar esa vidabohemia del gato callejero que tantole fascina.

  • mile Zola

    El paraso de losgatos

    ePub r1.3lenny 03.11.14

  • Ttulo original: Le paradis des chatsmile Zola, 1866Traduccin: igo JureguiIlustraciones: Ana JuanRetoque de portada: leandro

    Editor digital: lennyPrimer editor: leandro (r1.0 a 1.2)ePub base r1.2

  • U NA TA MA me leg un gato[1] deangora que sin duda es el animalms estpido que conozco. Esto es loque me cont mi gato una tarde deinvierno, al amor de las brasas.

  • I

    Tena yo dos aos por entonces, y era elgato ms gordo e ingenuo que se viera.A esa tierna edad an mostraba lapresuncin de un animal que desdea lascomodidades del hogar. Y sin embargo,cunto tena que agradecer a laProvidencia que me hubiera acomodadoen casa de su ta! La buena mujer meadoraba. En el fondo de un armario yotena un verdadero dormitorio, con trescolchas y un cojn de pluma. La comidano le iba a la zaga. Nada de pan ni sopa;solo carne, carne roja de la buena.

  • Pues bien, en medio de aquellosplaceres yo no tena ms que un deseo,un sueo: deslizarme por la ventanaentreabierta y escapar por los tejados.Las caricias me parecan insulsas, lablandura de mi cama me produca

  • nuseas, y estaba tan orondo que measqueaba a m mismo. Y me aburra elda entero de ser tan feliz.

    Debo decirle que, alargando elcuello, haba visto desde la ventana eltejado de enfrente. Cuatro gatos sepeleaban all aquel da, con la pielerizada y la cola en alto, rodando sobrela azulada pizarra, calentndose al sol ylanzando juramentos de alegra. Nuncahaba contemplado un espectculo tanextraordinario. Entonces me convenc deque la verdadera felicidad se hallaba enaquel tejado, detrs de la ventana quecerraban con tanto cuidado. Me lodemostraba el hecho de que cerraran aslas puertas de los armarios tras los

  • cuales escondan la carne.

  • Conceb el proyecto de huir. En lavida deba haber algo ms que carneroja. Algo ideal, desconocido. Y un daque olvidaron cerrar la ventana de lacocina, salt a un tejadillo que habadebajo.

  • II

    Qu bonitos eran los tejados! Losbordeaban largos canalones queexhalaban deliciosos aromas. Seguvoluptuosamente aquellos canalones,hundiendo las patas en un fino barro deuna tibieza y suavidad infinitas. Mepareca estar caminando sobreterciopelo, y haca calorcito al sol, unsol que derreta mi grasa.

    No le negar que temblaba como unflan. El miedo se mezclaba con laalegra. Me acuerdo sobre todo de unaterrible impresin que a punto estuvo dehacerme caer sobre el asfalto. Tres gatos

  • bajaron de la techumbre de una casa y seacercaron a m, maullandoespantosamente. Y como yo desfalleca,me llamaron gordinfln y me dijeron quelo hacan para divertirse. Me puse amaullar con ellos. Era delicioso.Aquellos fulanos no estaban tanestpidamente gordos como yo, y seburlaron de m cuando resbal como unabola sobre las placas de cincrecalentadas por el sol de medioda. Unviejo gato de aquella banda me tomespecial aprecio y se ofreci aeducarme, lo que acept agradecido.

  • Ay, cun lejos estaban lascomodidades de su ta! Yo beba de loscanalones, y ninguna leche azucarada mehaba sabido tan dulce. Todo me parecabueno y hermoso. Una gata deslumbrantepas a mi lado, una gata que me colm

  • de una emocin desconocida. Hastaentonces solo en sueos haba visto esasdeliciosas criaturas cuyo espinazoparece tan adorablemente flexible. Mistres compaeros y yo nos precipitamosal encuentro de la recin llegada. Meadelant al resto y, cuando me disponaa cortejar a la encantadora gata, uno demis camaradas me mordi salvajamenteen el cuello. Lanc un grito de dolor.

    Bah! me dijo el viejo gato,apartndome. Ya habr otras.

  • III

    Al cabo de una hora de paseo sent unhambre feroz.

    Qu se come en los tejados? lepregunt a mi amigo.

    Lo que se encuentra merespondi l, sabiamente.

    Su respuesta me desconcert, puespor mucho que buscaba, no encontrabanada. Por fin, en una buhardilla vi a unajoven obrera que se estaba preparandola comida. Sobre la mesa, debajo de laventana, se vea una hermosa chuleta deun rojo apetitoso.

    sta es la ma, pens con toda

  • ingenuidad.

  • Y salt sobre la mesa para coger lachuleta. Pero la obrera, al verme, meatiz un terrible escobazo en el lomo.Solt la carne y hu, lanzando un terriblejuramento.

    Es que acabas de llegar delpueblo? me dijo el gato. La carneque est sobre las mesas es paradesearla de lejos. Donde hay que buscares en los canalones.

    Nunca pude entender que la carne delas cocinas no perteneciese a los gatos.Mis tripas comenzaban a quejarseseriamente. El gato me remat diciendoque haba que esperar a la noche.Entonces bajaramos a la calle yescarbaramos en los cubos de basura.

  • Esperar a la noche! Y lo deca tantranquilo, como un filsofo curtido. Yome sent desfallecer ante la sola idea deaquel ayuno prolongado.

  • IV

    La noche lleg lentamente, una nochebrumosa y helada. Empez a caer unalluvia fina y penetrante, azotada porbruscas rfagas de viento. Bajamos porel ventanal de una escalera. Qu fea mepareci la calle! Haba desaparecido elcalorcillo gustoso, el solresplandeciente, los tejados blancos deluz en los que revolcarse a placer. Mispatas resbalaban sobre el pavimento, yrecord con amargura mis tres colchas ymi cojn de pluma.

    Tan pronto estuvimos en la calle, miamigo empez a temblar. Se encogi

  • hasta hacerse pequeo y corrifurtivamente delante de las casas,dicindome que lo siguiera lo msrpidamente posible. Cuando encontruna puerta cochera, se refugi presto enella, dejando escapar un ronroneo desatisfaccin. Al preguntarle por esahuida, me dijo:

    Viste a ese hombre que llevabaun capacho y un garfio?

    S.Pues si nos hubiera visto, nos

    habra matado y comido asados.Asados! exclam. Pero

    entonces la calle no es nuestra? En vezde comer, nos comen!

  • V

    Entretanto haban arrojado las basurasdelante de las puertas. Escarb en losmontones con desesperacin y encontrdos o tres huesos mondos que habantirado a las cenizas. Entonces comprendcun suculenta es la comida de su ta. Miamigo hurgaba con destreza entre lassobras. Me tuvo corriendo hasta elamanecer, examinando cada adoqun, sinapresurarse. Tras casi diez horas bajo lalluvia, yo tiritaba de fro. Maldita calle,maldita libertad! Cmo aoraba micrcel!

    Por la maana, el gato, vindome

  • flaquear, me pregunt con aire extrao:Has tenido bastante?Ya lo creo respond.Quieres volver a casa?Claro, pero cmo encontrarla?Ven. Al verte salir esta maana,

    comprend que un gato rollizo como tno est hecho para las speras alegrasde la libertad. S dnde vives. Te dejaren la puerta.

    Aquel digno gato dijo esto con todasencillez. Cuando llegamos me dijo sinmostrar ninguna emocin:

    Adis.No exclam, no nos

    despediremos as! Ven conmigo,compartiremos la misma cama y la

  • misma comida. Mi ama es una buenamujer

    No me dej acabar.Calla dijo bruscamente, eres

    tonto. Yo me morira en la calidez de tuhogar. Tu vida regalada es buena paragatos bastardos, pero los gatos libresnunca pagarn con la prisin tusmanjares y tu cojn de plumas. Adis.

    Y trep de nuevo a los tejados. Vi sugran silueta delgada estremecerse deplacer al sentir los rayos del solnaciente.

    Cuando entr en casa, su ta cogi elzurriago y me administr un correctivoque recib con profunda alegra. Saborea fondo el placer de sentir calor y ser

  • castigado. Mientras ella me zurraba, yome relama pensando en la comida queme dara despus.

  • VI

    Lo ve? concluy mi gato,estirndose frente a las brasas. Laverdadera felicidad, el paraso, miquerido amo, consiste en ser encerrado ygolpeado en una habitacin donde hayacarne.

    Hablo de los gatos, claro.

  • MILE ZOLA. (Pars, 1840-1902).Escritor francs y fundador delmovimiento naturalista. Zola naci enPars el 2 de abril de 1840, hijo de uningeniero civil italiano. Tras la muertede su padre, la familia vivi en lapobreza. Su primer trabajo fue el deempleado en una editorial. A partir de

  • 1865 se gan la vida escribiendopoemas, relatos y crtica de arte yliteratura.

    Su primera novela importante, ThrseRaquin (1867), es un detallado estudiopsicolgico del asesinato y la pasin.Ms tarde, inspirado por losexperimentos cientficos sobre laherencia y el entorno, Zola decidiescribir una novela que ahondara en lasprofundidades de todos los aspectos dela vida humana, que documentara losmales sociales, al margen de cualquiersensibilidad poltica. Asign a estanueva escuela de ficcin literaria elnombre de naturalismo y escribi una

  • serie de veinte novelas entre 1871 y1893, bajo el ttulo genrico de LesRougon-Macquart, con el fin de ilustrarsus teoras a travs de una saga familiar.Tras una ardua investigacin produjo unsorprendente y completo retrato de lavida francesa, especialmente la parisina,de finales del siglo XIX. Sin embargo,fue calificado de obsceno y criticadopor exagerar la criminalidad y elcomportamiento a menudo patolgico delas clases ms desfavorecidas. Algunosde los libros que se ocupan de las cincogeneraciones de la familia Rougon-Macquart alcanzaron una granpopularidad. Entre las novelas de estaserie destacan La taberna (1877), un

  • estudio sobre el alcoholismo; Nana,basada en la prostitucin; Pot-Bouille(1882), un anlisis sobre laspretensiones de la clase media;Germinal (1885), un relato sobre lascondiciones de vida de los mi