Hesse Hermann - Cartas

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Epistolario de Hermann Hesse

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CARTAS

CARTAS

Hermann Hesse

A OSKAR LOERKE, Berln

Zrich, 9 de marzo de 1927.

Mi querido Loerke:

Le agradezco a usted de corazn las amables y penetrantes palabras que me ha escrito a propsito de mi Lobo estepario y me alegro muchsimo de su juicio sobre el prlogo, que dejar, desde luego, tal y como est...

... Un asunto que me preocupa de vez en cuando, sin que esto quiera decir que lo tomo muy en serio, es mi pertenencia a la Academia. Cunto dara por estar de nuevo fuera de ella! El mismo cuestionario que me remitieron, tan semejante al que envan a los opositores a una plaza en el Servicio de Ferrocarriles prusiano, era verdaderamente espantoso y las comunicaciones e informaciones de la Seccin se me antojan hasta el momento tristes y ridculas.

Cuando me comunicaron mi eleccin cre poder esquivarla sin escndalo y de manera corts llamando la atencin de la Academia sobre el hecho de que yo no soy ciudadano alemn, sino suizo, por lo cual no poda aceptar la eleccin y el nombramiento. Cuando esta razn no fue tomada en cuenta, decid aceptar, simplemente por comodidad y para no parecer descorts...

... Si se le ocurriese a usted, en cualquier momento u ocasin, una manera discreta mediante la cual pudiese yo sentar mi renuncia, le suplico que me la indique...

... Adieu, y muchas gracias por todo.

A OSKAR LOERKE, Berln

22 de julio de 1927.

Querido Loerke:

Hace casi tres semanas, por los das de mi cumpleaos, lleg a mis manos su grata y amable carta, que apart al momento con objeto de librarla del aluvin de papeles que traa hasta m cada nuevo da.

Y ayer le, por casualidad, el artculo que ha escrito usted en un peridico berlins (no s exactamente en cul).

Del mismo modo que su carta, entre tantas, fue una de las pocas gratas y sinceras, as tambin lo fue su artculo entre la inmensa mayora de los restantes, vulgares por dems, tan superficiales en sus alabanzas como en su crtica, del todo descaminados. Dos alegras, por tanto, me ha procurado usted. Y le doy las ms sinceras gracias por ello.

Mi vida aqu, durante este verano, ha sido un tanto ms agradable que en otras ocasiones, porque he recibido la visita de una amiga que permanecer en casa largo tiempo; por lo dems, este verano no me ha sido muy favorable. Arrib de nuevo a estos contornos en la primavera, muy fatigado y con mala salud, despus de un invierno ciudadano, pensando normalizarme un poco en breves semanas con la vida de campo, los baos de sol y la sana y rica leche, pero no lo he conseguido.

Por lo menos brilla el sol, aunque interrumpido por 1a lluvia con mayor frecuencia que en otros aos, y cuando brilla lo hace generosa y clidamente; con tal motivo suelo encontrar algn rato propicio para pintar y entonces tomo asiento en medio de las vias y los pequeos maizales, escucho el zumbido de los escarabajos y el correr de lagartos, contemplo el vuelo de las jvenes golondrinas y me extaso con los colores de las montaas y el horizonte. Y todo vuelve entonces a estar bien.

Gracias, querido camarada; me ha proporcionado u una aran alegra.

A NINN HESSE

Zrich, abril de 1928.

Hoy he dado un pequeo paseo antes de comer, uno de esos comunes y ridculos paseos de ciudad, por el muelle y a lo largo de las instalaciones del lago de Zrich, hasta las jaulas de los pjaros, donde las aves multicolores pan y retozan, divertidas de que ningn hombre pueda adivinar sus nombres, escritos en las tablillas o carteles all adosados de un modo que solo da origen a confusiones. A uno de ellos pude orle cantar claramente:

O wie gut, dass niemand weiss,

dass ich "Blauer Astrild" heiss'! (1)

Haba all unos pequeos pjaros de fbula, color azul claro e intenso, venidos de frica, irisados como las pequeas mariposas multicolores que pueblan en el esto las altas montaas y regalan sus visos tornasolados cuando se posan en el regato para beber o emprenden el vuelo en bandadas cuando se pasa junto a ellas. Ante estos pjaros pens en ti porque s que tambin te gustan y porque todos ellos han sido contemplados y amados por tus ojos claros y bondadosos.

Luca el sol, pero soplaba un fro cierzo; disfrutamos de una primavera para los ojos, no para la piel. Sin embargo ha sido un da feliz, en primer lugar por los pjaros y

tambin porque esta maana ha llegado muy escaso correo despus..., imagnate: cuando paso por delante del Palacio de la Msica, veo un cartel con el programa del concierto de esta tarde, y qu dirs que anuncian? La ms hermosa de todas las sinfonas de Mozart, la preferida entre todas por m, la sinfona en sol menor, cuyo primer tiempo comienza con tan prodigioso y placentero gozo, mientras el segundo lo hace lleno de una misteriosa tensin! Es ya la tercera vez en lo que va de ao que oigo esta obra, todas en distinto lugar, con diversos directores y diferentes orquestas; cada vez fue un hallazgo casual, hecho de paso y cada vez, tambin, una seal de felicidad.

Oh qu bien que nadie sepa

que me llamo "Astrild azul''.

Despus del gran paseo por las orillas del lago, y ya en casa, di el pequeo paseo de los ojos a travs de mi habitacin, deambul lentamente por el minsculo jardn de cactos, estuve diez minutos en Mjico, entre los euforbios y me detuve un minuto ante nuestra Urania verdeoro, la mariposa mgica de Madagascar. Imagino que t tendrs ocasin de ver todos los das, all en Pars, muchas cosas hermosas; pero estoy seguro de que no pueden serlo ms que nuestra Urania. Y con las mariposas tambin se puede hablar francs.

Acaba de aparecer un nuevo libro mo, titulado Crisis. Tu ejemplar espera tu llegada en Tessino. Para m, como siempre, llega demasiado tarde su aparicin y ahora deber escuchar reproches y alabanzas de mis amigos sobre cosas que fueron para m actuales e importantes hace tres aos y que hoy han dejado ya de serlo desde hace tiempo. Y esos amigos que hoy se muestran enojados contra el libro me dirn dentro de cinco o seis aos (mientras vuelven a irritarse contra m por mi ltima obra), que voy cada vez ms cuesta abajo, y que debera hacer un esfuerzo y escribir nuevamente algo tan lindo como fue aquel viejo Crisis.

Pero esto no te interesa nada y s que deseas conocer en qu trabajo actualmente. Pues s, yo tambin deseara saberlo, pero es cosa que escapa a todas mis investigaciones. En cosas como estas no conviene ser demasiado curioso; por lo dems, me sucede que suelo despertarme por la noche, en medio de algn sueo olvidado, y entone creo saber con exactitud que ese sueo era precisaren la nueva obra que intento crear... Pero nunca s ms acerca de ella.

Pese a todo, naturalmente, soy trabajador y aplicado. Si yo no fuese en el fondo un hombre harto laborioso, no se me hubiese ocurrido jams la idea de elaborar cnticos de alabanza y teoras acerca del ocio. Los perezosos geniales, los perezosos natos, nunca han hecho cosa semejante, que yo sepa.

De momento, esto es, desde anteayer, vuelvo a dedicar muchos ratos a mi cuaderno de dibujo. T sabes que este es mi trabajo predilecto y que por mi gusto dedicara la mitad de mis jornadas a esta ocupacin hermosa, juguetona y fantstica. Pero no hay tanta gente rica como se cree. Hoy da, cualquier muerto de hambre anda por el mundo tan elegante y atildado que se le podra tomar por un consejero de comercio; pero de todos los miles de personas que se hacen un traje cuatro o cinco veces al ao, apenas media docena son lo bastante ricos y estn de verdad tan acostumbrados a lo hermoso y delicado como para ocurrrseles no solo abonarse a un par de revistas o mantener en casa un papagayo o unos peces de adorno, sino tambin adquirir de un poeta poemas manuscritos por su autor e ilustrados con dibujos a todo color, hechos de propio puo por l mismo. No; muy pocos son los que tienen tales ideas. La mayora de la gente rica no suele tener ni siquiera ideas.

Pero he aqu que ha venido uno, un caballero extremadamente simptico, que haba odo hablar de mis manuscritos y dibujos, y ha solicitado un cuaderno con doce poesas manuscritas y dibujos en color. As, pues, durante unos das no soy un ocioso desocupado, sino un empleado favorecido con un pedido, y como tal me siento. Si no estuviese lleno hasta rebosar de este orgullo, si no me sintiese feliz por causa de este pedido, tampoco hubiese llegado a vivir los diversos sucesos dichosos de este da, ya que los tales solo acuden a quien tiene imn en el bolsillo. Y no hubiese odo hablar a la azul Astrild de frica ni tampoco el amigo Andrea (1) dirigira esta tarde la sinfona en sol menor.

As, pues, hoy me he sentado lo mismo que ayer ante mi escritorio, tan bien conocido por ti, teniendo a mi lado las pequeas paletas de acuarela y el vaso de agua y durante algunas horas he ido sacando de mis carpetas los poemas que ms me agradaban en este da y pintando una vieta en cada uno de ellos. He pintado ya dos pequeos paisajes del Tessino, uno de ellos con un rbol pelado y un campanario, y el otro con el monte San Giorgio al fondo. Y ahora me propongo escoger una nueva hoja en la cual pienso pintar una corona de flores, a todo color, o al menos con todos los colores de que dispone mi paleta, aunque predominar el azul. Las flores las saco en parte de la memoria y en parte las invento. Hace aos ya invent una flor que existe en realidad. Fue para mi amada de entonces (cuando tu luna no haba despuntado an) y me esforc en inventar una flor linda y singular. Un par de das despus descubr aquella misma flor en una tienda de flores: se llama gloxinia, un nombre un tanto pretencioso, s; pero era exactamente la flor que yo haba imaginado.

(1) Se refiere al director de orquesta Volkmar Andrea.

Qu ms cosas podra contarte? Ah, s; ayer me ocurri una cosa absurda al telfono. Me dispona a llamar a un amigo y gesticulaba ya con el aparato, con cierto xito,