Juliano-Elogio de Constantino

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Roma tardia. Cristianismo temprano

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  • ELOGIO DEL EMPERADOR CONSTANCIO

    1. Aunque yo deseaba desde hace tiempo, excelso emperador, cantar tu virtud y tus hazaas y enumerar tus combates y cmo derribaste las tiranas, la una atrayndote a los pretorianos mediante la palabra y la persuasin l, la otra imponindote con las armas 2, sin embargo, la magnitud de tus hazaas me lo impidi, no porque temiese que tus hechos iban a quedar reducidos por mis palabras, sino por no dar la impresin de haber fracasado totalmente en mi propsito. Pues los que estn entrenados en los debates polticos y en la poesa no sorprende que puedan fcilmente emprender el elogio de tus hazaas: en efecto, el ejercicio de la oratoria y la costumbre de las declamaciones les permite, con razn, mostrarse confiados, Pero cuantos han

    1 El levantamiento de Vetranio. Cf. pargr. 25.2 La sublevacin de Magnencio. Cf. pargrs. 21 y 27 ss. Cons

    tante comparti el poder con su hermano Constancio desde 340 en que el tercer hermano, Constantino, pereci en la batalla de Aquileya. Pero Constante es asesinado en Autun por Magnencio en enero de 350. Vetranio, viejo general de la Panonia, en marzo del mismo ao se hace emperador, manipulado, al parecer, por Constancia, hija de Constancio, para frenar los progresos de Magnencio que ya haba ocupado Italia. En septiembre de 351 Constancio derrot a Magnencio en la batalla de Mursa y reconquist Italia en 352 y Galia en 353, restableciendo la unidad del inperio.

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    VirgilioTypewritten TextEn: Discursos I-V. Trad. de Jos Garca Blanco. Editorial Gredos, Madrid 1979.

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  • 106 DISCURSOS

    menospreciado una disciplina semejante y se han lanzado a un gnero diferente de educacin y a la composicin de discursos no gratos al vulgo ni aptos para exhibir en cualquier tipo de teatro, es natural que tengan ms prevencin con estas declamaciones3. Porque no es desconocido que si a los poetas las Musas y el hecho de parecer inspirados por ellas les proporcio-

    b nan la posibilidad de escribir una poesa plena de imaginacin, a los oradores les proporciona una libertad equivalente su arte, que, aunque est privado de la imaginacin, no prohbe en absoluto la adulacin y no reconoce que es vergonzoso para el orador elogiar en falso a los que no considera dignos de elogio. Pero aqullos, los poetas, cuando encuentran y presentan alguna nueva leyenda no imaginada por sus predecesores, al conducir el alma de los que escuchan mediante

    c lo desconocido son ms admirados. stos, en cambio, los oradores, afirman que sacan partido de su arte al poder disertar de manera elevada acerca de asuntos pequeos y al rebajar la importancia de los hechos con su palabra y, en resumen, al ser capaces de oponer a la naturaleza de las cosas la de las palabras4. Y yo, si me hubiera visto a m mismo en el presente momento en la necesidad de tal arte, hubiera callado, como

    d corresponde a los inexpertos en tales discursos, traspasando la exposicin de tus elogios a aqullos de los que acabo de hablar. Pero, puesto que el presente discurso reclama todo lo contrario, una simple exposicin de los hechos que no necesita de ningn adorno extrao, me pareci que me era posible realizarlo, aunque el exponer de forma digna tus hazaas se ha mostrado ya como tarea inabordable para mis predecesores5. Pues casi

    3 Juliano opone su propia formacin filosfica a la retrica.4 Cf. la misma idea en Isocrates, Paneg., 42c.5 Cf. introduccin a este discurso: discursos I y II de Temis

    tio y LIX de Libanio.

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    2. Hay una antigua ley, que procede del primero que mostr a los hombres la filosofa9, que dice as: que todos, dirigiendo nuestra mirada a la virtud y a lo bello,

    d nos dediquemos en nuestras palabras, en nuestras obras, en nuestras relaciones, en una palabra, en todas las cosas grandes y pequeas de nuestra vida, a alcanzar totalmente lo bello. Y que la virtud es la cosa ms bella, qu hombre sensato podra negrnoslo? As pues, la ley ordena conformarse a ella a los que no lleven vanamente su nombre y no usurpen lo que no les corresponde. Prohibiendo esto, la ley no impone ninguna forma de discursos ni, como desde la mquina

    4 del teatro10, afirma que es necesario proclamar a los espectadores que se apresuren hacia la virtud y huyan de la maldad, sino que, para ello, da la posibilidad de valerse de muchos caminos al que quiera imitar la naturaleza del bien. Pues permite el buen consejo, el uso de exhortaciones, el benvolo reproche de los errores, la alabanza de lo que est bien hecho y la censura, si

    b llega el caso, de lo que no est bien, y permite tambin valerse de otras formas diferentes de discursos, si uno quiere, encaminados hacia lo mejor. Pero eso s, ordenando, me parece, que en todas sus palabras y obras los oradores recuerden sus responsabilidades y no digan nada que no conduzca hacia la virtud y la filosofa. Esto es, pues, lo que procede de la ley as como otras cosas semejantes. Y nosotros, qu podemos hacer? Nos retraeremos, coaccionados por la apariencia de

    9 Elogiosa expresin, como es habitual en Juliano, referida al ' neoplatnico Jmblico.

    JO Se refiere al uso de ciertas gras, que se desarrollaron ya en el teatro del siglo v a. C., sobre todo en la tragedia, y que sirvieron especialmente para representar en lo alto de la escena apariciones de divinidades. Este procedimiento, conocido como deus ex machina, fue utilizado con mayor frecuencia por Eurpides.

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    hacer un elogio para agradar, puesto que ya el gnero del elogio se ha hecho terriblemente sospechoso a causa de los que no lo utilizan rectamente, y es considerado c como una innoble adulacin y no como un autntico testimonio de las mejores obras, o bien est claro que, teniendo fe en la virtud del elogiado, nos entregaremos con valor a su elogio?

    3. Pues bien, cul ser el comienzo y el orden ms bello del discurso? No es evidente que la virtud de tus antepasados, por la cual te ha sido posible hacerte como eres? A continuacin creo que conviene recordar tu crianza y educacin que, sobre todo, te ha conducido d a tu presente virtud y, despus de todo esto, como seales de las virtudes de tu alma, relatar tus hazaas y poner fin al discurso mostrando tus dones, gracias a los cuales pensaste e hiciste tus ms bellas acciones. De esta manera creo que mi discurso ser diferente de todos los dem s11, pues ellos se detienen sobre las hazaas, creyendo que es suficiente recordarlas para lograr un 5 elogio perfecto, mientras que yo creo que es necesario dedicar la mayor parte del discurso a tus virtudes, gracias a las cuales has llegado a tal grado de prosperidad. Porque la mayor parte de tus xitos, por no decir todos, la fortuna, los pretorianos, las falanges de soldados, las filas de caballeros y de infantes han contribuido a lograrlos, en tanto que las obras de la virtud son slo del que las hace y su elogio, al ser autntico, es adecuado al b que posee la virtud. Por ello, ya que hemos definido esto con claridad, comienzo el discurso.

    4. Las normas del panegrico consideran que hay que recordar la patria no menos que los antepasados. Pero

    i1 En realidad la divisin que propone Juliano se ajusta perfectamente a 'las reglas del panegrico habituales.

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    yo no s, para empezar, cul debe ser considerada tu patria, pues muchsimos pueblos, ya desde hace tiempo, se la disputan. Incluso la ciudad que reina sobre todas,

    c la que es tu madre y nodriza y te proporcion, por fortuna, la soberana, afirma que esta distinguida recompensa es suya; y no porque se valga de los derechos comunes para todos los emperadores quiero decir que, aunque procedan de otro lugar, simplemente por el hecho de participar todos de la ciudadana y de utilizar las costumbres y las leyes que desde all se nos muestran, son ciudadanos , no, sino porque dio a luz a tu madre y la crio de forma regia y adecuada a los

    d que habran de ser sus descendientes1Z. Y la ciudad del B osforoB, portadora del nombre del linaje entero de Constancio, no afirma ser tu patria, pero s reconoce haber nacido por obra de tu padre, y creer que es maltratada si alguno, en su discurso, le privase de este parentesco. Pero los ilirios, porque entre ellos has nacido 14, no aceptarn verse privados de su ms bella fortuna si alguien considerase a otra ciudad tu patria. Y yo

    6 mismo escucho que algunos de los pueblos de Oriente dicen que no obramos bien al arrebatarles la fama a ti debida, pues afirman que enviaron a tu abuela en matrimonio al padre de tu m adre1S. Y casi todos los restantes pueblos, aduciendo motivos ms o menos importantes, han pensado adoptarte totalmente. Tenga, pues, la recompensa la ciudad que t quieres y a la que, a menudo, elogindola, has llamado madre y maestra de

    12 Es decir, que en Roma naci Fausta, al parecer madre de Constancio e hija de Maximiliano Hrcules y Eutropia. Cf., sin embargo, Zsimo, II, X X X IX , 1.

    13 Constantinopla.14 Constancio naci en Sirmium, en I-liria.15 Eutropia proceda de Siria, segn A urelio V ctor, 40, 12,

    y el Annimo Valesiano, 4, 12.

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    virtudes16, y las restantes de acuerdo con el mrito que b les corresponda. Yo deseo elogiarlas a todas, puesto que son dignas de consideracin y de honra, pero dudo de que ello, por su magnitud, aunque parezca suficientemente a propsito del presente discurso, no se muestre ajeno a la ocasin. Creo, por tanto, que de las dems ciudades pasar por alto los elogios, a causa de lo dicho; pero a Roma, a la que has elogiado t mismo de forma concisa y certera llamndola maestra de virtudes, al otorgarle el ms bello elogio, le privas de aquellos que c podran venir de otras personas. Pues, qu otra cosa diremos nosotros de ella que pueda compararse