La metamorfosis kafka

  • View
    438

  • Download
    4

Embed Size (px)

DESCRIPTION

libro de lectura

Text of La metamorfosis kafka

  • 1. 1LA METAMORFOSISFRANZ KAFKA

2. 2Una maana, tras un sueo intranquilo, Gregorio Samsa se despertconvertido en un monstruoso insecto. Estaba echado de espaldas sobre un durocaparazn y, al alzar la cabeza, vio su vientre convexo y oscuro, surcado porcurvadas callosidades, sobre el que casi no se aguantaba la colcha, que estaba apunto de escurrirse hasta el suelo. Numerosas patas, penosamente delgadas encomparacin con el grosor normal de sus piernas, se agitaban sin concierto.Qu me ha ocurrido?No estaba soando. Su habitacin, una habitacin normal, aunque muypequea, tena el aspecto habitual. Sobre la mesa haba desparramado unmuestrario de paos Samsa era viajante de comercio, y de la pared colgabauna estampa recientemente recortada de una revista ilustrada y puesta en unmarco dorado. La estampa mostraba a una mujer tocada con un gorro de pieles,envuelta en una estola tambin de pieles, y que, muy erguida, esgrima unamplio manguito, asimismo de piel, que ocultaba todo su antebrazo.Gregorio mir hacia la ventana; estaba nublado, y sobre el cinc del alfizarrepiqueteaban las gotas de lluvia, lo que le hizo sentir una gran melancola.Bueno pens; y si siguiese durmiendo un rato y me olvidase de todasestas locuras? Pero no era posible, pues Gregorio tena la costumbre de dormirsobre el lado derecho, y su actual estado no le permita adoptar tal postura. Porms que se esforzara volva a quedar de espaldas. Intent en vano estaoperacin numerosas veces; cerr los ojos para no tener que ver aquella confusaagitacin de patas, que no ces hasta que not en el costado un dolor leve ypunzante, un dolor jams sentido hasta entonces.Qu cansada es la profesin que he elegido! se dijo. Siempre deviaje. Las preocupaciones son mucho mayores cuando se trabaja fuera, por nohablar de las molestias propias de los viajes: estar pendiente de los enlaces delos trenes; la comida mala, irregular; relaciones que cambian constantemente,que nunca llegan a ser verdaderamente cordiales, y en las que no tienen cabidalos sentimientos. Al diablo con todo!Sinti en el vientre una ligera picazn. Lentamente, se estir sobre laespalda en direccin a la cabecera de la cama, para poder alzar mejor la cabeza.Vio que el sitio que le picaba estaba cubierto de extraos puntitos blancos.Intent rascarse con una pata; pero tuvo que retirarla inmediatamente, pues elroce le produca escalofros.Estoy atontado de tanto madrugar se dijo. No duermo lo suficiente.Hay viajantes que viven mucho mejor. Cuando a media maana regreso a lafonda para anotar los pedidos, me los encuentro desayunando cmodamentesentados. Si yo, con el jefe que tengo, hiciese lo mismo, me despediran en elacto. Lo cual, probablemente sera lo mejor que me podra pasar. Si no fuese pormis padres, ya hace tiempo que me hubiese marchado. Hubiera ido a ver eldirector y le habra dicho todo lo que pienso. Se caera de la mesa, sa sobre laque se sienta para, desde aquella altura, hablar a los empleados, que, como essordo, han de acercrsele mucho. Pero todava no he perdido la esperanza. Encuanto haya reunido la cantidad necesaria para pagarle la deuda de mis padresunos cinco o seis aos todava, me va a or. Bueno; pero, por ahora, lo quetengo que hacer es levantarme, que el tren sale a las cinco.Volvi los ojos hacia el despertador, que tictaqueaba encima del bal.Dios mo! exclam para s. 3. 3Eran ms de las seis y media, y las manecillas seguan avanzandotranquilamente. En realidad, ya eran casi las siete menos cuarto. Es que nohaba sonado el despertador? Desde la cama se vea que estaba puesto a lascuatro; por tanto, tena que haber sonado. Pero era posible seguir durmiendo apesar de aquel sonido que haca estremecer hasta los muebles? Su sueo nohaba sido tranquilo. Pero, por eso mismo, deba de haber dormido al final msprofundamente. Qu poda hacer ahora? El tren siguiente sala a las siete; paracogerlo tendra que darse muchsima prisa. El muestrario no estaba anempaquetado, y l mismo no se senta nada dispuesto. Adems, aunquealcanzase el tren, no evitara reprimenda del amo, pues el mozo del almacn,que haba acudido al tren a las cinco, deba de haber dado ya cuenta de su falta.El mozo era un esbirro del dueo, sin dignidad ni consideracin. Y si dijese queestaba enfermo, qu pasara? Pero esto, adems de ser muy penoso,despertara sospechas, pues Gregorio, en los cinco aos que llevaba empleado,no haba estado nunca enfermo. Vendra el gerente con el mdico del Montepo.Se deshara en reproches, delante de los padres, respecto a la holgazanera deGregorio, y refutara cualquier objecin con el dictamen del doctor, para quientodos los hombres estn siempre sanos y slo padecen de horror al trabajo. Y laverdad es que, en este caso, su diagnstico no habra sido del todo infundado.Salvo cierta somnolencia, fuera de lugar despus de tan prolongado sueo,Gregorio se senta francamente bien, adems de muy hambriento.Mientras pensaba atropelladamente, sin decidirse a levantarse, y justo enel momento en que el despertador daba las siete menos cuarto, llamaron a lapuerta que estaba junto a la cabecera de la cama.Gregorio dijo la voz de su madre, son las siete menos cuarto. Notenas que ir de viaje?Qu voz tan dulce! Gregorio se horroriz al or en cambio suya propia, queera la de siempre, pero mezclada con un penoso y estridente silbido, en el cuallas palabras, al principio claras, se confundan luego y sonaban de forma tal queuno no estaba seguro de haberlas odo. Gregorio hubiera querido dar unaexplicacin detallada; pero, al or su propia voz, se limit a decir:S, s. Gracias, madre. Ya me levanto.A travs de la puerta de madera, la transformacin de la voz de Gregoriono debi notarse, pues la madre se tranquiliz con esta respuesta y se retir.Pero este breve dilogo revel que Gregorio, contrariamente a lo que se crea,estaba todava en casa. Lleg el padre a su vez y, golpeando ligeramente lapuerta, llam:Gregorio! Gregorio! Qu pasa?Esper un momento y volvi a insistir, alzando la voz:Gregorio!Mientras tanto, detrs de la otra puerta, la hermana le preguntabasuavemente:Gregorio, no ests bien? Necesitas algo?Ya estoy bien respondi Gregorio a ambos a un tiempo, esforzndosepor pronunciar con claridad, y hablando con gran lentitud, para disimular elinslito sonido de su voz. El padre reanud su desayuno, pero la hermana siguisusurrando: 4. 4Abre, Gregorio, por favor.Gregorio no tena la menor intencin de abrir, felicitndose, por elcontrario, de la precaucin contrada en los viajes de encerrarse en su cuartopor la noche, aun en su propia casa.Lo primero que tena que hacer era levantarse tranquilamente, arreglarsesin que le molestaran y, sobre todo, desayunar. Slo despus de hecho todo estopensara en lo dems, pues se daba cuenta de que en la cama no poda pensarcon claridad. Recordaba haber sentido en ms de una ocasin un vago malestaren la cama, producido, sin duda, por alguna postura incmoda, la cual, una vezlevantado, se disipaba rpidamente; y tena curiosidad por ver desvanecersepaulatinamente sus imaginaciones de hoy. En cuanto al cambio de su voz erasimplemente el preludio de un resfriado, enfermedad profesional del viajante decomercio.Apartar la colcha era cosa fcil. Le bastara con arquearse un poco y lacolcha caera por s sola. Pero la dificultad estaba en la extraordinaria anchurade Gregorio. Para incorporarse, poda haberse apoyado en brazos y manos;pero, en su lugar, tena ahora innumerables patas en constante agitacin y le eraimposible controlarlas. Y el caso es que quera incorporarse. Se estiraba; lograbapor fin dominar una de sus patas; pero, mientras tanto, las dems proseguan suanrquica y penosa agitacin.No es bueno haraganear en la cama, pens Gregorio.Primero intent sacar la parte inferior del cuerpo. Pero dicha parte inferiorque no haba visto todava y que, por tanto, no poda imaginar con exactitudresult sumamente difcil de mover. Inici la operacin muy lentamente. Hizoacopio de energas y se arrastr hacia delante. Pero calcul mal la direccin, sedio un fuerte golpe contra los pies de la cama, y el dolor subsiguiente le revelque la parte inferior de su cuerpo era quiz, en su nuevo estado, la ms sensible.Intent, pues, sacar la parte superior, y volvi cuidadosamente la cabeza hacia elborde del lecho. Hizo esto sin problemas y, a pesar de su anchura y su peso, elcuerpo sigui por fin, lentamente, el movimiento iniciado por la cabeza. Peroentonces tuvo miedo de continuar avanzando de aquella forma, porque, si sedejaba caer as, sin duda se hara dao en la cabeza; y ahora menos que nuncaquera Gregorio perder el sentido. Prefera quedarse en la cama.Pero cuando, despus de realizar a la inversa los mismos movimientos, enmedio de grandes esfuerzos y jadeos, se hall de nuevo en la misma posicin yvolvi a ver sus patas movindose frenticamente, comprendi que no podahacer otra cosa, y volvi a pensar que no deba seguir en la cama y que lo mssensato era arriesgarlo todo, aunque slo tuviera una mnima posibilidad. Peroen seguida record que meditar serenamente era mejor que tomar decisionesdrsticas. Sus ojos se clavaron en la ventana; pero, por desgracia, la niebla queaquella maana ocultaba por completo el lado opuesto de la calle, pocos nimosle infundi.Las siete ya pens al or el despertador. Las siete ya, y todava siguela niebla!Durante unos momentos permaneci echado, inmvil y respirandolentamente, como si esperase que el silencio le devolviera a su estado normal.Pero, al poco rato, pens: Antes de que den las siete y cuarto esindispensable que me haya levantado. Adems, seguramente vendr alguien del 5. 5almacn a preguntar por m, pues abren antes de las siete. Se dispuso a salir dela cama, balancendose sobre su borde. Dejndose caer de esta forma, la cabeza,que pensaba mantener firmemente erguida, probablemente no sufrira daoninguno. La espalda pareca resistente, y no le pasara nada al dar con ella en laalfombra. nicamente le haca vacilar el temor al estrpito que esto habra deproducir, y que sin duda asustara a su familia. Pero no quedaba ms remedioque correr el riesgo.Ya estaba Gregorio con