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LA PAIDEIA CRISTIANA DE LA LIBERTAD EN LA … · griega y la judeo-cristiana. ... A diferencia de la cultura griega, la moderna hunde ... ciencia y de su técnica los que ahora constituyen

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  • LA PAIDEIA CRISTIANADE LA LIBERTAD ENLA RELACININTERPERSONALVARN - MUJER

    Abelardo Lobato, OPUniversidad de Santo Toms. Roma

    Introduccin

    Es un hecho constatable que la paideia Christifue capaz de cambiar el rumbo de la cultura de Occiden-te. El misterio de Cristo es el fermento evanglico cuyavirtud transforma toda la masa. Este hecho cultural se ex-tiende en el tiempo en un arco que abraza los primeros si-glos de la era cristiana y se hace posible por la convergen-cia de diversos factores. Es como un proceso de smosiscultural, en el cual algo se recibe y algo se proyecta, la aco-gida y recepcin de elementos extraos al cristianismoprecede a la asimilacin e incorporacin de los mismos.Hay un mutuo intercambio entre culturas diversas, lagriega y la judeo-cristiana. Aqulla aportaba datos y prin-cipios elaborados por el logos humano, y sta tena unanueva luz que proceda del Logos encarnado. Toda la cul-tura de Occidente est marcada por este encuentro, cuyoselementos desempean la funcin de los genes en la

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  • transmisin de la vida. La importancia de este hecho cul-tural en la historia la pone de relieve Werner Jaeger, quiendespus de haber analizado con rigor la paideia griega,1

    estudia la aportacin de la paideia cristiana, de modo es-pecial en los pensadores de Oriente.2

    No poda ser de otro modo. Todo el que admi-ta la afirmacin capital del cristianismo, expresada en elevangelio de Juan en las palabras Verbum caro (Jn. 1,14),a cuyo misterio slo se llega por el don de la fe, est engrado de comprender, que este hecho, acaecido en la ple-nitud de los tiempos, es el centro de la historia, y al de-cir de Toms de Aquino es el mayor de los milagros queha realizado la omnipotencia divina, ante el cual palide-cen todos los dems, miraculum miraculorum.3 Tpico dela paideia griega era el rol atribuido al objeto de apren-dizaje. Se buscaba la formacin del hombre desde el ob-jeto propuesto. Ese objeto fue durante largo tiempo laobra de Homero, luego se extendi a toda la literatura, ala filosofa. Cuando los cristianos asumen el legado cul-tural de los griegos, conservan el mtodo y cambian elcontenido.

    No est fuera de lugar tener en cuenta que en eseproceso de conversin de las categoras del pensamientogriego para expresar las verdades cristianas, tiene singularimportancia la obra de dos mujeres, Makrina de Nissa, lahermana de los grandes Capadocios, y Makrina de Alejan-dra.4 Los cristianos recordamos a diario el rol de una mu-jer en la realizacin del milagro de los milagros, la encar-nacin del Hijo de Dios en el seno de la Virgen Mara, lallena de gracia.5 Teniendo en cuenta este singular eventohistrico, y manteniendo viva la fe en el misterio del des-censo de Dios a lo profundo de lo humano, que tal es laley de la encarnacin,6 tenemos un punto de apoyo paraproseguir la tarea de inculturar en nuestro tiempo con elmismo mtodo, a travs de la prolongacin de la paideia

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  • Christi. La realizacin del misterio de Dios hecho hombrese sita en el momento culminante de la historia de la sal-vacin, pero su eficacia se prolonga de modos insospecha-dos hasta el final de los tiempos.

    La cultura de la modernidad, que ha recorridoen los dos ltimos siglos una singular trayectoria, dignade ser analizada a fondo,7 ofrece una especial resistenciapara dejarse moldear por la paideia Christi. Esa dificultadle viene de su misma condicin de alejamiento volunta-rio. A diferencia de la cultura griega, la moderna hundesus races en suelo cristiano, se nutre de su savia, pero re-nuncia a su profunda inspiracin y se coloca en los ant-podas. Chesterton deca, con su habitual humor ingls,que la modernidad no es otra cosa que el desarrollo deideas cristianas que se han vuelto locas. Por ello tiene unaespecial dificultad el encuentro de esta mentalidad con elcristianismo. Es siempre ms difcil convertir a quien haperdido su primera fe y reniega de ella. La paradoja de es-ta cultura no est slo en proceder del cristianismo y vol-verse contra l, sino en que habiendo puesto su acento enel hombre, ha propiciado el viraje antropolgico a costade la renuncia a la trascendencia.

    La negacin de Dios, a fin de cuentas, no slo leha impedido realizar un proceso de humanizacin, sinoque se ha convertido en un peligro que amenaza con la di-solucin de todo lo humano. A lo ancho y largo del s. XXse alzan voces profticas, desde los rincones ms distintosde nuestro universo, que gritan el peligro, y denuncian co-mo Marcel esta nueva barbarie de los hombres contra lohumano.8 El humanismo moderno est amenazado desdedentro. Todava no acabamos de dar fe a lo que hemos vis-to con nuestros propios ojos que han sido testigos de lapulverizacin insospechada de la dictadura comunistaque imperaba implacable sobre buena parte del mundo.Nadie hubiera sido capaz de derribarlo por la fuerza. En

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  • su estrepitosa cada ha dejado patente la carcoma que te-na. Pero el hombre que ahora huye despavorido del co-munismo, todava no est en disposicin de venir de nue-vo a llamar a las puertas de la casa paterna, de donde unda parti con su herencia al hombro. De hecho la deshu-manizacin prosigue su camino como si fuera un cuerpoen su cada hacia lo profundo.

    La cultura moderna ha desarrollado con granxito las ciencias y las tcnicas. Ah estn bien patentes susconquistas en ambos campos, como caractersticas denuestra situacin cultural. Nunca el hombre tuvo tantodominio del mundo, desde la teora y la praxis. Al mismotiempo es preciso constatar que esta cultura no ha logra-do mejorar al hombre, promover su humanizacin. Msbien resulta una amenaza, porque son los productos de suciencia y de su tcnica los que ahora constituyen la ame-naza mayor contra el hombre mismo. Evocando un grfi-co proverbio espaol, podemos afirmar que el hombre dehoy ha criado cuervos que le sacan los ojos.

    Ante esta situacin uno se pregunta dnde estla raz de este peligro y dnde el remedio. Y en un anlisisobjetivo encuentra que una de las causas de esta situacinhay que ponerla en uno de los fundamentos de la moder-nidad, que ha asumido como columna y piedra angular lalibertad. La hora moderna es ante todo la hora de la liber-tad, la salida de la minora de edad, la osada de atreversea conocer por s mismo y a fabricar un mundo nuevo a sumedida. En nombre de la libertad se realizan las revolu-ciones que son la constante de la historia. La libertad dequien se siente prisionero est en la liberacin. El hombremoderno vive del anhelo de libertad y liberacin. sa es sutragedia ms profunda. Pero al mismo tiempo ya ofrecesntomas de no soportar el peso de la libertad. EricFromm describe un proceso actual de huida de la liber-tad.9 Por su parte Hans Jonas presenta el remedio a nues-

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  • tra situacin en la asuncin de la responsabilidad de la li-bertad en sus acciones.10

    Por mi parte estimo necesario el recurso a lapaideia cristiana para la comprensin y la praxis de la li-bertad. Creo que estamos en una hora propicia para ini-ciar una nueva aproximacin a la libertad humana. Elproblema del hombre actual es el problema de su huma-nizacin, y sta depende de su libertad, por el hecho deque es la voluntad libre la que tiene el dominio del hom-bre y de sus actos, y mediante la cual est llamado a desa-rrollar ese largo itinerario hacia el bien infinito, haciaDios, lo que Toms de Aquino describa como proceso delser humano hacia Dios.11

    La paideia cristiana de la libertad afecta a todo lohumano. Y lo humano tiene un punto de partida y un tr-mino de llegada en la realidad del ser humano dual, varny mujer. El ser humano se realiza siempre y slo en la dua-lidad de los sexos, en la igualdad y la diferencia, en la uni-dad y la diversidad, en la correlacin y reciprocidad. Es s-te un problema radical, nunca resuelto del todo. Es preci-so entrar de nuevo en el examen de esta correlacin, quetoca los fundamentos de lo humano, y buscar una paideiacristiana de la libertad. Cmo comprender y desarrollarla libertad del hombre y de la mujer, en cuanto personas yen sus relaciones interpersonales, de modo que respondaa su vocacin humana y cristiana de imgenes de Dios,esencialmente iguales y al mismo tiempo diferentes y lla-mados a vivir en la unidad desde la esencial diferenciaconstitutiva? Cul debe ser hoy la promocin de la mujerdesde una comprensin humana y cristiana de la digni-dad de la persona?

    El problema encontr acogida y una cierta res-puesta femenina en mi libro La pregunta por la mujer. Pe-ro el problema qued abierto al final del mismo en estostrminos: Es posible, por tanto, llegar a una cierta solu-

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  • cin del problema de la igualdad y de la diferencia entre lamujer y el hombre, sin el recurso a la alienacin, a la opre-sin, a tener que dar a uno la primaca sobre el otro. Lanueva conciencia de lo que implica lo humano pide recti-ficacin y cambio en beneficio de la mujer sin perjuiciopara el hombre.12

    Se trata de un problema complejo, que no tole-ra ninguna solucin simplista. La revolucin francesa re-curri a la triloga de la libert, galit, fraternit, propo-niendo tres grandes ideales cristianos. La historia actualya tiene bien claro que no realiz ninguno de los tres. Bas-ta meditar un poco para ver la dificultad de conjugar losdos primeros, el de la libertad y el de la igualdad. Hay en-tre ambos una cierta incompatibilidad. La igualdad entrelas personas se logra por una cierta imposicin externa, yse malogra cuando se deja a los sujetos que decidan por smismos.

    La paideia cristiana ofrece pistas de solucinadecuadas para la igualdad y la libertad. Para la igualdadtenemos el fundamento en la concepcin del hombre co-mo imagen de Dios.13 Para la libertad el modelo es Jess,hombre libre;14 el fundamento es el ser mismo del hom-bre, por su condicin espiritual, su verdad, que cuando esconocida sirve de apoyo a la libertad. La palabra de Jesses bien clara y definitiva: la verdad os har libres.15

    Igualdad y libertad competen al ser humano,que es uno y se verifica en la condicin de varn y de mu-jer. Es preciso colocar ambas propiedades en los dos pla-tillos de la misma balanza y lograr que la balanza se man-tenga en el fiel, en perfecto equilibrio. A partir de 1975,ao internacional de la mujer, ha surgido una nueva con-ciencia universal, todava en los primeros pasos del largocamino que tiene que recorrer. Se advierten movimientosen ambas direcciones hacia la igualdad y hacia la diferen-cia. La marea del llamado feminismo ya ha pasado por di-

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  • versos estadios de su proceso, a la conquista de lo que seha llamado liberacin de la mujer,16 que en la actualidad,evitando las oposiciones al varn, busca la reciprocidad, ypor ello se encuentra como en su segunda fase.17

    Solamente en el seno de una comunin tienesentido hablar de la diferencia. El feminismo ms exacer-bado todava sigue empecinado en la sola diferencia de lofemenino, sin lograr su identidad.18 Por otra parte el in-tento ms serio en bsqueda de la igualdad lo est reali-zando el Consejo de Europa, que presume de ser como lapunta de lanza en la promocin actual de los derechos hu-manos, no slo proclamados, sino tutelados y protegidos.Est muy prximo a ser aprobado un Protocolo adicionala la convencin europea de los derechos del hombre, en elque se afirma un derecho fundamental de la mujer y delhombre a la igualdad, garantizado en todas las esferas dela vida en sociedad. Porque en verdad, a pesar de que ha-yan pasado ya ms de dos siglos desde las primeras pro-clamaciones de los derechos del hombre, el hilo rojo deesta historia deja bien claro que tales derechos slo se hanaplicado a los hombres con exclusin de las mujeres. Estoha hecho que sean las que ahora reivindican lo que lescompete por su condicin de personas humanas. En 1992se ha creado un Comit para lograr de iure et de facto laigualdad entre las mujeres y los hombres. El paso ulteriordel protocolo es conseguir la proteccin jurdica de laigualdad entre la mujer y el hombre como derecho funda-mental autnomo, con las caractersticas que el derechointernacional otorga a los derechos fundamentales: obje-tividad, intangibilidad, tutela jurdica.

    La paideia cristiana coincide con la aceptacinde los dos trminos del problema: la igualdad radical en-tre los dos sexos por su condicin de imagen de Dios rea-lizada de modo integral slo en ambos como elementosde la especie, y la diferencia real y recproca de ambos por

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  • su condicin sexuada, diferencia que no puede ser limita-da a aspectos secundarios, sino que incide en todos los es-tratos de la condicin humana: corporeidad, psicologa,roles y funciones en la vida en sociedad. La reconquista dela humanizacin desde la perspectiva cristiana requiereponer el acento en la condicin femenina, en su diferen-cia en el seno de lo humano. Es ella la que ha sufrido has-ta ahora la discriminacin por razn de su sexo, un ciertoexilio.19 Por ello orientamos este ensayo hacia la compren-sin de la diferencia femenina, en el seno de una igualdadfundamental de todo lo humano, una diferencia que im-plica la reciprocidad del varn. Para ello recorremos unitinerario en tres momentos, que son como etapas delmismo camino:

    1 los principios en que se basa la diferencia,2 los procesos de desarrollo humano que la consti-

    tuyen, y 3 las tareas actuales de la paideia cristiana de la li-

    bertad para lograr la promocin integral de lamujer, desde su peculiar diferencia, mediante lasrelaciones interpersonales con el hombre. Lamujer y el hombre estn llamados por su condi-cin, por su vocacin, por su destino a convivirunidos desde la peculiar diferencia de cada uno.

    La paideia cristiana, que fue capaz de transfor-mar la cultura pagana, tiene virtud para cambiar la men-talidad desviada de la cultura actual, superar toda discri-minacin y restituir a la mujer el rango de dignidad hu-mana que le compete. A este cometido nos alienta la Gau-dium et spes del Vaticano II, cuando nos advierte que elmisterio del hombre slo se resuelve a la luz del misteriodel Verbo encarnado.20 Toms de Aquino haba anticipa-do este pensamiento al decir que en la encarnacin del

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  • Verbo se nos revela la dignidad del hombre: quanta sit dig-nitas humanae naturae.21

    1. Los principios

    El ser humano, un rbol con las races hacia loalto, en la grfica expresin de San Alberto Magno,22 se nu-tre de la fuerza de los principios que orientan su inteligen-cia, desde la cual se mueve la voluntad libre. Tal fue la con-viccin griega que provoc el cultivo de la filosofa comobsqueda de los principios del conocer y del ser, dos esfe-ras que deban coincidir, conforme a la profunda intuicinde Parmnides: una y la misma cosa es ser y pensar.23 To-do hombre, por su condicin de pensador, de filsofo, esen cierto modo arquelogo. Necesita los principios parapoder moverse en el espeso bosque de la realidad, apoyar-se en ellos como hace el mono en las ramas de los rboles.El anhelo de llegar a los principios ha tenido una de susmayores expresiones en el filsofo Leibniz, descrito porOrtega como el hombre obsesionado por el principio delos principios.24 La raz de esta exigencia de principios es-t en la misma condicin intelectual del ser humano. Sloentiende cuando logra la unidad de lo mltiple, cuando escapaz de ir ms all del bosque abigarrado de las aparien-cias y entra en el santuario del ser. Entender es leer desdedentro, reunir, descubrir la unidad subyacente a la multi-plicidad de lo real. El que no unifica no entiende.

    Por ello el gran problema de la filosofa de todoslos tiempos quedaba reducido al problema de lo uno y lomltiple. Platn ha plasmado su pensamiento de modoejemplar en el Parmnides.25 En realidad el problema de laconciliacin entre lo uno y lo mltiple, entre la identidady la alteridad, es uno de los problemas abiertos y no resuel-tos en la mayor parte de los pensadores. Se puede seguir latrayectoria de este problema a lo largo de los 25 siglos de la

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  • cultura de Occidente y observar que hasta nuestros das sereitera la oscilacin pendular en las posiciones.

    Grandes pensadores de todos los tiempos sonpropicios al sistema y dan la razn a la unidad absorben-te y totalitaria. La lnea va de Parmnides a Hegel y a Se-verino, por nombrar uno de los actuales. De esa tendenciaes Platn, Plotino, Scoto Eriugena, Spinoza, Eckart, Hegel,por nombrar slo a los gigantes que habitan en montaasvecinas. La alteridad es slo apariencia y no tiene relieve.La traduccin poltica de esta ideologa ha inspirado losduros regmenes totalitarios, desde los imperios antiguosa las dictaduras modernas. Frente a los grandes la histo-ria presenta toda una serie de disconformes, de pensado-res apasionados por la apariencia, prendidos en la red delo sensible, de sofistas, de los que no quieren ir ms alldel fragmento, del instante, o de lo provisorio. El hom-bre tendra que resignarse a su horizonte y renunciar a suaspiracin ilusoria a la totalidad, al ser, a la trascendencia.Todo ello es imposible como la caza del unicornio.

    Frente a esa posicin absorbente, desde Hercli-to hasta los llamados pensadores de la posmodernidad, laserie de pensadores que renuncian a la unidad de lo ml-tiple es inabarcable: en ella se alinean los sofistas, los es-cpticos, los empiristas, los nominalistas, los que se con-centran en la inmanencia del sujeto, los que no son capa-ces de pasar a la otra orilla del lenguaje y se resignan a lahermenutica. La realidad para ellos es una feria y cadauno la contempla a su modo, pero nadie la puede com-prender en su variedad. La ley de la relatividad se extien-de del campo fsico de Einstein al horizonte de la totalidaddel pensamiento. En nuestros das hay un cierto horrorvacui a toda trascendencia, una renuncia deliberada a to-da pretensin metafsica, una acusada vergenza de habertenido a veces la osada de ir a las cosas en s mismas, co-mo dice con gracia M. Garca Morente.26

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  • En medio de estas oscilaciones de los pensado-res que se pronuncian por el aut-aut, se alzan algunos queoptan por la conciliacin de ambos aspectos de lo real: lamultiplicidad y la unidad, la identidad y la alteridad. Peroquiz slo uno ha logrado dar razn plena de ambas co-sas y asumir la alteridad verdadera en la unidad profunda.Este pensador es Toms de Aquino con su teora del ser yla participacin. Slo el pensamiento de Toms, recogien-do las aportaciones de los pensadores griegos, sobre todode Aristteles, el filsofo capaz de llevar el poder de la ra-zn humana a sus ms altos lmites, y teniendo en cuentalas grandes angustias de los mayores genios de la humani-dad,27 por el fracaso de esta aventura de dar solucin a losproblemas ltimos que se propone el hombre, tuvo la for-tuna de penetrar en la sublime verdad28 que Dios revela Moiss y as lleg a una teora del ser como acto y a lacomprensin del ente como participacin finita del ser. Enesta teora original tiene cabida tanto la identidad, cuantola alteridad en el orden del ser.29

    Podemos recurrir a Toms para establecer losprincipios que rigen la alteridad de la mujer y el varn enel seno de la especie humana. No es preciso sino enume-rarlos e indicar las pistas de desarrollo en los tres campos:ntico, antropolgico, cultural. En los tres encuentra sufundamento la alteridad y diferencia de lo femenino en elseno de la especie humana.

    1.1 Unidad y alteridad en el ser

    El problema de la diferencia ontolgica ha co-brado relieve en el pensamiento contemporneo de unmodo inusitado, por obra y gracia de Heidegger. Ha sidol quien ha lanzado la dura acusacin a toda la filosofapostplatnica del olvido del ser, de la confusin del ser ylos entes,30 de la tergiversacin del lugar de la verdad. Tal

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  • acusacin ha obligado a un anlisis riguroso acerca delfundamento de tal afirmacin. El resultado ha sido posi-tivo para el pensamiento tomista, el cual ha logrado des-velar otra perspectiva para describir el ncleo del pensa-miento de Toms de Aquino. Mientras la primera fase delrenacer tomista a partir de Len XIII insista en la conti-nuidad de pensamiento entre Aristteles y Toms, y sebuscaba la esencia del tomismo en la teora del acto y lapotencia,31 la fase segunda poner mayor atencin a los ele-mentos que puedan dar respuesta a la acusacin kantiana,y las miradas se vuelven a la teora de la participacin, y ala nocin del ser como acto.32

    En realidad sta es la nica teora satisfactoriapara fundar la diferencia entre los entes. La diferencia im-plica una conveniencia previa.33 El problema de la dife-rencia en los entes va unida al principio de la causalidadde los mismos. La filosofa griega no lleg a penetrar eneste origen causal de los entes por obra del ser que es actopuro. Toms de Aquino logr la comprensin del ser enlos dos momentos, en el ms comn, esse commune, en elcual convienen todos los entes, y esse ut actus que da lamedida de la participacin o de la plenitud del ser. SloDios puede ser designado como ipsum esse subsistens. Losdems entes participan del ser y por ello tienen una com-posicin real de esencia y acto de ser. Tal intuicin tomis-ta est ya presente en su primer tratado De ente et essentiay persiste en toda su obra hasta lograr las mejores formu-laciones en sus ltimos tratados, como en De substantiisseparatis.34 La alteridad y la diferencia van con el ser y conlos grados de participacin en el ser. Pero en definitiva seconstituye en los entes por la participacin en el acto.

    La diferencia radical brota del acto de ser, no dela forma, de la esencia, ni de la materia, sino del acto deser que da actualidad a todo cuanto hay en el ente. Este ac-to remite al principio absoluto del ser y de la causalidad.

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  • Los entes estn traspasados de una contingencia radical,que los remite al ser absoluto, quien los ha llamado a laexistencia, y en ella los mantiene y los mueve por su om-nipotencia. Este acto de ser en los entes es el principio ra-dical de la alteridad y de la diferencia. Lo que existe enverdad es el singular existente. La realidad de los entes im-plica la multitud de existentes. Y cada uno de los singula-res no slo es y tiene unidad, sino que lleva la distincinde los dems, implica la diferencia. La alteridad brota delacto de ser participado en los entes. Dios es el otro delmundo. Los protestantes, para acentuar su distancia, lohan designado como el totalmente otro. Un pensamientoms prximo a la revelacin judeo cristiana lo nombracomo el T absoluto. El t es la persona distinta en rela-cin con el yo. Martin Buber ha dejado abierto este sende-ro del personalismo que lleva hasta Dios mismo.35 La al-teridad ms profunda, que no rompe la unidad con el ser,es la persona, el ser personal. A Toms le agradaba nom-brar la persona por esta radical distincin: distinctum sub-sistens in rationali natura.36

    La mujer y el varn tienen esta primera y radi-cal alteridad personal. En la comprensin tomista de losentes, teniendo en cuenta la analoga del ente, y la partici-pacin vertical de las formas, hay un espacio amplio parala comprensin de la diferencia del varn y la mujer, en elseno de la unidad de la especie, con mltiples coinciden-cias y una radical distincin en la existencia. Tal es el mar-co de la ontologa diferencial que va implicada en la bs-queda de lo especfico de la mujer.37

    1.2 Principio antrpico

    En la comprensin de la totalidad del cosmoshay una tendencia a admitir hoy, aun desde la ciencia, unprincipio que trasciende la materia, con el fin de dar sen-

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  • tido a la totalidad. Slo el ser humano, designado con fre-cuencia como espritu en el mundo,38 por su condicin deapertura, est en grado de realizar la sntesis, de compren-der la totalidad y de trascenderla. El hombre es el anillo dela escala de los seres, el que realiza la conjuncin de las dosesferas de lo real, la corporal y la espiritual. El hombre esun mikrocosmos, porque rene en s mismo, de modo bienoriginal, comprehensive et intensive, en frase de Toms, to-dos los grados de ser que hay dispersos en el mundo su-perior e inferior, en la materia y en el espritu.39 La dife-rencia en los seres se hace de modos diversos conforme asu peculiar realidad. Si la existencia se verifica siempre ensingular, la singularidad es fruto de su propia condicinde ser. Dios es el ms singular de los seres, porque slo les el ser absoluto. Los espritus son singulares y deben sudistincin y alteridad al principio formal especfico quelos constituye. Cada uno de ellos es una especie distinta.Los seres que constan de materia deben su distincin a unprincipio material, a la potencia que recibe la forma, a lacantidad que acompaa la materia de modo necesario.

    El ser humano, distinto ya por su realidad per-sonal, admite una nueva distincin, basada en la esenciacorprea, en un principio constitutivo que tiene entidadmaterial. Todas las culturas han constatado que el ser hu-mano existe siempre y slo como varn o mujer. Todas sehan interrogado por la causa. Todas han dado respuestasprovisorias y poco fundadas. Se encontraban ante un he-cho bien patente, pero ignoraban la causa del mismo. Pa-ra acallar esta natural curiosidad han recurrido a los mi-tos, a explicaciones peregrinas de la ciencia, de la filoso-fa, de la religin. Es aleccionador seguir el hilo de estasexplicaciones en las culturas, para constatar cmo elhombre ha tenido que resignarse a ignorar su propia rea-lidad. Las culturas machistas han proyectado su ideologaen la explicacin de la aparicin de la mujer. Era un suje-

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  • to marginado, necesario, pero sometido, y el mito del ori-gen tena que reflejarlo. Desde Hipcrates los griegos re-curren a la misma naturaleza para dar razn de la mujercomo un ser humano deficiente. Pensadores y cientfi-cos se contentan con este precario modo de dar razn.Hasta el siglo XX apenas hay otra explicacin. El mismoFreud incurre en este prejuicio.

    A partir de 1958 la ciencia est en grado deconstatar a nivel cientfico el origen de la diferencia sexua-da de los seres humanos, porque slo en ese ao se handescubierto los cromosomas y la funcin que desempe-an en el patrimonio gentico. La diferencia en el patri-monio cromosmico est en el origen del sexo. Este des-cubrimiento moderno resuelve el problema de la diferen-cia entre mujer varn en su misma raz corprea. El sexohumano no afecta nicamente a algunas caractersticasexternas del cuerpo, ni slo a los rganos de la reproduc-cin humana, sino que es algo que va inscrito en todas lasclulas. La presencia de un cromosoma Y es necesaria pa-ra la concepcin del varn; en cambio, la del cromosomaX constituye a la mujer. Todas las clulas del cuerpo delvarn llevan los mismos cromosomas XY, y todas las de lamujer, XX. La diversidad en la materia gentica est en elorigen de la diferencia sexual. El ser humano llega a sermujer o varn como resultado de un proyecto intrn-seco y esencial a su mismo ser corpreo. Este proyecto esdiverso para cada uno de los sexos, y es el fundamento dela singularidad de cada uno de ellos. Este proyecto esconstitutivo, heredado y permanente en el ser humano.En la conjuncin de los cromosomas las mismas probabi-lidades se dan para que se unan dos cromosomas: XX ouno X y otro Y. Lo que comienza siendo casual para la es-pecie, se convierte en esencial para el individuo. La cien-cia actual es capaz de realizar la conjuncin y separacinde los cromosomas, y, por tanto, de orientar el proceso del

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  • individuo. Pero una vez realizada la unin, el proceso si-gue su camino por encima de la voluntad de los agentes ydel sujeto formado.

    La vida es siempre herencia, un don, y sigue lasleyes de la naturaleza.40 La persona humana, que com-prende la totalidad de los componentes fsicos y espiritua-les, se verifica con la integracin en el todo de un almasingular creada por Dios e infundida en una materia or-ganizada, y es esta materia que lleva consigo el patrimo-nio gentico heredado. La diferencia entre la mujer y elvarn se inscribe en los dos componentes, alma y cuerpo,unidos en un sujeto singular. La diferencia femenina seextiende a la totalidad del ser y a sus componentes, sinromper la unidad del ser humano que se realiza slo ysiempre en ambos sexos. Tal es el principio antrpico.

    1.3 Principio cultural

    El ser humano no se reduce con exclusividad ala biologa. En l confluyen, de modo muy singular, natu-raleza y libertad. Estas dos condiciones de los seres, que seadscriben en la cultura moderna a los dos modos de larealidad, la libertad al espritu y la necesidad a la materia,de algn modo se concilian en el hombre que resultaconstituido de ambos principios. Toms de Aquino dice,con lenguaje preciso, al tratar del hombre, quien ex spiri-tuali et corporali substantia componitur.41 Lo decisivo enel hombre es la forma, la nica forma substancial, porquees ella la que contiene el cuerpo y lo hace humano. Esaforma espiritual, unida substancialmente a la materia,formando un solo compuesto, es lo distintivo del ser hu-mano, por la cual adquiere su perfil entre todos los seresdel cosmos. En realidad el hombre tiene una naturalezapeculiar. Cuando se compara con los dems animales, elhombre parece el ms desprovisto de todos. La descrip-

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  • cin del hombre como ser menesteroso, carente de todoen mayor medida que ningn otro ser, es una constante detodas las culturas. Platn lo pone de relieve en el Protgo-ras, Aristteles en el De Anima, Toms de Aquino en DeRegno. Las antropologas actuales analizan esta condicinde ser necesitado e imperfecto frente a los dems vivien-tes que reciben todo lo necesario por naturaleza. Aristte-les observa que la misma naturaleza, que ha dado al hom-bre menos desarrollo en los instintos, le ha enriquecido enla misma forma de ser, en su alma, de la cual brota unacondicin singular, su apertura, su capacidad de ser quo-dammodo omnia.42 Los signos de esta realidad son dos, lamente y la mano. Por la mente se abre a toda la realidad yes capaz del ser y de sus notas trascendentales, y por lamano se abre al mundo y lo domina por medio de los ins-trumentos. El hombre es por ello un ser social, un ser lo-cuente, un ser superior.

    El desarrollo de estas condiciones, que le com-peten por naturaleza, da origen a la cultura. El hombrees un ser cultural, capaz de construir un mundo a su me-dida, una nueva biosfera en la cual el hombre encuentrarespuesta a sus anhelos y necesidades. La cultura es fru-to del hombre y a su vez el hombre es fruto de la cultu-ra. La naturaleza se presenta en el hombre con sus incli-naciones, y el hombre como ser libre las dirige. La cultu-ra es la respuesta humana a sus necesidades como ser enel mundo, viviente, animal, ser familiar, social, tico, po-ltico, econmico y religioso. El hombre responde con lacultura a las exigencias de sus cinco inclinaciones bsi-cas, inscritas en la lex naturalis, que lo empuja desdedentro hacia una plenitud. La naturaleza, la libertad y lacultura inclinan al varn y a la mujer en la vida de rela-ciones. La mujer est ms ligada a la vida, en la gesta-cin, en la educacin. El varn tiene ms fuerza fsica,ms agresividad para la conquista del mundo. Y estas in-

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  • clinaciones han dado origen al desarrollo cultural, a ladivisin de las tareas en las diversas culturas, y en el fon-do a la marginacin de la mujer en la historia. Las cultu-ras son una forma espiritual de la sociedad y en el fondoestn determinadas por los valores de alcance universal:morales y religiosos.43

    Son las culturas el cauce de desarrollo de los ro-les de los sexos en la sociedad. Las culturas se plurificanconforme varan los elementos que las componen y pre-valecen unos valores sobre otros. Hoy se disputan dos cul-turas la hegemona, la cultura de las cosas y la que ha lla-mado Pablo VI la cultura de las personas y del amor. Esmuy diversa la suerte de los sexos en una y en otra. Elprincipio cultural es muy importante para la realizacinde la alteridad de modo congruente a la dignidad de lapersona y a la condicin de varn o mujer. Hasta el pre-sente esa realizacin de la libertad en la diferencia ha tro-pezado con muchas barreras en su camino.

    Aunque sea a modo de propuesta, queda enun-ciado el mbito en que se hace inteligible la alteridad delos sexos y la diferencia entre mujer y varn. Los tres prin-cipios enunciados abren tres horizontes de comprensin.La participacin en el ser hace posible la autntica alteri-dad personal, la naturaleza humana incluye las diferenciasen la corporeidad y da razn de la diferencia de los sexos;la condicin cultural del ser humano posibilita la plastici-dad de los roles de cada uno de los sexos en el curso de lahistoria. Participacin, naturaleza y cultura son el sustra-to de igualdad y diferencia del varn y la mujer, de la uni-dad dual, de la reciprocidad constitutiva de la sexualidadhumana. Los principios indican los tres grandes niveles dela diferencia entre varn y mujer, y nos dan la pauta paracomprender qu elementos son estables, y cules admitenvariaciones en el decurso de la historia humana.

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  • 2. Los procesos

    En toda la cultura occidental sigue resonando elimperativo de Pndaro en las Pitias: Llega a ser el que eres.Es un imperativo semejante al que Scrates descubre en eltemplo de Apolo: Concete a ti mismo. En realidad todo locsmico, medido por la cuarta dimensin de tiempo y es-pacio, se realiza en un devenir, es y se hace. En el caso dela mayor persistencia en el ser, cuando se logra un modoestable de ser, y de ser en s mismo, lo que designamos co-mo subsistencia, por la cual un ente resulta incomunica-ble, clausurado en s mismo, perfecto en su ser por la con-dicin espiritual y pleno en su modo de ser por no ser deotro, que slo acontece al ser personal, mientras est en elproceso, es siempre el mismo pero nunca lo mismo. Su serno contradice a su devenir. Por ello se puede decir de lcon verdad que est clausurado en el ser de modo inco-municable y no puede ser parte, ni dejar de ser singular, niser asumido por otro, como gustan decir los medievales,44

    o se puede decir con Simone de Beauvoir, hablando de lamujer, que no se nace mujer, se llega una a serlo.45 El serhumano, por su condicin de viviente, recibe por heren-cia la vida, y est llamado a desplegarla en los diversos ni-veles desde la naturaleza, como todos los dems vivientes,y desde la condicin exclusiva de su propia libertad. Losdos procesos son interiores, pero son muy diferentes.Mientras lo natural en los niveles biolgico y animal pro-cede de modo semejante en todos los que participan de laespecie, admite variaciones profundas all donde hay li-bertad como en los seres humanos.

    Hombre y mujer tienen procesos de naturalezaestables, y tienen modulaciones de la libertad muy dife-rentes. Por ello, si ya en el nivel ontolgico nos encontra-mos con la diferencia de lo femenino, sta se acenta mscuando se verifica en los procesos en que toma parte la li-

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  • bertad. Los tres niveles indicados anteriormente, comoniveles del ser, se desarrollan en el devenir procesual demodos inesperados. Donde hay libertad hay sorpresas. Lapersona se realiza en la personalidad, la cual admite dife-rencias masculinas y femeninas; la humanidad se modulaconforme al desarrollo de las relaciones interpersonales; lacultura, conforme a las vivencias de los valores tico-reli-giosos. Las tres vas del ser abren senderos en el bosque in-finito de lo humano mediante los procesos de su realiza-cin diferente en los dos modelos de la condicin huma-na, masculino y femenino. Y la diferencia es real, y norompe la profunda unidad de la especie, sino ms bien lacompleta y la enriquece.

    2.1 Personalidad y diferencia

    La persona indica siempre la singularidad, el sercompleto y distinto. Todo ser humano tiene la alta condi-cin de ser persona desde su primer momento de existen-cia, con las dos notas que la caracterizan: el subsistir en smisma y ser de naturaleza espiritual.46 Pero la condicinde la persona humana, que incluye la totalidad, y por ellola naturaleza en proceso, est llamada a dar su medida enel paso a la plenitud del desarrollo. Este proceso es el quese designa como personalidad. La personalidad de cadasujeto singular se forja en el proceso de la vida, en la cola-boracin de todos los elementos que integran al sujetopersonal, y de los agentes externos que concurren a ello. Elresultado no est dado de antemano. El sujeto puede rea-lizarse en plenitud, quedarse como columna truncada, di-solverse en el juego de los instintos, realizarse en el bien yen el mal. La personalidad se construye en torno a los dosejes de la realidad personal. La persona, desde uno de esosejes, es mscara, prosopon, algo externo y superpuesto alsujeto que entra en la escena del teatro, y tal fue su primer

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  • significado al decir de Boecio,47 y por otra parte es ser per-sonal, misterio profundo de cada uno de los sujetos sin-gulares que no admiten abstraccin y slo se puede desig-nar con nombres propios o con los pronombres persona-les, Yo-T. De hecho, en la historia, este vocablo pas delteatro al misterio trinitario y cristolgico. De all ha idodescendiendo en el curso de la historia para llegar hoy aaplicarse a todos los sujetos humanos, como la palabrams apropiada a su dignidad, mucho mejor, que indivi-duo. Toms de Aquino nos ha dejado esculpida la frmu-la perfecta de la persona como sujeto digno y profundo:persona est dignissimum in tota natura.48

    Por esta condicin de la persona podemos com-prender el proceso de la personalidad. En realidad debaabarcar los dos polos y llevar a plenitud las posibilidadesdel sujeto tanto hacia dentro, como hacia afuera, labran-do en el desarrollo un modo estable, un perfil peculiar delsujeto. El proceso hacia la personalidad implica todas lasetapas del desarrollo humano y stas no son coincidentesen la mujer y en el varn. Ya los creadores de los persona-jes del teatro haban distinguido con esmero los caracteresque competen al varn y a la mujer, virilem et muliebrempersonam.49 La personalidad femenina se desarrolla en re-lacin polar con la del varn y se caracteriza por sus do-tes de ternura, afecto, paz, belleza, frente a la agresividad,despego, objetivacin y fuerza que caracteriza al varn.Edith Stein observa que la personalidad femenina tiene sucentro en el afecto y su mundo es el de las personas, mien-tras que la masculina se desarrolla en el dominio de las co-sas, en lo universal.50

    En realidad la mujer se siente atrada por los dospolos del ser personal, el de la mscara y el del misterio, elpolo del aparecer y el del ser profundo. El hacerse o desha-cerse de cada una de las personalidades de la mujer en sudiferencia tpica frente al varn, depende en buena parte

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  • de su situacin en esta tensin polar. Es fuerte en la mu-jer la tensin hacia el aparecer, pero tambin lo es hacia lainterioridad del secreto y del misterio. Ya Ovidio describaa las mujeres romanas que iban a los espectculos, y a di-ferencia de los varones que slo iban a ver, ellas iban tam-bin a ser vistas: venient ut spectent, ut spectentur et ipsae.51

    En nuestros das Juan Pablo II ha sabido mirar a lo pro-fundo del genio femenino, que encierra tantas sorpresasy es guardin de los grandes tesoros de la humanidad. Elmisterio de lo humano tiene un desarrollo eminente en lapersonalidad de la mujer, ante todo de la mujer que esten el centro de la historia, en Mara, arquetipo de ser hu-mano llevado a su plenitud.52 La personalidad femeninaest llamada en el futuro a un desarrollo mucho ms pro-fundo tanto en el polo del ser cuanto en el del aparecer.

    2.2 Las relaciones constitutivas

    La persona humana no slo es sujeto, sino quees un ser relacional, que se nutre y desarrolla en el dina-mismo de las correlaciones. La relacin es el lazo de co-munin cuando las relaciones son interpersonales. La re-lacin tiene una difcil inteligibilidad por su condicin deescasa entidad, de ser lo postremo y lo ms dbil del ser,ser para. Pero la relacin es como la red en que estn en-vueltos los entes del mundo. Ya los griegos describan elcosmos como una red de relaciones, y sta es la categorapreferida por los marxistas para describir la sociedad ensu dimensin material econmica y poltica. Lo humanono puede reducirse a la relacin, que requiere siempre elapoyo consistente de la substancia, pero los seres formanla totalidad del mundo en proceso merced a sus relacio-nes. La realidad humana es compleja. En ella hemos en-contrado los elementos sustantivos de la materia y del es-pritu, y los componentes de la sexualidad humana que

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  • distinguen la mujer del varn. La complejidad humana seeleva en la medida que se asciende en la escala del ser. Lopercibi con agudeza Teilhard de Chardin que se vio obli-gado a distinguir frente a los dos infinitos ya conocidos, elde la grandeza y el de la pequeez, otro nuevo, el de lacomplejidad. La vida y lo humano suponen siempre esteinfinito en complexificacin.53 Y puesto que en el cosmoscada uno de los entes no slo se relaciona consigo mismosino con todos los dems, resulta que conocer las relacio-nes es un proceso que nunca se puede dar por terminado.

    Lo real es mucho ms rico que nuestro pobreconocimiento de ste. Pero no todas las relaciones son dela misma importancia. Para la persona son decisivas lasrelaciones interpersonales, y para el varn y la mujer sonconstitutivas las relaciones recprocas, porque cada unode los sexos es correlativo al otro. La mujer slo se descu-bre como tal frente al varn, como Adn se descubri a smismo frente a Eva. El ser-para del varn es la mujer, y ellaes el ser-para el varn. Podemos distinguir tres tipos de re-laciones recprocas interpersonales y constitutivas, cuyoproceso influye en el desarrollo de las diferencias mutuasen el seno de la unidad dual humana: significante, colo-quial y afectiva. Hombre y mujer son signos llamados acompartir la existencia en dilogo y con amor. Esta red derelaciones constituye el tejido de la vida humana de mu-jeres y varones.

    La relacin significante es primaria, connatural ypor ello en buena parte antecede las decisiones de la vo-luntad. El cuerpo humano es un signo poderoso, y todo lest lleno de significado. Para comprender esto hay quepartir de su raz. El hombre es esencialmente cuerpo, co-mo es esencialmente espritu. Esta unidad de dos elemen-tos tan dispares constituye lo peculiar de todo lo humano.Al mismo tiempo hay que tener en cuenta que la corpo-reidad humana est producida por el alma, que es forma

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  • sustancial del cuerpo. Todo lo humano queda as penetra-do por la realidad ms profunda del espritu, y en ciertomodo es signo de esa dimensin. La mano slo es huma-na por estar penetrada de la fuerza informante del alma.Cuando se tienen en cuenta estas verdades se puede com-prender que el cuerpo es significante, que el ser humanotiene un protolenguaje originario. Una de las tareas de laantropologa integral es la de descifrar este lenguaje origi-nario y siempre nuevo.54

    El cuerpo se convierte en signo connatural entrelos dos sexos. Juan Pablo II, en sus catequesis sobre elamor humano, ha tratado de penetrar en todos los signosde este protolenguaje corpreo, tan rico de contenido.55

    Cada uno de los sexos capta los signos del otro. Si todo elcuerpo es significante, el lugar privilegiado de los signosen la corporeidad es el rostro humano. Es aqu donde secontempla la maravilla del hombre. Los seres humanosexpresan sus relaciones cara a cara, y sobre todo a travsde la mirada. Los ojos revelan en las personas una interio-ridad. No es preciso hablar para comunicarse. Hay un si-lencio de contemplacin, donde todo es expresivo, signi-ficante y comunicativo, como requiere el lenguaje. Y comolos signos son para quien los capta, varn y mujer tienenque atender a la relacin significante que produce su solapresencia. Basta la presencia corporal para suscitar lossentimientos de atraccin, de repulsa, de compenetracin.Esta relacin de presencia de ambos sexos es condicin deequilibrio en la vida humana y se requiere en la familia, enla sociedad y en todas las etapas de la vida.56 Esta relacinpredispone para todas las dems, y por ello es preciso cui-darla para que sea autnticamente humana. Todas las cul-turas han advertido que la mujer, por su condicin feme-nina es polo de atraccin, es recipiente, es como un fin, esante todo pasiva, y el varn es atrado por ella.

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  • El protoleguaje corporal es significativo, peroes portador de muchos significados y por ello se presta aser malentendido. Por fortuna, a diferencia de todos losdems animales, el hombre es el animal dotado de pala-bra, homo loquens, y por eso capaz de significacin y decomunicacin precisa de lo que lleva en su interior. Lavida profunda del ser humano es loquente. Su logos tieneuna actividad constante y produce tres tipos de expre-sin verbal. Toms los distingua con agudeza como tresverbos complementarios: verbum cordis, verbum mentis,verbum oris.57 Esta condicin privilegiada del ser huma-no le lleva a desarrollar su condicin social, a la cual lle-ga empujado por la necesidad y por la capacidad signifi-cante de su mundo interior. As se constituye el universodel dilogo, del coloquio, de la comunicacin humana,donde uno puede expresar, significar y comunicar cuan-to vive en su interior. Esta comunicacin hace posible laconvivencia, la comunin interpersonal enriquecedora.La palabra humana est en el origen de la trasmisin dela cultura, del aprendizaje, de la capacidad de progresode lo todo lo humano. La palabra brota en el silencio yvuelve al silencio, brota del corazn a los labios, pero per-manece en el corazn despus de ser compartida. La vi-da relacional en los diversos aspectos de lo humano seapoya en esta capacidad loquente y dialogante de todoser humano. La voz es anuncio de la persona. Varn ymujer entran en una relacin constitutiva a travs de lapalabra. La palabra tiene un poder sobre lo humano. Lamujer no ha tenido acceso en el pasado al uso de este po-der de comunicar, de trasmitir. Ha sido reducida al silen-cio en las culturas opresivas, a pesar de que la biologademuestra hoy que el cerebro femenino desarrolla mejorel rea del lenguaje.

    Quiz por no haber desarrollado de modo nor-mal su capacidad de relacin a travs del lenguaje se ve

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  • obligada a hablar slo por hablar, al uso desmedido dellenguaje carente de contenido, a hablar sottovoce. El len-guaje humano admite todas las posibilidades de significa-cin y de expresin, y no debe reducirse a uno sola di-mensin. La mujer tiene posibilidades todava no estrena-das de desarrollar esta propiedad de lo humano, como loest demostrando hoy en la medida que accede a su pro-mocin integral.58 Mientras la palabra del varn se orien-ta con preferencia hacia lo universal y lo abstracto, la pa-labra femenina se carga de emocin y de sentimientos, espalabra ms concreta y personal.

    La relacin de mayor alcance interpersonal es ladel amor. El amor es fuerza unitiva, que tiene la virtud deproducir el encuentro interpersonal en los niveles msprofundos. Porque el amor, de suyo es exttico, una ciertasalida de s mismo al encuentro del otro. El amor es atra-do por el bien o es una autntica comunicacin del bienentre personas. Es una donacin de s mismo al otro. Elamor es la relacin de mayor alcance entre las personas. Esla fuerza ms poderosa en la vida humana. Omnia vincitamor. No es preciso desarrollar aqu ampliamente el temade la fuerza constitutiva del amor para el desarrollo de lapersonalidad y el equilibrio humano en todos los niveles.Hay un nivel de sexualidad y de eros que no se puede ig-norar y est presente en las relaciones entre varn y mu-jer, hay un grado ms alto de encuentro que produce laamistad, donde cada uno de los amigos comparte el biendel otro y lo quiere como se quiere a s mismo. La amistades necesaria, pero solamente puede mantenerse y creceren un clima de comunin desinteresada y noble. En vidacristiana hay un modo nuevo de amar, que supera las li-mitaciones de las formas anteriores y es el amor de la ca-ridad, o agap, que se hace posible nicamente desde elencuentro primero con Dios como amor infinito y nos hadado el modelo de amar en la entrega de la vida por los

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  • dems.59 La mujer est orientada por la naturaleza paradesarrollar esta relacin interpersonal de modo especial.Es ella la que sabe amar con entrega y fidelidad, la que ha-ce del amor el centro de su vida, por el peso que tiene enella la afectividad.

    Scrates confiesa en el dilogo platnico sobreel amor, que ha sido una mujer de Mantinea, Ditima, laque le ha enseado todo lo que sabe del amor, que cuan-do es noble es capaz de subir por todos los peldaos de laescala hasta llegar al Bien absoluto. Esa leccin la apren-di tan bien que nadie ha sido capaz de describir con tan-ta perfeccin la conjuncin del amor y la belleza, de lacontemplacin y el encuentro con el bien absoluto.60 Lamujer, por su capacidad de amar, est llamada a ser agen-te de madurez de los hombres, al estilo de Ditima. Lacultura actual, muy desviada en nuestro tiempo por laexaltacin de lo sexual, necesita un profundo viraje, en elque tenga primaca la persona y las relaciones interperso-nales.61 En la relacin de amor, ama ms quien es capaz demayor entrega. El amor funda la primera y ms funda-mental relacin del varn y la mujer, la familia. El hogares el centro privilegiado de esta relacin de mutua y totaldonacin. Y en ella la mujer es el centro, ocupa el lugar delcorazn en el cuerpo, de la fortaleza en la ciudad. La fami-lia es una edificacin humana edificada sobre la roca delamor entre dos personas que se sienten atradas recpro-camente. Como en el mundo de Dante, tambin en la fa-milia, por obra y gracia de la mujer, lAmor che muove ilsole e laltre stelle. Ella mueve como el fin y el bien, y a suvez atrayendo se mueve hacia su bien. Sin esta diferenciala familia no tiene consistencia. A partir de ah, el amoradmite desarrollo en todas las direcciones. Pero implica sufundamento en la inclinacin natural.

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  • 2.3 Cultura y perfeccin

    La dimensin cultural tiene una clave de perfec-cin y plenitud de lo humano. Esa clave son los valores dealcance universal. Y esos valores, que son la forma de todacultura, son una conquista del hombre como ser abierto ala perfeccin y a la totalidad. La cultura se ha desarrolla-do en el pasado en una dialctica de opuestos, como luchadel hombre contra las fuerzas de la naturaleza. Ha sidolento el proceso de liberacin y todava estamos en cami-no. Es un hecho cultural notorio la marginacin de la mu-jer en las conquistas importantes de la cultura del pasado.Para comprenderlo hay que tener en cuenta dos factoresdecisivos, uno la importancia de la llamada lucha por laexistencia, y otro la ley de conservacin de la especie. Laguerra ha tenido una parte muy notable en los procesosculturales. Ya la describa Herclito como si fuera ella pa-dre y rey de la historia.62 La mujer no siente atraccin porla guerra, sino en casos aislados. Horacio describe la gue-rra como fenmeno odiado por la mujer, matribus invi-sa. En realidad la mujer ha desarrollado la cultura do-mstica. La naturaleza la ha puesto al cuidado del hom-bre, le confa de modo especial al hombre, al ser huma-no, como afirma Juan Pablo II.63 No se puede reducir unfenmeno tan complejo como la cultura a solamente doselementos, aunque sean en verdad dos factores muy im-portantes. En la medida que el hombre pone freno a laviolencia, al machismo dominador, y da parte a la mujeren las tareas de la construccin de la llamada la ciudad te-rrena, se abren a la mujer las puertas de la cultura a la pardel hombre.

    Las culturas dominantes del presente tienen angraves defectos. La llamada cultura de Occidente est he-rida de muerte por sus deficiencias en el terreno de los va-lores ticos y religiosos. La proclamacin del hombre co-

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  • mo autnomo ha sido la causa del nihilismo imperante. SiDios ya no tiene nada que ver con las cosas humanas, to-do pierde su fundamento. El atesmo ha sido la causa deldesfondamiento cultural del siglo XX. Y con l se ha per-dido el fundamento objetivo en la realidad. La cultura ac-tual ha desarrollado una cultura de la razn cientfica y haeliminado las dimensiones humanas que no entran en esecanon estrecho de la ciencia. Una vez que ha dejado de la-do la religin, tambin se empea en alejar la vida tica detoda comprensin radical y objetiva. La crisis cultural denuestra hora, denunciada con vigor por la Veritatis splen-dor, es la crisis moral.64 Tiene razn McIntyre: el hombreactual se encuentra en el campo moral como si hubierasufrido un nuevo diluvio que arrasa cuanto existe y tuvie-ra que comenzar de nuevo a construir los cimientos de sucultura.65

    La ausencia de la mujer en el proceso cultural hasido decisiva y nefasta. Es verdad que la mujer, como serlibre, puede desviarse como el varn en su camino de lavirtud, pero hay en ella una mayor reserva de eticidad, porsu proximidad a las personas, a la vida, a los valores hu-manos. El hombre es un ser familiar por naturaleza, y lafamilia tiene su centro en la mujer. La familia es la escue-la de la vida. La sociedad es el resultado de la forja de lapersona en las familias. Lo que la madre ensea difcil-mente se olvida, y lo que la madre no ensea acerca de lofundamental de la vida difcilmente se aprende.66 Ademshay tambin en la mujer una afinidad mayor a lo religio-so y a la trascendencia. Por todo ello esta situacin cultu-ral reclama con urgencia una mayor presencia de la mujerpara la reconquista de la virtud, y para el retorno de losprofetas y los dioses, para la nueva experiencia de Diosque requiere el hombre contemporneo.

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  • 3. Las tareas

    El ser y el devenir del hombre tiene siempre unahuella de su origen divino y por ello un anhelo de trascen-dencia, un apetito de lo infinito, un oscuro deseo naturalde ver a Dios. Dios ha venido al encuentro de este anhelohumano. El punto de encuentro ha sido la encarnacinacaecida en el momento culminante, cuando el Verbo seha hecho carne (Jn. 1,14). Desde ese momento Jesucristoha entrado en lo humano y es el salvador de todos loshombres y de todo lo humano en el hombre, porque co-mo afirma el Vaticano II, la clave, el centro y el fin de todahistoria humana se encuentra en su Seor y Maestro.67 Je-sucristo es el Salvador de los hombres. Lo que ha asumi-do lo ha salvado. Y esta misma ley de encarnacin, de des-censo a lo profundo del hombre es la que ha heredado laIglesia continuadora de la obra de Cristo. Aqu hunde susraces la paideia cristiana. Los apstoles han sido enviadosal mundo para anunciar la buena noticia de la salvacinen Jesucristo. Si por naturaleza el ser humano es personay es unidad de dos, y es un ser cultural, todo esto tiene queser asumido en una tarea de inculturacin cristiana. Aquradica el complemento y el secreto de la paideia cristianade la libertad, y de la posibilidad de un nuevo desarrollode la personalidad y de las relaciones humanas entre lamujer y el varn. Es una tarea que implica tres niveles, elde la comprensin, el cultivo de las virtudes, y el de la pro-mocin equilibrada de la igualdad y la diferencia entreambos.

    3.1 La verdad sobre el hombre

    El cristiano tiene una nueva luz para conocer alhombre. No lo ve desde abajo, desde las ciencias del hom-bre, desde la limitada experiencia de cada uno, sino desde

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  • lo alto. Hay una revelacin sobre el hombre, que inicia enel Antiguo Testamento, cuando desvela el proyecto deDios que lo crea a su imagen y semejanza y lo crea varn ymujer (Gn. 1, 26-28), y se mantiene con nuevas aportacio-nes a travs de la historia de la salvacin, hasta llegar a laplenitud de los tiempos (Gal. 4,4) cuando se realiza en Je-sucristo, el hombre perfecto (Ef. 4,13). Juan Pablo IIproclamaba en su discurso a la Asamblea del CELAM, enPuebla, que la Iglesia posee la verdad sobre el hombre,68

    mientras todos los esfuerzos de la hora antropocntricano la han alcanzado. La verdad radical sobre el ser huma-no es su condicin personal, su participacin del misteriodivino, en el carcter relacional y en la capacidad de tras-mitir la vida como padre y como madre.

    El ser humano slo puede existir como unidadde dos, en relacin a otra persona humana, en un prolon-gado dilogo y en una donacin mutua de amor. Dios loha creado is-issh y lo ha destinado a una vida en comu-nin, como una participacin en el misterio de Dios y ensu poder de comunicar la vida.69 El evangelio revela de unmodo nuevo la verdad sobre el hombre, porque Jesucris-to conoca lo que hay en el hombre (Jn. 2,25). No slo elvarn, sino tambin la mujer. Mara es la nueva Eva, el ar-quetipo de toda mujer, la llena de gracia, madre y virgen.El comportamiento de Jess con las mujeres revela la dig-nidad de la mujer, y anuncia el destino que sta tiene en elplan de Dios, como madre y como virgen. Le revelacinrecurre a la simbologa de la mujer, esposa, madre, virgen,para manifestar su presencia y su amor por el hombre. Eltelogo ortodoxo Evdokimov piensa que es la mujer laque expresa el principio religioso de lo humano, y que laBiblia presenta a la mujer como un lugar predestinadopara el encuentro de Dios con el hombre.70 El plan deDios sobre la pareja humana abarca la totalidad de los as-pectos de la persona, la naturaleza y la cultura. Ambos han

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  • sido creados para vivir en la unidad de relaciones recpro-cas. La expresin hebrea eszer kenegdo, que fue traducidaal latn como adjutorium simile sibi (Gn. 2,20), encuentraahora un modo nuevo de comprensin en la reciprocidadde las personas. Por ello Edith Stein piensa que es msapropiado traducirla como otro frente a m.71

    La tarea de la paideia cristiana tiene que partirde la plena asimilacin de la verdad sobre el hombre, talcual se manifiesta en la Biblia y se realiza de modo plenoen Cristo y en Mara, el nuevo Adn y la nueva Eva. Por-que todo cristiano est invitado, no solamente al procesode conversin, sino a renacer del agua y del Espritu, y allegar a ser el hombre nuevo en Cristo, dejando atrs elhombre viejo (Ef. 4,24). Slo este hombre nuevo puedeser el hombre libre. En esta perspectiva la mujer recobratoda su dignidad y su puesto al lado del hombre, con laigualdad esencial en su condicin de imagen, y su diferen-cia como persona femenina frente al varn. Una culturaque elimina la presencia de la mujer, mutila lo humano. Elmensaje bblico es de redencin de la mujer y es un gritoen su defensa, para que vuelva a su condicin primera. Alprincipio no era as.

    3.2 Las virtudes cristianas

    El ser humano est llamado a la transformacinen Cristo de un modo tan original y profundo que sin de-jar de ser l mismo llega a ser otro. El proceso tiene unacierta analoga con el que le compete por naturaleza. Na-die se da la vida a s mismo sino que se hereda, nadie con-quista la gracia por sus obras sino que se recibe como donde lo alto, por el cual se renace y se participa de la natura-leza de Dios. La gracia es el nuevo principio de ser delcristiano. Un principio que viene de fuera, pero que se in-funde para llevar a perfeccin la misma naturaleza.72 La

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  • gracia se da al hombre por la unin con Cristo a travs delos sacramentos. Sacramento de vida es el bautismo. Puesen l no slo se renace a la vida nueva, sino que tambinse recibe la nueva ley, que es ley no escrita sino infundida,y se reciben las virtudes cristianas que son las teologales,por las cuales el cristiano se distingue de todos los que nolo son en su actuar. Los dones se aaden para la perfec-cin de las virtudes.

    Preparado de este modo, el cristiano est engrado de conseguir el ideal de la perfeccin, descrito porJesucristo en las bienaventuranzas, que son la ms acaba-da expresin de lo que l mismo viva, y camino abiertopara todo cristiano. Cuando Agustn de Hipona fue invi-tado por su obispo Valerio a ordenarse sacerdote, no pu-diendo declinar esta invitacin, pidi un tiempo paraprepararse a tal oficio y estar en condiciones de anunciarla palabra de Dios al pueblo. Un ao dur su retiro, en elcual medit a fondo la sntesis y el ncleo de la vida cris-tiana, que encontr en el Sermn de la Montaa, en elcual confluyen las bienaventuranzas como meta, los do-nes del Espritu Santo, las virtudes y la gracia por la cualse renace a la nueva vida en el bautismo. Si la gracia es elpunto de partida, las virtudes son el camino de la trans-formacin cristiana.73

    Toms de Aquino mantiene esa orientacin yorganiza su doctrina moral como motus rationalis creatu-rae in Deum, por medio de los actos humanos, fruto de lasvirtudes que son perfeccin de las potencias, y alcanzan aDios mismo. Cada una de ellas tiene para Toms dos mo-vimientos, uno hacia lo divino y otra hacia lo humano. Lafe lleva al misterio trinitario, y al misterio de la encarna-cin redentora; la esperanza pone al hombre en tensinhacia la vida eterna y al auxilio de Dios mientras vamosde camino, y la caridad impulsa al hombre a Dios mismocomo amor y al prjimo en quien habita.74 Y stas son las

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  • virtudes infusas del cristiano, llamadas a trasformar lasvirtudes humanas llamadas cardinales, entre las cualestienen primaca la prudencia y la justicia. Es esta la virtudde la alteridad, la que ayuda al hombre a las relaciones in-terpersonales y da a cada uno lo suyo. La formacin cris-tiana pone de relieve en cada hora algunos aspectos de latransformacin y continua conversin del hombre. Ennuestros das emerge la virtud de la justicia para la convi-vencia social, que tiene su primera y frontal realizacin enla familia. La paideia cristiana comienza en el hogar y seextiende a todos los dems campos de lo humano, po-niendo en primer lugar a las personas, con sus derechos ydeberes. La vida cristiana se forja en el hogar, en la ciu-dad, en la vida del hombre con el hombre. Y es aqu don-de se adquiere el sentido cristiano de la justicia, que ayu-da al ejercicio de los derechos y deberes, que da a cadauno lo suyo, y mantiene la igualdad y la diferencia entrevarn y mujer.

    La inculturacin cristiana tiene hoy como cam-po de accin el horizonte de lo social, donde tienen tantopeso los derechos y deberes, donde hombre y mujer tienenque comenzar dando a cada uno el debido honor y tenin-dolo en el debido respeto, tal cual se debe a la persona. S-lo el amor est en grado de suplir lo que la justicia no pue-de alcanzar: la profunda unidad de las personas. Las virtu-des no pueden separarse, van profundamente unidas. Lapaideia cristiana tiene que volver a recuperar el puesto dela virtud en el camino del hombre. Para ello har bien sivuelve a la escuela del maestro Toms de Aquino.

    Joseph Pieper, el filsofo prudente de nuestrotiempo, ha meditado largamente la leccin de Toms te-logo, que cultiv la moral con especial predileccin. To-ms de Aquino, dice Pieper, el gran maestro de la cristian-dad occidental, traz la imagen del hombre en siete tesis,que se pueden expresar del siguiente modo:

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  • 1. El cristiano es un hombre que por la fe entra enla realidad de Dios-Trinidad.

    2. Por la esperanza el cristiano se proyecta hacia laplena realizacin de su ser en la Vida Eterna.

    3. Por la virtud divina de la caridad el cristiano tie-ne hacia Dios y el prjimo una disponibilidadpositiva que sobrepasa cualquier capacidad na-tural de amar.

    4. El cristiano es prudente, es decir que su miradano se deja engaar del s o del no de la voluntad,sino ms bien l hace depender el s y el no de lavoluntad de la verdad, de cmo estn en su rea-lidad las cosas.

    5. El cristiano es justo, es capaz de vivir con losotros en la verdad; es consciente de ser un miem-bro de la Iglesia, del pueblo y de la sociedad.

    6. El cristiano es valiente o mejor, fuerte, es decirque est dispuesto a afrontar peligros y cuandosea preciso hasta la muerte por la realizacin dela justicia.

    7. El cristiano es templado, a saber, no permiteque la propia tendencia a la posesin y al pla-cer se convierta en destructiva y contraria a sumismo fin.75

    El retorno de la virtud fundamenta las relacio-nes humanas y en primer lugar las de las relaciones inter-personales entre el varn y la mujer. Cada una de las vir-tudes tiene una especial proyeccin en la convivencia res-pectiva entre ambos. Slo el fermento cristiano puede de-volver el sentido de la profunda realidad a la unidad de losdos en el seno de la especie.76 Y tambin en este campo lamujer est llamada por la paideia cristiana a recobrar supuesto de educadora, de madre, de forjadora de las perso-nas. Es decisiva en la formacin la llamada primera socia-

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  • lizacin, y en ella influye de modo especial la mujer, lamadre. La educacin no consiste tanto en la adquisicinde conocimientos y de informaciones, cuanto en la capa-cidad de despertar personalmente a la vida y al mundo delas relaciones. El ser humano aspira a ser integral, a la fe-licidad, y para ello la mujer tiene dotes especiales. La mu-jer encarna ms fcilmente que el varn la imagen de lavirtud y la hace amable, atrayente, seductora. La culturacristiana tiene el reto de devolver a la mujer su puesto deeducadora, porque es Dios quien le confa el cuidado delhombre. Y el hombre slo se cuida cuando se forja en lavirtud.

    3.3 La promocin humana

    As como Cristo slo ha salvado lo que ha asu-mido, as la paideia cristiana tiene que proyectarse en laasuncin de todo lo humano, de todo el hombre y de to-dos los hombres, para llevarlos a su plenitud. Uno de losesquemas vlidos para la interpretacin adecuada de la vi-da cristiana es el de llamada-respuesta. Dios da a cada unola vocacin radical y el hombre responde en el curso de suvida hasta que la encuentra al final de sta. Otro esquemapuede ser recibir-dar. Este nuevo pentagrama para modu-lar la existencia es real. La vida comienza siendo acogida,recepcin. Qu tienes que no hayas recibido? (1 Cor. 4,7).Cada hombre edifica su propia existencia recibiendo,siendo buen receptor. Pero el don pide ser devuelto. Pri-mero al principio de donde procede con la gratitud y reco-nocimiento, luego a los dems y a Dios con el don de smismo. Los talentos deben fructificar. As se lleva a cabo laobra que se le ha encomendado al hombre de cultivar latierra, de cuidar de los hermanos. Hay todo un programade trabajo en la expresin del Seor: Hagamos al hombre!(Gen. 1, 26).

    68

  • El hombre es arquitecto de s mismo, y lo es delotro hombre. Esta tarea compete en primer lugar a la mu-jer, en la cual toda vida humana tiene sus comienzos conla cooperacin del varn. La promocin radical del hom-bre se lleva a cabo en la tarea de generacin y educacinde los hijos. El hombre tiene el don de la paternidad y dela maternidad para que lleve a cabo la promocin de lahumanidad. La tarea educativa es la autntica paternidadhumana: educatio et promotio totius hominis usque ad sta-tum perfectum quod est statum secundum virtutem, diceToms de Aquino.77 En la promocin de la humanidadhay prioridades, conforme estn ms en relacin con elmismo ser del hombre. Nuestro tiempo tiene que incultu-rar la promocin desde la paideia cristiana, y hacer un es-fuerzo por llevar adelante el proceso del equilibrio entre laigualdad de los dos sexos por su condicin de personas, ypreservar la diferencia dada por Dios a cada uno para queejerzan sus roles respectivos.

    El polo de la igualdad incluye todo lo que dicerelacin con los derechos humanos, los cuales estn con-tenidos en el mensaje del evangelio, como rotundamenteafirmaba el Snodo de los Obispos de 1974. El polo de ladiferencia presta especial atencin a la mujer, que est lla-mada a recobrar su dignidad en los privilegios y roles quele ha dado la naturaleza, la maternidad y la virginidad, tandejadas de lado en la actual cultura del placer y de las co-sas, y tan esenciales para la vida de la familia y de la Igle-sia. Esta promocin, vista desde la paideia cristiana, tieneplanteados, en nuestro tiempo, graves problemas queafectan a lo profundo del hombre y no poseen solucinsin la cooperacin comprometida de la mujer.

    El primero es la defensa de la vida desde el pri-mer momento. La vida es sagrada. En todo ser humanohay una imagen de Dios. La mujer participa de modo sin-gular en esta sacralidad, porque Dios le confa la vida. Al-

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  • gunos antroplogos, como Ida Magli, estiman que la lu-cha de sexos y la opresin cultural de la mujer tienen suraz en la envidia masculina hacia las fuentes de la vidaque son exclusivas de la mujer.78 La cultura actual impe-rante propicia los abusos sexuales, cuyas primeras vcti-mas son las mujeres. Es preciso formar a la mujer para quesea buena administradora de las fuentes de la vida. Lo lle-gar a ser si educa su libertad y dispone de s misma coninspiracin cristiana.

    En segundo lugar, a la mujer se le confa la pro-mocin social de la mujer. En la conquista de los derechosno hay regalos. La mujer cristiana actual est en condicio-nes de comprender su rol en la tarea de liberacin de to-da mujer, de curar nuestra cultura de las heridas causadasa las mujeres por haberlas reducido a objeto, a medio, asegundo sexo. Este gran cometido social nicamente selogra desde la fuerza cristiana de unidad de todos en Cris-to, donde ya se superan las diferencias de varn y mujer,al mismo tiempo que se mantienen los roles. Se logra laigualdad manteniendo la diferencia. Pablo lo deca confrase lapidaria a los Glatas: 3,28: En Cristo ya no hay ju-do o griego, no hay siervo o libre, no hay varn o mujer, por-que todos sois uno en Cristo Jess. En la consecucin deesta unidad son decisivas las relaciones interpersonales yes fundamental la posicin de mujer cristiana.

    Desde la paideia cristiana se recobra la identidadmasculina y la femenina, por encima de todas las pobresrealizaciones que se han dado en la historia. La promo-cin cristiana de las personas es integral y se proyecta enlas cuatro direcciones que son constitutivas de todo lo hu-mano. Solamente el fermento cristiano logra llevarlas a suplenitud. Pablo invita a todos a crecer en las cuatro di-mensiones, a lo largo y a lo ancho, hacia lo alto y lo pro-fundo del amor (Ef. 3,18). En todas ellas el otro polo co-rrelativo es siempre una persona, un T, con el cual el yo

    70

  • se encuentra interpelado para formar un nosotros. sta esla gran tarea de toda promocin humana. En el fondo esuna aplicacin del proyecto divino, de que los hombres,hechos a su imagen, participando de la generacin in di-vinis, llamados a la paternidad y la maternidad, creados enrelacin de reciprocidad, slo pueden conseguir su metapor medio de Cristo, nico mediador y redentor del gne-ro humano. Por ello se hace necesario el encuentro enCristo de todo lo humano.

    Toms de Aquino afirmaba que si alguien tuvie-ra un libro con toda la ciencia, no hara otra cosa sino es-tudiar en ese libro, as tenemos que hacer nosotros que te-nemos a Cristo.79 La funcin promotora de la mujer, a tra-vs de los dos polos de lo humano, de la igualdad y de ladiferencia, es hoy muy necesaria para llegar a la plena hu-manizacin de las relaciones mutuas.

    Conclusin

    No es preciso proseguir el discurso para adver-tir cules deben ser en nuestros das los caminos de la pai-deia de la libertad cristiana en el cultivo de las relacionesinterpersonales entre el varn y la mujer, destacando el rolde la diferencia femenina en este proceso. Basta atender ala misma libertad que requiere una nueva comprensinen su teora y su praxis, por cuanto toca el fondo del pro-blema humano. El hombre es un ser libre. El hecho es cla-ro, la comprensin no es fcil. El filsofo Kant, que habahecho de la libertad la piedra clave de su sistema, no tenaempacho en afirmar que la libertad es un problema anteel cual son vanos los esfuerzos de los hombres.80

    En realidad caben lecturas divergentes de estehecho. En la historia se han dado tres, la griega, la moder-na y la cristiana. La griega fue deficiente por no alcanzarel nivel de la espiritualidad. La moderna es post-cristiana

    71

  • y se reduce a una exaltacin al infinito de la libertad, al ha-cer del hombre un dios. La libertad cristiana es una liber-tad que viene de Dios y es a la medida del hombre, y se en-cuentra realizada en Jesucristo, liberador del mal de que escapaz el hombre. La liberacin de la mujer no puede tenerotro punto de partida que la vuelta al principio y al segui-miento de Jesucristo, camino, verdad y vida del hombre.En lo que hizo y lo que dijo desvel el misterio del hom-bre y propuso el paradigma de las autnticas relacionesinterpersonales entre el hombre y la mujer. La regla de oroen este proceso cristiano de la paideia de la libertad esmantener con fidelidad la misma libertad. No se forja lalibertad con la opresin, sino con la orientacin, con lapropuesta de los fines adecuados, con una perspectiva so-bre la totalidad de lo humano. El alba del siglo XXI debeindicar el espacio cristiano para la total liberacin de lamujer y para la forja de la nueva humanidad, en la cualvarn y mujer aprenden a vivir muy unidos desde el ple-no desarrollo de la diferencia especfica y recproca, con-forme la presenta la paideia cristiana de la libertad. As, eltercer milenio, por ser cristiano, indica el nuevo paso de lahumanidad en su camino hacia la plenitud en Cristo, enquien recobran la fuerza originaria las relaciones recpro-cas del varn y la mujer.

    Notas1 W. Jaeger, Paideia. Los ideales de la cultura griega. Mxico, Fondo

    de Cultura Econmica, 1962.2 W. Jaeger, Cristianismo primitivo y paideia griega, Fondo de

    cultura econmica, 1961, [Breviarios, 182].3 Sto. Toms, In III Sent. d.3.q.2. a.2.4 Gregorio de Nissa ha escrito la biografa de su hermana Makrina,

    que figura en la PG, vol. 46. Synesio, obispo de Tolemaida, descri-be en algunas de sus cartas la obra de Hypatia. Cfr. M. E. Waithe,A History of Women Philosophers. vol. 1, M. Nijhoff, 1987.

    72

  • 5 Lc. 1, 38.6 Sto. Toms, ST, III, q. 34, 1, ad 1. En el misterio de la encarna-

    cin se pone de relieve sobre todo el descenso de la plenitud di-vina a la naturaleza humana, que el ascenso de la naturalezahumana como preexistente hacia Dios.

    7 Un anlisis esquemtico de esta trayectoria lo hemos realiza-do en el ensayo, Gli ostacoli allincontro con Dio nella culturaodierna, en el vol. AA. VV, Lincontro con Dio a cura di A. Lo-bato, ESD, Bologna, 1993, pp. 11-35.

    8 G. Marcel, Les hommes contre lhumain, Paris, 1952.9 E. Fromm, The scape for freedom, New York, 1965.10 H. Jonas, Das Prinzip Wertantwortung, Wien, 1987.11 Sto. Toms, ST, I, 2, prol.12 A. Lobato, La pregunta por la mujer, Salamanca, Sgueme,

    1976, p.283.13 Gn. 1, 26-28.14 Cfr., Ch. Ducocq, Jesus, homme libre, Paris, 1977.15 Jn. 8,32. Cfr. A. Lobato, La libertad cristiana, Actas I Con.

    Mundial de Fil. cristiana, Mendoza, 1982, vol. II, pp. 357-370.16 Cfr., A. Lobato, Riflessioni filosofiche sulla liberazione della donna,

    en Incontri culturali, Roma, n. 9. 1976, pp. 49-70.17 Cfr., W. Preti, Femminismo italiano: seconda fase, in progetto

    donna, 1983, pp.16-28. G.P. Di Nicola, Uguaglianza e diffe-renza, la reciprocit uomo-donna, Citt Nuova, 1988. AA.VV.Maschio-Femmina: dalluguaglianza alla reciprocit, Paoli-ne, Roma, 1990.

    18 Cfr., L.M. Russell, Thologie fministe de la liberation, Paris,Editions du Cerf, 1976.

    19 Cfr., J.M. Aubert, Lexil fminin. Antifminisme et christianis-me, Editions du Cerf, 1988.

    20 GS, n. 22.21 Sto. Toms, S.T., III, 1,2.22 Una de las oraciones de S. Alberto, recogida en el Oficio de su fies-

    ta, emplea esta imagen que tiene ya un antecedente en el De Ani-ma de Aristteles, al principio, cuando hace una analoga entrelas races del rbol y la boca del animal. Alberto ora de este mo-do:Doce me, Domine, radices arboris mei coelo et non terra infige-re. (Ant. 2 de Laudes).

    23 Parmenides, Diels, B. Frag. 8 v.34.24 J. Ortega y Gasset, La idea de principio en Leibniz, Madrid, Re-

    vista de Occidente, 1962, vol. 1 p. 10-21.

    73

  • 25 Platn, Parmnides, 247-151. Cfr. M. Migliori, Dialettica e Ve-rit. Commentario filosofico al Parmenide di Platone. Prefa-zione di Hans Krmer. Introduzione di Giovanni Reale, Vita ePensiero,1990.

    26 M. Garca Morente, Fundamentos de Filosofa, Madrid, 1955,lec. 19. p. 243.

    27 Sto. Toms, CG, III, 48.28 Sto. Toms, CG, I,13.29 El filsofo C.B. Bazan ha descrito con exactitud la originali-

    dad de Toms en este problema de la alteridad y su posicinsingular en medio de los pensadores de mayor relieve. Cfr.Laltyerit. Vivre ensemble differents. Montreal, Editions duCerf, 1986, pp. 64-83.

    30 M. Heidegger, Ser y tiempo, Trad. de J. Gaos, Fondo de Culturaeconmica, Mxico, 1962, p.367.

    31 Cfr. G.M. Manser, Das Wesen des Thomismus, Fribourg, 1935.32 Cfr. C. Fabro, Partecipazione e causalit, Torino, SEI, 1960.33 Es oportuno citar una afirmacin de Santo Toms al respecto: Ibi

    quaeritur differentia ubi est convenientia, ST, I, 90, 1, ad 3.34 Cfr., A. Lobato, San Tommaso. Opusculi filosofici, Citt Nuova,

    1989.35 M. Buber, T y yo, Fondo de Cultura Econmica, 1962.36 Sto. Toms, In III Sent. d.5 q.1 a3: Est ergo ratio personae quod

    sit distinctum subsistens, et omnia comprehendens quae in resunt.

    37 Cfr., A. Lobato, La pregunta por la mujer, Salamanca, Sgueme,1976, p. 281-89.

    38 Cfr., K. Rahner, Espritu en el mundo, Herder, 1958.39 Sto. Toms, ST, I, 91, 1.40 Cfr., A. Serra, Singolarit biologica della persona donna, Roma,

    en AA. VV, Verso una societ con la donna, UECI, 1981, pp.25-53.

    41 Sto. Toms, ST, I, 75 prol.42 Aristteles, De Anima, III, 8, 431 b 20.43 Juan Pablo II, Discurso en la UNESCO, en Paris, el 2 de junio,

    de 1980. Ese discurso es como la Carta Magna de la cultura.Cfr. B. Mondin, Una nuova cultura per una nuova societ,Massimo, Milano, 1981.

    44 Sto. Toms, In III Sent, d.5.q.2.a1. ad 2: Triplex incommunicabi-litas est de ratione personae, scilicet partiset universalis et as-sumptibilis.

    74

  • 45 Simone de Beauvoir, El segundo sexo, Buenos Aires, Siglo XX,1972, p. 13.

    46 Cfr., Sto. Toms, De Potentia, 9, 3.47 Boecio, Liber de Persona, PL 64, col 1343 D.48 Sto. Toms, ST, I, 29,3.49 Rutilius Lupus, Schemata lexeos, 2.6.50 E. Stein, La mujer, p. 56. Cfr. A. Lobato, La pregunta por la mu-

    jer, Salamanca, Sgueme, 1976, p. 250-251.51 Ovidio, Ars amandi, III, 7.52 Juan Pablo II, Mulieris dignitatem, 31.53 Teilhard De Chardin, El grupo zoolgico humano, Madrid,

    Taurus, 1964, pp. 35-36.54 Cfr., A. Lobato, El hombre en cuerpo y alma, Valencia, Edicep,

    1995. J. Sarano, Significato del corpo, EP, 1975.55 Juan Pablo II, Uomo e donna, Libreria Editrice Vaticana, 1985 p. 74.56 Cfr. C. Burke, Lidentit sessuale delluomo e della donna, en

    Studi, 1994 p. 356 y ss.57 Sto. Toms, In Evangelium Johannis, prol.58 Cfr., A. Lobato, Homo loquens. Bologna, ESD, 1989.59 A. Lobato, El amor humano y la familia cristiana, en Verbo,

    octubre, 1994.60 Platn, Banquete, 211.61 Cfr., J. Maras, La mujer y su sombra, Alianza Editorial, 1986.

    p. 131 y ss. J. M. Coll, Filosofa de la relacin interpersonal, 2vols. PPU, Barcelona, 1990. F. Tomar Romero; Persona y amor,Barcelona, PPU, 1993, p. 331 y ss.

    62 Herclito, Fragm. Diels, 22 B 53.63 Juan Pablo II, Mulieris dignitatem, n. 30.64 Cfr., A. Lobato, El sentido moral en situacin de peligro, en Verte-

    bracin, 1994, p. 3-12.65 A. McIntyre, After Virtue, 1982, pag. 10.66 Juan Pablo II, Carta a las familias, 1994.67 Vat. II, Const. Gaudium et spes, 10.68 Juan Pablo II, Puebla, Discurso a la Asamblea, n. 12.69 Juan Pablo II, Mulieris Dignitatem, 6-8.70 P. Vdokimov, La novit dello spirito, p. 267.71 E. Stein, Die Frau, 33.72 Sto. Toms, ST, I, 1,8 ad 2: Gratia autem Dei non destruit sed

    perficit naturam.73 S. Agustn, De sermone Domini, c. 2.74 Sto. Toms, De rationibus fidei c.1.

    75

  • 75 J. Pieper. Essere autentici. Servono le virt? Citt Nuova, 1993.p. 11.

    76 El magisterio de Toms en torno a las virtudes del hombre ensociedad ha tenido especial resonancia en el magisterio de laIglesia en la hora moderna. A partir de la Encclica Aeterni Pa-tris de Len XIII, los Papas han recurrido a su doctrina parala promocin y el desarrollo de los problemas del hombre ensociedad. Se puede afirmar que su influjo ha ido in crescendohasta la Centesimus annus.

    77 Sto. Toms, In III Sent. d.23. q.3 art. 4.78 I. Magli, La donna problema aperto, Firenze, 1974.79 Sto. Toms, In Epist. ad Col. c. 2. lect. 1. Ed. Marietti, n.12 p. 82.;Si-

    cut qui haberet librum ubi esset tota scientia, non quaereret nisi utrsciret illum librum, siuc et nos non oportet amplius quaerere nisiChristum.

    80 E. Kant, Crtica de la razn prctica, B, 116.

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