Leyendas Cordoba

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Leyendas Cordoba

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PALACIO DE ORIVE

Persiguiendo a una famosa leyenda encamino mis pasos a un precioso edificio renacentista del siglo XVI, hoy sede de la Delegacin de Cultura del Ayuntamiento de Crdoba. La historia de la Casa de los Villalones, tambin conocida como Palacio de Orive comienza marcada por un hecho trgico: se levanta sobre el solar de una antigua casa perteneciente a la familia Hoces, destruida por el singular Pedro I El Cruel como premio al apoyo que stos dieron a su querido hermano Enrique II de Trastmara. Ah donde los veis, los hermanos Pedro y Enrique son los causantes de la Primera Guerra Civil espaola entre los aos 1366 a 1369. Angelitos pero eso es otra historia.

El motivo de que fije mis ojos en este palacio, obra cumbre del arquitecto Hernn Ruiz II, no es Pedro I El Cruel ni su simptico hermano. Esto va de apariciones, fantasmas, leyendas y hechos inexplicables, como ya sabis. Mi inters se centra en un antiguo inquilino de esta mansin: don Carlos Ucel y Guimbarda, corregidor de Crdoba a finales del siglo XVII. Aunque para ser sincero, me interesa ms su hija Blanca. El fantasma de su hija Blanca. Cada fenmeno inexplicable tiene su propio origen, causa y significado. El fantasma de la hija del Corregidor don Carlos Ucel, tambin tiene su propio origen, causa y significado.

Circulan varias leyendas sobre los trgicos hechos acontecidos tras los regios muros del palacio de Orive. Sin embargo, la historia real la relata con todo lujo de detalles don Teodomiro Ramrez de Arellano, en su libro Paseos por Crdoba escrito en el ao 1873, libro que podris encontrar completamente gratis pues es de dominio pblico, en la biblioteca iTunes de Apple, en Google Books o en la web http://www.bibliotecadecordoba.com/index.php/Portada. Es una historia muy bonita que os trascribo a continuacin, tal cual la escribi Ramrez de Arellano en 1873:

Don Carlos Ucel y Guimbarda haba perdido a su bella y adorada esposa cuando ms feliz se juzgaba con tan buena compaera. El cielo quiso, para consolar la amargura que aquella prdida le causara, dejarle una hija, blanca y hermosa como su nombre, y tmida y sencilla como el espritu de un ngel. Jams sala de casa, sino acompaada de una duea, en sus primeros aos, y despus de su padre, que en ella cifraba toda su ventura y sus esperanzas. Contaba unos 17 aos cuando en uno, al llegar la velada entonces, hoy feria de la Fuensanta, la llev a beber aquellas puras y apetecidas aguas y orar por su madre ante la venerada imagen, amor de todos los cordobeses. En la esquina del convento de San Rafael, conocido generalmente por Madre de Dios, se les interpuso una harapienta gitana de horrible aspecto y penetrante mirada, pretendiendo decir a Blanca la ventura que le esperaba. La tmida joven demostr al punto su repugnancia, y don Carlos, que temi un ligero disgusto en su hija, orden a la gitana se apartase, dejando de incomodarla por ms tiempo. Ella insisti, y al fin fue preciso, mal su grado, retirarla, dejndola a un lado del camino, profiriendo mil palabras, entre las que se percibieron claramente: "Ellos pagarn su orgullo con raudales de llanto, que la desgracia les har verter". Nadie hizo caso de sus palabras, que consideraron desahogo de su mala educacin, volvindose tranquilos a su casa, como si nada hubiesen odo. Dos o tres aos habran transcurrido cuando, a la altas horas de la noche, oyeron llamar a la puerta; asomronse y eran unos hebreos que iban a quejarse al corregidor de que no les queran dar posada en ninguna de las de Crdoba, y pedan o una orden para ello o que se les dejase pasar hasta el da, aun cuando fuera en el portal de su casa. Consinti Guimbarda en esto ltimo, y la duea que haba recibido el recado ponder a doa Blanca lo extrao de las figuras de los nuevos huspedes, hasta el punto que la curiosidad les hizo ir a examinarlos por el agujero de la llave del portn. Mas cul sera su sorpresa al ver que lean en un libro a la luz de una vela amarilla, y que pasaban muy deprisa las cuentas de una especie de rosario que uno de ellos llevaba pendiente de la cintura. A poco son un ruido extrao y la tierra se separ dejando una abertura que daba paso a una hermosa escalera de mrmol. Por ella baj uno, volviendo a poco acompaado de un joven que apenas frisaba en los tres lustros, de hermoso y gallardo aspecto, y un cofre, al parecer lleno de alhajas de gran valor. Aquel desgraciado, enterrado en vida, les rog repetidas veces para que lo llevasen consigo, siendo intiles sus quejas y splicas, pues despus de algunas prevenciones que le hicieron lo obligaron a bajar por la ancha escalera. Apagaron la vela, y con la luz desapareci tambin el hoyo formado en el portal, como si nada hubiese sucedido. Lleg la maana siguiente y los hebreos se despidieron del corregidor, dndole muchas gracias por la generosidad con que los haba hospedado; mas cunta desgracia se atrajo con ella! Tanto la duea como la hermosa Blanca ardan en viva curiosidad por saber el misterioso arcano del joven prisionero con tantas y codiciadas riquezas. Examinaron el portal y nada advertan en su pavimento, hasta que la duea vio esparcidas por l muchas gotas de cera desprendidas de la vela encendida por los hebreos. Juntolas cuidadosamente e hizo un cerillo, con el que crean que se abrira la tierra. Esperaron la noche, y cuando todos estaban recogidos, bajaron al portal y encendieron la luz, logrando por este medio que apareciese de nuevo la escalera, por la cual baj Blanca, recorriendo algunas galeras sin hallar el menor rastro. Cuando vio la duea que el pabilo se acababa, echaron a correr; pero al salir se le concluy, quedando dentro la desgraciada joven que vena tras ella. La pobre vieja empez a gritar; a sus voces acudi el corregidor y todos los criados, quienes se confundan ms con sus revelaciones. Luego llamaron a Blanca, que responda con acento de dolor desde el centro de la tierra. El corregidor hizo mil excavaciones, todas intiles, llorando en su desesperacin la prdida de tan querida hija. Varios aos pasaron. Don Carlos Ucel y Guimbarda muri solo y desesperado. Desde entonces se dice que una sombra misteriosa recorre de noche toda esta casa, atribuyndolo al alma de doa Blanca, que an vaga por aquellos contornos. Esta es una de las ms antiguas leyendas de fantasmas de Crdoba. Soy muy escptico con la historia pero lo cierto es que hay testigos que afirman haber visto el alma de Blanca vagando como una escalofriante sombra por los fros pasillos del palacio. Incluso hay quien sostiene haber odo gritos aterrorizados de mujer, implorando de forma agnica un socorro que nunca llega. La bella y virtuosa doa Blanca de Ucel, yace bajo tierra envuelta en tinieblas, en alguna recndita zona misteriosa del palacio.

D. DIEGO RODRIGUEZ LUCERO (EL TENEBROSO)

Las campanas de la Mezquita-Catedral y de todas las iglesias de la ciudad llevan repicando desde primeras horas de la maana. Por la puerta principal de la prisin del Santo Oficio, sita en los antiguos alczares de los Reyes Cristianos, una tenebrosa procesin surge de sus lgubres entraas. Encabeza la marcha una gran cruz ornamentada en oro y piedras preciosas, enarbolada por el fiscal del Tribunal del Santo Oficio. Monta un hermoso caballo de guerra y viste sus mejores ropas y alhajas para tan litrgico acto. Justo detrs de l, un grupo de frailes dominicos encapuchados, portando cirios y rezando en latn, preceden a ciento siete infelices convictos condenados a la hoguera. Muchos de los reos casi no se sostienen en pie debido al martirio sufrido. Algunos de ellos, la mayora, lucen miembros fracturados, articulaciones dislocadas, heridas todava sangrantes y horrorosas quemaduras. Las mujeres exhiben cabezas rapadas al cero. Todos visten el clsico sambenito adornado con demonios y escenas del infierno, coronado por un capirote engalanado con ms diablos y llamas del averno. Es el desfile de los desahuciados. Ciento siete falsos judos conversos, culpables de hereja y de ceremonias judaizantes. Marranos carne de hoguera. Cierran la marcha los lanceros a caballo para velar por el orden del espectculo, junto a un revoltijo de familiares de miembros de la Inquisicin y de representantes de las comunidades religiosas existentes en Crdoba para dar ms solemnidad al acto. A esta farsa de acto. A la cabeza, junto al fiscal del Tribunal del Santo Oficio, marcha a pie Diego Rodrguez Lucero, a la sazn Inquisidor de Crdoba, vestido de pies a cabeza de riguroso negro y escoltado por tres lanceros de gesto fiero y corazas relucientes. La poblacin cordobesa asiste perpleja, en un silencio desgarrador, al espectculo de esta infame procesin. Un silencio que es roto con insultos por algunas personas, los ms valientes, los ms desesperados, cuando distinguen la siniestra figura del inquisidor. Es el atardecer del viernes, veintids de diciembre de mil quinientos cuatro.

Entrada principal del alczar de los Reyes Cristianos

Durante siglos, la convivencia en Crdoba entre judos, moros y cristianos fue de lo ms pacfica. Incluso con la reconquista de la capital por el rey cristiano Fernando III, llevada a cabo en junio de 1236, se respet la vida y la libertad religiosa de todos sus habitantes, sin excepcin. Siglos despus, expulsados musulmanes y judos por los Reyes Catlicos, los cordobeses conversos no tuvieron excesivos problemas de convivencia con los cristianos y su cada vez ms influyente Iglesia. Con la fundacin de la Santa Inquisicin llevada a cabo por los Reyes Catlicos en 1478, la situacin apenas cambi hasta su abolicin definitiva en 1834 por la reina Isabel II. En Crdoba, el Santo Oficio fue una institucin de escaso relieve que, dentro de lo que cabe teniendo en cuenta la mentalidad de la poca, trataba con relativa humanidad a los condenados. En sus casi trescientos sesenta aos de funcionamiento, los Autos de Fe en Crdoba, en su inmensa mayora, consistan en una especie de confesin pblica que se saldaba con una multa econmica, un par de avemaras y alguna