Mística y Diálogo interreligioso: desafíos y oportunidades ... ?· Aruj , uno de los principales…

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    CONSEJO ARGENTINO PARA LA LIBERTAD RELIGIOSA CALIR Congreso Internacional: La Libertad Religiosa en el Siglo XXI. Religin, Estado y Sociedad

    Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Crdoba, Argentina 3-5 de septiembre de 2014.-

    www.calir.org.ar

    Mstica y Dilogo interreligioso: desafos y oportunidades en un mundo secularizado.

    Fabio Samuel Esquenazi

    Universidad de Buenos Aires ISER-Instituto Superior de Estudios Religiosos

    esquenazi@filo.uba.ar

    Debo reconocer que, al pensar en esta ponencia, asum un desafo desalentador,

    teniendo ante mis ojos la dinmica de conflictos como el que, hasta hace pocos das,

    ensombreci a la humanidad en Gaza: analizar si la mstica juda y la mstica cristiana

    pueden aportar algo valioso a lo que entendemos por Dilogo interreligioso. La respuesta a

    esta inquietud, que sera considerada seguramente poco menos que ingenua por muchos de

    los responsables actuales de las guerras y masacres que interpelan nuestra conciencia, es sin

    embargo tan urgente como necesaria. Para avanzar en mi propuesta definir en primer lugar

    y muy brevemente qu se entiende por unin directa o conciencia experimental de Dios en

    ambas tradiciones, repasar luego algunos de los smbolos utilizados en las bibliotecas

    msticas del judasmo y el cristianismo para expresarla, e intentar rescatar, finalmente, el

    mensaje concreto que la mstica le ofrece a una sociedad global tan secularizada como la actual,

    que menosprecia la vida y el compromiso tico.

    Comencemos por la definicin del fenmeno mstico que propuso Gershom Scholem, el

    iniciador del estudio sistemtico del misticismo judo como disciplina acadmica durante su larga

    trayectoria en la Universidad Hebrea de Jerusaln:

    Si por mstica se entiende la unificacin directa [o] inmediata [del alma] con Dios, entonces no existe mstica en absoluto dentro del judasmo (...). Pero si se define la mstica como una conciencia o una percepcin experimental de realidades divinas, entonces existe una mstica juda en formas mltiples y con mltiples facetas1

    1 Recogida por E. Schweid en Judaism and Mysticism according to Gershom Scholem: A critical analysis and programmatic discussion; traduccin del hebreo e introduccin de David A. Weiner. Atlanta, GA: Scholars Press, 1985, p. 22. La traduccin es nuestra.

    http://www.calir.org.ar/mailto:esquenazi@filo.uba.ar
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    En la tradicin mstica juda se llega a la conciencia de la realidad divina que habita

    en el alma a travs de una profundizacin de la inveterada relacin con la Ley (la Tor),

    que determina y caracteriza la concepcin juda de espiritualidad. Dicha profundizacin ha

    enfatizado siempre los aspectos ticos de la conducta humana, dando lugar a imgenes2

    poderosas que dan cuenta de dicha relacin en su literatura. Como sabemos, el pensamiento

    filosfico, particularmente el judo, ha demostrado una histrica dificultad para apreciar la

    estrecha vinculacin entre la tica y la mstica, al asociar estas dos dimensiones de la

    existencia humana con dos esferas en apariencia irreconciliables: el reino del deber ser o el

    del compromiso activo con valores humanos trascendentes, en el caso de la primera; y el de

    la pasividad, el refugio en la interioridad y la bsqueda de una experiencia directa y

    personal con la fuente y causa que origina tales valores, en el de la segunda. Esta

    separacin tuvo su fundamento en una visin distorsionada de la singularidad de la

    experiencia mstica, las fases que la conforman y la compleja personalidad de los sujetos

    que han vivido de manera concreta en todas las tradiciones el fenmeno mstico. Tal

    distorsin simplific, asimismo, las etapas principales en las que en todas las culturas se

    dividi el proceso conocido como camino, itinerario o va mstica, reduciendo todo su

    conjunto prcticas preparatorias, ingreso en la experiencia propiamente dicha y

    culminacin del proceso en la contemplacin, iluminacin o xtasis a este ltimo estadio,

    asocindolo con las consecuencias o fenmenos extraordinarios que slo en algunos casos

    se manifiestan en l y no con el total descentramiento de s mismo y el compromiso tico

    asociado que constituyen la esencia de toda experiencia mstica genuina. Esta realidad

    llev, como lgica consecuencia, a que se menospreciara la figura tradicional del mstico,

    considerndolo un individuo pasivo, desinteresado en absoluto de todo lo mundano y

    consagrado exclusivamente a la concentracin en su interioridad; en contraposicin con el

    ideal de un sujeto tico, de lucha y accin en medio de la Historia, cabalmente

    comprometido con un cambio social que reflejara fielmente sus opciones morales de

    justicia. Esta oposicin de estereotipos perdi de vista, sin embargo, que en todas las

    tradiciones donde la experiencia mstica ha podido ser documentada con particular nfasis

    2 Entendemos aqu imagen en el sentido de metfora que utiliza Alberto Sucasas para el contexto de filiacin imaginaria del discurso filosfico, desde la que postula una metafrica de la arquitectura conceptual de la Ley (Cf. El agua y la Ley. Contribucin a una metafrica del judasmo, en: A. Sucasas, Memoria de la Ley. Ensayos sobre pensamiento judo, Barcelona, Riopiedras, 2002, pp. 35-70).

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    en las religiones del tronco abrahmico, la conversio morum, es decir, los cambios en la

    conducta moral de la persona que es sujeto de una experiencia mstica, siempre parten de

    una conversio cordis, entendida como la experiencia radical de aceptacin o toma de

    conciencia de la presencia en el interior del ser de un aspecto o hecho originario que lo

    trasciende. Como consecuencia de dicha toma de conciencia, el mstico se siente llamado

    al abandono de s y al compromiso absoluto con la realidad, expresado particularmente en

    la preocupacin por el prjimo que demanda su atencin amorosa como condicin para la

    propia realizacin del mstico como persona. La esencia de dicho suceso reproduce de

    modo superlativo lo que en el Judasmo y el Cristianismo se conoce en trminos teolgicos

    como experiencia de fe, cuya caracterstica ms interesante es el hecho de que el

    consentimiento de aquel principio absoluto presente en el fondo de la conciencia que

    origina la experiencia encuentra en el cumplimiento estricto de los preceptos o

    mandamientos que estructuran ambas tradiciones religiosas su medio de expresin, tal

    como hemos sealado en trabajos previos3.

    Ahora bien, toda tradicin reconoce desarrollos, autores principales y un conjunto

    de textos y smbolos que condensan y mantienen vivo su mensaje; las expresiones msticas

    del Judasmo y el Cristianismo no son la excepcin. All tenemos, por ejemplo, al Shuljn

    Aruj, uno de los principales cdigos de conducta del Pueblo Judo, cuyo ttulo, que podra

    traducirse como mesa tendida o mesa preparada, viene a ensearnos la importancia

    que Joseph Caro, el afamado halajista y cabalista del siglo XVI que lo compuso, le otorg a

    una obra que, sin pertenecer a la biblioteca mstica juda, es en definitiva el resultado de la

    lgica bblica y talmdica que tradicionalmente encontr en el pobre, la viuda, el hurfano y el

    extranjero4 un lugar de privilegio para una experiencia significativa de Dios. La eleccin del ttulo

    hecha por Caro fue apropiada y muy ilustrativa, no slo por el refinamiento propio del

    simbolismo judo, potenciado como lo estuvo desde sus orgenes por el peso del segundo

    mandamiento bblico que prohiba la representacin pictrica, sino tambin porque respet

    y reafirm la centralidad que la tradicin juda le otorga a la verdadera compasin,

    entendida no como una experiencia de emotividad sino como una experiencia de

    compromiso, como una prctica moral que excede el mero anhelo universal de justicia e 3 Vanse Le refus lvinassien de la mystique. Raisons et observations. Philosophica, 45 (2015, en prensa); y Timor Domini y sujecin amorosa en la escritura sanjuanista, Revista San Juan de la Cruz (2014), en referato. 4 Vase Emmanuel Lvinas, Difcil libertad. Madrid: Caparrs Editores, 2004 [1963], p. 39.

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    involucra al judo con aquellos que no han encontrado nunca su Shuljn Aruj5, al tiempo que

    sirve de ejemplo para que todos, sin importar nuestra confesin religiosa, nos sintamos

    obligados a mantener, como dijera Mardones, la atencin puesta en la superacin del estado de

    necesidad [] [de quienes comparten con nosotros] la misma condicin humana de [sufrimiento],

    dolor y muerte6.

    Otros dos ejemplos del campo judo, con resonancias para el dilogo interreligioso,

    los hallamos en el Sefer Ha-Zohar, el corpus literario central de la mstica hebrea,

    redactado durante las tres ltimas dcadas del siglo XIII. Son ellos la famosa parbola de

    la princesa que leemos en los folios 99a y b del segundo volumen de esta obra, y la

    descripcin del deleite a que daba lugar el ritual de lectura de la Torah que realizaban los

    cabalistas desde la medianoche hasta el amanecer de cada da, segn puede apreciarse en el

    folio 178b del primer volumen7.

    El relato de la hermosa princesa en hebreo rehimat, es decir, literalmente

    amada nos presenta a una doncella que, oculta en su palacio, invoca y seduce con su

    amor a su amante, para que ste se acerque y pueda, finalmente, unirse con ella en

    matrimonio. Tratndose de un pasaje de enorme dens