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Que no falte una oración - iglesiaehistoria.comiglesiaehistoria.com/reflexionar/DIC2014_PARAREFLEXIONAR-Walter... · misterio de la Encarnación del Verbo, alegrarnos en la confiada

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  • Que no falte una oracin Walter Turnbull

    El festejo de la Navidad tiene tres propsitos: recordar llenos de agradecimiento el

    misterio de la Encarnacin del Verbo, alegrarnos en la confiada esperanza de la

    segunda venida de Nuestro Seor, y sobre todo hacernos anhelar y disponernos a

    procurar el nacimiento de Cristo en el mundo de hoy. El Adviento es la preparacin

    para que se realicen estos tres propsitos.

    Entre muchas posibles cosas que hacer, yo sugerira que no falte una sencilla

    oracin, todos los das, de preferencia frente al pesebre. Si encuentran o pueden

    formular una mejor (que yo espero que as sea), hganla. Si por lo pronto no se les

    ocurre ni encuentran nada, aqu hay una sugerencia.

    Gracias, Padre bueno, porque has querido mandarnos a tu Hijo a compartir

    nuestra vida para que nosotros podamos compartir la tuya.

    Gracias, hermanito Jess, porque has querido venir a nosotros, compartir nuestra

    fragilidad y nuestro dolor, nos has dado ejemplo de pobreza y de servicio y a travs de

    inmenso sacrificio has vencido al pecado y a la muerte y nos has abierto el camino al

    cielo.

    Gracias, mamita Mara, por tu entrega, por hacer la voluntad de Dios. Por t

    tambin entregarnos a tu Hijo. Porque aceptando a tu Hijo te has hecho madre

    nuestra y a travs de tu propio dolor eres partcipe y guardiana de nuestra redencin.

    Gracias por tu s a la vida.

    Gracias, seor San Jos, que merecidamente fuiste el sustituto del Padre para el

    pequeo nio Jess y para su Divina Madre. Gracias por tu ejemplo de bondad, de fe y

    de esfuerzo en el servicio a Dios y en el amor a Jess y a Mara. Te admiramos y nos

    acogemos a ti porque en medio de limitaciones y problemas supiste preparar aquel

    portal para la llegada de tu Hijo, y conservar la serenidad y dotar a tu familia de lo

    necesario, sin perder la confianza en Dios.

    Gracias a todos, Sagrada Familia de Nazaret, por su ejemplo de humildad y su

    testimonio de familia. Les pedimos su proteccin para todas las familias y los nios que

    hoy se encuentran en tan grave peligro y por nuestra familia para que podamos seguir

    su ejemplo.

    Te pedimos, Seor Jess, que as como naciste en aquel pobre pesebre y tu

    presencia ilumin la oscuridad, nazcas hoy en nuestros corazones y tu presencia

    ilumine nuestras vidas y las limpie de mal y de pecado. Te pedimos que seamos

    capaces de llevarte a dondequiera que vayamos, para que nazcas tambin en la calle,

    en el trabajo, en las escuelas, en los medios y en los gobiernos. El mundo te necesita

    ms que nunca, Seor. Ven a nuestras almas, ven a nuestros ambientes, ven a

    nuestro mundo, Ven, Seor Jess!

    Seguramente a usted Dios le inspirar una oracin ms adecuada, o puede usar

    sta, pero que no le falte su oracin. Para eso es el Nacimiento.

  • Tiempo de Navidad Walter Turnbull

    Sacar del desvn el rbol empolvado, el nacimiento, las esferas, las series de

    foquitos, los adornitos (o peor tantito, tener que ir a comprarlos); checar que las series

    funcionen bien y en su defecto tratar de arreglarlas; acomodar todo: rbol, nacimiento,

    series, esferas, adornitos; comprar los regalos de obligacin; embellecer la casa;

    confeccionar el regalito de la escuela; acomodar las fechas para los compromisos;

    asistir a posadas y pastorelas; planear la cena (demonios, nos toca con los suegros);

    soportar la velada con el patriarca de la familia; gastos y ms gastos, en medio de

    colas y un trnsito enloquecedor... Es tiempo de Navidad. Los nios que no se dan

    cuenta de todo el ajetreo lo esperan con gran regocijo. Ellos slo piensan en los

    regalos y en los dulces. Algunos adultos (sobre todo algunas amas de casa) ya lo ven

    venir con verdadero horror.

    Y sin embargo lo volvemos a hacer. Ao tras ao. Las posadas, las pastorelas, los

    adornos, los regalos y los festejos. Quin ms, quin menos, guardamos alguna

    ilusin. La tercera vela de la Corona de Adviento es rosa, en seal de alegra. La poca

    nos trae el recuerdo de buenos momentos y la expectativa de otros mejores: el

    momento de encender el nacimiento, aquel hermoso concierto, la risa y el abrazo con

    el ser querido, la deliciosa cena, la satisfaccin del amigo al abrir el regalo que busqu

    con tantas ganas, la posada tradicional con sus cantos y su sabroso ponche, tal vez

    hasta una reconciliacin o un reencuentro; y si somos cristianos practicantes, el

    camino del Adviento, la oracin junto al nacimiento y la gloriosa Misa de Navidad. Todo

    ese trabajo nos ayuda a vivir todos esos momentos.

    El Adviento y la Navidad son como un resumen de la vida. Esfuerzo, ajetreo,

    sobresaltos, contratiempos, contrariedades... pero aderezados de buenos recuerdos y

    esperanzadoras expectativas: el recuerdo siempre gozoso de que Dios quiso venir a

    nosotros en forma de nio para compartir nuestra vida y la esperanza de que Jess va

    a volver a nosotros en toda su gloria para que nosotros podamos compartir la suya.

    Despus de todo, vale la pena arreglar la casa y organizar el festejo. Vale la pena vivir

    la vida. Nosotros tambin vamos a recibir un gran regalo.

  • Tradiciones de diciembre Walter Turnbull

    Curioso ttulo se le da hoy en da a los festejos alrededor del nacimiento de Jess:

    Tradiciones mexicanas de diciembre. Diciembre en la tradicin mexicana,

    pregonan los anuncios oficiales que enaltecen nuestro rico acervo cultural.

    Las piatas se inventaron en China y fueron despus llevadas a Europa y luego

    tradas aqu. Algo parecido sucede con las pastorelas, y la representacin del

    Nacimiento fue inventada por San Francisco de Ass en Italia por ah del 1223.

    Tendramos que hablar de Tradiciones catlicas adoptadas en Mxico.

    Tradiciones propiamente mexicanas seran en tal caso la danza del venado, el

    pulque, la Guelaguetza de Oaxaca, la divinizacin de los gobernantes, la conversin de

    los liberales en conservadores una vez en el poder, la transformacin de movimientos

    libertarios en dictaduras, etc.... esas s, nacidas aqu, aunque tengan similitudes en

    otras pocas y culturas.

    El hecho es que regmenes van y vienen, pero la campaa secularizante no parece

    terminar nunca. He ledo que alguna vez Lzaro Crdenas, no queriendo disgustar

    demasiado al pueblo prohibiendo la Navidad, trat de sustituir a Jesucristo por

    Quezalcoatl: los nios mexicanos le iban a pedir juguetes a Quetzalcoatl. Ahora se

    trata de que los mexicanos veamos la Navidad como una particularidad del folclor

    mexicano, que igual pudo haber sido un aquelarre, un carnaval, o una pamplonada.

    Vaya en nuestro descargo que no somos los nicos: sabido es que los vecinos sajones

    le cantan a Santacls y a la nieve, que no son para nada mejores que Quetzalcoatl.

    Segn me inform en un artculo en la excelente pgina ZENIT.org, un grupo del

    movimiento de Schnstatt decidi hace unos aos lanzar la campaa Navidad en la

    Calle, que consista en realizar en pblico exposicin de nacimientos o imgenes

    religiosas, cantos de villancicos con mensaje navideo, obras de teatro o, mejor an,

    organizacin de obras de caridad a lo grande. Por cierto, tambin tienen una muy

    recomendable pgina: www.navidadalacalle.org.

    Algo parecido habramos de hacer todos segn nuestro crculo de influencia: en

    nuestro trabajo, en nuestro barrio, en nuestra escuela... al menos en nuestra familia:

    dejar bien patente que para nosotros la fiesta se llama Navidad y en ella celebramos

    que Dios decidi venir a los hombres en la persona de un nio para que los hombre

    pudiramos regresar a l.

    Un pasaje de la Biblia que me encanta, y que tiene una actualidad palmaria en

    estos tiempos, es aquel del libro de Samuel 24, 14: Ahora, pues, temed a Yahveh y

    servidle perfectamente, con fidelidad; apartaos de los dioses a los que sirvieron

    vuestros padres ms all del Ro y en Egipto y servid a Yahveh. Pero, si no os parece

    bien servir a Yahveh, elegid hoy a quin habis de servir, o a los dioses a quienes

    servan vuestros padres ms all del Ro, o a los dioses de los amorreos en cuyo pas

    habitis ahora. Yo y mi familia serviremos a Yahveh.

    Diciembre en la tradicin mexicana? No, gracias! Celebracin de los misterios de

    nuestra Salvacin que por Providencia Divina llegaron a nuestras tierras y

    atinadamente las adoptaron nuestros ancestros. Y al menos algunos las queremos

    conservar.

    http://www.navidadalacalle.org/
  • Vivir las posadas a lo cristiano

    16 de Diciembre. Fecha oficial, segn el calendario religioso, del comienzo de las

    posadas. Hermosa tradicin piadosa en la que se recuerda el penoso peregrinar de

    Mara y Jos buscando un lugar donde dar a luz a su hijo y el rechazo de que fueron

    objeto por parte de la sociedad, y se le canta: yo te doy mi corazn para que tengas

    posada.

    Originalmente se rezaba el rosario, que se fue adornando con cantos relativos a

    la poca, piatas y pastorelas.

    Con el tiempo se convirti en una fiesta pagana, en un pretexto para la

    convivencia, la diversin, el baile, la comilona, la borrachera, el reventn o el franco

    degenere; toda una gama de posibilidades segn el nivel de inmoralidad del pblico

    asistente.

    Hoy es la posada del Viernes, deca un locutor de radio. Tengan mucho

    cuidado, porque es en la que hay ms muertitos. Cruel realidad, terrible muestra de

    decadencia moral y de prdida del sentido del milagro de la salvacin. Ahora con la

    invencin de las preposadas y las celebraciones de fin de ao de empresas y

    agrupaciones, seguramente para cuando usted lea estas lneas ya habr una larga lista

    de recientes accidentados, embarazadas, contagiados de sida, despedidos, peleados y

    amancebados que nadie necesitaba y que ocurrieron bajo el efecto de la borrachera y

    con el pretexto de las posadas.

    Se nos presentan a los cristianos algunas alternativas:

    Rendirnos ante realidad decadente y participar resignadamente en este tipo de

    manifestaciones. Echar una cana al aire.

    Abstenernos de asistir a reuniones degradantes y buscar slo buenas opciones

    aunque sean pocas: una pastorela edificante, una (difcil de encontrar) posada

    tradicional, una convivencia con gente decente que realmente nos enriquezca, unas

    plticas sobre el Adviento, una obra de caridad especial...

    Asistir sin dejarse enredar a todo tipo de reuniones y aprovechar para dar

    testimonio. En la posada familiar o entre vecinos utilizar la poca o mucha influencia

    que tengamos para convertirla en una fiesta religiosa; invitar a los allegados a la

    pastorela, a la pltica, a la obra de caridad, aunque seamos la diversin de la

    concurrencia; y saber decir: no, jefecito, yo no me presto a eso, no, compaeros,

    yo no me embriago, no, seorita, no es nada personal pero yo no quiero, hasta la

    vista, mis amigos, me voy con mi familia... Y si la situacin lo permitiera, llegar

    incluso a decir: amigos, les propongo que hagamos una oracin porque estamos

    recordando el nacimiento de nuestro salvador.

  • 24 de Diciembre

    En el cuento del Gato con Botas, hay una parte en la que el gato desafa al ogro: Si

    quieres que creamos en tu poder, convirtete en un animal. El ogro rpidamente se

    convierte en un imponente len. El gato entonces va ms lejos: Eso fue fcil: el len

    es un animal de tu tamao. Si realmente quieres impresionarnos, convirtete en algo

    chiquito, digamos un ratn.

    Esto me recuerda el misterio de la Encarnacin.

    Dios nos impresiona con la inconmensurable creacin y con todas las maravillas de la

    naturaleza; apreciamos su fuerza en los huracanes y en los rayos, su belleza en los

    atardeceres y en las flores y en las formaciones de las cavernas, su grandeza en las

    montaas y en las distancias intergalcticas y su fineza en la perfeccin del cuerpo

    humano.

    Pero la ms portentosa obra de Dios, la ms extraordinaria demostracin de su poder

    y de su grandeza, es cuando por amor a nosotros decide convertirse en la ms

    indefensa de las criaturas: en un nio, y en un nio pobre, y ponerse en las manos de

    los hombres para ms tarde morir por ellos. Es en esta generosidad desmedida y en

    esta humildad radical donde Dios nos manifiesta su superioridad. La humildad es

    virtud de las almas ms grandes y slo la grandiosidad infinita de Dios pudo concebir

    ese nivel de humildad.

    Y por cierto, en el cuento del Gato con Botas, el ogro se convierte en ratn y el gato se

    come al ogro. Justamente como finalmente Dios se convierte en alimento y nosotros

    podemos comernos a Dios.

  • No haba lugar para Ellos

    Cuando estaban en Beln le lleg a Mara el da en que deba tener a su hijo. Y dio a

    luz a su primognito, lo envolvi en paales y lo acost en una pesebrera, porque no

    haba lugar para ellos en la sala comn (Lc. 2, 6-7).

    As de escueta es la narracin que nos hacen los Evangelios de la razn por la que Dios

    hecho nio tuvo que nacer en un lugar inhspito. El suceso ha nutrido la imaginacin y

    la sensibilidad de la humanidad durante siglos y vemos hermosas obras de arte y

    costumbres que exaltan esta penosa bsqueda de asilo y el rechazo de la gente. En

    nuestro pas tenemos las posadas, heredadas probablemente de alguna costumbre

    europea, que recuerdan esa historia y durante 9 das congregan a los fieles a dolerse

    por el hecho y a ofrecer a los humildes peregrinos nuestras condolencias y nuestra

    acogida, aunque sea a toro pasado

    En realidad, la historia no dice que hayan sido rechazados o discriminados. En aquel

    entonces la persecucin contra el catolicismo todava no exista. Tampoco fue

    necesariamente un caso de discriminacin. Lugar en la posada lo haba, pero no

    adecuado para ellos. Los exegetas dicen que ese para ellos es importante. Tal vez

    haba lugar para otros, pero para ellos no.

    Y no es que Jos y Mara fueran muy exigentes y pidieran demasiado. Sabemos que

    eran gente humilde y recia, adaptable a las circunstancias, y que finalmente se

    conformaron con un pesebre. Lo que sucede es que por su situacin necesitaban

    ciertas condiciones especiales: Mara estaba a punto de dar a luz a Jess y necesitaba

    un mnimo de espacio y un mnimo de intimidad. No se trataba ni de molestar a otros

    ni convertirse en un espectculo para la curiosidad del pblico presente. Jess, a pesar

    de su infinita humildad, que lo llev a reducirse a la nada, tomando la condicin de

    servidor y hacindose semejante a los hombres (Flp. 2, 6), para nacer en un lugar

    necesita ciertas condiciones.

    Las descripciones del lugar varan segn la traduccin. Se habla de la sala principal,

    de la posada, del alojamiento, y en otra se menciona como la sala comn. Esta

    ltima es la traduccin que ms me gusta. Sala comn me suena a lugar comn, lo

    acostumbrado, lo normal, lo popular. Lo comn en nuestra especie, a lo largo y ancho

    de la historia, es el orgullo, la mentira, la bsqueda egosta del bienestar propio, el

    conformismo, la complacencia con el estado actual Eso es lo que se encuentra en la

    sala comn. Un lugar comn le llaman los intelectuales a lo que todo mundo hace,

    lo que en todos lados se encuentra. Jess para nacer necesita, de parte nuestra, una

    actitud de humildad, de honestidad y bsqueda de la verdad, de renuncia al propio

    bienestar y de sacrificio, de afn de superacin. Necesitamos tener al menos un

    poquito de esas virtudes para que Cristo pueda nacer en nosotros. Y eso no se da en

    la sala comn.

    Aunque el mensaje de salvacin es para todos los hombres, para recibir a Cristo hay

    que salirse de lo comn.

    Para que Cristo nazca Humildad

    Ya he dicho yo alguna vez, meditando aquellas palabras Y dio a luz a su

    primognito, lo envolvi en paales y lo acost en una pesebrera, porque no haba

  • lugar para ellos en la sala comn (Lc. 2, 6-7) que la sala comn representa la

    actitud comn, la actitud primaria, la postura normal del hombre primitivo, lo obvio, lo

    instintivo, lo que general y naturalmente se encuentra en el hombre en su respuesta

    ante la llamada de Dios: el orgullo, el autoengao, la bsqueda egosta del propio

    bienestar, la bsqueda de la satisfaccin material, la dejadez. Eso es lo que

    normalmente se encuentra. Y en esas situaciones no puede nacer Cristo, igual que no

    pudo nacer en la sala comn de la posada. Para que Cristo naciera era necesario un

    lugar especial y desusado, como el portal que, aunque no tena comodidades, tena

    intimidad y cobijo. As, para que Cristo nazca, son necesarios atributos anormales: la

    humildad, la honestidad, la renuncia, el afn de superacin.

    Vamos con el primero: la humildad. El instinto natural del ser animal es la

    prevalencia, la ventaja sobre los dems, la superioridad respecto a los dems; el

    dominio, el sometimiento, el dar la mayor importancia a las necesidades propias; el

    sentirse ms digno, ms merecedor, ms valioso; el quererse sentir autosuficiente, la

    soberana, la independencia. Es una actitud, podramos decir, necesaria entre los

    animales, para asegurar su supervivencia. Fue esa la actitud que perdi a Satans y la

    que ste infundi en Adn y Eva: Sern como dioses... y tambin los perdi.

    Sin embargo, en principio, el hombre no es solo un animal. El hombre es una

    etapa superior en la escala de la evolucin y est llamado a alcanzar cualidades

    superiores. La primera actitud que tendra que adoptar el hombre ante la grandeza de

    la creacin, ante el milagro de la vida y ante el misterio de Dios, tendra que ser la

    humildad. El reconocernos pequeos, limitados, vulnerables, indefensos,

    dependientes, indignos, incompletos, necesitados, ignorantes, incapaces de alcanzar

    nuestros anhelos por nosotros mismos... todo eso. Siendo el hombre una maravilla y

    teniendo que alcanzar la autosuficiencia para subsistir en este mundo, ante Dios somos

    nada y nuestros anhelos de infinitud jams podrn ser colmados por nuestras propias

    facultades y recursos. Y ante nuestros hermanos, la actitud tendra que ser de

    aceptacin, admiracin, reconocimiento a su dignidad, respeto a su persona,

    solidaridad, servicio, amor igual al que se tiene a uno mismo, reverencia ante la

    presencia de Dios en ellos. Despus de todo, todo ser humano es tambin hijo de Dios.

    Humildad no significa complejo de inferioridad, sino reconocimiento de la propia

    situacin.

    Lo primero que Dios nos ensea con su encarnacin y su nacimiento entre

    nosotros es su humildad, al hacerse como nosotros y al hacerlo en condiciones

    precarias, de necesidad, de indigencia, de escasez. Bien nos lo hace notar San Pablo

    en su carta a los Filipenses: Nada hagis por rivalidad, ni por vanagloria, sino con

    humildad, considerando cada cual a los dems como superiores a s mismo, buscando

    cada cual no su propio inters sino el de los dems. Tened entre vosotros los mismos

    sentimientos que Cristo, el cual, siendo de condicin divina, no retuvo vidamente el

    ser igual a Dios, sino que se despoj de s mismo tomando condicin de siervo

    hacindose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre. La sala

    comn, el lugar comn, lo que es comn por naturaleza, es la soberbia. Para nacer en

    Beln Jess escogi un lugar sencillo. Para nacer en nosotros necesita un corazn

    humilde.

    Para que Cristo nazca Honestidad Walter Turnbull

    La sala comn, en la que no hubo lugar para Jos, Mara y Jess al momento de

    nacer, representa la actitud comn, el pensamiento comn, lo normal, lo socialmente

    aceptado. Y en la sala comn no haba lugar para el Nacimiento de Jess. Igualmente,

    para que Cristo nazca en un corazn, no es adecuada la actitud comn. Lo comn es la

  • soberbia, el engao, la bsqueda egosta del propio bienestar, la dejadez. Lo que

    Cristo necesita para nacer es humildad, honestidad, renuncia y afn de superacin.

    La honestidad es esencial para encontrar la verdad, que a su vez es esencial para

    cualquier logro significativo. La verdad los har libres, afirm Jess, y el famoso

    lder hind, Mahatma Gandhi, predicaba la obsesin por la verdad. No hay peor engao

    que el que nos hacemos a nosotros mismos. Para realizar cualquier proyecto, sobre

    todo el proyecto de nuestra persona, necesitamos reconocer nuestra situacin actual,

    nuestra posicin en el universo, nuestras luces y sombras, nuestro adelanto en el plan

    de Dios para nosotros, y conocer el estado al que debemos llegar.

    Lo normal, lo comn, el impulso primario es la inconciencia, la ignorancia culpable,

    el autoengao. La defensa ms comn ante la llamada de Dios es el refugiarse en una

    serie de mentiras: que si la ciencia, que si el dinero de la Iglesia, que si la Inquisicin,

    que si la hipocresa de los catlicos, que si las cruzadas Otra forma de engao es el

    pasar por alto o minimizar nuestras carencias, nuestros vicios, nuestros

    incumplimientos. El pensar no puedo o no necesito ser de otra forma. El pensar o

    asumir que nuestra conducta es buena y que nadie puede indicarnos una posible rea

    de superacin. Lo comn es aceptar, defender y justificar nuestra forma de actuar y de

    pensar; el andar endilgando culpas a otros; el dar por sentado que somos

    suficientemente buenos, el darnos permisos, el argir falsas razones. Incluso se da

    entre ateos y agnsticos el pensar que entrarn al Cielo si al final resulta que s existe,

    porque ellos s son buenos, y no como esos hipcritas... Qu frecuente es ir por el

    mundo satisfecho de uno mismo sin detenerse nunca a evaluar la realidad. Qu fcil es

    encontrar pretextos para tranquilizar nuestra conciencia. Lo ms comn es pensar que

    ser ms devoto que nosotros es fanatismo y ser menos devoto es paganismo. Es duro

    buscar la verdad y generalmente preferimos cobijarnos en nuestros prejuicios.

    Antes que Jess, se present Juan el Bautista predicando: Preparad el camino del

    Seor. Convertos porque ha llegado el Reino de los Cielos. Ya est el hacha puesta a

    la raz de los rboles; y todo rbol que no d buen fruto ser cortado y arrojado al

    fuego. No hay nadie que no necesite conversin. Para que Cristo nazca en nuestro

    corazn, es necesario revisarnos honestamente y reconocer nuestras faltas ante Dios,

    nuestra necesidad de cambio y nuestra necesidad de su autoridad sobre nosotros.

    Para que Cristo nazca Renuncia Walter Turnbull

    Puede haber miles de razones para rechazar a Cristo. En el hombre existe, junto

    con la tendencia a buscar a Dios, la tendencia a rechazarlo. En el fondo de cada uno

    existe una repulsin a aceptar la superioridad de otro y a aceptar su autoridad. Esta se

    manifest claramente en los primeros hombres. Pero hay algunas que son ms

    comunes. Representan el lugar comn del que nos habla el Evangelio, en el cual

    Jos y Mara no pudieron quedarse y Jess no pudo nacer. Estas razones principales

    son: la soberbia, el autoengao, la bsqueda egosta del placer mundano y la dejadez,

    el conformismo. Para que Cristo nazca se necesita humildad, honestidad, renuncia y

    evolucin, afn de logro.

    El ambiente secularizado y materialista en que vivimos nos hace francamente

    renuentes al sacrificio, a la ascesis, a la sobriedad. Incluso entre catlicos convencidos

    es considerado como una mana de antiguos santos excntricos o de msticos

    masoquistas. Quisiramos alcanzar la recompensa en el Cielo despus de haber tenido

    la gratificacin en la Tierra. Y sin embargo, los grandes msticos, comenzando por San

    Pablo nos dicen categricamente: Revestos ms bien del Seor Jesucristo y no os

    preocupis de la carne para satisfacer sus concupiscencias (Rm. 13, 14), y dice

  • tambin: golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los

    dems, resulte yo mismo descalificado (1Co. 9, 27). Y Jess es todava ms tajante

    cuando dice: el que odia su vida en este mundo, la guardar para una vida eterna

    (Jn. 12, 25). Y es un hecho que la enorme mayora de los santos han padecido y

    aceptado una enorme cantidad de sufrimientos y carencias. Sera muy pretencioso de

    nuestra parte asumir que todos ellos estuvieron equivocados y nosotros, 2,000 aos

    despus, finalmente descubrimos la verdadera santidad.

    La realidad nos dice que siempre es necesario renunciar a algo para dar algo al

    necesitado; renunciar a aquel pecado o a aquella relacin que nos aparta de la Gracia;

    renunciar al placer (nunca completo) que me brinda aquel vicio; renunciar un

    misionero al confort y a la seguridad para salir a predicar el Evangelio; renunciar a

    los propios instintos e impulsos para adoptar la conducta ms conveniente; renunciar a

    mi soberana para someterme a la voluntad de Dios: renunciar a mis sentimientos para

    conceder, o pedir, aquel perdn; como Cristo renunci a su condicin Divina para

    salvarnos compartiendo nuestra condicin humana. Los impulsos terrenos, para

    nuestro disgusto, no solo no contribuyen a nuestra superacin espiritual, sino que en la

    mayora de los casos resultan francamente opuestos.

    Qu tentador es descalificar a la Iglesia y a Cristo, asumiendo o inventando

    historias macabras sobre el dinero de la Iglesia o las malas maas de los clrigos y las

    monjas o sobre los muertos a causa de la religin, con tal de no renunciar a nuestros

    placeres, a nuestro estilo de vida, a nuestras irracionales convicciones. Y Ay!

    cuntos hay que por aferrarse a sus placeres prefieren rechazar a Cristo. En el lugar en

    el que Mara puede dar a luz a Cristo, tiene que haber algo de renuncia.

    Para que Cristo nazca

    Afan de superacin Walter Turnbull

    Continuamos hablando sobre la sala comn, en la que Cristo no pudo nacer.

    Representa la postura comn del hombre, la actitud primitiva, lo instintivo, lo natural,

    lo fcil. Representa la soberbia, la autosuficiencia ante Dios; el engaarnos a nosotros

    mismos con razonamientos y pretextos para no buscarlo; el eludir a Dios por

    aferrarnos a nuestros placeres, nuestros privilegios, nuestros vicios, nuestro confort,

    nuestras ideas...; y la dejadez, el conformismo, la abulia.

    Tentacin muy comn en nuestro tiempo es sentir que somos suficientemente

    buenos as como somos; pensar que menos piedad que la nuestra es maldad y ms

    piedad que la nuestra es fanatismo; conformarnos con el nivel de santidad en el que

    estamos. En vez de tratar de superarnos a nosotros mismos en la relacin con Dios,

    preferimos asumir que Cristo vino a poner las cosas fciles, a rebajar los requisitos

    para alcanzar la salvacin. maduro, el actual tirano de Venezuela, est seguro de que

    chvez, anterior tirano de Venezuela y tradicional enemigo del catolicismo, est en el

    cielo y hasta le da instrucciones a Dios. Y sin embargo, cuando Cristo en el Sermn de

    la Montaa dice pero yo les digo, siempre es para elevar el nivel de exigencia.

    Entren por la puerta angosta, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que

    conduce a la ruina, y son muchos los que pasan por l. Pero qu angosta es la puerta

    y qu escabroso el camino que conduce a la salvacin! y qu pocos son los que lo

    encuentran (Mt. 7, 13-14). Y dice tambin: ...el Reino de Dios es cosa que se

    conquista, y los ms decididos son los que se aduean de l (Mt. 11, 11).

    Dice Juan Pablo II en su Carta Apostlica NOVO MILLENNIO INEUNTE: ...si el

    Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios [...] sera un contrasentido

    contentarse con una vida mediocre, vivida segn una tica minimalista y una

    religiosidad superficial. Justamente con lo que nos conformamos la enorme mayora.

  • El Reino de Dios exige no slo un alto nivel de santidad, sino una disposicin de

    evolucin permanente, de conversin diaria. El gran San Pablo, uno de los ms

    grandes santos de la historia, escribe a sus discpulos: ...yo no me creo todava

    calificado, pero una cosa hago: olvido lo que dej atrs y me lanzo a lo que est por

    delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo

    alto en Cristo Jess (Flp. 3, 13-14).

  • Nacimiento

    El nacimiento de Cristo que recordamos en nuestros pesebres es el resultado de

    una serie de contrariedades e injusticias: Un poder humano que ordena un censo con

    la nica y malvola intencin de mejor explotar a sus sometidos, una ley absurda que

    obliga a la gente a empadronarse en su ciudad de origen (como si para pagar

    impuestos no fuera bueno cualquier lugar) sin tener en cuenta los problemas que

    ocasiona a la gente, un parto que llega en el momento ms inoportuno, una carencia

    de medios debida a una situacin econmica limitada, la falta de un espacio adecuado

    en Beln, la falta de habilidad (as debe haberlo sentido l) de San Jos para negociar

    alguna solucin ms satisfactoria... Al final tenemos un parto casi a la intemperie en

    una noche fra como suelen serlo en el desierto, en el lugar ms incmodo e insalubre

    que se pueda imaginar para el nacimiento de un beb. Por qu a m? se

    preguntara San Jos, Por qu no pude conseguir algo mejor? Una situacin

    verdaderamente lamentable. Nosotros, hoy en da, lo celebramos emocionados, llenos

    de reverencia y de ternura.

    Hoy sabemos que esta aparente calamidad no era tal, sino que era la manera de

    Dios de demostrarnos su humildad, el desapego a los bienes materiales y a la

    vanagloria, su predileccin por los pobres y los sencillos. Cristo, aunque fue visitado

    por reyes, quiso nacer entre animales y entre pastores. Las incomodidades de la

    Sagrada Familia eran un germen del sufrimiento redentor de la Pascua. La situacin

    precaria del portal fue para demostrarnos que quien a Dios tiene nada le falta. Hoy

    celebramos porque sabemos que toda esa tragedia llevaba una semilla de salvacin,

    porque en ese destierro Dios nos quiso mostrar su amor hasta el sacrificio.

    Algo as puede pasar en nuestra vida. Para la mayora de los hombres y mujeres

    en este mundo, la vida tiene muchas noches de invierno en el desierto, tal vez

    demasiadas. Pero la presencia de Jess y de Mara las puede entibiar y las puede

    iluminar. Todo puede ser manifestacin del amor de Dios y una invitacin a la

    humildad. San Jos no era un fracasado. Todo tiene un para qu en los designios

    amorosos de Dios. Los pastores encontraron a un nio envuelto en paales acostado

    en un pesebre... y se volvieron glorificando y alabando a Dios.

    Mara, por su parte, [guardaba silencio y] guardaba todas estas cosas y las

    meditaba en su corazn.

  • Fiesta de la Humildad

    En estos tiempos en que la sociedad valora ms que nada la autoestimas y las

    vanidades, la Navidad representa todo lo contrario: es una fiesta de la Humildad.

    He aqu la esclava del Seor, hgase en m segn su palabra, haba dicho Mara

    al ngel el da de la Encarnacin del Verbo de Dios; una respuesta que sonara hasta

    despreciable para nuestra cultura competitiva. Y Dios, en respuesta, se pone en sus

    manos como un nio indefenso, necesitado de todo.

    Dios se haba enamorado de la humildad de Mara: Ha puesto sus ojos en la

    humillacin de su esclava, y ahora me llamarn dichosa todas las generaciones

    porque El Poderoso ha hecho obras grandes en m.

    Siempre habr que recordarlo: Cristo participa de nuestra vida de hombres para

    que nosotros podamos participar de su vida de Dios. l, siendo de condicin divina, no

    retuvo vidamente el ser igual a Dios, sino que se despoj de s mismo, tomando

    condicin de siervo, hacindose semejante a los hombres y apareciendo en su porte

    como hombre; y se humill a s mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de

    cruz (Flp. 2, 6-8). Dios participa de nuestra pequeez para que nosotros podemos

    participar de su grandeza. Y el camino de esa grandeza es precisamente la humildad y

    el servicio: Sabis que los jefes de las naciones las dominan como seores absolutos,

    y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser as entre vosotros, sino que el

    que quiera llegar a ser grande entre vosotros, ser vuestro servidor, y el que quiera

    ser el primero entre vosotros, ser vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo

    del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por

    muchos (Mt. 20, 25- 28). Qu bueno fuera que los gobernantes y los poderosos de

    todo el mundo vieran sus privilegios como una ocasin de servir. Dios, que es el Amo y

    Seor del Universo, es ciertamente quien ms sirve.

    El camino de la redencin y la elevacin del hombre a alturas insospechadas

    empieza por una humillacin y una oportunidad de servicio. Empieza por Jess, Mara y

    Jos: Jess sirviendo al hombre y Mara y Jos sirviendo a Jess.

    Que esta Navidad, al meditar ante el nacimiento, adems de la ternura y la alegra

    que inspira en nosotros este dichoso acontecimiento, sepamos descubrir esa humildad

    y ese servicio del que Dios mismo nos pone la muestra, y podamos pedir como la

    Madre Teresa: Seor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida [...]

    Haznos dignos, Seor, de servir a nuestros hermanos (Madre Teresa de Calcuta).

  • Navidad es participacin

    Hay un himno que sola rezarse durante el Oficio de Lectura de la Liturgia de las

    Horas (no s cundo se descontinu). En la versin clsica del Salterio, que

    afortunadamente se sigue editando, todava aparece. A m me parece hermossimo

    (cuestin de gustos, claro), y describe en forma magistral la indescriptible grandeza

    del misterio de la Encarnacin y la Navidad. Por si ustedes no lo tienen o no lo

    conocen, se los comparto. Ojal que lo disfruten igual que yo.

    Palabra creadora de csmicas grandezas,

    rasgando poderosa la nada del silencio,

    inmenso manantial de mltiples bellezas,

    eterno resplandor del nico misterio.

    Palabra que, hecha luz radiante y creadora,

    estalla en los abismos eternos de la nada,

    llenando los espacios y los tiempos de sonora

    sinfona de ser, de amor y de esperanza.

    Palabra mensajera en alas de los vientos,

    meciendo cariosa las aves en su vuelo,

    llenando las montaas con rtmicos acentos

    de brisas y armonas, de luz, color y ensueos.

    Palabra que en delirio de amor inenarrable,

    al soplo virginal y ardiente de tu Espritu,

    sin dejar un momento de ser Hijo del Padre,

    naciendo de mujer, del hombre se hace hijo.

    Navidad es fiesta, es gloria, es ternura, es encuentro, es compartir, es alegra, es

    convivencia, es oracin... pero es sobre todo participacin. Para que nosotros algn da

    podamos participar de la vida y la felicidad de Dios, Dios, en un delirio de amor

    inenarrable, decide participar de la nuestra. Feliz participacin de la Vida de Dios!

  • El diablo o la Virgen

    Cuando usted se propone montar una pastorela entre aficionados, a nivel

    parroquial o entre vecinos, sin recompensa econmica, slo por el gusto de hacerla...

    el actor ms difcil de conseguir es la que representa a la Virgen.

    Por principio, de la Virgen se espera que sea , si no bonita, al menos agraciadita,

    y que parezca joven. En segunda, su actuacin, aunque sea poca, tiene que ser

    buena, porque todo lo que la Virgen dice es importante. En tercera, casi nadie lo

    quiere hacer. Cuando usted rene un grupo para una pastorela, todos quieren ser el

    diablo, o cuando mucho, pastor. El ngel y la Virgen son la ltima eleccin.

    Hay razones que pueden ser buenas. La Virgen en general, como ya dijimos, sale

    poco y habla poco. Igual que en el Evangelio. Casi no hay parlamentos largos para la

    Virgen. El diablo, en cambio, normalmente tiene parlamentos largos y exigentes,

    propios para el lucimiento personal.

    Pero hay otras razones no tan buenas.

    Sucede que el demonio, a pesar de ser nuestro peor enemigo y querer solamente

    nuestro mal, ejerce una extraa fascinacin sobre nosotros los humanos. Es una

    consecuencia del pecado original. Es esa inclinacin al mal y a ese pasajero placer que

    se obtiene cuando se practica, que la doctrina llama concupiscencia. Los malosos son

    atractivos, digo yo. Y si no que lo digan los jvenes decentes a los que les cuesta un

    chorro de trabajo ligar, o las jvenes decentes que de pronto se enamoran del vividor.

    Dice el finado y maravilloso escritor Jos Luis Martn Descalzo que el deporte ms

    practicado en la actualidad es el de hacernos pasar por ms malos de lo que somos.

    Nos encanta presumir de malos. Y es que, efectivamente, la maldad siempre promete

    un cierto grado de felicidad que para un santo es inaccesible. Promete ms libertad,

    menos lmites, ms variedad de opciones, experiencias ms excitantes, ms recursos

    para alcanzar nuestras metas. Despus de todo, el demonio es el prncipe de este

    mundo. Te dar todos los reinos de la tierra si, postrndote, me adoras (Mt. 4, 8-9).

    En los Salmos hay varias referencias a la tentacin que sienten los buenos de volverse

    malos al ver el xito y el bienestar que acompaa a estos ltimos. La tentacin de ser

    el diablo definitivamente nos llega a casi todos. Y no es que aceptemos abiertamente

    la maldad. Ms bien es una ingenua esperanza de poder servir al diablo y a Dios, de

    poder coquetear con el mal estando casados con el bien, de poder probar el mal y en

    el ltimo minuto soltarlo y cambiar de camino antes de que nos mate.

    Alguna vez le preguntaron creo que a Santo Toms de Aquino qu se necesitaba

    para ser santo. Su respuesta fue: desearlo. Efectivamente, lo primero son las ganas

    de serlo. Si realmente se tienen ganas, Dios pone lo dems. El problema es que, hoy

    en da, nadie tiene ganas. Ahorita nos atrae ms el pecado, estamos en la etapa del

    coqueteo.

    Qu bonito sera que, al menos en esta poca de Adviento y Navidad,

    practicramos el deporte de hacernos los buenos. Que quisiramos ser el ngel o la

    Virgen. Que pudiramos renunciar por un tiempo a ese placercito que el pecado nos

    proporciona. Tal vez el disfrazarnos de Virgen por un rato nos ayude a parecernos un

    poquito ms a ella toda la vida.

    El da ha de llegar en que todos se peleen por ser el ngel o la Virgen. Despus

    de todo, como ya dijimos, su papel es corto, pero es el ms importante.

  • Navidad es renacimiento

    Me llegan varios correos con la triste, preocupante noticia de una pelcula La

    brjula dorada supuestamente para nios, basada en un libro escrito por un

    enemigo de Dios. No un enemigo insignificante como lo somos todos algunas veces

    cuando le volteamos la espalda, no: hablamos de un enemigo declarado, un fantico

    militante del atesmo, que en una triloga de libros termina presentando, como final

    feliz, al hombre matando a Dios para librarse de l.

    Esto, aunque debe preocuparnos y ocuparnos, no debera extraarnos ni tantito.

    La presencia de Dios en el mundo siempre ha provocado intenciones de matarlo. Desde

    el arrebato momentneo de Herodes, hasta el nefasto fenmeno de la ilustracin, la

    masonera o el comunismo con campaas permanentes a nivel internacional. En

    nuestro pas con este fin se han probado balas, leyes, programas educativos... Hoy

    este empeo es como una plaga extendida por el mundo que convive con la

    humanidad y que brota en cualquier momento de cualquier nauseabundo agujero. Hoy

    a Cristo ya no se le puede volver a matar, pero s se puede matar su presencia entre

    nosotros. Es una guerra sin tregua fuera y dentro de cada uno.

    Por eso Cristo deja en el mundo una Madre que pueda seguirlo engendrando

    diariamente. Cristo renace de la Iglesia en cada sacramento, en cada conversin, en

    cada prdica, en cada catequesis, en cada acto de amor, en cada oracin fervorosa.

    Para mantenerse vivo en nosotros, necesita renacer una y otra vez en nuestro

    corazn, en nuestras familias, en nuestros grupos, en nuestras instituciones, en

    nuestras naciones. Por eso la Iglesia nos ofrece la Navidad.

    La Navidad no es simplemente recordar con alegra aquel glorioso momento en

    que Dios se hace nio entre nosotros. Es actualizar el misterio. Es hacernos el

    propsito de que Cristo vuelva a nacer todos los das en el oscuro y sucio portal, en

    nuestras almas pecadoras, en nuestro ambiente corrompido, en nuestro mundo

    secularizado, y que igual que el pesebre se llen de luz y de calor, nuestras vidas y

    nuestro mundo se llenen de la gracia y de la luz de Cristo. No importa lo densas que

    sean las tinieblas o incmodo el lugar. Cristo puede volver a nacer dondequiera que

    Mara es recibida y un Jos acondiciona el pesebre.

  • Una cosa o la otra

    Para m una parte esencial de la Navidad son las pastorelas. Si el Adviento es como

    un compendio de la vida del cristiano, las pastorelas (al menos las buenas) son como

    una representacin de ese compendio. Dios se hace hombre para salvarnos del

    pecado; todos nosotros somos invitados a llegar hasta l para ser beneficiarios de esa

    salvacin; el camino es largo y difcil, y el demonio trata, con obstculos y con

    tentaciones, de impedir que los pastores lleguen hasta el portal, donde est Jess; los

    pastores, si es que se empean, pueden vencer esos obstculos con la ayuda de Dios,

    representada por San Miguel Arcngel... Al final todos, transformados por lo aprendido

    durante el viaje, comparten la compaa de la Sagrada Familia alrededor del pesebre

    en una escena de gozo, armona y gloria, anuncio del cielo.

    Este ao, como en otras ocasiones, me veo involucrado en una pastorela que, a

    reserva de su ms autorizada opinin, hace un buen intento por aportar algo de esta

    buena doctrina al respetable pblico. A m, como participante, todas las escenas me

    parecen maravillosas. Les comparto una:

    El demonio, como siempre, ofrece a los pastores una opcin ms fcil, ms

    divertida, ms tentadora; les ofrece placer, poder, diversin, popularidad, belleza

    fsica... El pastor gua les recuerda su compromiso de llegar al portal. Los pastores

    preguntan al diablo si no pueden ir a Beln y despus pasar a recoger sus regalos.

    De ninguna manera!, contesta el demonio furioso, o escogen una cosa o escogen

    la otra.

    Muy parecida es la situacin del cristiano light del que todos tenemos un poco (o

    un mucho). Quisiramos llegar al cielo con Jess pero antes quisiramos disfrutar del

    mundo y sus engaos. Y la cruda realidad parece ser que no se puede. O se escoge

    una cosa o se escoge la otra. Esta poca de Navidad tambin nos presenta en forma

    concentrada las dos opciones: las posadas y las fiestas con sus desmanes, sus

    excesos, sus dispendios... o la celebracin en familia del misterio de nuestra salvacin,

    con su alegra sencilla, son sus muestras de cario, con sus momentos de devocin,

    con su ocasin de compartir con el que menos tiene, son su acercamiento a Dios hecho

    nio.

    Ojal que escojamos, en esta poca navidea y para siempre, seguir el camino a

    Beln. Y ojal que nos toque ver al menos una buena pastorela.

  • La Navidad nos pide valor

    La historia de la Navidad est llena de actos de valor. Todos ellos ocurridos para

    que Cristo pudiera nacer y reinar.

    Valor de la Virgen Mara, que acepta recibir en su seno y en su vida al Salvador,

    sin reparar en las molestias o problemas que esto le podra acarrear; valor para

    emprender un problemtico viaje para ir a servir a su prima Isabel; valor para

    emprender otro viaje, todava ms difcil, ya a punto de dar a luz, para que el plan de

    Dios se cumpliera y el Redentor naciera en Beln.

    Valor de Jos, que sin importarle los comentarios de la sociedad, recibe a Mara en

    su casa; valor para enfrentar el inconmensurable compromiso que significaba hacerse

    cargo del Hijo de Dios, y de la Madre de Dios; valor para afrontar las sucesivas

    dificultades que este compromiso le iba acarreando: el viaje a Beln, el buscar y

    acondicionar un lugar para el nacimiento del nio, la huda a Egipto y una problemtica

    estancia en aquella tierra ajena...

    Valor de los Santos Reyes para dejar sus cmodos palacios y emprender un viaje

    de bsqueda espiritual lleno de peligros e incomodidades; valor para confiar en una

    estrella, en una luz que slo se poda comprender por la fe; valor para modificar sus

    planes y desafiar la posible furia de Herodes; valor para dedicar el resto de sus vidas a

    llevar a otros la noticia de su hallazgo.

    Tal vez los cristianos de hoy en da tengamos que emplear un poco de valor. Para

    desechar finalmente aquel vicio tanto tiempo arrastrado; para hacer un esfuerzo por

    aumentar nuestras obras de piedad (oracin, sacramentos, sacrificios, servicios,

    lecturas) en este tiempo de crecimiento; para renunciar a ese gusto, ese placer que

    nos resultara nocivo o a ese tiempo o ese dinero que podemos emplear en ayudar al

    necesitado; para recibir con cordialidad o eventualmente perdonar a aquel pariente

    que nos resulta tan molesto; para participar activamente en un acto piadoso como

    puede ser una posada tradicional; para animar a la familia a realizar una oracin ante

    el Nacimiento en la Nochebuena; para andar por ah recordando a compaeros y

    vecinos que el sentido de la Navidad es la celebracin del Nacimiento de nuestro

    Salvador. Y para adoptar una postura de agradecimiento, esperanza, paciencia y

    preparacin ante estos Sagrados Misterios en estos tiempos tan atribulados y

    materialistas.

  • Consejos de un triunfador

    La lectura de San Pablo (Carta a Tito) que nos trae la Misa de la noche de

    Navidad, nos aporta algunas recomendaciones, aparentemente sencillas, como dichas

    de paso por decir cualquier cosa, pero cargadas de enorme sabidura, trascendencia y

    actualidad. Son como un magistral resumen de las principales acciones que todo

    hombre tendra que emprender para hacer de su vida algo significativo y, finalmente,

    alcanzar su destino eterno.

    Renuncien a la vida sin religin. Aunque el hombre es un ser esencialmente

    religioso, la tentacin de la vida sin religin es una eterna constante. Vivir sin

    responsabilidades, sin mandamientos, sin obediencias, sin jerarquas, sin

    compromisos, sin renuncias. Pablo ni siquiera dice: sean piadosos, sino que, consciente

    de lo comn y atractiva que es esta tentacin y ms en estos tiempos en que el

    enemigo ha abarrotado la cultura de pretextos aparentemente razonables, nos invita

    categricamente a renunciar a ella, a la irreligiosidad.

    Vivamos de una manera sobria. No son buenas todas las cosas que Dios ha

    creado? No tenemos los hombres derecho a la felicidad? No tiene el trabajador

    derecho a disfrutar del fruto de su trabajo? No son buenas las aportaciones que ha

    hecho la civilizacin al bienestar humano? Tal vez, pero tambin la bsqueda del

    placer, y sobre todo el placer en exceso, son la herramienta ms utilizada por el

    demonio para alejar a los hombres de Dios, sin contar con los problemas sociales y de

    salud. San Pablo es claro; es mejor la sobriedad.

    Una vida justa. Doctrinas van y doctrinas vienen que tratan de eliminar el

    problema de la injusticia. Con ms insistencia de hace unos siglos para ac, la

    humanidad ha despertado a la inaceptabilidad de este terrible flagelo. Tristemente,

    muchas de estas doctrinas han propuesto alcanzarla la justicia al margen de Dios,

    o incluso haciendo la guerra a Dios, y a travs de instituciones o estrategias que

    intentan soslayar la realidad del pecado y las consecuencias del desempao personal.

    San Pablo ya lo aconsejaba hace muchos siglos, como una accin personal que traera

    enormes beneficios a la vida propia y a la estructura social. Lleven una vida justa cada

    quien.

    Una vida piadosa. Pero es que es necesario practicar una religin para ser bueno?

    Crees que por ser religioso eres mejor que yo? preguntan altaneramente los ateos

    militantes. La cultura moderna nos ha llevado a ver la piedad y la beatera como cosas

    despreciables, conductas de perdedores y de ancianos, aburridas, para amargados...

    San Pablo que lo experiment en su propia vida lo recomienda sin ambages: llevan

    una vida piadosa.

    Y qu alejados de estos consejos se encuentran todos los influyentes en nuestro

    mundo. Polticos, personajes de la farndula, millonarios, deportistas famosos,

    estrellas de los medios, lderes de opinin... los que el mundo llama triunfadores,

    todo el tiempo nos invitan exactamente a lo contrario.

    Qu hacer para mejorar nuestra vida? Por dnde empezar? Quin nos da el

    mejor secreto para la felicidad? Qu cambios deberan ocurrir en mi vida a raz de la

    celebracin de la navidad? Yo, a ojos cerrados, tomara el consejo de San Pablo:

    renunciar a la irreligiosidad y llevar una vida justa, sobria y piadosa. Son consejos de

    un hombre muy sabio, muy experimentado, muy santo... un verdadero triunfador.

  • Algrense siempre en el Seor Walter Turnbull

    El tercer domingo de Adviento est catalogado como el Domingo de la Alegra. El

    Adviento est llamado a ser un tiempo de reflexin, de piedad, de oracin y sin

    embargo, en este domingo, an antes de llegar la fiesta del Nacimiento, la liturgia nos

    invita a la alegra. De hacho, cuando se tienen en la corona velitas moradas y una rosa

    (es decir, una velita rosa), ste es el domingo de prender la rosa. La Iglesia nos quiere

    recordar que este tiempo de reflexin y de piedad se debe finalmente a un suceso de

    gran alegra: el amor de Dios por nosotros y el nacimiento de Dios entre nosotros,

    participando de nuestra vida, para que algn da nosotros podamos participar de la

    suya. El cristianismo, aunque reconoce la debilidad humana y el peligro del mal,

    comporta un mensaje que siempre debe llevarnos a la alegra. Alguna vez escuch a

    un gran predicador afirmar que los cristianos son los nicos que tienen una verdadera

    razn para ser optimistas y estar alegres: saber que el mal no tiene la ltima palabra y

    que Dios tiene un plan de felicidad para nosotros.

    La postura del hombre mundano generalmente se identifica con la alegra, con el

    disfrute de las cosas, con la risa, con la diversin y tiende a relacionar el cristianismo

    con la seriedad, la gravedad, la renuncia, el sacrificio, la ascesis, el sufrimiento

    cuando en realidad la alegra como la pretende el mundo se basa casi siempre en

    frivolidades y en goces limitados y pasajeros, en placeres vanos, y es la amistad con

    Dios, su presencia entre nosotros que recordamos y celebramos en la Navidad que, a

    su vez nos recuerda su amor, la paz que su presencia nos comunica lo nico que nos

    puede dar una alegra plena y permanente. Volver a verlos y se alegrar su corazn

    y su alegra nadie se la podr quitar. (Jn. 16, 22) Los hombres de mundo que han

    tenido la sensatez de convertirse y el valor de reconocerlo, aseguran que su vida antes

    de Cristo era festiva, ruidosa, divertida, pero triste y vaca.

    En las tertulias mundanas parece que se aprecia y se vive el amor al prjimo y la

    convivencia. Incluso, en ciertos ambientes, se logra un buen acercamiento con los

    abrazos, los regalos, los gestos amables, los buenos deseos... y tal vez hasta haya

    algn acto de perdn y de afecto sincero, pero generalmente el mundo nos orilla a

    buscar la felicidad y la alegra sin Dios, solo en el festejo, solo en lo material, solo en la

    convivencia (que en realidad no tiene nada de malo), solo en las cosas terrenas, sin

    detenerse a ver si son buenas o malas y sin ver que son goces que no nos llevan a la

    felicidad plena y eterna, como la que Dios no ofrece a su lado.

    Hoy las lecturas nos vuelven a la realidad: Jerusaln se regocija porque tu

    salvador est en medio de ti, l se goza y se complace en ti, l ha alejado a tu

    enemigo. El Rey de Israel est en medio de ti, no temers ya ningn mal! Juan

    Bautista, que propone valiossimas soluciones humanas, advierte: viene uno que es

    ms fuerte que yo,. Y San Pablo, con relacin a la alegra, nos propone: en toda

    ocasin, presenten a Dios sus peticiones, mediante la oracin y la splica,

    acompaadas de la accin de gracias. Slo l nos puede dar la paz. Y termina

    recordando: Y la paz de Dios, que es mayor de lo que se puede imaginar, les

    guardar sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jess.

    Hoy las lecturas nos vuelven a la verdad: Regocjate, hija de Sin; algrate de

    todo corazn, Jerusaln [] El Seor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que

    salva. (Sofonas 3, 14) Jerusaln tiene motivos para alegrarse porque su Dios est en

    medio de ella y se complace en ella. Juan el Bautista, quien aporta valiossimos

    consejos prcticos para la felicidad del hombre en esta tierra, como sean generosos,

  • sean justos y respetuosos, al final agrega un factor adicional: viene uno que es ms

    fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. l los bautizar

    con el Espritu Santo y fuego. Esta es en realidad la Buena Nueva. San Pablo, aquel

    triunfador en todos los sentidos que llev una vida dursima, en relacin a la alegra,

    nos propone: estn siempre alegres en el Seor; que nada les preocupe, sino que, en

    toda ocasin, en la oracin y splica con accin de gracias, presenten sus peticiones a

    Dios. Y ms adelante aade: Y la paz de dios, que es mayor que lo que se puede

    imaginar, les guardar sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jess.

    Solo Dios nos puede dar la paz. Solo l, con sus salvacin, nos puede brindar el

    gozo completo y la alegra que nadie nos puede quitar.

  • Preparar el Camino Walter Turnbull

    En una lectura de la liturgia del Adviento, encontramos una curiosa alteracin de

    texto: donde Isaas dice: Una voz grita: "En el desierto preparadle un camino al

    Seor, el evangelista pone: Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del

    Seor. Parece un simple cambio de puntuacin, pero el cambio en el significado es

    importante. Se trata de un error en la Escritura, que demostrara que toda la doctrina

    cristiana es un fraude, como a muchos enemigos de Dios les gustara encontrar? En

    realidad no. Ms bien parece un cambio intencional de parte del Espritu Santo que

    inspir a ambos escritores. Sucede que ambas versiones son correctas y necesarias.

    La primera versin, la de Isaas, nos habla de un desierto que hay que

    acondicionar (como detalle chusco, los telogos de la liberacin interpretan que

    tenemos que emparejar la sociedad dispareja, y los amantes de los ovnis entienden

    que tenemos que construir pistas de aterrizaje para naves interplanetarias). El desierto

    es un lugar estril, infecundo, agreste, accidentado... Muy como nuestro mundo actual,

    repleto de obstculos para el establecimiento de la justicia y de la armona o la

    experiencia de la felicidad, o tal vez nuestro propio corazn, en el que hay tambin

    muchos obstculos y hay que acondicionar caminos para que Dios pueda llegar:

    caminos de justicia, de conversin, de piedad, de buena voluntad, de verdad, de amor

    al prjimo. Dios es quien va traer la salvacin, pero es necesario que nosotros

    pongamos algo de nuestra parte. Necesita caminos de acceso que slo nosotros

    podemos construir.

    La segunda versin, la de San Lucas, habla de un desierto en el que hay que

    predicar: un lugar solitario, inhspito, despoblado o poblado por fieras... otra vez, muy

    parecido al mundo actual, tal vez superpoblado y abarrotado, pero en donde nadie

    quiere escuchar ni interesarse por los dems. Cuntas veces parece que los profetas

    predican en el desierto, a odos que no quieren or. Y en esa soledad, ante esa

    indiferencia o incluso hostilidad, el profeta de hoy tiene que anunciar que Dios viene en

    nuestro rescate.

    En un mundo que puede ser el exterior o nuestro propio mundo interior, que nos

    puede parecer perdido, devastado, sin remedio, Dios nos ofrece una esperanza:

    Consuelen a mi pueblo. He aqu que Dios viene como un buen pastor, con su fuerza,

    su salario y su recompensa para cada quien. De hecho su venida ya comenz, y ha de

    completarse en cualquier momento, y nosotros tenemos que preparar su venida. Eso

    es lo que nos viene a recordar el Adviento.

  • Diablo de pastorela Walter Turnbull

    Es tiempo de Adviento y Navidad. Tiempo de posadas y pastorelas cmicas.

    Tiempo de diablos graciosos, pastorelas en las que el diablo aparece como el ganador,

    como el hroe. La inconsciente ilusin del liberal.

    Hace unos das, en un programa cultural, le preguntaban a los entrevistados:

    Dios o el diablo? Uno de ellos hbilmente contest: Los ngeles. La ilusin del

    liberal moderno. No un Dios celoso que compromete, que desafa, que pide mucho

    porque lo da todo. Mejor los ngeles, cndidos y bonachones, seres mgicos a nuestro

    servicio, maquinitas de hacer favores sin exigir nada a cambio. El otro payaso,

    pobre, vivales, ingenuo, ignorante, suicida, farsante? Cun sera el calificativo

    adecuado? se vio ms descarado: No, los ngeles son muy aburridos. Yo prefiero al

    diablo.

    Y en las pastorelas comerciales se refleja este sentir: los diablos son los

    protagonistas. Se roban la obra. Se les dedica casi todo el tiempo, y sus apariciones

    son siempre cmicas, sus respuestas siempre creativas, y hay que ver cmo se

    divierten. Tranquilamente se burlan del ngel que viene a combatirlos y engatusan a

    los pastores a desviarse del camino. El ngel no puede nada contra ellos. El diablo es

    ingenioso, gracioso, poderoso, es un triunfador... Si pierde el diablo es muy al final, en

    un instante fugaz, sin que nadie lo note, sin que se sepa cmo, si es que pierde.

    En la vida real se da una situacin parecida. El mexicano ve en el diablo la parte

    chusca de la vida. El diablo es la chispa, la astucia, la marrullera, la diplomacia, la

    maa, el ingenio, la comicidad, la diversin. Es una herramienta indispensable.

    Prcticamente a l le debemos nuestra supervivencia. Estbamos mejor con la

    corrupcin, dicen algunos. Y as vamos por la vida, dejndonos seducir por el diablo y

    sus tentaciones. Los ngeles son aburridos, el pesebre est incmodo, oscuro y fro.

    El diablo es quien en realidad nos satisface. Ahorita estoy con el diablo. Dios puede

    esperar. Se nos figura que podemos disfrutar lo que el diablo nos ofrece y al final, con

    un golpe de suerte o de manubrio, cambiarnos al buen carril.

    Qu bueno sera que nos diramos cuenta que el demonio es un ser despreciable,

    que ha perdido por su propia decisin cualquier acceso a la felicidad; es el perdedor

    por excelencia; y que quiere arrastrarnos a su desgracia. Que su mayor deseo es

    hacernos eternamente infelices como l lo es.

    Que entendiramos que, por alguna razn que nosotros no podemos entender,

    Dios, en su sabidura infinita y en su designio de amor, ha permitido al diablo mucho

    poder y muchas libertades, pero no tiene en s ningn poder sobre Dios o sobre los

    ngeles. Que al final de los tiempos, o en cualquier momento que sea necesario, los

    ngeles lo volvern a precipitar al infierno sin ninguna dificultad, y entonces veremos

    que fue una psima decisin aliarnos con l por unas migajas de aparente felicidad.

    Hay que enterarse de lo que son las cosas y llamar a las cosas por su nombre.

    Ingenio, astucia, gracia, son parte de la inteligencia que Dios nos ha dado y que

    podemos usar para buscar nuestro bien. El demonio es un ser poderoso que quiere

    nuestra infelicidad eterna, y hacia all nos dirigimos cuando coqueteamos con l.

    Ojal nos tocaran ms pastorelas en las que quedara bien claro.