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  THE END OF SYKES-PICOT Sobre una “comedia” del capitalismo necropolítico contemporáneo Rodrigo Karmy Bolton*  Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez como farsa”.  Karl Marx 1. No es el mundo árabe el que está en guerra civil. Es el mundo el que está en guerra civil en el mundo árabe. El hedor de las bombas no deja de impregnar la zona. Explosiones durante la noche no dejan dormir a sus habitantes. Los desiertos crecen con la magnitud de un instante. Antiguas ciudades vuelven a descubrir su ruina, chatarras dejadas entre calles sin caminantes, tanques desarmados abandonados entre el peso de la arena, poblaciones enteras huyendo hacia horizontes inciertos, instituciones supranacionales declarando sus buenas intenciones por doquier y las potencias imperiales abrazadas en la nostalgia de una “guerra fría” que ya no puede ejerce r su poder de contención para mantener un cierto equilibrio de poder (lo que Carl Schmitt llamó katechón)2. Todo parece escalar sin retorno. Todo semeja estar demasiado volátil. Por eso, no vivimos una reedición de la “guerra fría”. Con toda su atrocidad, esta última parecía ser una simple preparación para una época exe nta de katechón en la que los conflictos se agudizan, se extienden, se normalizan indefinidamente. Donde parece ya no haber “guerras” en el sentido clásico en que los pensadores  modernos la representaron, esto es, como conflicto inter-estatal. Ahora se asoma el conflicto de carácter gestional a escala global. Con fronteras excedidas por su propia porosidad, con flujos de población cada vez más inasibles, con zonas del mundo en las que se promulgan leyes cada vez más racistas, los conflictos asumen el modelo de la e conomía global y ya no el de l a otrora política estatal 3. Estamos en presencia de lo que llamaremos guerra gestional que no se trata de una lucha inter-estatal por los monopolios del capital, sino una lucha trasnacional por la gestión trasnacional por el capital . No se trata de que en otra época aquello no operaba. Pero aún, lo hacía desde la forma política del Estado. Desde la segunda mitad del siglo XX  y sobre todo, desde la arremetida neoliberal desde principios de los años 80  es la economía global la que determina al estado-nacional  y no el estado-nacional a la econom ía global4. No se trata de la eliminación del Estado, sino de una nueva época en la que se circunscribe como un soporte más del despliegue del capital.

The End of Sykes-picot Sociologia

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  • THE END OF SYKES-PICOT

    Sobre una comedia del capitalismo necropoltico contemporneo

    Rodrigo Karmy Bolton*

    Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia

    universal aparecen, como si dijramos, dos veces. Pero se olvid de agregar: una vez como

    tragedia y otra vez como farsa. Karl Marx

    1. No es el mundo rabe el que est en guerra civil. Es el mundo el que est en guerra civil en el mundo rabe. El hedor de las bombas no deja de impregnar la zona. Explosiones durante la noche no dejan dormir a sus habitantes. Los desiertos crecen con la magnitud de un instante. Antiguas ciudades vuelven a descubrir su ruina, chatarras dejadas entre calles sin caminantes, tanques desarmados abandonados entre el peso de la arena, poblaciones enteras huyendo hacia horizontes inciertos, instituciones supranacionales declarando sus buenas intenciones por doquier y las potencias imperiales abrazadas en la nostalgia de una guerra fra que ya no puede ejercer su poder de contencin para mantener un cierto equilibrio de poder (lo que Carl Schmitt llam katechn)2. Todo parece escalar sin retorno. Todo semeja estar demasiado voltil. Por eso, no vivimos una reedicin de la guerra fra. Con toda su atrocidad, esta ltima pareca ser una simple preparacin para una poca exenta de katechn en la que los conflictos se agudizan, se extienden, se normalizan indefinidamente. Donde parece ya no haber guerras en el sentido clsico en que los pensadores modernos la representaron, esto es, como conflicto inter-estatal. Ahora se asoma el conflicto de carcter gestional a escala global. Con fronteras excedidas por su propia porosidad, con flujos de poblacin cada vez ms inasibles, con zonas del mundo en las que se promulgan leyes cada vez ms racistas, los conflictos asumen el modelo de la economa global y ya no el de la otrora poltica estatal3. Estamos en presencia de lo que llamaremos guerra gestional que no se trata de una lucha inter-estatal por los monopolios del capital, sino una lucha trasnacional por la gestin trasnacional por el capital. No se trata de que en otra poca aquello no operaba. Pero an, lo haca desde la forma poltica del Estado. Desde la segunda mitad del siglo XX y sobre todo, desde la arremetida neoliberal desde principios de los aos 80 es la economa global la que determina al estado-nacional y no el estado-nacional a la economa global4. No se trata de la eliminacin del Estado, sino de una nueva poca en la que se circunscribe como un soporte ms del despliegue del capital.

  • As, la soberana experimenta una mutacin decisiva que se caracteriza por estar emancipada de su matriz estatal-nacional y articulada en base al modelo econmico-gestional que, sin embargo, le haba dado lugar desde el siglo XVIII. La mutacin de la soberana, ahora investida directamente en capital, tiene como efecto inmediato la eliminacin permanente de las fronteras trazadas por el nomos estatal-nacional, en favor de la puesta en juego de un nuevo nomos financiero de corte global5. La guerra gestional anuncia la destruccin de la actual divisin del espacio mundial. Y el mundo rabe constituye su metfora que condensa dramticamente la comedia en la que se sume el presente. Una comedia que, perfectamente, podra denominarse con el trmino con el que los palestinos designan su historia, nakba, la catstrofe hecha historia, la historia de la catstrofe como catstrofe de la historia ya no restringida a la historia palestina sino elevada al paradigma a travs del cual contemplamos el presente: el mundo rabe astillado de historia, como la imagen de un vaco que se multiplica y extiende de manera heterotpica a lo largo y ancho del globo, en la que el capitalismo contemporneo deja al descubierto su racionalidad propiamente necropoltica6. 2. The end of Sykes-Picot es el ttulo de un triler expandido en la web por ISIS, el Estado islmico, enigmtica agrupacin surgida como efecto de dos crisis recientes: por un lado, el desmantelamiento del Estado iraqu a manos de las tropas de EEUU que descabez a su intelligentsia (asesinando a profesores universitarios), a su ejrcito (descabezando las filas leales a Saddam Hussein) y a su partido poltico de corte estatal (el partido Baaz, inicialmente pan rabe, posteriormente, un enclave nacionalista); por otro, la captura de las revueltas en Siria desplegadas contra el rgimen de Bashar Al Assad en el ao 2011, en la que la oposicin fue impulsada por el capital saud-norteamericano representado por varios mercenarios de todas partes del mundo, al que se agreg una parte de las tropas desmanteladas del ejrcito iraqu y algunas clulas de Al Qaeda que an quedaban en Irak. Esa convergencia articul un discurso islamista y una oposicin armada, en contra de la oposicin democrtica de los primeros momentos de la revuelta. Pero la doble crisis es, en rigor, una: la definitiva destruccin del viejo nomos estatal-nacional con el que se divida la regin desde los acuerdos francobritnicos de Sykes-Picot en 1916. El triler, curiosamente protagonizado por un chileno que se dio el nombre musulmn de Abu Safiya, capitaliza dicha destruccin en una lectura de la coyuntura poltica en la que el pasado y el presente parecen anudarse en una misma escena: segn nos dice Abu Safiya, hoy asistiramos al final de los acuerdos de Sykes-Picot. Inicialmente firmados en secreto por Georges Picot y el ingls Mark Sykes en 1916, los acuerdos tenan por objetivo el reparto, bajo la figura del mandato, los territorios de Prximo Oriente una vez terminada la Primera Guerra Mundial y derrotado definitivamente el Imperio Turco-Otomano. Los acuerdos se ratificaron en Pars en 1919, cuando Gran Bretaa gana los mandatos en Palestina, Jordania, Golfo Prsico, Egipto, creando asimismo el reino de Irak, mientras Francia ms debilitada polticamente tom el mandato de Siria y el Lbano especficamente. El eje franco-britnico se apropi de la regin, la dividi a su arbitrio y la explot segn sus intereses7. El triler muestra lo siguiente: Abu Safiya, en un perfecto ingls y rabe intercalados, va guiando al espectador en una suerte de tour de la catstrofe, mostrando las ruinas de Irak, esto es, sus antiguas aduanas que delimitaban las fronteras, sus escudos, sus banderas (a las que califica de hereje) y sus diversos edificios pblicos abandonados al polvo del desierto. En medio, Abu Safiya, vestido de una sonrisa permanente en seal de triunfo y con una gorra negra que acompaa a su larga barba, va diciendo: Romperemos todas la barreras, de

  • Irak, de Jordania, de todos (). Y mientras exhibe un gran mapa de las fronteras regionales, aade: Este es un mapa de las fronteras, pero ahora ya no hay ms fronteras. Todo lo que haba dividido Sykes-Picot queda en el suelo. Sykes- Picot est hecho ruinas. Sykes-Picot, segn lo presenta el triler, ha quedado como un vago recuerdo de la opresin sufrida por el mundo rabe. Abu Safiya representa a Sykes-Picot en la bandera iraqu envuelta en polvo y rasgada por el paso de la catstrofe, llamndola de hereje (kufr), calificativo islmico a aquellos que se subsumen en la ignorancia de la idolatra y olvidan de este modo el pacto originario con Dios. El singular personaje termina su alocucin diciendo: No hay nacionalidades, somos todos un solo pas. Las fronteras se diseminan. Se borran como el viento borra las huellas trazadas en la arena del desierto. No existe ms divisin, sino unidad; no hay ya ms ignorancia, sino sabidura, no hay ms idolatra sino piedad. La forma Estado, un falso dolo que obnubil a los rabes por todo un siglo, parece haber dejado el paso al despertar de la comunidad musulmana (la umma). El triler es estratgico, pues capitaliza la destruccin nomstica de la regin en una nica y exclusiva vanguardia: ISIS. Este ltimo, con el auto-proclamado Al Bagdadi como nuevo califa, sera una reedicin del mito islamista, segn el cual el islam de los primeros tiempos habra sido aqul en el que el Profeta Muhammad logr unir a las tribus dispersas en una sola umma. Segn la tradicin islmica, previo a la aparicin del Profeta, el mundo rabe viva la poca de la yahiliyya (la ignorancia). Divididos y adorando a dioses paganos, el Profeta recibi la revelacin divina y uni a los musulmanes en una comunidad tica y religiosa nica. Ms an segn la versin islamista contempornea el islam de los primeros tiempos (y es clave insistir en esos primeros tiempos ya que dan el peso del mito que aqu est en juego) habra sido tan unitario que se habra caracterizado por no mantener la divisin entre fe y vida prctica impuesta por la yahiliyya, sino por reivindicar la unidad tica y poltica: unidad frente a la separacin, origen frente a historia, pureza frente a contaminacin, revelacin frente a ignorancia, el discurso que est en juego en Abu Safiya no es el del islam a secas, sino el de una rama muy singular del islam poltico moderno8. 3. Hasta ahora, los anlisis occidentales de ISIS no han sido certeros. Como es costumbre, el discurso occidental no ha dejado de insistir en su perspectiva orientalista al punto que el propio David Cameron lleg a decir: No son musulmanes, son monstruos. Con ello, la nica respuesta posible fue el bombardeo y la potenciacin de la guerra gestional en contra de la inhumanidad. Como el antiguo derecho internacional anunciado en el viejo Francisco de Vitoria, las potencias occidentales abogan por un humanismo orientado a combatir a los monstruos que obstaculizan el eterno flujo del capital global. En particular, las palabras de Cameron son decisivas, en cuanto lo que est en juego no es la escena del islam que se contrapone intrnsecamente a Occidente, sino ms bien el dispositivo de particin ejercido desde el discurso occidental, entre los buenos musulmanes (aquellos que pertenecen a Amrica, a decir del discurso de Obama hace unos aos en la universidad egipcia de Al Azhar) y los malos musulmanes que, en palabras de Cameron, asumen la informe forma del monstruo. El trabajo de Edward Said mostr que las categoras de Oriente y Occidente no son categoras sustanciales sino geopolticas. Ello implica que la particin orientalista entre Oriente y Occidente produce un espacio especfico: un Oriente que est afuera y un Occidente que est dentro. Como he indicado en otro lugar, el orientalismo no es un simple prejuicio sino un modo de produccin de espacialidad que, tal como ocurre en Carl Schmitt, implica la instauracin de un nomos de la tierra: una apropiacin, divisin y explotacin. Asimismo, tal como

  • ha indicado Giorgio Agamben con la nocin de mquina antropolgica, la particin antropolgica entre lo humano y lo inhumano constituye una decisin poltica de primera magnitud9. Por ello, la particin entre los buenos y los malos musulmanes vendr a producir a la humanidad del ser vivo hombre en el mismo instante de su pronunciamiento. Una humanidad que define al viviente como miembro de una comunidad que habla. La comunidad de los hablantes, que se auto-define como la comunidad humana por excelencia, se contrapondr, entonces, a la de aquellos que supuestamente no lo hacen y que, por ello, debern someterse al cadalso de la inhumanidad10. La comunidad de los hablantes hace de la guerra humanitaria (o lo que aqu llamamos gestional) el conflicto ms deshumanizador, en la medida que el otro aparece no simplemente bajo la figura del enemigo que impugna la legitimidad de un Estado, sino bajo la figura del enemigo de la humanidad o, lo que es igual, de la democracia en cuanto sta define a la comunidad de los hablantes propiamente tal (la comunidad de los que hablan, parlamentan y discuten sin fin). Si la democracia es hoy el trmino que define a la comunidad de los hablantes en el contexto del neoliberalismo global, durante el siglo XIX fue el trmino originado desde el movimiento fisicrata, de civilisation11. Una sustitucin que, sin embargo, ha mantenido la lgica imperial pero que, a la vez, ha impedido que los anlisis sobre ISIS puedan ahondar un poco ms all de su simple condena que, hasta ahora, slo ha llevado como efecto un bombardeo (con drones y mass media) estril que ms parece centrarse en mantener la pequea guerra fra con la influencia rusa en la regin, que en desmantelar a la mentada y monstruosa agrupacin islamista. La pregunta polticamente decisiva sera cmo han podido tener lugar los monstruos de ISIS? Para iniciar una respuesta es preciso ingresar en el discurso que Abu Safiya nos presenta en el triler. Un discurso que est lejos de ser un fenmeno reciente y que, ms bien, es una deriva ms de una serie de reformas que han tenido lugar en los ltimos trescientos aos al interior del islam como un verdadero campo de fuerzas en el que se ha enfrentado la polaridad entre ijtihad (esfuerzo personal de la interpretacin qurnica) el taqlid (la imitacin literal del mensaje divino). Tensin que, desde la aparicin de Abdel Wahab en el siglo XVIII hasta la aparicin del reformismo islmico o salafiyya (salaf: vuelta a las fuentes) de Al Afghani y de Muhamad Abduh entre otros, ha tenido como efecto ms ntido la remocin de viejos lugares de enunciacin12. La restitucin de la ijtihad ha sido el motor que ha permitido trabajar en funcin de articular ciertas prcticas de resistencia durante la progresiva descomposicin del Imperio Turco- Otomano, y luego en la rpida imposicin del colonialismo franco-britnico13. La restitucin de la ijtihad indica que, lejos de la lectura orientalista que subraya el carcter supuestamente esttico apegado a una poca medieval del islam, ste se presenta como una religin dinmica que, por el contrario, tendr tres caractersticas: reponer el trabajo de ijtihad, asumir el carcter histrico de dicha ijtihad (es decir, que la lectura tenga como referencia el momento histrico en que se pronuncia) y dar sentido al fiqh o derecho islmico que, al ser originado desde la ijtihad, se asumir como una respuesta especfica en un momento especfico de la historia por parte de un jurista que, en efecto, habr hecho el esfuerzo hermenutico (ijtihad) para dar dicha respuesta14. La asuncin de la historicidad del texto constituir una de las premisas fundamentales del reformismo que comienza en el siglo XVIII y que abre al islam como parte de la propia deriva moderna a nivel mundial. El reformismo islmico tiene mltiples derivas. Ellas van desde distintas formas del feminismo musulmn presente en Egipto, Arabia Saud, Irn o Marruecos, entre otros lugares, como tambin diversas modalidades del islam

  • poltico que han asumido para su trabajo la forma moderna del partido y se han posicionado como una vanguardia poltica orientada a desplegar una lucha anticolonial. No se puede, por tanto, identificar a ISIS como su nica forma, sino ms bien, lo que una vez tuvo el talante de la tragedia de la salafiyya desde principios del siglo XVIII y el siglo XIX, encuentra en ISIS su vuelco en la forma de la comedia. ISIS sera la salafiyya en su versin cmica. La pregunta, entonces, debemos contestarla situando tres momentos decisivos en que el discurso de la salafiyya asumi, bsicamente, tres formas histricamente diversas: en primer lugar, la invencin de la salafiyya bajo el alero de AbdelWahab y la potencia histrico-poltica que ello gener en el pequeo emirato que no era ms que un simple oasis, y que un tiempo ms tarde se llamar Arabia Saud; en segundo lugar, la articulacin secular paralela a la de la salafiyya, constituida a travs del discurso nacional-popular rabe que abogaba por la unidad pan-rabe desde la figura egipcia de Gamal Abdel Nasser desde los aos 50 (pero que se retrotrae desde principios del siglo XIX) y, finalmente, la apuesta del panrabe e islmica a travs de las revuelas del 2011 cuya apelacin a la unidad ser invertida por ISIS como una nueva revuelta que, en la forma de una comedia, se apropiar del vaco dejado por el desmantelamiento del Estado y por el aplastamiento de las revueltas. Como se advertir, en los tres momentos se abogar por la unidad inter-rabe en contra de la razn imperial. En primer lugar, se tiende a decir que el wahabismo es un discurso reaccionario que exporta el terrorismo y alimenta a sectas como Al Qaeda. Ello es cierto slo si prescindimos de una perspectiva histrica. Desde la primera mitad del siglo XVIII, un pequeo emirato de Arabia conoci una reforma religiosa que tuvo, a la vez, el carcter de una verdadera revolucin poltica15. En efecto, frente al islam oficial del Imperio Turco-Otomano, Abdel-Wahab elabora una reforma religiosa que dar origen a uno de los primeros nacionalismos rabes: la salafiyya. Con ella, se promueve la vuelta a las fuentes del texto sagrado, pero siempre apelando a su historicidad en el presente. Gracias a dicho gesto, el wahabismo articul un mensaje de unidad para todos los musulmanes abogando por el principio del tawhid, que prodiga una economa de la revelacin divina, al afirmar que para ser musulmn no hay ms que creer en esta frmula: no hay ms que Dios y Muhammad es su Profeta. Las diferencias sectarias se anulan, la diversas encuentra un lugar claro y preciso. Se puede ser musulmn de diferentes maneras, pues para ello slo basta con reivindicar el principio del tawhid. Al proclamar la unidad de los musulmanes, Abdel Wahab produjo una revolucin poltica: aboli el impuesto de produccin agrcola del emirato y lo reemplaz por los ingresos de la guerra hacia otros emiratos (yihad) en favor de su unidad. Con ello, la reforma religiosa de Abdel Wahab liber los obstculos jurdico-religiosos a las fuerzas productivas y posibilit as, la articulacin de un nacionalismo rabe desde el discurso islmico. En tan slo 30 aos, al dejar de exigir el impuesto interior y lanzarse de esta manera a las guerras de conquista, el pequeo emirato liderado polticamente por la familia Saud y religiosamente estando en manos de Abdel-Wahab, conquist Irak y Siria, Bahrein y Omn, hasta que en 1808 los ejrcitos saudes controlaron 4000 kms cuadrados16. Lo que nos interesa de esta pequea historia es que ya a principios del siglo XVIII tenemos una de las primeras versiones del nacionalismo rabe en base a un discurso islmico que abogaba por la unidad de los musulmanes y que se expresaba en la conquista territorial de un vasto territorio que, ms tarde, la administracin britnica terminar por reducir al mapa con el que se conoce la actual Arabia Saudita. En segundo lugar, 1952 constituye una fecha clave en Egipto ya que irrumpe

  • un acontecimiento que tendr enormes consecuencias histricas. Un grupo de oficiales ejecuta un Golpe de Estado contra la monarqua egipcia impuesta por Gran Bretaa. En 1957 se celebran las primeras elecciones en las que se refrenda el poder a los Oficiales Libres liderados por un joven Gamal Abdel Nasser. El discurso protagnico es el nacional-popular. Un discurso que denunciaba el imperialismo e hizo que, desde un punto de vista geopoltico, Egipto se aliara a la rbita sovitica. Asimismo, Egipto elev el discurso panrabe exhortando a todos los rabes (no musulmanes que en sus diversas agrupaciones polticas eran dramticamente reprimidos) a la liberacin del tercer mundo. Se trata de ser solidarios con la causa palestina (de hecho, hasta ese minuto an se poda hablar de conflicto rabe-israel), de ejercer reformas modernizadoras al Estado como por ejemplo la reforma agraria, una reforma del sistema electoral y una industrializacin, factores que desmantelaron el viejo sistema de clases: El socialismo rabe escribe Margot Badran de los aos 60 exiga la igualdad social y de justicia para todos los ciudadanos y deseaba la unidad panrabe y una mayor solidaridad afro-asitica.17 En tanto, el nuevo rgimen present su discurso en la Carta Nacional de 1962, en la que se acentuaba el arabismo en la lengua, la cultura y los lazos panrabes, as como tambin explicitaba la igualdad de derechos de la mujer (tal como el islam clsico lo haba hace tanto tiempo). Como ha visto Samir Amin, no se puede entender la revolucin de los Oficiales Libres sin comprender que en ella desembocan una multiplicidad de luchas sociales y polticas que tienen lugar desde comienzos del siglo XIX frente al Imperio Turco-Otomano primero y luego, a principios del XX, contra el mandato britnico, cuestin que desembocar en la declaracin de independencia de 1922, pero tambin, en la posterior articulacin de los jvenes oficiales que, elevando el discurso nacional-popular, proyectan a Egipto como la vanguardia de la liberacin de los pueblos y, en particular, de los pueblos rabes. Sin embargo, este proyecto se vio truncado desde 1967 en adelante, pues la guerra de los 6 das contra Israel tuvo el efecto poltico de deslegitimar al discurso panrabe desplegado desde el socialismo egipcio. Una deslegitimacin que le cost cara a Egipto que una dcada ms tarde se vio firmando acuerdos de Paz con Israel, al tiempo que, una vez fallecido Nasser, Sadat introdujo reforma neoliberales (infitah) y se aline geopolticamente a la rbita de los EEUU. El sueo de la unidad ha estado histricamente presente en los dos discursos ms importantes de la poltica rabe: por un lado, en el discurso islamistaconfesional apuntalado inicialmente desde la salafiyya, con Arabia Saudita a la cabeza, y por otro, el secularista o nacionalista, impulsado desde principios del siglo XIX por un discurso nacional-popular bajo la figura de Muhamad Ali (1818) y cuyo proceso de rebelin desembocar un siglo ms tarde en la revolucin de los Oficiales Libres de 1952, en la que Egipto se proyectar como su vanguardia ms decisiva. El sueo de la unidad es el sueo anti-imperial de una modernidad rabe en la que ambos discursos, el de la salafiyya y el del nacional-populismo, dieron curso, no obstante su dramtica pugna regional y local, por hegemonizar el aparato del Estado. El sueo que sigue convocando a los pueblos rabes y que, en la actual destruccin del nomos de Sykes-Picot, ha tenido dos expresiones clave: la primera fueron las revueltas rabes del ao 2011 que constituyen una potencia destituyente cuya accin tiene lugar como revocacin del poder; la segunda, como una verdadera inversin de las propias revueltas (inversin en el doble sentido de girar y de invertir en sentido capitalista), habra sido ISIS. Las revueltas rabes se articularon como una potencia comn, sustrada de toda divisin sectaria. ISIS, en cambio, se constituye a partir de una soberana sectaria muy especfica; las revueltas se presentaron como un verdadero poder destituyente

  • orientado nica y exclusivamente a la revocacin del poder instituido18. ISIS se reinscribe en la lgica del Estado, plantendose como un poder fundador o, si se quiere, soberano. Las revueltas exigieron tres cosas19: fin al sistema econmico neoliberal y por tanto, apostaron a las reformas sociales; fin a la relacin egipcia con Israel y los EEUU y, a nivel poltico, fin al autoritarismo de un Estado hipertrfico20. ISIS se anuda desde la lgica neoliberal global (a travs del petrleo), reivindica un anti-imperialismo pero de carcter sectario y perpeta el autoritarismo policial-militar que ha caracterizado a los Estados rabes. De esta manera, con las revueltas rabes en retirada aunque no muertas ISIS ha copado su espacio, vehiculizando as, con la frmula the end of sykes-picot, el histrico sueo rabemusulmn de la emancipacin. 4. ISIS no puede analizarse fuera de la historia a la que pertenece. No basta condenar su fundamentalismo, ni menos esencializar al islam intentando encontrar la respuesta a la violencia de ISIS en el Qurn, y suponiendo as que el islam sera una religin esttica que se ha mantenido intacta desde la poca medieval (como si lo que llamamos poca medieval fuera, en efecto, una poca oscura) y sobre todo homognea, esto es, que carece de una dinmica interna, de transformaciones histricas y de diferencias que pugnan consigo mismas. Como hemos revisado brevemente, el islam no es una religin esttica sino dinmica, no est pegada a una cierta poca medieval, sino que ha sufrido procesos internos de modernizacin, y menos an es homognea, sino que mantiene y siempre fue as tambin en la poca del islam clsico una tensin interna en la que se cruzan diversos discursos (sufes, telogos, filsofos y juristas entre los ms importantes, a los que hoy habra que agregar las diversas formas del discurso feminista). Ante todo, una analtica del poder en torno a ISIS ha de ingresar a la materialidad de su proceder y muestra su capacidad por capitalizar el sueo rabemusulmn de la emancipacin, ponindolo a jugar en una clave necropoltica de carcter espectacular: la vocacin exterminadora con la que opera va de la mano con su capacidad de estetizar espectacularmente los cuerpos que descabeza. Juega a las exhibiciones globales a travs de los mass media, tambin globales. Su manejo meditico es muy superior a lo que fue Saddam Hussein y a lo que fue, a su vez, Osama Bin Laden con Al Qaeda, porque en cada uno de ellos se articulaba una concepcin muy precisa de la guerra, del mundo y del presente. Para Saddam, la guerra es una guerra clsica de liberacin nacional en la que el ejrcito, la poltica y el Estado se movilizaban contra un enemigo imperial que adoptaba un carcter externo. Ya sea en su guerra prrica contra Irn o luego en la guerra del golfo de 1991, Saddam concibe al mundo rabe como un espacio inter- estatal que originalmente poda emanciparse desde el panarabismo, pero que posteriormente restringi dicha esperanza al mbito exclusivamente nacional. El presente para Saddam es, sin embargo, el de un mundo que se articula desde la guerra fra y que ya en 1991, a pesar de todos sus esfuerzos y su retrica, simplemente no existe. El caso de Osama Bin Laden es diferente su concepcin de la guerra ya no considera la liberacin nacional, sino que apela al panislamismo como un viejo discurso (proveniente desde Abdel-Wahab), que en determinados momentos adoptar nuevas fuerzas. Pero si el discurso de Abdel-Wahab se proyect en funcin de la construccin de un Estado (el Estado saud), Bin Laden orientar su promesa de liberar a los pueblos rabe-musulmanes de la opresin estatal-nacional porque, segn dicho discurso, los gobiernos rabes son corruptos y se han subsumido en la ms feroz de las dictaduras. El mundo rabe ya no es para Bin Laden un espacio inter-estatal, sino un conjunto de redes de poder en el

  • que puede tener lugar la infiltracin de Al Qaeda para aterrorizar a la poblacin y reclutarla en favor de la causa panislmica. As, para Bin Laden el presente es, el de una nueva poca en la lucha anti-imperialista que lleva consigo la forma de red y que concibe a los EEUU (su antiguo financista y amigo en Afganistn) como un poder unipolar. Finalmente, para ISIS, la guerra no remite ni al paradigma de la liberacin nacional, ni exclusivamente al de la red, sino al de una guerra gestional de carcter meditico que opera a escala global. Si se comparan las producciones de Bin Laden con las de ISIS se percibir inmediatamente la diferencia, ya que estos ltimos asumen una esttica espectacular, configuran trilers y no simplemente mensajes con el lder arengando. No es la guerrilla la que hace espectculo (Bin Laden y los atentados a las Torres Gemelas), sino el espectculo el que configura a toda accin blica. Se trata no simplemente de una red, sino de la fundacin de un nuevo Estado que ilusoriamente vendra a cumplir el sueo trunco de todos los rabes-musulmanes durante los ltimos cuatro siglos. Para ISIS, el mundo rabe no es concebido como una zona inter-estatal o una orientada en funcin de diversas redes que resisten y se desplazan en los intersticios del sistema estatal mundial, sino una zona de excepcin permanente, un vaco, una zona que exhibe las ruinas de otro mundo; en suma, una zona enteramente destruida, que se presta a fundar un nuevo orden regional. ISIS funciona, ante todo, como una empresa trasnacional. Ms bien, es una empresa trasnacional. Sus reclutas provienen de distintas partes del globo (Francia, Siria, frica, Chile, Irak, etc.) y su modo de gestin blica consiste en la conquista de espacios econmicos (los pozos petroleros), en funcin de su venta clandestina a los mismos pases rabes que se han unido en su contra21. En este sentido, tal como ocurre con el narco mexicano, ISIS es la vanguardia capitalista del mundo rabe-islmico, cuyo crecimiento capitalista va en directa relacin con la capacidad de exterminar a poblaciones enteras y as poner en juego un capitalismo necropoltico en toda la regin. Pero ISIS es tambin un sntoma, el de unas revueltas rabes que han retrocedido por la renovacin del pacto de las lites rabes con los intereses imperiales y que hoy encuentran en ISIS su reverso mortfero. Ms an, es el sntoma de una crisis mayor que no deja de temblar en el mundo rabe: la crisis del Estado rabe que extiende su arco desde Sykes-Picot hasta ISIS. En efecto, the end of Sykes-Picot significa, ante todo, el prolegmeno del final del Estado-Nacin de corte europeo y, con ello, el final de un orden que, en el mundo rabe, perdur desde Sykes-Picot en 1916 (con la definitiva cada del Imperio Turco-Otomano) hasta nuestros das. The end of sykes-picot es el desmantelamiento general del Estado rabe: Egipto con la cooptacin norteamericana de su ejrcito despus de su derrota de 1967 con Israel y la firma de los acuerdos de paz durante los aos 70; Irak con la escalada de destruccin con la guerra con Irn en los aos 80, y luego las progresivas incursiones imperiales hasta la del 2003 y el asesinato de Saddam; Siria con el aislamiento de un rgimen feroz cuyo apoyo con Rusia le ha permitido sobrevivir en medio de la incursin saud-norteamericana de pertrechos, reclutas y finanzas. Tres pases que tuvieron un decisivo rol en la apuesta del socialismo rabe durante el siglo XX, nos dan el cuadro general del proceso de desmantelamiento, instigado una y otra vez por la continua intervencin imperial y su poltica de apoyo tctico a uno u otro gobernante rabe para consolidar el dominio imperial a nivel regional. Pero la crisis del Estado rabe es tambin el de una colisin subterrnea que, quizs, se habra dado entre la otrora estructura poltica del millet sobre la que se fund el Imperio Turco-Otomano que favoreca el multiconfesionalismo y sus respectivas autonomas, y la nueva estructura del Estado-nacin moderno

  • que, al tener un carcter uni-nacional, favoreci una y otra vez la etnificacin de los conflictos: () el sistema de la millet escribe Giorgio Vercellin pona el nfasis en la universalidad de la fe islmica superando las diferencias tnicolingsticas sin, por otra parte, destruirlas; es ms, garantizando a las distintas comunidades su propia vida cultural, religiosa y tambin, en parte, econmica. En suma, la millet proporcionaba a los no-musulmanes, a la vez, un sentido de pertenencia universal y de afiliacin local ()22. La colisin se habra dado entre la forma de vida legada por el millet y la forma poltica del Estado moderno, la primera posibilitaba la convivencia de la multiplicidad de la millah y la segunda, la uniformizacin de la homogeneidad de la nacin23. El efecto inmediato de ello habra sido el aplastamiento de la multiplicidad legada por el millet y la configuracin del Estado rabe en funcin del dominio por una oligarqua tnica en particular24. As, la crisis que el Estado rabe llevaba en su seno, quizs, pueda traducirse en la siguiente frmula: un millet sin imperio y un Estado sin nacin25. Cuando Abu Safiya canta el fin del Estado-nacin, despidindole alegremente, est ejerciendo un gesto cmico, tal como Hegel caracteriza a la comedia respecto de la huida de los dioses griegos (los Estados rabes). ISIS, con su necropoltica espectacularizante es la sustraccin de la mscara. Una sustraccin que, no de manera casual, coincide con la vocacin de transparencia por la que aboga la democracia neoliberal contempornea. Que el gesto de ISIS coincida con dicha forma de democracia muestra el nudo de su complicidad, el punto en que el primero no es ms que la modalidad necropoltica de la segunda. ISIS es la despedida alegre de los dioses que habitaron un desierto (los Estados) y el sntoma de que de ellos no queda ms que ruinas. Todo el proceso nos ha llevado a una sola conclusin: ISIS es la comedia del islam, la inversin de la revuelta aplastada en las calles, la poltica volcada sobre su reverso mortal.

    Eplogo: Palestina Cuatro nios en Gaza que jugaban en la playa son atravesados por un misil, diputados israeles llaman a matar a todas las madres palestinas y el presidente israel Rivlin reconoce que Israel vive un momento de racismo. La violencia sectaria no es privativa de las agrupaciones musulmanas como ISIS. Tambin proviene del Estado de Israel que durante este ao protagoniz una de las descarnadas campaas de bombardeo contra Gaza, una pequea localidad bloqueada por elmar (los buques y aviones israeles destruyen cualquier intento de los pescadores artesanales gazates de pescar en el marco de las 3 a 6 millas nuticas), por la tierra (desde el ao 2003 Israel ha construido un muro de apartheid que divide pueblos, hogares y sustrae los recursos naturales en favor de Israel y en contra de los poblados palestinos. Dicho muro ha sido condenado como ilegal por el Tribunal de la Haya) y por el cielo (dado que la frgil administracin palestina representada por Hams carece de aeropuerto). Por su parte, Netanyahu ordena bombardear incansablemente Gaza para escindir el posible gobierno de unidad entre Hams y Fatah en la conformacin de la Autoridad Nacional Palestina, aplicar la alianza de seguridad entre Egipto y Arabia Saudita contra Hams como agencia de la Hermandad Musulmana en Palestina y hacer lo imposible para apropiarse de los pozos de gas hallados en la zona de Gaza e impedir que la frgil economa palestina tenga acceso a ellos. El capitalismo necropoltico del que es parte ISIS compromete, ante todo, a Israel. Pero la historia aqu no es nueva. Se inscribe en una historia de colonizacin que toma la posta de la colonizacin inglesa, pero que la articula en base a las formas de colonizacin norteamericana en la que la segregacin impuesta se adhiere a una poltica general de exterminio26. Desde 1948 los palestinos le

  • llaman nakba a una catstrofe que se alimenta de tres modulaciones que estn actualmente vigentes y que coexisten en el horizonte general del exterminio que define a la nakba: la expulsin (1948), la ocupacin (1967) y el apartheid (2003) a causa del racismo impuesto por el Estado de Israel desde el momento de su fundacin. La propia historiografa israel de principios de los aos 80 ha aprendido de la memoria e historiografa palestinas, situando a la nakba como paradigma historiogrfico en la forma de lo que Ilan Papp llama la limpieza tnica de palestina iniciada brutalmente en 1947-194827. En este sentido, jams habra que olvidar que no existe el conflicto palestino-israel como si ste fuera un conflicto entre entidades estatales equivalentes (tal como se concibe la guerra a nivel jurdico), sino que el problema habra que redefinirlo en la forma de un conflicto colonial-israel. La ltima incursin israel en Gaza no slo muestra que Gaza con o sin bombardeos fue convertida en un verdadero campo de concentracin a tajo abierto, sino que tambin Israel exhibe sus formas de dominacin como la ltima Sudfrica del siglo XXI. Mientras el Estado israel insista en declararse un Estado judo seguir manteniendo su poltica racial, e impidiendo as, la puesta en juego de un solo Estado democrtico bi o pluri-nacional, como lo propuso desde principios del siglo XX el movimiento nacional palestino. Hoy la apuesta de los dos Estados est muerta, a pesar de su rimbombancia meditica. Y lo est porque resulta imposible crear un Estado palestino con el 22% de la Palestina histrica en la que Cisjordania y Gaza se mantengan divididas. Porque lo que est en juego aqu no es simplemente el cumplimiento o no del derecho internacional, sino la posibilidad cierta de un vivir-juntos ms all del humanismo racista europeo sobre el que se bas el colonialismo sionista del Estado israel. Un vivirjuntos que pueda imaginar otras formas de vida que ya el movimiento nacional palestino de principios de siglo plante en la figura de un Estado bi-nacional, laico y democrtico.

    NOTAS

    1 The end of Sykes-Picot es el ttulo del triler de ISIS que vamos a comentar en la siguiente comunicacin. Esta es su direccin: https://www.youtube.com/watch?v=FWHn96DXRDE * Universidad de Chile. 2 Carl Schmitt, El nomos de la tierra, Buenos Aires, Ed. Struhart y Ca, 2005.

    3 Remitmonos a Ferguson en los EEUU, a Palestina en Prximo Oriente y, por cierto, a las polticas migratorias de EEUU y de Europa. 4 Michel Foucault, El nacimiento de la biopoltica, Buenos Aires, Ed. Fondo de Cultura Econmica, 2006. 5 Sergio Villalobos-Ruminott Soberanas en suspenso. Imaginacin y violencia en Amrica Latina, Santiago de Chile, Ed. Cebra, 2014. 6 Achille Mbembe. Necropoltica / Sobre el gobierno privado indirecto, Santa Cruz de Tenerife, 2011.

    7 Sigo aqu la distincin propuesta por Carl Schmitt entre apropiacin, divisin y explotacin del espacio, en sus textos de los aos 50. Vase Tierra y Mar, El nomos de la tierra y Apropiacin,

  • Particin, apacentamiento. En: Carl Schmitt, El nomos de la tierra. En el derecho de gentes del ius Publicum Europeaum, Buenos Aires, Ed. Struhart y Ca, 2005.

    8 En su texto Islam poltico, el socilogo Nazih Ayubi propone la siguiente tesis que aqu suscribimos: el islam poltico contemporneo habra invertido la frmula del islam clsico, es decir, si este ltimo haca depender a la religin del poder poltico, el islam poltico har depender al poder poltico de la religin. Ello porque los islamistas tendran el mito de que durante los primeros tiempos el islam era una religin propiamente poltico-militar. La tesis ayubiana nos plantea cmo dicho mito habra sido extrado de la historiografa orientalista decimonnica. As, la vuelta a los orgenes sera una operacin del todo paradjica, toda vez que el modelo con el que el islam poltico actual inventa su mito sera ya un modelo orientalista de carcter europeo. Nazih Ayubi, El islam poltico, Barcelona, Ed. Bellaterra, 1996.

    9 Agamben, Giorgio, Lo abierto. Ed. Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2005. 10 Karmy, Rodrigo, Palestina o la inquietud de los hablantes. En: Revista Actuel Marx, en prensa. 11 Karmy, Rodrigo, El nomos de la civilizacin.

    12 Massimo Campanini escribe: Por Salafiyya, trmino que remite a la poca perfecta de los antiguos (los salaf), se entiende la tendencia a islamizar la modernidad a travs de la purificacin de los fundamentos de la religin y su aplicacin al presente que implica, asimismo, el reconocimiento del valor de la misma modernidad, pero tambin la aspiracin concomitante de superarlo. En: Campanini, Massimo, Islam y poltica, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 2003, pp. 182-183. 13 Esposito, John, Pasado y presente de las comunidades musulmanas, p. 181. 14 Tariq, Ramadan, El reformismo musulmn. Desde sus orgenes hasta los Hermanos Musulmanes, pp. 95-96.

    15 Menoret, Pascal, Arabia Saudita, el reino de las ficciones. Ed. Bellaterra, 2004.

    16 dem. 17 Margot Badran, Feminismo musulmn, Valencia, Ed. Ctedra, 2012, p. 64.

    18 Giorgio Agamben, Luso dei corpi, Vicenza, Ed. Neri Pozza, 2014. 19 Samir Amin, Primavera rabe? El mundo rabe en la larga duracin. Espaa, Ed. Viejo Topo, 2012. 20 Nazih Ayubi, Poltica y sociedad en Oriente Prximo. La hipertrofia del estado rabe. Barcelona, Ed. Bellaterra, 2000.

    21 Peter Harling escribe: En un lapso de dos aos, el Estado islmico no slo floreci sino que se fue difundiendo por todos lados, hasta invadir grandes ciudades como Raqqa, Faluya y Mosul. En: Peter Harling, Violencia y complejidad del Estado islmico. En: Estado islmico. Las frgiles fronteras del Medio Oriente. Ed. Le Monde Diplomatique, Santiago de Chile, 2014, p. 18.

    22 Giorgio Vercellin, Barcelona, Ed. Bellaterra, 2003, pp. 57-58. 23 En rabe, el trmino millah remite a las costumbres de un pueblo, pero se traduce comnmente como religin. Si bien no est mal dicha traduccin, es necesario notar que la religin no designa aqu sino a las comunidades culturales, o, si se quiere, a formas de vida que tienen un carcter particular. El trmino millah (que da origen a la institucin turca-otomana de los millet) se distingue de din, trmino que designa al islam como revelacin ltima y que remite no a la particularidad de las formas culturales, sino a un mensaje universal. 24 Kamal Cumsille, La primavera rabe: el Estado, el secularismo y el sectarismo. En: Revista Hoja de Ruta, Ed. Nmero 42, marzo de 2013: http://www.hojaderuta.org/ver_articulos.php?id_ texto=740&id_revista=55.

  • 25 Gema Martn Muoz, El Estado rabe. Barcelona, Ed. Bellaterra, 2003.

    26 Gilles Deleuze, Los indios de Palestina. En: Gilles, Deleuze, Dos regmenes de locos. Ed. Pre-textos, Valencia, 2008. 27 Iln Papp.