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    EL PERSONAJE. MOURELLE DE LA RA

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    Eran poco ms de las once de la ma-ana cuando un temible caonazo impact en el alczar del Conde de Regla y, literalmente, parti en dos a su insignia, el general conde de

    Amblimont, hiriendo de gravedad a su co-mandante, el brigadier Jernimo Bravo. Tras el desconcierto inicial, la embarcacin con 112 caones y 801 hombres a bordo que-d a las rdenes del teniente de navo Fran-cisco Antonio Mourelle de la Ra, un audaz marino corus con 25 aos de experiencia a sus espaldas. La bitcora del navo tena apuntada en su ltima pgina la fecha del 14 de febrero de 1797. Acababa de comenzar la batalla del cabo de San Vicente, de desastro-so desenlace para nuestra Armada.

    Aunque la superioridad numrica era muy favorable para Espaa 24 navos de lnea y 11 fragatas, frente a 15 navos de lnea, 4 fragatas y dos balandros del lado enemigo, los britnicos sorprendieron a la flota espaola desorganizada y con una formacin desastrosa, lo que hizo trizas la ventaja matemtica.

    A pesar de la situacin desfavorable, Mourelle de la Ra, convertido inespera-damente en el oficial al mando del Regla,

    Pocos hombres de mar alcanzaron los logros de este gallego que surc los ocanos durante la mayor parte de su vida: de audaz explorador en las aguas del Pacfico tanto en la fra Alaska como en la clida Polinesia, pas a combatir con valor a los buques enemigos, ya fueran britnicos o franceses, que navegaban junto al Estrecho de Gibraltar. Una vida de xitos que ha permanecido injustamente ignorada.

    Por: Javier Garca Blanco

    consigui sobresalir en la batalla, aunque en un primer momento soport junto a su compaero Prncipe de Asturias un dursi-mo fuego de caones procedente de siete navos ingleses. Algunas horas despus y ya ms organizados tras el caos inicial am-bos navos acudieron al auxilio del Santsima Trinidad, buque insignia de la flota espao-la, que de no ser por la accin del Infante Don Pelayo y la posterior ayuda del Regla y del Prncipe, estaba ya dispuesto a rendirse, pues incluso haba arriado la bandera. La lle-gada de los navos espaoles puso en reti-rada a los ingleses que hostigaban al buque insignia, una proeza que sera recordada du-rante el posterior consejo de guerra.

    Aquel episodio notable era sin embargo slo un rengln ms en la brillante hoja de servicios de Francisco Antonio Mourelle de la Ra, cuyos logros eran bien conocidos por los ingleses desde aos atrs, aunque no por sus hazaas militares, sino por su gran aportacin explorando las aguas ms sep-tentrionales del Pacfico

    Un corUS en laS coSTaS De alaSKaNacido en junio de 1750, Mourelle haba ve-nido al mundo en el seno de una humilde

    familia de la aldea de Corme, en la regin de la Costa da Morte (A Corua). En aque-lla tierra de aguerridos hombres de mar, frecuente escenario de terribles naufragios, el pequeo Francisco Antonio no tard en sentir la vocacin marinera. De hecho, su-maba apenas trece aos cuando ingres en la Academia de Pilotos de Ferrol la precaria economa familiar no alcanzaba para costear su acceso a la Real Compaa de Guardia-marinas de Cdiz, en el ao 1763. Aquel jo-vencsimo Mourelle sobresali con rapidez, pues cinco aos ms tarde obtuvo el ttulo de piloto y en 1772 se hallaba ya cruzando las aguas del Atlntico a bordo de la corbeta Dolores, ejerciendo como segundo piloto, en direccin a isla Trinidad.

    Su primer destino de importancia, sin em-bargo, no lleg hasta tres aos ms tarde, cuando en enero de 1775 fue destinado ya como primer piloto al puerto de San Blas de Nayarit, en Nueva Espaa. Poco despus de llegar all se embarc en su primera misin: la expedicin de Bruno de Heceta para explorar las costas al norte de la Baja California. El ao anterior, el mallorqun Juan Jos Prez haba partido desde ese mismo puerto con la mi-sin de alcanzar los 60 de latitud norte para

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    Mourelle de La Ra, el almirante olvidado

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    establecer posesiones espaolas y reafirmar el dominio de la Corona ante el avance de los exploradores rusos y britnicos. Prez y sus hombres, a bordo de la fragata Santiago, llegaron a contactar con los indios haida, aun-que slo consiguieron explorar hasta los 54 norte, pues la falta de vveres y los pro-blemas de salud les obligaron a regresar.

    En esta ocasin, el viaje de exploracin dirigido por Bruno de Heceta, aunque con Juan Jos Prez participando tambin es-taba compuesto por tres embarcaciones: el paquebote San Carlos, la fragata Santiago y la goleta Sonora. sta qued al mando de Juan Francisco de la Bodega y Quadra, sien-do Mourelle el piloto. Los tres barcos partie-ron el 16 de marzo de 1775 con la orden de alcanzar los 65 de latitud norte y establecer asentamientos que reforzasen el dominio espaol en la regin y seguir controlando el comercio entre Amrica y Asia.

    Por desgracia, apenas tres das despus de partir de Nueva Espaa, el San Carlos se vio obligado a regresar a puerto pues su ca-pitn, Miguel Manrique, sufri una crisis ner-viosa. As pues, el San Carlos dio media vuel-ta con Juan de Ayala al mando, mientras la Santiago y la Sonora ponan rumbo al norte.

    Las dos naves alcanzaron los 47 y 15 de latitud norte el 13 de julio, en lo que hoy se conoce como Point Grenville. Poco despus de echar el ancla, los espaoles de la Sono-ra Mourelle entre ellos, contemplaron la llegada de varias canoas de indios quinault, que abordaron el barco y les invitaron a des-

    Nacido en junio de 1750, Mourelle haba venido al mundo en el seno de una humilde familia de la

    aldea de Corme, en la regin de la Costa da Morte

    1. Homenaje. Busto erigido en Corme en honor a Mourelle de la Ra ( Javier Garca Blanco). 2. Biografa. Imagen de la portada de la biografa sobre Mourelle de la Ra publi-cada en 1856.

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    embarcar para comer, beber y dormir con ellos, trayendo despus algunos presentes en forma de comida.

    Al da siguiente el comandante Bruno de Heceta descendi a tierra con varios hom-bres para hacer toma de posesin de la pla-za, que bautizaron como Rada de Bacareli en honor al virrey de Nueva Espaa. Todo haba discurrido de forma tranquila, pero las cosas iban a cambiar drsticamente aquella tarde. Bodega, el comandante de la Sono-ra, decidi enviar a tierra a siete tripulantes para que buscasen agua y otras provisiones. Cuando estaban concentrados en aquella ta-rea, un grupo de trescientos quinault hasta entonces pacficos rodearon a los espao-les y acabaron con ellos, pese a los intentos de sus camaradas, que dispararon sin xito mosquetes desde la Sonora. Como recuer-do de aquel triste suceso, el lugar se bautiz como Punta de los mrtires.

    Tras el dramtico incidente decidieron con-tinuar con su viaje hacia el norte, aunque to-maron la determinacin de dividirse para ex-plorar la mayor parte de territorio posible. As, el da 29 de julio la Sonora con slo 7 tripu-lantes a bordo tras el ataque indio y la San-tiago tomaron rumbos distintos. Esta ltima se dirigi directamente al norte, alcanzando el 11 de agosto un territorio que hoy ocupa la frontera entre EE.UU. y Canad. Mientras, la Sonora guiada por las hbiles manos de Mourelle continu camino navegando para-lela a la costa, y el 15 de agosto alcanzaron Sitka, en la actual Alaska, donde reclamaron para Espaa varios puertos y dieron nombre al monte San Jacinto (hoy Edgecumbe).

    Espoleados por el espritu aventurero del marino corus, que anim al resto de sus compaeros a continuar un poco ms, la So-nora logr alcanzar los 59 de latitud norte, cerca de esos 65 que se haban marcado como objetivo. No hay duda de que habran logrado completar su empresa, pero los tripulantes de la goleta enfermaron de es-corbuto debido a la falta de alimentos y se vieron obligados a poner rumbo al sur el 8 de septiembre, alcanzando Monterrey con los hombres con un pie en la tumba un mes ms tarde, el 7 de octubre de 1775. Apenas unos das antes haba llegado la fragata San-tiago, con sus tripulantes tambin en lamen-tables condiciones.

    Durante el transcurso de aquella arries-gada expedicin Mourelle de la Ra no slo haba ejercido como piloto de la Sonora, si-no que adems fue registrando por escrito y con todo detalle los hechos que l y sus compaeros protagonizaron durante el viaje. As, su bitcora de a bordo dej constancia del aspecto, costumbres y localizacin de las distintas tribus indgenas que encontraron a su paso. Y lo mismo hizo con las coordena-das exactas de todos los lugares que tuvie-ron ocasin de descubrir. Una informacin sta que se convertira en trascendental para otro marino, en este caso mucho ms cle-bre que Mourelle: el britnico James Cook.

    De algn modo que los historiadores no han logrado aclarar, alguien se hizo con el diario de Mourelle tras el fin de la expedi-cin, y el diario, junto con los exactos da-tos de navegacin, acabaron en Inglaterra. Aquel valiossimo material cay en manos de James Cook quien los emple para trazar la derrota de su tercer viaje, y en el ao 1781 el texto del marino corus inclu-so fue traducido al ingls y publicado bajo el ttulo de Miscelneas. Por desgracia, hoy suele conocerse mejor el viaje de Cook por aquellas costas de Estados Unidos, Canad y Alaska, cuando el mrito debera recaer en Mourelle y sus mandos, Bruno de Heceta, Juan Jos Prez y Bodega y Quadra, pues no slo fueron los primeros europeos en llegar all, sino que adems recorrieron una mayor extensin de costa.

    en BUSca De nUevaS FronTeraSLas aventuras de los espaoles por aquellas tierr