Un Faccioso Cien Por Cien [1939]

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    DEDICATORIA

    A los mseros; a los olvidados; a los que nada son, nadieconoce y nadie quiere, a los oscuros y a los tristes, a vosotros,a los que jams os ha dedicado nadie ni un pensamiento, osdedica su trabajo

    EL AUTOR.

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    Pap, Enrique! no os he querido dedicar este libro; he vistodemasiadas dedicatorias a grandes personalidades a travs de mi vida, parayo mezclaros con ellas en una ms, idntica o peor que muchas otras. La

    sangre, mi sangre, que derramasteis la pongo por encima de todo, y por elloaqui tenis lugar aparte y superior. T, Pap, todo lo tenas! T, Enrique,todo lo esperabas! Ambos casteis en defensa de una Causa justa,heroicamente, gloriosamente, abnegadamente; la Historia os acoger en suseno. Yo os ofrezco una sola cosa. No olvidaros nunca! Quereros tantocomo si estuvierais vivos! y que en el curso de mi existencia, mientrastranscurra el corto tiempo preciso para que all, en lo desconocido yesperado, nos reunamos de nuevo todos los que aqui nos amamos, yo,como hoy, en todos mis actos os dedicar mi cario y mi recuerdo.

    RE

    CUERD

    O

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    PRIMERA JORNADA

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    LAS CONSPIRACIONES

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    I

    Antes de que estallase este deseado Alzamiento que despus, y acertadamente, se

    ha llamado el Movimiento Nacional por cuanto representa de resurgimiento de la PatriaEspaola, de reverdecimiento de glorias pasadas y de afanes, en un tiempo olvidadas, degrandeza y podero; lo preparbamos y organizbamos un puado relativamentereducido de videntes que, cada uno desde nuestra altura intelectual y social,presentamos que la Repblica, el Parlamentarismo y la democracia nos llevabanadormecidos hacia el caos sovitico, para caer en la barbarie a manos de una hordasanguinaria y cruel que de Espaa, de nosotros y de nuestra Historia y tradiciones, noiba a dejar ni tan siquiera la memoria; y que por vaticinar este final, por luchar contra l,por predicar su antdoto mediante un movimiento cvico-militar de estructura fascista ypor prepararlo y luchar a favor de su ejecucin para que acabase con sangre de todos, lo

    que si no se haca nos llevara a derramar la nuestra sin el humano placer de ver corrertambin la de nuestros adversarios; recibimos de todos el calificativo de exaltados y delocos; porque a la mayora de los espaoles de entonces, y quiz a bastantes de los queahora mienten lo contrario de lo que sienten, les pareca ms cmodo resolver elproblema mediante soluciones legalistas que no requirieran peligros para sus personas, opreferan perder o que perdiesen otros parte de sus dignidades y bienes con tal de ellospermanecer tranquilos y medrar al lado de tales o cules personajillos ms o menosdisolventes de ideologa; pero los que si bien les exigan perder su dignidad, nosolicitaban de ellos sacrificios personales ni tampoco excesivos sacrificios econmicos.

    Y la Patria? me diris. La Patria! Esos a que me refiero desconocen la palabra y susentido, o la emplean tan slo como latiguillo mitinesco a aplicar cuando a su estmagoconviene. Pues bien, las circunstancias vinieron a darnos la razn a aquel rebelde puadode Quijotes, y hoy cosecha Espaa el resultado de nuestro esfuerzo, de nuestro espritude sacrificio y de nuestra lucha obscura de entonces; mientras nosotros los pocos quequedamos, cuntos han cado! contemplamos la recoleccin de nuestra siembra; elamanecer luminoso de un pas que nos anuncia que llegar, no est lejano el da, unaEspaa Imperial, grande, noble, y sobre todo justa; como la queramos, como por verlaluchamos y como, la sangre no corre nunca en vano, evidentemente ser.

    El panorama era desolador en su comienzo para los buenos patriotas; haca faltafe, muchsima fe y entusiasmo para emprender la lucha, y sobre todo un amor a Espaadecidido y generoso, sin apetencias de mando ni egosmos personalistas; que

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    problemticamente entrevisto el triunfo, sin embargo nos decidiera a exponer lo muchoo lo poco que tuviramos por el engrandecimiento de la Nacin, el bien de nuestroshijos y la tranquilidad de nuestras conciencias supersensibles.

    En el Poder la demagogia, con todos los resortes poderosos que el mando da;

    como consecuencia de su predominio, la mayora de los hombres burgueses oacomodados procurando situarse bajo la proteccin o cuando menos lejos de lapersecucin del Poder Pblico; las aristocracias de la sangre, del dinero y de lainteligencia, en su mayora, demasiado podridas o dormidas, cuando menos, para sertiles a una causa que, entonces, slo produca sacrificios. El Ejrcito de entonces,pobre de medios agresivos, triturado -la palabra es simblica de una poca-, vacos suscuadros de soldados, receloso en un ambiente que le era hostil; respecto a sus mandos,magnficos de espritu, en su casi totalidad, hasta el grado de Comandante; mediano ensu mayora, en los grados de Teniente Coronel y Coronel, y podridos casi todos susGenerales, los cuales se encontraban dominados por apetencias honorficas y

    necesidades fisiolgicas: lo afirmo esto en redondo; decidme si no, aparte los norebelados entonces y los retirados, qu Generales de aquella poca lucieron a la hora dela verdad? Un puado! Sanjurjo, nuestro Generalsimo, Goded, Mola, Varela, Queipode Llano, Orgaz, Fanjul y algn otro que no recuerdo en este instante, unos vivos yotros muertos, fueron los que desde el principio figuraron a nuestra cabeza; los otrosque hoy son sostn y asidero de la Patria, o estaban retirados como Jordana, Dvila y

    Vign, o eran de categora militar inferior al Generalato, como Aranda, Yage,Moscard, Eli Tella, Garca Escmez, Garca Valio, Solchaga y tantos otros, que alcalor de un Movimiento que necesitaba de su cerebro y su valor, los ha elevado a

    puestos en que eran necesarios y que estaban ocupados por mentecatos y fariseos. Esteera el Ejrcito de aquellos das; unas graduaciones bravas deseando saltar a salvar aEspaa, y un ncleo de Generales reducido y perseguido luchando con ellos contra unamasa de Generales cobardes o vendidos.

    Directores del Estado, lo que llamamos polticos en Espaa: contra nosotros en elPoder, aquellos que a la masa triste saban engaar con promesas agradables a sus odosansiosos de justicia social; ayunos de patriotismo, de virilidad, de espritu; peroconscientes de su conveniencia particular, arteros en sus medios de actuar, encastilladosen su poder arrebatado a los mseros, y capaces de todo, en su falta de conciencia, pormantener su supremaca; con nosotros y en el Poder tambin; hombres de buena fe,inteligentes, cultos, capaces; mas inferiores a la dureza de las circunstancias, legalistas yhasta liberales a los que la sangre asustaba por lo que era y por lo que representaba: connosotros pero, desgraciadamente, fuera del Poder; dos hombres cumbres, uno hecho,forjado, perfecto, Calvo Sotelo; otro juvenil, inteligente, de ms empuje pero de menosexperiencia, Jos Antonio Primo de Rivera, una gran promesa para el porvenir, el

    verdadero vidente, el precursor: mas ambos luchando lejos del mando, con la fuerza desus cerebros al lado nuestro, pero sin fuerza bruta material.

    Frente a los selectos y al lado del poder disolvente, de la anti-Patria; una masacompacta y coherente de desheredados, de hombres que ante una organizacin social

    injusta reaccionaban violentamente excitados por sus padecimientos y buscaban enteoras insensatas, la solucin de su problema econmico o cuando menos la satisfaccin

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    de sus malas pasiones; disciplinadas y guiadas todas ellas por unos grupos de canallas yaprovechados maleantes hacia teoras marxistas de imposible realizacin, donde lesofrecan el alivio de sus males, y que desconocedores de la verdadera y hasta hoy nicaeficaz doctrina fascista, slo encontraban remedio a su mal en apoyar la demagogia

    extremndola hasta llegar a la revolucin social, hasta el caos.As estaba Espaa; as se presentaba entonces la visin; reconozco que ramoslocos los que contra situacin tan adversa nos enfrentbamos, pero la razn ha sidonuestra; Espaa ser grande, todos lo veremos, unos desde aqu penando an, otros enel reino de la luz y de la paz de nuestro Dios, y premio a nuestro afn y a nuestra

    vanidad ser el haber acertado y el ver la Patria fuerte y respetada bajo el signo delCrucificado. Cmo lo hicimos? Tan slo parcialmente lo s, por ello slo en parte locontar; por ello y adems porque hay cosas que ni se pueden ni se deben contar yporque quiero solo dar pinceladas y no hacer historia por ser demasiado pronto para elloy porque a tal arte no llega mi pluma; y por fin no os extrais de que narrando la

    conspiracin constante, hable siempre de mi padre, porque yo en ella fui la Luna deaquel Sol.

    ---oOo---

    Azaa en el Ministerio de la Guerra, trituraba el Ejrcito, y los republicanos ysocialistas desde los diversos Ministerios trituraban lo mejor que saban la Nacin: poraquel entonces ramos un puadito muy pequeo los que sentamos la necesidad dehacer desaparecer al Rgimen que se anunciaba oprobioso; acababa de nacer a la vida

    pblica el profeta de la Falange; el General Orgaz conspiraba abiertamente y eradesterrado a Canarias; en la misma guarida de la fiera, en el Estado Mayor Central delEjrcito del cual era Jefe para desesperacin de sus envidiosos, mi padre con losGenerales Villegas y Caballero, Jefes respectivamente de la Divisin y de la Brigada deInfantera de guarnicin en Madrid, tramaban en silencio acabar con el triturador. Paraello eligieron una fiesta militar; en el C