Viaje al CORAZÓN

  • View
    214

  • Download
    0

Embed Size (px)

Transcript

  • Pgina SIETE Domingo 23 de octubre de 2 011 /11

    ViajeViaje alal CORAZNCORAZN

    BOLIVIABOLIVIABOLIVIAViajeViaje alal CORAZNCORAZN L A R E V I S T A

    dededede 17

    El tiempo ha carcomi-do la maquinaria de lamina Siglo XX.

    En Llallagua, En Llallagua, Siglo XX, Unca y otrSiglo XX, Unca y otros pueblos,os pueblos,la gente an vivla gente an vive de lo que pre de lo que producen las mioducen las mi--nas y tambin de los rnas y tambin de los recuerecuerdos.dos.

    LLas vas vetas deetas delas montaaslas montaas

    11 23-10-11 MIRADAS20111023DOM

  • Domingo 23 de octubre de 2 011Pgina SIETE12 M I R A DA S 13Domingo 23 de octubre de 2 011 M I R A DA SPgina SIETE

    Liliana Carrillo, periodistaNoelia Zelaya, fo t g rafaTania Sosa, investigadora social

    Llallagua, el fruto dela montaaEn Llallagua no hay buenapapa. Es curioso, porqueeste municipio potosinodebe su nombre precisa-mente al tubrculo. VieneLlallagita, que es como se

    llama en quechua al fruto que presenta unaprotuberancia, la papa a la que le crece suguagita, as como el cerro v e? . JulioCondori seala la montaa Llallagita quetiene una especie de joroba. Yo, la verdad,no la distingo.

    - Ah tambin haba mina, pero chica en

    comparacin con las otras, porque en esta zo-na todo es mineral. Guardatojo, botas de go-ma, chamarra corta, Condori nacido hace 35aos en Unca- no deja duda de su oficio.Nosotros sabemos, pues; somos mineros.Yen las tierras de Norte Potos son miles.

    Bien vista, la minera es una epopeya quecomienza y termina en una montaa. Intijal-jata, primero; Espritu Santo, despus; hoy sellama Juan del Valle, por ese espaol que en elsiglo XVI escarb en busca de plata en el colo-so de roca que une a las poblaciones de Llalla-gua y Unca.

    Al lado de la montaa Juan del Valle estn laLlallagita, una cadena de desmontes rojos,verdes y amarillos, y -pobre ante los monu-mentos de la naturaleza y de la historia- unCristo de mrmol con los brazos abiertos.Juntos dan la bienvenida a las flotas y mini-buses que llegan de Oruro, despus de doshoras de viaje por una flamante carretera.

    El centro de Llallagua, la ciudad toda, seequilibra en una pendiente. Tiene los ruidos yaromas inconfundibles de la prosperidad an-dina: tiendas, farmacias, alojamientos, pen-siones, taxis, puestos de tripitas. Ajetreos demineros y comerciantes llenan sus das y susnoches; salvo los mircoles, cuando se cum-ple la ley seca que intenta expiar sin olvido elasesinato de una universitaria ocurrido hacetres aos, precisamente un mircoles.

    - Llallagua es esencialmente minera; peroen los ltimos aos hay ms comerciantes yjvenes, gracias a la Universidad Nacional Si-glo XX. Es una ciudad que crece, con todo lobueno y malo de las capitales: desde servicioshasta vida nocturna, define el ex alcaldeHctor Sols Camacho, ms conocido comoPa l o Sols (de los orgenes de su apodo po-co sabe, slo que fue un regalo paterno de lainfancia y que inspir el nombre de su restau-rante: Los Palos).

    Sin negar su pasado minero, la ciudad pro-yecta aires de renovacin. Entre sus callesempinadas emergen decenas de construc-ciones, a cada cual ms grande y ms ostento-sa. Todas con ventanales de espejos que refle-

    nico en la regin), y para atenderla apenasabastecen 50 unidades educativas y el CentroMultisectorial San Benito de Mena, para ni-os con aptitudes diferentes.

    - Este es un centro piloto que atiende gra-tuitamente a menores con discapacidades f-sicas y mentales, explica la hermana SoniaPonce, directora de la unidad pionera que-con fondos de tres ministerios, la Goberna-cin y la Alcalda- brinda educacin especiali-zada, terapias y alimentacin a sus alumnos.Los padres slo pagan 30 bolivianos para eltransporte hasta las comunidades. Tenemos80 nios inscritos, pero slo asisten 50.

    La religiosa chilena, a fuerza de fe y trabajo,ha logrado fondos internacionales para laconstruccin de esta escuela modelo queatiende a chicos con problemas auditivos, deDown, retraso mental y sndrome de Du-chenne, una enfermedad que causa atrofiamuscular, parlisis y finalmente muerte. Enel mundo afecta a uno de 3.500 nios y en Lla-llagua hay cuatro casos. Tendr algo que verla actividad minera? No hay datos, ni estu-dios ni respuestas. Slo dcadas de qumi-cos, de contaminacin y desechos que seamontonan en la zona.

    De vuelta en las calles angostas de Llallagua,an no puedo distinguir en el cerro la joroba

    que le da el nombre. A lo obvio, seguir los pa-sos y llegar donde todos confluyen: la Linares.En esta va que presume de ser avenida se ven-de, se compra, se regatea desde ltimos mo-delos de celulares, enaguas de seda de coloreschillones, botas de minero; hasta electrodo-msticos, mesas para wilanchas y oro, muchooro en pepas. Todo, con fondo de msica chi-cha, rock y folklore a todo volumen.

    - Qu estn buscando? Tengo la ltimamorenada con la fantasmita, ofrece PiterColque (con i de Piter, aclara). Tiene 23aos y cuando le toc trabajar no dud enromper la tradicin del guardatojo. Nues -tros padres, nuestros abuelos han sido mine-ros. Nosotros ya no, pues.

    A la mitad de la Linares, una cuestita quepasa desapercibida entre los puestos de ven-ta es una frontera. La llaman El Puente ymarca el inicio de Siglo XX, el campamentominero que en un tiempo, ahora lejano, dabavida a la poblacin civil de Llallagua.

    SIGLO XX, EL CORAJELa sirena lloraba, lloraaaba Seran las

    dos de la tarde cuando miles de mineros re-gresaron a Siglo XX despus de la interven-cin a la Marcha por la Vida. El campamentose vaci para recibirlos y todos los familiares

    penbamos, pero ellos no. Los mineros esta-ban derrotados, pero todava con ganas depelear. Cuando Flix Trrez Miranda re-cuerda el da ms triste, en 1986 cuando elltimo y desesperado intento por evitar eldespido de ms de 20.000 trabajadores dela Comibol haba fracasado y la re l o c a l i-z a c i n minera ya era irreversible- no pue-de evitar que la emocin se le atore en lagarganta. Y eso no es usual en el experi-mentado comunicador social, director dela radio Po XXII.

    Antes, muchas veces, la sirena haba llora-do el luto minero: la masacre de 1949 en Cata-vi, la del San Juan en 1967, las de las dictadu-ra s hubo ms. Y siempre el campamento ha-ba resistido dando batalla. Saba de trage-dias, pero pocas como la de la llamada reloca-lizacin. Con el Decreto Supremo 21060 delGobierno de Vctor Paz, la difunta era lapropia minera y se llevaba al infierno el futu-ro de miles de mineros y sus familias.

    En la Pascua del 87, el campamento enteroasisti a la misa que celebr el padre RobertoDurette, entonces director de la Po XII, en lasfaldas de los desmontes. Llevbamos unatad que cubrimos de flores y tambin pusi-mos flores entre las piedras de la explotacinen seal de esperanza cuando todos nos pre-guntbamos: ser que todo se va a acabar?,recuerda el director de la emisora fundadapor el padre oblato Mauricio Lefrevre quefunciona desde 1953 en Siglo XX. Para LuisLisidro Daz, entonces apenas un nio, laruptura de su mundo era incomprensible.Cada da vena un camin de la empresa ycon guardias vigilaba que cada familia em-

    CONTINA EN L A PGINA 14

    Es un recuerdo; el cam-pamento, el tren y losteatros, las calles que es-cupen polvo; un recuerdodiferente para todos ypara cada uno: la veta ge-nerosa, los ojos del to, elcoraje del sindicato, el finde la vida posible. A estepueblo, incrustado entremontaas heridas, llme-lo Llallagua, Siglo XX, Un-ca, Catavi o, lo que es lomismo, tierra de mineros.

    Los viejostanques deagua quealimenta-ban el cam-pamento dela localidadminera deC a t av i .

    Antes, muchas veces, la sirena haba llo-rado el luto minero: la masacre de 1949en Catavi, la del San Juan en 1967, las delas dictaduras hubo ms.

    Es infalta-ble una so-pita antesde iniciar lajornada deocho horasde trabajo.

    Al menos una veintena de mujeres trabajan en el interior de la mina.

    jan sin remordimiento el adobe de las vivien-das antiguas; esas de una planta, puertas demadera y perros guardianes.

    Su historia de pueblo viejo se refresca ade-ms con sus jvenes. El 60% de la poblacinde Llallagua tiene menos de 21 aos (un caso

    Pgina SieteD I R E C TO R : Ral Pearanda UndurragaJefe de Redaccin: Cndido Tancara CastilloJefe de Informaciones: Martn Zelaya Snchez

    R ev i s t a M i ra d a sE d i to r : Marco Zelaya.Re d a c to ra : Amancaya Finkel.Diseo: Edmundo Morales, Erika Aguilera y Marcelo Mamani.

    Con lacolaboracin de:

    BOLIVIAViajeViaje alal CORAZNCORAZN

    BOLIVIABOLIVIAViajeViaje alal CORAZNCORAZN

    dededede

    Viaje al corazn de Bolivia es unproyecto conjunto de Pgina Siete y

    Naciones Unidas.NNUUBolivia

    PueblosPueblosm i n e ro s ,m i n e ro s ,la histrica vla histrica vetaeta

    12-13 23-10-11 MIRADAS20111023DOM

  • Domingo 23 de octubre de 2 011Pgina SIETE14 M I R A DA S 15Domingo 23 de octubre de 2 011 M I R A DA SPgina SIETEVIAJE AL CORAZN DE BOLIVIA VIAJE AL CORAZN DE BOLIVIA

    paque sus cosas. As nos llevaban hasta latranca y ah nos botaban, sin un sitio a dn-de ir. Para entonces, el hermano mayor deLuis que falleci hace cinco aos por malde mina- haba heredado de su padre el ofi-cio de minero. Y tuvimos que irnos, a noso-tros nos toc El Alto. Precisamente estaciudad pacea y el Chapare cochabambinofueron los destinos de la mayora de los relo-calizados. Hay sangre minera en el Chapa-re y en El Alto. Por eso all han surgido losmovimientos que han entronado y derroca-do gobiernos, analizara despus el ex al-calde Sols.

    Despus de una dcada, Lu i L i s i d rovolvi a Siglo XX para quedarse, porqueaunque no estaba en sus planes se ena-mor de una paisana en una visita de subanda de rock altea. Ahora es propietariode un pub, donde da rienda al amor por elrock que le naci en los 80 a fuerza escu-char en la radio Po XII el programa Metal,por supuesto, y de haber aplaudido en elteatro 31 de Octubre a