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LA PROHIBICION DE LA IMAGINACION

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JUJUY

V ALAIC-

CONGRESO LATINOAMERICANO DE CIENCIAS DE LA COMUNICACIN

26-29 de Abril del 2000. Santiago de Chile.

GT: Teoras y Metodologas de la Investigacin en Comunicacin.

LA PROHIBICION DE LA IMAGINACION.

RECEPCIN Y USOS DE LA ESCUELA DE FRANKFURT

EN LOS ESTUDIOS LATINOAMERICANOS SOBRE LA COMUNICACIN.

Autor: Victor Lenarduzzi

Institucin: Facultad de Ciencias de la Educacin (Universidad Nacional de Entre Ros)

Cargo: Jefe de Trabajos Prcticos de Comunicacin y Cultura.

La investigacin se refiere a las formas de recepcin y el impacto de la Escuela de Frankfurt en los estudios latinoamericanos de comunicacin. Se rastrean las vas de acceso, las claves de lectura y el acercamiento fragmentario que se produjo con esa corriente. Entre otras cosas se relativizan las versiones que sealan un gran impacto de la misma al punto de convertirse en un obstculo para el avance de la reflexin terica.

LA PROHIBICION DE LA IMAGINACION.

RECEPCIN Y USOS DE LA ESCUELA DE FRANKFURT

EN LOS ESTUDIOS LATINOAMERICANOS SOBRE LA COMUNICACIN.

Victor Lenarduzzi.

I-INTRODUCCION.

Cuando Horkheimer y Adorno, en el prlogo que en 1947 escribieron para la Dialctica del Iluminismo, sealaron con lucidez que la prohibicin de la imaginacin terica abre camino a la locura poltica quiz no imaginaban que algn da parte de esa acusacin recaera sobre ellos mismos. Al menos esto fue lo ocurrido en el campo de estudios de comunicacin en Amrica Latina. Ciertos textos muy difundidos a partir de los aos 80 instalaron entre nosotros la idea de que all no haba ya mucho por buscar, que luego de ser inspiradores hacia fines de los 60 y principios de los 70, los de Frankfurt nos haban impedido pensar y sus escritos quedaron sospechados de cercenar la imaginacin. Esta idea se deca y se dice con alta dosis de consenso. Ahora bien: a qu responda esta paradjica conclusin? La inquietud apareca en un trabajo previo, cuando revisando trayectos fundamentales de la historia del campo quedaban en cuestin algunos lugares comunes, por ejemplo, que los setenta haban prestado slo atencin a la propiedad y los poderes de la emisin, que conceban a los sujetos de modo meramente pasivo, que una de las principales corrientes tericas del momento fue la Escuela de Frankfurt. Cunto de las reflexiones producidas en momentos fundacionales del campo haba sido efectivamente inspirado en Frankfurt? Existieron las condiciones polticas y culturales para una efectiva apropiacin de la mentada Escuela?

Una de las primeras ideas fuertes que nos interesa introducir tiene quiz un tono polmico: el consenso gestado en torno a la improductividad terica de Frankfurt se ha basado en el acceso fragmentario, cuando no desconocimiento, que existi entre los latinoamericanos respecto de ella. Una segunda cuestin es la siguiente: las reconstrucciones de la historia del campo por lo general- tienden a poner nfasis en el panorama antes que en el tratamiento acotado y especfico. Esto, cuya utilidad es indudable, tiende sin embargo a consolidar supuestos y, por qu no decirlo, al tratamiento consagratorio y poco crtico de ciertos nombres y textos. Por lo tanto, se trata de volver a mirar algunos hitos de la trayectoria del campo.

2-LA LLEGADA Y LA APROPIACION FRAGMENTARIA.

Diversos datos como el financiamiento argentino va Weil, el fallido intento de que Benjamin fuese profesor en Brasil, o los usos que ya en los treinta hizo Juan Luis Guerrero en su ctedra de la Universidad de la Plata, aportan a una historia de la relacin entre Frankfurt y Amrica Latina. Pero aqu nos interesa conocer como fue el uso efectivo de las obras de la corriente en el contexto del surgimiento y desarrollo del campo de la comunicacin. Es pertinente, entonces, partir del marco de los aos 60.

En 1965 se publicaron traducidas al castellano- varias obras de autores que eran o haban sido miembros del Instituto: El hombre unidimensional de Herbert Marcuse (Joaquin Mortiz, Mxico), La personalidad autoritaria en la que particip Adorno y cuyo prlogo era de Horkheimer (Proyeccin, Buenos Aires) y El miedo a la libertad de Erich Fromm (Paids, Buenos Aires). Esta ltima, publicadada originalmente unos aos despus de que Fromm dejara el Instituto, apareca en Buenos Aires con un Prefacio de Gino Germani, intelectual reconocido por el impulso innovador que dio a la Sociologa en la Argentina. Para Germani, Fromm llegaba a la constitucin dando un nuevo matiz sociolgico a la orientacin psicoanaltica- de una verdadera psicologa social. En este campo la contribucin de Fromm es muy significativa, pues el objeto de su anlisis ha sido una sociedad altamente diferenciada, como la occidental, y su propsito el de desentraar los procesos psicolgicos de formacin y modificacin del carcter social de las distintas clases que la integran. (G. Germani, 1989: 14). El inters de Germani, quien tuvo a su cargo adems la traduccin de la obra, pareca tener en su trasfondo aunque no lo explicitara- una referencia a las experiencias polticas recientes en Amrica Latina. El anlisis de Fromm confirma -...- lo que otros estudiosos han afirmado una y otra vez: el fascismo, esa expresin poltica del miedo a la libertad, no es un fenmeno accidental de un momento de un pas determinado, sino que es la manifestacin de una crisis profunda que abarca los cimientos mismos de nuestra civilizacin. (...) Por lo pronto, y para limitarnos al aspecto psicolgico, que es el que nos interesa aqu, la estabilidad y la expansin ulterior de la democracia dependen de la capacidad de autogobierno por parte de los ciudadanos, es decir, de su aptitud para asumir decisiones racionales en aquellas esferas en las cuales, en tiempos pasados, dominaba la traidicin, la costumbre, o el prestigio y la fuerza de una autoridad exterior. (Ibdem: 16-17). Lo que atrae a Germani es la posibilidad de interpretar las mediaciones que existen entre las ideologas y las configuraciones psicolgicas de los individuos como una cuestin compleja.

La personalidad autoritaria, texto que se transform en un clsico de la sociologa, era acompaado por un prlogo de Eduardo Colombo. Significativamente, el texto se iniciaba con una cita de Proudhon: La humanidad tiene sus mrtires y sus apstatas: a qu, repito, es preciso atribuir esta escisin?. El prefacio situaba el conjunto de inquietudes y preocupaciones que haban llevado a las ciencias sociales a preguntarse por el autoritarismo y haca referencia al carcter central del libro inspirador de muchas investigaciones- ms all de las crticas y las objeciones metodolgicas que se le haban hecho: Pionera en este campo es la investigacin del facismo potencial que se oculta bajo valores aparentemente democrticos y que fue publicada en 1950 bajo el ttulo de La personalidad autoritaria, haciendo referencia a una de las variables ms inclusivas que apareca en el etnocentrismo, el antisemitismo y la discriminacin poltica y religiosa. (E. Colombo, 1965: 4). Sin embargo, en la lectura con que introduce Colombo al libro, tiende a primar su aporte como perspectiva cientfica ligada a la demostracin emprica y apenas se sitan los antecedentes y matrices tericas de interrogacin sobre el autoritarismo y el antisemitismo. Inscripto en el marco de una teora de la accin social, el constructo autoritarismo queda presentado como un problema de desorganizacin en la accin social. De ello podemos perfilar una definicin general de autoritarismo que nos lleve al meollo del asunto; el autoritarismo, desde el punto de vista psicolgico, es una tendencia general a colocarse en situaciones de dominacin o sumisin frente a los otros como consecuencia bsica de una inseguridad del yo. El sujeto autoritario est dominado por el miedo de ser dbil (Adorno), y por el sentimiento de culpa; el sntoma ms importante de la derrota en la lucha por uno mismo es la conciencia culpable (Fromm)... (Ibdem: 5).

Existen incluso algunos anoticiamientos previos. Ya en 1961, Jaime Rest haba publicado un artculo titulado Sobre la situacin del arte en la era tecnolgica en la Revista de la Universidad de Buenos Aires (quinta poca, N 2) y haca referencia no slo a Theodor Adorno y Walter Benjamin sino tambin a Richard Hoggart, representante de los llamados estudios culturales ingleses. Lo cierto es que si bien Rest sistematizaba algunos temas en torno a los medios masivos, la produccin artstica, etc. no conduca a una conclusin muy productiva al sostener, sobre la cultura de masas, que los medios son instrumentos (cuyos efectos dependen de sus usos), lo que en definitiva no presenta con precisin la impronta filosfica de que estn hechos los planteos frankfurtianos. Por otro lado, segn comentan Jos Aric y Marcelo Leiras, si bien en los 60 Benjamin era desconocido, al menos alguna referencia haba a travs de la muy difundida Historia social de la literatura y el arte, de Arnold Hauser, que en su ltimo captulo (Bajo el signo del cine) lo citaba. La influencia de esta obra haba llevado a un intento de publicacin, por cierto frustrado, de la editorial Pasado y presente, de la La obra de arte en... con traduccin de Enrique L. Revol (J. Aric y M. Leiras, 1991).

Otros textos, de procedencia muy diferente a la anterior, contribuan a la difusin del pensamiento crtico a travs de, por ejemplo, la revista Sur que en su nmero 275 de 1962, incluy un texto sobre Adorno y en 1968, en los nmeros 308-10 y 315, aspectos de Mnima moralia y la Dialctica de la ilustracin, respectivamente. Mientras tanto, en 1962 apareca en Espaa la traduccin de Prismas de Adorno (Ariel), en Caracas haba aparecido, en 1963, Intervenciones de Adorno editado por Monte Avila, la Universidad de Crdoba haba publicado un breve texto del mismo autor titulado Televisin y cultura de masas, y Galerna el conocido volumen de Adorno y Morin La industria cultural (1967), que contribuy al fragmentario acercamiento al pensamiento de Adorno sobre el tema. Tambin en los aos sesenta en Bogot la revista Eco public algunos textos cortos de Benjamin y la biografa sobre el mismo autor escrita por Hannah Arendt.

Quien ganaba popularidad internacional en publicaciones de divulgacin ms general (por ejemplo en Argentina en Primera Plana) era Herbert Marcuse, uno de los tericos que qued referenciado a los acontecimientos de protesta del mayo del 68 francs, aunque ms que nada a travs de consignas. Adorno, ganaba rechazo y silbidos de los estudiantes que no aceptaban la idea de que la filosofa no necesariamente deba ponerse al servicio de las causas revolucionarias. Y as como el mayo francs daba cuenta de un clima de movilizacin y protesta, en Amrica Latina vena tambin en ascenso el clima de lucha poltica y propuestas liberadoras. Paradjicamente, en ese marco, quienes en la Argentina iban a ser los principales referentes de la reflexin crtica en el campo de la comunicacin no fueron quienes se ocuparon de poner en circulacin el pensamiento de la Escuela de Frankfurt. Como se adelant, varios de los volmenes ms importantes de la corriente se tradujeron y publicaron en la editorial Sur (perteneciente a sectores oligrquicos). H. Murena, uno de los principales referentes del grupo, tradujo por primera vez en 1967 La obra de arte en la era de su reproduccin tcnica y dos aos ms tarde Carlos Nelson Coutinho se encargaba de la primera traduccin del mismo texto aparecida en Brasil en la revista Civilizaao Brasileira; sin embargo, era un Benjamin que no se vinculaba con la Escuela de Frankfurt (K. Pressler, 1993). Hacia finales de la dcada, en la coleccin de Estudios alemanes de Sur se incluan versiones castellanas de textos fundamentales como Cultura y sociedad de H. Marcuse, Filosofa de la nueva msica de T. Adorno, Ensayos escogidos de W. Benjamin, Teora y praxis de Habermas. En 1969, ao en el que muri Adorno, dos textos capitales tambin eran lanzados por la misma editorial: Crtica de la razn instumental de Horkheimer y Dialctica del Iluminismo de Horkheimer y Adorno (en ambos el traductor fue Murena, junto a Vogelmann en el primer caso). Este tarea de traduccin pionera, no evit que la editorial sostenida por la renta de la tierra y referente de la elite intelectual oligrquica, se observara con cierto prejuicio a partir de una asociacin mecnica entre el dato econmico y el proyecto cultural, obturando el acercamiento de la izquierda a la teora crtica.

En Buenos Aires, lo que parece suceder con Frankfurt, ms que la recepcin y uso efectivo como inspiracin, es la circulacin de algunos de sus textos ms importantes a partir de la traduccin al castellano y la publicacin. Sin embargo, este dato no alcanza para referirse a un impacto en la problematizacin de los temas que han caracterizado al campo de la comunicacin. No haba demasiados ecos de las perspectiva de Frankfurt en la revista Comunicacin y cultura (en su etapa de los aos 70, los cuatro primeros nmero fueron editados en Chile y Argentina), referenciada por lo general con posicionamientos crticos. Este ltimo dato no queda desacreditado, pero s es importante decir que sus fuentes de inspiracin estuvieron centradas ms en otras perspectivas de ms evidente definicin marxista, la teora de la dependencia y cierta impronta semiolgica. Lenguajes, la revista de la Asociacin Argentina de Semitica, public un captulo de libro del brasileo Gabriel Cohn en su primer nmero (1974), que contena, sobre todo, comentarios sobre Adorno.

Pero lo cierto es que, en ese contexto, la preocupacin por las formas de dominacin de los sistemas de medios se cristaliz en textos como Para leer al Pato Donald de Ariel Dorfman y Armand Mattelart o Neocapitalismo y comunicacin de masa de Heriberto Muraro. El primero, transformado en un clsico de la poca y con mltiples ediciones, no se aproxima a lo que el supuesto de la influencia frankfurtiana indicara. El segundo, en cierta medida comparta con todo un vasto y variado conjunto de artculos el estar muy ligado a la descripcin de las formas de propiedad de los medios. Muchos de ellos, por qu no decirlo, se limitaban a una introduccin a la que se sumaban datos y listados sobre directorios, inversiones, etc. Pero ms all de los efectos de denuncia que produjeron, es preciso reconocer que su sustento terico cuando exista- distaba mucho de la mentada inspiracin frankfurtiana. Ms bien, insistimos, estaban inspirados por la teora de la dependencia y por textos marxistas un tanto economicistas.

En el caso de Neocapitalismo y comunicacin de masa, hay bastante ms que lo recin dicho. Este libro de Muraro apareci en 1974 (Eudeba) y recibi el premio Scalabrini Ortiz dirigido a fomentar las investigaciones sobre las formas de la dependencia en los campos econmico, cultural y poltico. En esa oportunidad la distincin fue compartida con La dominacin imperialista en la Argentina de Carlos Vilas y Dependencia y empresas multinacionales de Salvador Lozada. Si bien Muraro se centraba en el desarrollo histrico de la televisin no lo reduca a la descripcin y la acumulacin de datos. Para el autor, adems de describir el sistema macroeconmico que incluye a los medios, haba que incluir las relaciones de fuerza y los conflictos de la poca contempornea. En la introduccin, manifestaba sus deuda con Barn, Sweezy y Furtado en lo que haca a la dimensin econmica y con Adorno y Horkheimer en cuanto al anlsisis ideolgico.

Heriberto Muraro dedicaba el tercer captulo a la Teora de la manipulacin comunicacional. Muraro revisaba las tesis de un autor como Marcuse y las contrapona con investigaciones empricas como las de Paul Lazarfeld. Una preocupacin que atraviesa la reflexin del autor tiene que ver con las posibilidades de manipulacin del las opciones polticas. Segn se describe, los autores de la Teora Crtica describen a la sociedad casi de modo orwelliano y apenas quedaran mrgenes de opcin para los individuos. Por otra parte, Muraro sostiene que Marcuse plantea a los medios masivos como el instrumento bsico de unificacin del sistema capitalista: La teora de Marcuse acerca de los medios como instrumento bsico de unificacin del sistema resulta, en este sentido, inaceptable y parcial. El sistema de dominacin neocapitalista es una unidad institucional, econmica e ideolgica; su supervivencia depende no slo del control de los medios sino tambin, ante todo, de la existencia de sistemas o aparatos de represin fsica y de los beneficios econmicos que producen y distribuyen en las metrpolis las actividades de explotacin del trabajo en las reas neocoloniales. (H. Muraro, 1974: 101).

Probablemente, era otro horizonte el que condicionaba notablemente el modo de interpretar el texto. Y esa interpretacin es reduccionista, aunque esto no vuelve infalible al libro de Marcuse. A la idea de manipulacin adjudicada a Marcuse, se le contraponen casos en los que la opcin de voto o el cambio de una actitud no se dara de modo directo. Uno de los ejemplos utilizados por Muraro es la proscripcin del peronismo que no logr desactivar esa identidad aunque los medios difundieron mensajes con ese fin. Lo que sucede es que la pretensin de El hombre unidimensional alude a otra constelacin de problemas. Aqu es conveniente que hable el propio Marcuse: la sociedad industrial avanzada confronta la crtica con una situacin que parece privarla de sus mismas bases. El progreso tcnico, extendido hasta ser todo un sistema de dominacin y coordinacin, crea formas de vida (y de poder) que parecen reconciliar las fuerzas que se oponen al sistema y derrotar o refutar toda protesta en nombre de las perspectivas histricas de liberacin del esfuerzo y la dominacin. La sociedad contempornea parece ser capaz de contener el cambio social, un cambio cualitativo que establecera instituciones esencialmente diferentes, una nueva direccin de proceso productivo, nuevas formas de la existencia humana. (H. Marcuse, 1969: 22). Marcuse explicita adems que la tendencia a la absorcin de la protesta y la del potencial de rutpura, le llevaron a moverse entre dos hiptesis contradictorias. Lo cierto es que ms all de las objeciones que formula Muraro sostiene que la ideologa del neocapitalismo es la de la administracin total y considera que el concepto de manipulacin tiene una gran fertilidad como reaseguro contra una sociologa de la comunicacin empirista y acrtica. Justamente, buena parte de los textos latinoamericanos estaban en estas pocas ms preocupados en esta ltima cuestin, es decir, cuestionar e incluso desacreditar la investigacin norteamericana de corte estructural-funcionalista a pesar de que no siempre pudieron desprenderse de sus supuestos y metodologas.

3-SOBRE ALGUNOS TEXTOS PIONEROS (BRASIL Y VENEZUELA).

Otro espacio de recepcin de Frankfurt en un tono un tanto diferente- fue Brasil. En 1967 Leandro Konder public el libro Los marxistas y el arte, que contena referencias al pensamiento de distintos autores, entre ellos, Benjamin, Gramsci y Brecht. Posteriormente, 1969, apareci Arte e Sociedade em Marcuse, Adorno e Benjamin de Jos Guilherme Merquior. El libro sostena que tanto Adorno como Marcuse, haban tendido a construir una perspectiva pesimista, mientras que de Benjamin rescata un elemento de esperanza, diferente de la dialctica negativa. Un contexto de censura y los exilios impuestos por la dictadura dificultaron el debate intelectual, pero no impidieron cierto acceso a algunas traducciones. Mas tarde la editorial Abril Cultural incluy en su coleccin Los pensadores un volmen sobre la Escuela de Fraknkfurt que inclua a Benjamin, Horkheimer, Adorno y Marcuse. Adems, se publicaron dos textos significativos de Flavio Kothe: Para leer Benjamin, aparecido en 1976 y Benjamin e Adorno. Confrontos, en 1978.

En San Pablo se edit el libro Sociologia da comunicaao. Teoria e ideologia, que era la tesis doctoral de Gabriel Cohn. El brasileo, que haba compilado el volumen Comunicaao e indstria cultural (1967) incluyendo all a Adorno, ha llevado a cabo un notable esfuerzo latinoamericano por teorizar en el campo de la comunicacin. Para Cohn, la inspiracin marxista de Adorno es evidente y retoma sus orientaciones de un modo que bien podra desafiar a ciertas perspectivas de investigacin actuales: Lo esencial, en ese contexto, es que el anlisis tanto de la dimensin social como de la cultural se articula alrededor de las condiciones especficas de una sociedad centrada en la produccin de mercancas y, con este criterio, se toma la propia mercanca como punto de partida. (...) Segn se desprende de ese anlisis, la premisa es que la mercanca, por debajo de su apariencia de cosa perecedera, representa una determinada constelacin de relaciones sociales que remite a una forma determinada de dominacin (y ah entran las clases como elemento fundamental). Aplicando este razonamiento al rea de los productos culturales, llegamos a la conclusin, de fundamental importancia, de que la experiencia inmediata del consumo de esos bienes no tiene valor explicativo, como que corresponde a la incorporacin por lo sujetos de los resultados cristalizados de un conjunto de relaciones sociales, que, precisamente, estn ocultas por el carcter mercantil de dichos bienes. (G. Cohn, 1974: 17). Cohn considera la crtica de la ideologa una dimensin fundamental en el anlisis de la produccin cultural. Pero toma una prudente distancia de las propuestas de inspiracin althusseriana como la de Poulantzas que tiende a referirse a la ideologa en trminos de estructura, incluso en trminos transhistricos. Para Adorno, al contrario, la localizacin y la caracterizacin histrica especfica del fenmeno son fundamentales. No se trata de buscar la ideologa en el plano del sujeto, o calificarla a partir de lo exterior como falsa conciencia, sino de obtener a travs de una crtica inmanente de sus manifestaciones las condiciones histricas de su produccin y reproduccin (Ibdem: 39).

La ideologa es una apariencia socialmente determinada: cmo analizarla? No se le pueden adjudicar atributos desde afuera sino a partir de los elementos constitutivos, para que, parafraseando a Adorno y Horkheimer, el objeto no se escape al no ser construido por el concepto: El anlisis protege de modo inmanente el modo por el cual las relaciones de produccin histricamente definidas se cristalizan en el producto. En el estudio de productos culturales, la categora bsica por utilizarse no es la de comunicacin, que se refiere a la relacin entre el sujeto y sus receptores, sino la de mediacin, que es inherente al objeto mismo y suscita la cuestin de cmo aspectos estructurales, posiciones, ideologa y todo lo dems de la sociedad se impone a la misma obra de arte. (Ibdem: 41)

De todos modos, y quiz porque el campo aun estaba en constitucin, los textos brasileros no parecen haber tenido la misma circulacin que otros, aun cuando varios fueron pioneros en un abordaje ms acabado de los autores de la corriente. En este marco, si parecen haber encontrado mayor eco, los textos venezolanos, pioneros tambin, pero quiz un tanto ms esquemticos. En Venezuela, ms especficamente en Caracas, la editorial Monte Avila public un conjunto de ensayos de Adorno titulado Intervenciones. Nueve modelos de crtica, en 1963. En ese mismo ao Antonio Paquali quien ha quedado referenciado como uno de los pioneros del trabajo con la escuela en el campo de la comunicacin- dio a conocer su Comunicacin y cultura de masas a travs de la misma editorial. Hacia 1967, Pasquali public tambin Un aparato singular. Anlisis de un da de TV en Caracas. Sin embargo, en 1963, entre Pasquali y Adorno (y en general el conjunto de los de Frankfurt) haba en ese momento un desencuentro. Fue recin hacia 1970, cuando luego del gran eco del libro, se produjo una reedicin en la que Pasquali puso en juego a los frankfurtianos. Pero en los relatos sobre la historia del campo se suele mencionar este texto como una de las pioneras influencias frankfurtianas que el propio libro desmiente.

Pasquali abordaba problemas conceptuales de la comunicacin y de la cultura de masas y tena una marcada impronta filosfica. Heidegger, Marx, Lukcs, Sartre, Merleau-Ponty y Scheler -tambin Kafka- eran algunos de los filsofos que citaba como inspiradores para pensar aspectos tericos bsicos del problema elegido. En su segunda edicin, el autor escribi un Prefacio en el que se refera con cierto detenimiento (unas 27 pginas) a los nuevos desarrollos sobre la comunicacin que no haba conocido al momento de la aparicin original. Por una parte lamenta el hecho de no haber tenido contacto con la Crtica de la razn dialctica, que me hubieran confirmado, desde un ngulo ms amplio, la destruccin de la reciprocidad, la relacin unvoca de ausencia, la mera receptividad como impotencia, la conversin del receptor en objeto reificado inerte, la soledad en comn del hombre masa y otras caractersitcas de una praxis definida en el presente contexto como masificante, enmudecedora y alocutoria. (A. Pasquali, 1976: 13). En trminos similares se haba referido Pasquali en su texto al caracterizar la situacin de masificacin y al tratar los problemas de definicin de la comunicacin, la informacin, etc. Pero lo importante, y en lo que se detena, era en la Escuela de Frankfurt: Por encima de todo, empero, el perodo que examinamos se ha visto acaparado, digmoslo as, por una filosofa social de corte totalmente heterodoxo y de alto voltaje revolucionario: la llamada Teora Crtica de la Sociedad. (Ibdem: 18). Segn Pasquali ha sido iluminador el descubrimiento, sobre todo de Marcuse, en primer lugar de El hombre unidimensional, que abri las puertas de acceso al resto de la escuela. Tambin consideraba capitales los ensayos escritos entre 1933 y 1938 incluidos en Cultura y sociedad. La importancia de Frankfurt vena de la mano de la siguiente situacin: Lo que primero acude a la mente es que a sus autores debemos el uso de frmulas hoy estereotpicas como sociedad industrial avanzada, industria cultural, sublimacin no represiva, gran rechazo, etc., y tal vez el tono de elevada polmica, rebosante de contagiosa y demoledora mordacidad, con que Horkheimer y Adorno estigmatizaron, en su Dialctica del Iluminismo, la industria cultural, o el iluminismo como mistificacin masiva. (Ibdem: 19). El autor sostena, que ms all de este ensayo, no sera apropiado afirmar que los filsofos sociales se hayan dedicado exhaustivamente a la comunicacin masiva o que lo hayan visto como una prioridad. Sin embargo, sera expresin de prejuicio o ignorancia no considerar este nuevo marco terico y metodolgico a partir del pensamiento negativo.

Para Pasquali las otras filosofas, con la excepcin del marxismo, asumen como su clebre principio el dejar las cosas como estn. Por eso, su principio mximo y omnicomprensible (extensible, pues de lo cientfico-natural a lo social) es el de la obediencia a la realidad dada, a lo cual opone la teora crtica su antiprincipio negativo: lo que es, no puede ser verdad. Una de las ms resaltantes consecuencias de tales premisas fundamentales consecuencia que ha detenido ms de un impulso admirativo- es la que pudiera llamarse el discurso contra la tcnica; no contra la tcnica en s, bien entendido, y ni siquiera contra muchos de sus productos, sino contra su total y masiva instrumentalizacin y mediatizacin (Ibdem: 23).

Pasquali cita a Adorno y Horkheimer (especialmente en lo que hace a la filosofa y sus potenciales de negacin), pero sobre todo quien est muy presente en el horizonte de las evaluaciones es Marcuse, que en alguna medida se haca ms permeable para el contexto de poca, era menos pesimista y ms accesible. Pasquali tiene como tesis el que el modo de comunicacin determina el tipo de estructura social; dice que la teora crtica no confirma esto directamente pero si sus consecuencias. El que haya ledo este mnimo compendio en clave de comunicacin, o mejor an, el que conozca las obras de nuestros autores, habr constatado cun frtil y renovado trasfondo conceptual ofrece la teora crtica a un anlisis de la informacin social, y habr inferido la expresa posicin de esa teora al respecto. Los medios masivos son la punta de lanza de una tecnologa que es la expresin suprema de la razn instrumental y represiva. Ellos han sido acaparados no importa el sistema- por la industria cultural (...); por una industria encargada de desempear con eficiencia una funcin vital en el respectivo sistema: la de mantener el equilibrio homeosttico entre amos y sbditos. (...) Ella es el centro propulsor de los condicionamientos globales, de la moral del xito, de los mitos del bienestar y del consumismo. (Ibdem: 29-30)

En 1970 se public Comprender la comunicacin, tambin de Pasquali. All el captulo IX se titulaba Releyendo a Marcuse e inclua un apartado Elogio de la Escuela de Frankfurt valorando, especialmente, el hecho de la misma no considerara a la teora como propaganda ni directamente ligada a la accin, trminos quiz poco comunes en ese contexto histrico. Antes que lo que consideraba sus franjas marginales (Benjamin, Fromm, Kracauer y otros), para Pasquali el meollo estaba en Adorno, Horkheimer y Marcuse: Para quienes se ocupan de la fundamentacin terica de las Comunicaciones, Frankfurt es una obligada estacin de trnsito y reflexin. A sus principales autores debemos, spase o no, casi todos los argumentos crticos que hoy pasan por lugares comunes, y un descubrimiento destinado a marcar poca: el de que la libre y competitiva industria cultural (frmula por ellos acuada) reproduce, mutatis mutandis, los esquemas de la manipulacin autoritaria teorizados y practicados por Goebbels. (A. Pasquali, 1990: 226).

Pasquali consideraba que la bibliografa frankfurtiana era toda una mina an inexplorada que ahora estaba al alcance de los investigadores latinoamericanos en comunicacin. Nuevamente, su referente central era Marcuse, especialmente El hombre unidimensional (pero no slo este texto, tambin Eros y civilizacin y Cultura y sociedad) al que propona leer en clave utpica con el filtro de Ideologa y utopa de Mannheim-, horizonte de liberacin hacia el que deban orientarse las sociedades latinoamericanas. Segn Pasquali la utopa en Marcuse era por un lado negatividad (crtica de lo existente) y, por otro, positividad, en tanto elaboracin de un nuevo ideal revolucionario. Adems, ensayaba un cruce con la crtica de la dependencia: Por especficas y bien conocidas razones, Amrica Latina es hoy uno de los principales escenarios mundiales de la dialctica dependencia-independencia, lo que la convierte de hecho en uno de los ms importantes campos de confrontacin entre la razn instrumental, iluminista y de dominacin, y la razn crtica, tica y libertadora. (Ibdem: 246).

En un texto que public en 1971, Teora y prctica de la ideologa, Silva retomaba parte de lo que haba elaborado previamente en La plusvala ideolgica. Siguiendo a Eduardo Santoro sostena que los efectos de la comunicacin colectiva deban analizarse como el resultado de la interaccin de los siguientes factores: medio, mensaje, personalidad y aspectos situacionales. Al referirse al factor personalidad Silva deca que el receptor se convierte en lo que hemos llamado un productor de plusvala ideolgica, productor de adhesin no conciente al sistema y, por tanto, de justificacin irreal e incremento real de la extraccin de plusvala material. En el subdesarrollo, se une a esas representaciones elementales la no menos elemental representacin de la dependencia material e ideolgica como forma natural de existencia de nuestros pases. (L. Silva, 1971: 197).

En el conjunto de ese libro Silva desarrollaba aspectos centrales de las concepciones sobre la ideologa y sus funciones en la vida social. El quinto apartado del texto se llamaba El sueo insomne. Ideas sobre televisin, subdesarrollo, ideologa. Hay otro dato significativo. El mismo llevaba de inmediato un agregado que deca en homenaje a Teodoro Adorno. Uno de los objetivos centrales se refiere a su intento por explicar el subdesarrollo desde una perspectiva terica que, a su vez, sea capaz de dar cuenta de la ideologa del subdesarrollo y del fenmeno de la alienacin ideolgica como expresin de la dependencia, y por tanto como co-autor de esa dependencia. (Ibdem:152). Los medios masivos seran para Silva- un instrumento an ms eficaz que el sistema educativo y el sistema religioso en su funcin de perpetuar la dependencia en las cabezas de los neocolonizados. Uno de los grandes problemas a trabajar era el de una sociedad hipnotizada por la televisin y otros factores anlogos (Ibdem: 153) La alienacin ha sido construida, en gran medida, por la ideologa que inculcan los medios masivos en los pases dependientes. A travs de distintos acciones, concepciones, etc., se fue configurando lo que para Silva debe nombrarse la ideologa del subdesarrollo latinoamericano.

La televisin, que para este autor era el punto neurlgico de la industria cultural, tena que ser tratada como un eje principal, era imprescindible hablar de ella. Dos razones eran esgrimidas por Silva: por una parte, la televisin constituye una especie de concentracin, en un solo punto, de todos los otros medios de comunicacin; por otro, en el capitalismo, la televisin es la ms genuina expresin ideolgica del sistema. (Ibdem: 169). Precisamente aqu Silva apela al concepto acuado por Horkheimer y Adorno, industria cultural, para describir el lugar de los medios en las sociedades actuales. Sin embargo, se propone llevar el concepto hacia un horizonte, segn Silva, ms preciso. De lo que hay que hablar es de industria ideolgica, ya que remarcara el verdadero sentido de las tesis de Horkheimer y Adorno. Tambin estaba presente la caracterizacin que Lwenthal haba hecho de la industria cultural como psicoanlisis al revs, es decir, una suerte de terapia que en lugar de ser liberadora generaba represin. La incorporacin de estas ideas apuntaba a dar fundamentos a la concepcin en la que insiste Silva, segn la cual la sustraccin de la plusvala material necesitaba de la sustraccin de la plusvala ideolgica en el taller mismo de produccin de la vida squica de cada individuo. Pero lo traduca a trminos un tanto simplistas y conductistas: La televisin es, en este sentido, lo que los reflexlogos llaman un refuerzo constante para un condicionamiento lo ms perfecto posible. (Ibdem: 172).

Una teora del subdesarrollo, en tanto posibilidad de interpretacin crtica de las sociedades latinoamericanas, necesitaba para Silva- de una teora especial de los medios de comunicacin situados en relacin al rasgo bsico del subdesarrollo: la dependencia. La televisin de nuestros pases y la venezolana en primersimo lugar- es perfecta expresin de la dependencia econmica y de la penetracin ideolgica. Estos fenmos van unidos y, en rigor, forman parte de un solo gran fenmeno (Ibdem: 179). Silva adems reivindicaba a los investigadores como Andr Gunder Frank, Theotonio dos Santos, Darcy Ribeiro y Fernando Henrique Cardoso quienes haban contribuido a la gestacin de una ciencia social revolucionaria con impacto en la vida poltica de Amrica Latina.

4-CRITICAS Y ABANDONOS.

Luego de experiencias de exilio, movimientos derrotados ya sin posibilidad de recomposicin y trgicas dictaduras en buena parte de Amrica Latina, hacia principios de los 80 y durante el transcurso de esa dcada comenzaron las transiciones hacia procesos de democratizacin que, ms all de sus matices en cada pas, tuvieron un lugar de importancia en las reflexiones del campo comunicacional. Nuevos temas se abran paso y con ellos tambin se apelaba a nuevos horizontes tericos. Michel Foucault, Michel de Certeau, un Bourdieu ms alejado de La reproduccin, Gramsci reledo en clave democrtica, los estudios culturales ingleses. Posiciones como las del Althusser de los aparatos ideolgicos de Estado, que haban generado ms adeptos que herejes, eran cuestionadas hasta el hartazgo y dejadas a un lado. Se abandonaba (?) tambin la Escuela de Frankfurt para dar espacio a la nueva Teora Crtica a travs de Jrgen Habermas y su compleja y erudita Teora de la accin comunicativa. Es obvio que en el contexto mencionado haba necesidad de evaluar, revisar e innovar en torno a los saberes producidos..

En ese marco, las lecturas sobre Marcuse, Adorno y Horkheimer, especialmente los dos ltimos, quedaron inscriptas en ese tipo de planteos que rehuyen a asumir desde dentro de una perspectiva terica su complejidad conceptual, su variedad temtica y su potencial como marco para formular nuevas problematizaciones. De ello daba cuenta el criterio utilizado en buena parte de los textos dedicados a revisar paradigmas con la idea de poner en evidencia sus alcances y lmites. La cantidad de textos y artculos panormicos que sintetizaban una suerte de estado del arte de las teoras quiz sea ni accesible ni abarcable ya que en cada pas y cada universidad se han escrito textos en ese tono. Sin embargo han contribuido a sedimentar en el sentido comn la percepcin de agotamiento. Hasta cierto punto un rasgo que rene a las distintas evaluaciones y puestas al da es poner especial nfasis en los lmites de la Escuela de Frankfurt y, tal vez por lo que de esa crtica tiene de interpelacin para el investigador, adjudican a los pensadores alemanes mucho de aquello que debera ser revisado en la propia historia intelectual del campo de la comunicacin en Amrica Latina. Slo a modo de ejemplo mencionamos el libro de Mabel Piccini y Ana Mara Nethol, Introduccin a la pedagoga de la comunicacin, editado por primera vez en 1984 (hay una edicin posterior). Partiendo del clsico ensayo sobre la industria cultural aunque tomado de una compilacin que lo extrae de su marco textual- sostienen que las reflexiones de Horkheimer y Adorno tienen una importancia sustancial dentro del rea de estudio de las industrias culturales y del papel que los medios de comunicacin colectiva desempean en las sociedades contemporneas. Sin duda alguna, representa un salto cualitativo con respecto a las que hemos denominado teoras del control social a las que enfrenta, en su mismo terreno, con una visin antagnica del lugar que ocupan los fenmenos culturales en la vida y la reproduccin de las formaciones sociales capitalistas. (M. Piccini y A. Nethol, 1990: 34). Paralelamente, la idea que atraviesa la exposicin es la de que la perspectiva tiene aspectos discutibles que es preciso revisar. Entre esos aspectos se incluyen la tesis de que la industria cultural cuya singularidad debera ser pluralizada- constituye un sistema tendiente a la uniformidad y la standarizacin, la capacidad generalizada de manipulacin de la misma, el nfasis en la alienacin colectiva y la pobreza simblica de los objetos culturales en relacin al arte burgus. Sin nimos apologticos, lo cierto es que si se cuestionan los ejes sugeridos por las autoras no se pueden retener aquellos aspectos que ellas mismas consideran de importancia sustancial.

Aos ms tarde, en 1992, Armand Mattelart que aunque no es latinoamericano, ha sido un importante referente del desarrollo del campo en Amrica Latina- esgrima la misma lnea argumental para reprobar, en parte, lo que Horkheimer y Adorno sostenan. En especial nos resulta significativo destacar el inicio de la siguiente cita, cuya tesis es objetable: La unin que establecen entre la tecnologa, la cultura y el poder y la economa no se analiza en s: slo est ah para aclarar lo que consideran como la degradacin del papel filosfico-existencial de la cultura como experiencia autntica. (...) La nocin de industria cultural sirve, pues, de contraste a una cierta sacralizacin del arte y de la alta cultura, ms que a elucidar la industrializacin de la cultura y, no digamos, su internacionalizacin. De ah que resulte una tesis abusivamente generalizante. (A. Mattelart, 1996: 271). Quiz una de las expresiones mejor logradas fue de Anbal Ford en su Navegaciones cuando elige denominar adornismo a ciertas miradas, y no porque aborde a Adorno, sino porque sintetiza en un solo trmino una idea que se volvi sentido comn en torno a lo que la perspectiva de Frankfurt significa.

El clima o nimo hacia la teora crtica que ganaba terreno indicaba la no conveniencia de sus presupuestos, su agotamiento. Quien puso nfasis en ello y quiz con ms xito del deseado fue Jess Martn Barbero, paradjicamente, cuando lo que intentaba hacer era renovar las posibilidades de la crtica. Ya a principios de los ochenta, en un artculo titulado Memoria narrativa e industria cultural publicado en Comunicacin y cultura, Martn Barbero sostena que la cultura de masa sola ser enfocada desde el modelo culto. Siguiendo a Mattelart y Piemme, sugiere que Adorno y Horkheimer atacaran a la cultura de masas porque atentaba contra cierta sacralizacin del arte. Es decir que mirada desde el modelo culto la cultura de masa tiende a ser vista nicamente como el resultado del proceso de industrializacin mercantil (...) impidiendo as comprender y plantearse los efectos estructurales del capitalismo sobre la cultura. (J. Martn Barbero, 1983: 60, subrayado nuestro). La contundencia del juicio no deja de ser sorprendente en tanto vuelve a ser enfatizado al momento de abordar la problemtica de la recepcin especialmente entre los sectores populares y concluir que las estticas aristocrticas han visto en el goce algo de lo cual sospechar. Es ms, para Adorno y dems compaeros de la Escuela de Francfort la verdadera lectura empieza all donde termina el goce. Quiz esa negatividad tenga no poco que ver con su pesimismo apocalptico y su incapacidad para atisbar las contradicciones que atraviesa la cultura de masa. (Ibdem: 66). En este sentido, cabe recordar que en los aos 60 sera clave la aparicin del libro de Umberto Eco Apocalpticos e integrados, ya que esa dicotoma se constituy (e incluso sigue operando) como una de las claves de acceso tambin esquematizada, ms all de Eco- a las perspectivas de anlisis de la cultura contempornea, en especial en relacin a los medios de comunicacin. La idea de pesimismo apocalptico aparenta tener un parentesco con ella. La atribucin a priori de un carcter globalmente apocalptico y pesimista para referirse al pensamiento de Frankfurt ha terminado por obturar la posibilidad de distinguir momentos especficos de sus reflexiones e investigaciones y de acceder a las razones y argumentos que le han dado sentido a la idea de negatividad, ampliamente rechazada sin rebatir sus fundamentos. A su vez, el tratamiento unitario del conjunto de pensadores, aspecto que la no muy acertada denominacin escuela estimula, tambin ha desconocido diferencias y matices significativos.

El remate de esta posicin fue dado en el libro de Martn Barbero, De los medios a las mediaciones. Comunicacin, cultura y hegemona (1987), que constituy una instancia de sntesis de mucho de lo que se vena desarrollando en el campo. Quiz este haya sido uno de los textos ms ledos entre quienes se interesan por estudiar la comunicacin en Amrica Latina e, indudablemente, su publicacin fue una importante puesta al da y un programa de posibles nuevos itinerarios. Pero no sera desacertado decir que el mismo, que constitua un importante punto de partida, ms que generar debate pas a ser casi inobjetable, y no slo en torno al asunto que nos convoca En una variada revisin terica que atraviesa diferentes posiciones, Martn Barbero llega a Frankfurt con la idea de una fuerte implicacin con Amrica Latina, tanto en el debate de la escuela, como en un debate con ella. A pesar de considerarla menos permeable al uso instrumentalista de otras perspectivas de izquierda, su lectura dice tener un innegable sabor a ajuste de cuentas, sobre todo con el pensamiento de Adorno, que es el que ha tenido entre nosotros mayor penetracin y continuidad (J. Martn Barbero, 1987: 49). Lo que le objeta a Adorno y Horkheimer no deja de estar a tono con lo que sostenan Piccini y Nethol, llegando a asociar a Adorno con los aspectos ms reaccionarios de Ortega y Gasset en una exposicin de la Teora esttica que en la seleccin de citas y sus cortes revela una estrategia de lectura cuyo objetivo es atribuirle unilateral y globalmente un carcter aristocrtico.

A partir de all la alternativa para Martn Barbero est en los textos de Walter Benjamin. A diferencia de otros comentaristas latinoamericanos, no reduce a Benjamin a su trabajo sobre la obra de arte en la era de la reproductibilidad tcnica, si bien pone nfasis en l. Estn presentes adems la idea de experiencia, las transformaciones de la vida urbana, etc. Lo que se si hace es distinguir tanto a Benjamin de Adorno y la Escuela de Frankfurt que la lectura deja de lado las posibles y productivas conexiones existentes, especialmente, entre el pensamiento de Benjamin y el de Adorno con sus debates incluidos. El debate de fondo entre ambos queda en Martn Barbero en una suerte de dicotoma sin puentes. Pero uno de los ejes centrales que da sentido a la lectura es sostener que con Adorno lo popular se vuelve impensable y esta posibilidad reside en Benjamin. El comentario no mercera objeciones, salvo que la bsqueda de una teora sobre las culturas populares en Adorno es un emprendimiento que de entrada no tentara a nadie. Sobre este punto nos permitimos una digresin. Cuando en los aos ochenta se revisaron las miradas sobre lo popular, en especial sobre los formas en que los sectores subalternos se vinculan con la cultura de masas, reaparecan ocultos tras mediaciones, identidades, tcticas y lecturas activas, supuestos y aproximaciones similares a los estudios sobre usos y gratificaciones de la sociologa norteamericana contra la cual una dcada antes se haba combatido; y no slo se eso, se haba proclamado una victoria sobre ella. A su vez, resulta errado atribuir un desconocimiento por parte de los frankfurtianos de que existen satisfaccin y goce en torno a los consumos culturales; lo que ellos hacan eran denunciar no slo la falsedad de los modos de solucin de las necesidades individuales y colectivas sino tambin los mecanismos a travs de los cuales esas necesidades eran modeladas por la misma racionalidad que despus iba a darles una satisfaccin tramposa.

Pero lo central en su eje de lectura pasa por otra cuestin. Es la estrategia que propone como hiptesis el alto impacto y continuidad del pensamiento de Adorno entre nosotros. Aunque, ahora bien, a confesin de parte, relevo de pruebas. Cuando en otro trabajo el propio Martn Barbero exponga la configuracin de las principales temticas y conceptos que fueron configurando aspectos del campo en los aos setenta, en ningn momento da cuenta de la presencia de Adorno. Si ha estado en esa dcada, y muy presente, la inquietud por las culturas populares que alto impacto del pensamiento adorniano deba estar, al mismo tiempo, obturando. Quiz este juicio hecho sobre el texto de Martn Barbero pueda resultar injusto. Sin embargo, el ajuste de cuenta deba hacerse con aquello que los propios latinoamericanos haban pensado, para sealar los lmites y posibilidades que se abran a partir de ciertos nudos problemticos de la historia intelectual.

En el campo de la comunicacin en los aos ochenta las tensiones los investigadores inclinaron la balanza hacia Benjamin, si bien la Escuela de Frankfurt sigue considerndose una perspectiva bsica del campo aunque ya sin vigencia. Tambin el merecido reconocimiento de la figura trgica dio lugar la continuidad de su traduccin al castellano y el portugus como tambin a ensayos, homenajes, seminarios y suplementos culturales cuyo abordaje detallado merecera un apartado especfico. Ahora bien, ms all de esto, si existi en los setenta cierta vulgata en torno a Adorno y Horkheimer, en los ochenta y los noventa tambin circula una vulgata del pensamiento de Benjamin, ms all de las destacables excepciones. Entre los estudiosos de la comunicacin, La obra de arte en la era de su reproduccin tcnica (y algunos otros textos como, por ejemplo, Breve historia de la fotografa) suele ser a la obra de Benjamin lo que Iluminismo como mistificacin de masas a la de Horkheimer y Adorno. Difcilmente se ponga nfasis en las Tesis de filosofa de la historia, que en algn sentido, quiz nos acercaran de nuevo, peligrosamente, a la Dialctica del Iluminismo y el conjunto de problemas que ms all de los debates y tensiones, de nuestro acuerdo o no con las diferentes posiciones, dan cuenta de que la importancia de Benjamin, Adorno, Horkheimer, Marcuse o Lwenthal, radica no tanto en sus aciertos o errores (ambos estn presentes en todos ellos) sino en sealar un conjunto de problemas (muchos de ellos apremiantes) y de modos del pensamiento que merecen ser considerados por la reflexin terica, ms an cuando pretende tener carcter de crtica y evitar prohibirse la imaginacin.

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CURRICULUM VITAE.

Victor Lenarduzzi. Argentino. Licenciado en Comunicacin Social. Magister en Sociologa de la Cultura y Anlisis Cultural. Docente-investigador de la Universidad Nacional de Entre Ros y docente de la Universidad Nacional de Buenos Aires (Argentina). Ha publicado los libros Revista Comunicacin y cultura. Itinerarios, ideas y pasiones, Eudeba, 1998 y Escuela de Frankfurt. Razn, arte y libertad (en coautora con A. Entel y D. Gerzovich), Eudeba, 1999 y varios artculos sobre temas de comunicacin.

Tuvimos la oportunidad de cuestionar estos y otros tpicos en nuestro Revista Comunicacin y Cultura. Itinerarios, ideas y pasiones, Eudeba, 1998.

Sobre las cuestiones mencionadas ver M. Jay (1991) M. Traine (199 ), K. Pressler (1992) y G. Wamba Gavia (1992)

Pero a pesar de que el Instituto constituido en Alemania se haba ocupado tempranamente del antisemitismo y el autoritarismo y existan marcos conceptuales previos, el prlogo de Colombo no aporta datos en ese sentido ni contribuye a una apertura hacia la obra de los filsofos alemanes.

Segn recordaba Schmucler: los de Frankfurt eran poco conocidos. Yo creo que por ignorancia. Si bien en Argentina es la primera edicin que hay de Sur, yo creo que haba un prejuicio en la Argentina por lo menos-, un prejuicio tal vez populista. Adorno era como mala palabra. (...) El que la sacara Sur y lo tradujera Murena era tambin un problema. (...) S estaba lo de Pasquali. Yo tengo aquella primera edicin, subrayada de aquella poca, uno de los pocos libros que me quedaron de ese momento. Pero no haba la voluntad, no se conoca. (...) No se bien por qu. Creo que por razones de hiperpolitizacin. Todo eso era sospechoso, porque no se adhera claramente a posiciones revolucionarias.

Cuando se esgrime la objecin hacia la teora crtica que esta trabaja sobre la base de la conciencia en el plano del sujeto, Cohn sostiene que esa objecin puede ser invalidada: una premisa bsica de este enfoque es que la conciencia social es el producto de una configuracin econmicosocial histricamente dada que produce, a su vez, sus propios sujetos concretos. Sin esa premisa no se podra concebir la construccin del concepto de industria cultural. (Ibdem: 40).

El nuestro es un universo totalitario de la racionalidad tecnolgica que se ha vuelto paulatinamente incuestionable por haber inculcado una moral egosta y del xito en un mundo repleto de vistosos seudoxitos, del supuesto bienestar y de opaca satisfaccin. La tcnica es buena en s, pudiera llegar a ser una bendicin para la humanidad o cuando menos acelerar el advenimiento de una ms humana sociedad postecnolgica (tesis del ltimo Marcuse); en lo concreto histrico-social, ella es el brazo armado de la alienacin, su ms plstico, integrador y eficaz instrumento. Ella ha debilitado, por ejemplo, la posicin negativa de la clase trabajadora, que ya no se siente encarnando la contradiccin viviente a la sociedad constituida (a lo cual debera aadirse que el bienestar mal repartido est produciendo la explotacin del proletariado pobre por parte del proletariado aburguesado de los pases industrializados). Ella tiende a reducir el hombre a instrumento, cosa, medio, consumidor, fetichista, y ha sido capaz de sentar las bases para perpetuarse, bajo la bandera positivista del orden y del progreso.(A. Pasquali, 1976: 23-24)

Tambin el venezolano Ludovico Silva public en 1970 un libro titulado La plusvala ideolgica, denominacin que inlcua la categora central que el autor desarrollaba. Categora o idea, si se acepta, un poco extraa en la conjuncin de ambos trminos, pero que en realidad traslada un concepto a otro marco en el que quiz no sea del todo productivo. El prlogo fue escrito por Juan Nuo y sintetizaba de este modo el concepto: El constructo intelectual de plusvala ideolgica, creado por Ludovico Silva, trata de describir una situacin y de denunciar las consecuencias que de aqulla se derivan. Lo que encubre la plusvala ideolgica es lo que Adorno llamara industria cultural, propia de las soiedades avanzadas; industria que tiende al control masivo de las conciencias mediante procedimientos tecnolgicos de difusin de ideas. Lo que Ludovico Silva agrega al estudio de semejante mecanismo productor de una determinada cultura es el esquema marxista de la teora del valor: si, en el orden de las producciones materiales, la base generativa del capitalismo es el excedente del valor-trabajo, del que se obtiene el margen de beneficio, y a partir del cual se produce la explotacin material y la enajenacin social, asimismo (es el razonamiento de Silva), en el orden cultural, que ha pasado a ser una expresin industrial autosuficiente, ha de registrarse el correspondiente fenmeno de plusvala (citado por Fuentes Navarro, 1992).

El sistema de la dependencia actuaba sabiamente: junto a la enajenacin material fue formando en las mentes la enajenacin ideolgica: gran reservorio ideal de lealtades hacia el sistema mismo, capital ideolgico siempre dispuesto a traicionar cualquier impulso subversivo y siempre al servicio del capital material. Junto a la plusvala material que era extrada de la fuerza de trabajo, el sistema de la dependencia fue formando progresivamente un mecanismo de produccin de plusvala ideolgica, mediante el cual la parte no conciente de la energa psquica de las gentes pasa a formar parte del capital ideolgico imperialista, a sustentarlo, a preservarlo y a perpetuarlo. (Ibdem: 164).

Otro itinerario, que tiene que ver ms con la crtica literaria puede rastrearse en los textos de Sarlo y Altamirano, que aqu no vamos a abordar. De todos modos, de acuerdo a una entrevista que realizamos con B. Sarlo, los textos frankfurtianos fueron parte de sus lecturas y revisiones durante la dictadura militar y no previos.

Ford escriba que la apuesta consista en "analizar la constitucin y la historia de los medios desde sus conflictos internos y no slo desde el punto de vista de los intelectuales agredidos por ella (el adornismo); es decir, como seala Barbero, ver la constitucin de lo masivo por fuera del chantaje culturalista que los convierte inevitablemente en procesos de degradacin cultural"... (A. Ford, 1994: 156, subrayado nuestro).

Ideas similares tambin fueron sostenidas por Garca Canclini Quin le objetara la siguiente afirmacin sobre los lastres de los aos 70?: "La suma de la influencia frankfurtiana en la caracterizacin de los medios ms el marxismo de manual ms la espesa politizacin de la problemtica comunicacional lleva a ver el poder cultural como atributo de un sistema monoplico que, administrado por las transnacionales, la burguesa nacional y los Estados, impondra los valores dominantes a las clases subalternas" (N. Garca Canclini, 1989: 16).

Nos referimos al captulo Lugar de partida: El debate latinoamericano en el inicio de los aos setenta , en Procesos de comunicacin y matrices de cultura (1990)

Slo a modo de ejemplo se pueden mencionar en Argentina a la revista Babel y La ciudad futura y los suplementos culturales de los diarios Clarn, Pgina/12 y Sur, que incluso aportaron alguna traduccin de textos breves. Tambin se puede mencionar el seminario promovido en Brasil por el Instituto Goethe de Sao Paulo en 1990 (Siete preguntas a Walter Benjamin) publicado luego como dossier en la revista de la USP (n 15) y el organizado por la sede Buenos Aires del mismo instituto en 1992 en Argentina, reproducido en Sobre Walter Benjamin. Vanguardias, historia, esttica y literatura. Una visin latinoamericana (1993). En ambas oportunidades participaron especialistas latinoamericanos y europeos de reconocida trayectoria