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Vida y obra de Marina Abramovic - The Artist is present

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Artículo sobre la obra "Vida y muerte de Marina Abramovic" en el Teatro Real y el documental de la HBO "The artist is present". La Vanguardia, suplemento CULTURA/S. 11 de abril de 2012 © Ferran Mateo

Text of Vida y obra de Marina Abramovic - The Artist is present

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    DEABR

    ILDEL

    2012

    512 EscriturasVida de Terenci MoixLa vibrante biografaliteraria del escritorbarcelons centra Eltiempo es un sueo popde Juan Bonilla, premioGaziel 2011Pgina 6

    En directopera abiertaEl Teatro Real estrenauna pera sobre MarinaAbramovic, artista dela performance que esadems protagonista deun lme documentalPgina 24

    Licencia para prohibirGracias a la apertura dearchivos sabemos cmo actula censura franquista contralos escritoresPginas 2 a 5

    ReciclajeRock censuradoEl franquismo se dedictambin a cortar y alterarcanciones y discos de BobDylan, Leonard Cohen,los Rolling Stones, LouReed o el grupo VenenoPgina 30

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    FERRAN MATEONadie est vacunado para los ner-vios en los estrenos. A MarinaAbramovic le preocupa la reaccinque pueda tener el pblico delReal ante su obra. Me han dichoque es bastante conservador, mecomentadesdeNuevaYork.Le res-pondo que tal vez Peter Sellars leha allanado el camino. Semanasms tarde, al hacermeelmismoco-mentario desdeMiln, le aviso queconAlain Platel noha ido demasia-dobien.Para concertar estas llama-das he hablado con tres asistentes.Hace tiempo queMarina Abramo-vic dej de ser la performer que vi-va en una furgoneta con su parejaUlay. Ahora tiene detrs toda unainfraestructura, cuida al detalle sulegado y Rem Kolhaas proyecta sufuturoCentro para la PreservacindelArte de laPerformance. Le pre-gunto qu se siente al asistir a supropio entierro, aun siendouna fic-cin teatral. La muerte siempreha formado parte de mi vida, res-ponde. Me cuenta la historia de subisabuela, que reuni a toda la fa-milia cuando creyque le haba lle-gado lahora.Tena la ropaprepara-

    dadesdehacamuchosaos.Yaha-ba ledo este pasaje de su vida, pe-ro no la interrumpo. Hago caso aJamesWestcott, autorde la biogra-fa When Marina Abramovic dies:Cada vez queMarina explica unahistoria, la mejora, condicin ne-cesaria para construir un mito. Lamuerte tambin plane en algunasde sus performances, como cuan-do dej un arma cargada a merced

    del pblico (Rythm0), se tumbenel centro de una estrella de fuego(Rythm 5) o se dej apuntar poruna flecha (Rest energy). Y no con-tenta con ello, en su testamento hadejado estipulado cmo sern susexequias. Tres fretros, uno con sucuerpo y dos vacos, se enterrarnen tres ciudades distintas. Y se ser-vir unpastel con la formade la ar-tista, elementodignodeunapelcu-la de Greenaway. Abramovic no secansa demejorar la historia.EnEl artista del hambre, deKaf-

    ka, un ayunador enjaulado hace lasdelicias del pblico. La expecta-cin crece cadada quepasa sin co-mer. Sequedamirandoel vaco, de-lante de s, con ojos semicerrados,y slo de vez en cuando bebe agua.Ochenta aos despus Abramovicejecut The House with the OceanView en la neoyorquina galeraSean Kelly. Fueron doce das deayuno viviendo en tres cubculos

    abiertos al pblico, anclados a lapared. En cada uno reposaba unaescalera cuyos peldaos eran cu-chillos. Cuando al artista de Kafkalepreguntanpor qunopuede evi-tar la prctica del ayuno respondeque no come porque no ha encon-trado un alimento de su gusto. Lavida y el arte del ayunador eran in-disolubles. Lomismo puede decir-se de la artista serbia, que ha situa-do la herida ntima (literalmente)en el centro de su obra, como elcorte en las telas de Lucio Fontana

    o las brechas en las esculturas deAnish Kapoor. Siempre ha afirma-do que su terrible infancia, en elcontexto del sacrificado y heroicocomunismo de Tito, la haba surti-do de materia prima para su arte.SusanSontag, conquien trab fuer-te amistad, escribiEl artista comosufridor ejemplar sobre los diariosde Pavese. Por qu nos interesa lavida ntima del artista? Segn Son-tag, nuestra curiosidad no se debeal afn por comprender mejor suobra sino que exigimos, como enlas pocas de fe religiosa respectoal sacrificio humano, la desnudezdel autor. Participar de su intros-peccin, adems de descubrir suyo, supone descubrir un yo que su-fre. En la conciencia contempor-nea el artista es el sufridor ejem-plar y, conel sufrimiento comomo-neda de cambio, este se mueve enla economa del arte. Hemos pasa-do de un artista que desvelaba laverdadde algo al artista quedescu-bre la verdad de s mismo. En eso,Abramovic es ejemplar.Noes la primera vez que la artis-

    ta pone en bandeja a un directorde escena su exploracin de los l-

    MarinaAbramovicPionera del arte de la performance, elTeatroReal deMadrid estrenaunaperasobre suvida yobra. La actualidadde la artista serbia incluye tambinundocumental y una exposicin

    El entierro de la performer

    Endirecto Un instante de lapera que se

    estrena en el Realde MadridFOTO LUCIE JANSCH

    Hemos pasado del artista que desvelaba laverdad de algo al artista que descubre la verdadde s mismo; en eso, Abramovic es ejemplar

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    ECTOmites del cuerpo y la mente. Fue

    necesaria la crisis existencial poste-rior a la separacinde supareja ar-tstica durante doce aos, UweLaysiepen (Ulay), cuyo final subli-maron en la performance The lo-vers: cadauno avanzdesde unex-tremode laMuralla chinahasta en-contrarse en un punto donde, trasun abrazo, se separaron para siem-pre. Ulay se enamor de su traduc-tora. Marina atraves un periodode inseguridad, necesitaba reivin-dicarse como la artista autnomaque haba sido antes de la relacin.EnBiography (1992), Charles Atlaspuso enescena una lectura de la vi-da y obra deAbramovic. Aunque laartista volva a reproducir algunasde sus performances nada tenaque ver con la esencia del gnero:impredecible, vulnerable, no repe-tible. Pero el fin era otro, cogerperspectiva de s misma, proyectarsus deseos, ser extravagante y ba-rroca cuando todava estaba reha-ciendo su carrera y vida personal.El constructo teatral se fue enrique-ciendo connuevos episodios. Le si-guieron Delusional (1994) con elmismodirector, que incluyunvia-je a los Balcanes, y The BiographyRemix (2005) deMichael Laug, es-trenada en Avin, donde por pri-mera vez cede la ejecucin de susperformances a sus alumnos. Trasel estreno enManchester, es el tur-no de Robert Wilson.A la manera de Dighilev, La vi-

    da y la muerte de Marina Abramo-vic presenta un repquer de nom-bres de disciplinas distintas: ade-ms de la performer, estnWillemDafoe como narrador, el cantanteAntony Hegarty, el compositorWilliam Basinski, el vestuario deJacques Reynaud y la direccin deWilson.Pero de todo elmen, el di-rector texano es el plato especial.Si primero trabaj con el dolor,

    Abramovic ahora se centra en laduracin, el tiempo mental mol-deable comoelemento transforma-tivo. En ese sentido, Robert Wil-son es su alma gemela en el teatro.l tambin ha planteado duros de-safos al pblico, comounaproduc-cin de siete das ininterrumpidoso las doce horas de The life and ti-mes of Joseph Stalin. Pero tambinles une la conciencia del cuerpo, lalentitud, el flujo de energas queatraviesa el escenario modeladopor la luz en la creacin de un ta-bleau vivant, la invitacin a la con-templacin. De la misma genera-cinqueAbramovic,Wilsonnona-ci en la Yugoslavia de Tito, peros en elWaco de la segregacin ra-cial y la homofobia. Ambos huye-ron del nido y crecieron con el artede accin y la danza contempor-nea. En esta ocasin, Wilson se hacentrado en la biografa de Abra-movic, que har de s misma y desumadre. Asistir primero a su fu-neral y luego le seguir un largoflashback desde su infancia hastala muerte, de la luz a la oscuridad.Slo queda averiguar si, en el Real,Abramovic mejorar su historia. |

    Desde la accin de Joseph BeuysI like America and America likesme (1974) ninguna performancehaba dejado huella tan honda enEE.UU.Cuando lamquina de le-gitimacin, el museo, abri laspuertas a su retrospectiva, la abue-la de la performance se encontrcon que el tiempo haba pasado,pero la institucin por antonoma-sia del arte an no haba resueltolamanera de acoger el gnero, co-mo s lo haba hecho con el vdeo,la fotografa o el arte digital. Po-demos contentarnos con la docu-mentacin del arte de accin, quenunca sustituir su esencia, la ex-periencia directa y efmera, o per-mitimos que se reinterprete co-mo si fueraunapartituraounaco-reografa para que siga vivo? Lapregunta sigue en el aire. Al mu-seo se le escurre el presente, tiem-po verbal del arte de accin.The artist is present, la perfor-

    mance que se desarroll durantelos 90 das de la retrospectiva delmismo ttulo en elMoMA, se con-sidera la esencia de toda su trayec-toria, el suprematismo de la ac-cin. Las verdaderas obras de ar-te, escribi Kandinski, nacenmis-teriosamente del artista por la vade la mstica. Sentada en una sillaen el centro de un permetro cua-drado, la artista esperaba inmvil,sin descansos, el intercambio deenerga con los visitantes del mu-seo. Si 30 segundos es el prome-dio que nos detenemos ante unaobra de arte, el espectador sostu-vo la mirada sentado ante Abra-movic 20 minutos de media. Esuna relectura de Nightsea cros-sing que, entre 1981-86, practiccon Ulay: uno sentado frente alotro, en silencio, hasta el lmite delas fuerzas. En elMoMA el pbli-co tomaba el asiento de Ulay si-

    guiendo la premisa de que el p-blico es quien completa la obra dearte. Y por qu eso lo es? Para laartista balcnica es arte porquetransforma, crea un espacio fueradel tiempo en que el artista es unespejo que muestra lo que refleja,pero nunca el propio espejo. Yesa embriaguez del arte, alcanza-da tal vez en algn instante de eseintercambio, deca Baudelaireque era la ms apta para velar losterrores del abismo.HBO se embarc en la produc-

    cin del documental, codirigidoporMatthew Akers y Jeff Dupre.Se present en la ltima Berlinaley recibi el premio del Pblico.Documental? Aspira a algo ms,

    como El sol de membrillo de Eri-ce, pero con la dificultad ontolgi-ca de que no slo sigue los prepa-rativos ymo

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