Sevilla. Sentidos

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Sevilla

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  • 1. SentidosLos

2. 1La lu z En el principio fue la luz. La Ciudad vino luego.En el principio fue la luz, que le sacaba esquirlas comodiamantes lquidos al ro que discurra plcidamente porel curso bajo de su valle para buscar la eternidad del mar.Un ro que no tena nombre, pero que estaba desti-nadoa convertirse en el Betis de los romanos, en elRo Grande al que los rabes llamaron Guadalquivir.Ahora es una drsena por la que no pasa la corrientedel agua. En Sevilla, Herclito podra baarse dosveces en el mismo ro, en ese espejo que le sirve a laluz para contemplarse a s misma en un ejercicio denarcisismo que caracteriza a la Ciudad.Esa luz, que define como ningn otro elemento la esencia in-materialde Sevilla, es una naranja madura cuando lamaana disuelve la tinta apretada de la noche. Antes,ese amanecer que enamor a Juan Ramn Jimnezcuando asisti al renacimiento de la luz durante laMadrugada del Viernes Santo. Ese da en que em-piezael ao sentimental para el sevillano cuando laluz ilumina el rostro de la palabra que mejor definelas entraas de la Ciudad: la Esperanza.Sobre las calles que huelen a cera, sobre las azoteascon macetas, se va viendo una luz de plata, y en elfresco y puro azul matutino, an negro, se oyen volarpalomas que no se ven.Juan Ramn JimnezMadrugada de Viernes SantoHay ciudades nocturnas donde el noctmbulose refugia para huir de la luz. En Sevilla, la nochedura lo preciso. La noche es un descanso para losojos que se han embriagado de luz durante las horasque marcan el carcter solar de la Ciudad. El trnsitode la sombra al alba es delicado, como si se rasga-ranlas alas de tul del sueo, que dira Bcquer. Luzde plata como azahar que renace, y que muy prontose convertir en esa naranja que incendia los cielosreconquistados por la claridad. De ah, al celeste12 1325 razones para conocer Sevilla La Luz LOS SENTIDOS 3. tibio, casi gris, que durante un instante nos dejarla instantnea de una Sevilla en blanco y negro. Esel regalo que la Ciudad guarda para los que la ma-drugan,para los que empiezan el da con ella, a sulado, con los ojos abiertos por la infinita capacidaddel asombro.A partir de ese momento, el sol se har fuerteen las espadaas, esos lugares de privilegio quereciben el primer beso de la luz, y que se despi-dende ella con la ltima caricia de la tarde. Sevillaes ciudad de torres y espadaas, de campanariosy azoteas que buscan el alfa y el omega de la luz,de linternas y vidrieras que filtran el poder del solpara deshacerlo en los colores que pintarn de rosay malva la piedra inerte. Ese sol tempranero alum-brarlos retablos barrocos que son, en la poesavisionaria de Cernuda, una confusin de oros per-didosen la sombra.Esta luz se recorta en los prismas huecos de lospatios, traza diagonales de sombra que conviertenuna pared cualquiera en un reloj de sol donde semarca el otro principio de la ciudad: Sevilla es unaSevilla es un puro laberinto de luces entrecortadas, de tiem-posque se han ido sucediendo a travs de los pue-blosy las civilizaciones que todo lo ganaron y todolo perdieron, como nos recuerda a cada momentoManuel Machado. Sus conquistadores caen rendi-dosante el encanto de esta luz que sigue brillandoen el oro fenicio que serva para enjoyar a una diosa,en las columnas romanas que buscan la luz total enel mrmol que vence al tiempo, en la preclara biblio-tecaque concentraba la sabidura visigtica de SanIsidoro, o en los azulejos que descomponen los colo-conjuncinde luz y tiempo. Barroca como la som-braque le sirve a la luz para hacerse presente con lafuerza del contraste. As es la Ciudad donde el tiem-pova pasando como la maana que se alza hastael rejn clarsimo del medioda. Ese brillo verticalque cae a plomo sobre las plazas es capaz de cegara quien se atreva a contemplarlo de un golpe de vis-ta.Tocamos aqu uno de los secretos de Sevilla. Loescribi Pessoa en la primera pgina del Libro deldesasosiego: Pero todo fragmentos, fragmentos,fragmentos... As es Sevilla. Una sucesin de frag-mentos,un mosaico infinito que hay que recompo-nercontinuamente para que se haga posible la vi-sintotal de esta ciudad llana como la palma de unamano abierta.Felipe GonzlezSoy sevillano de nacin. All estn mis races. Lasque definen, pasada la infancia y la juventud, lo queuno es para toda la vida.Sevilla es una ciudad llena de encanto. Una ciudaden la que se puede pasear saboreando rinconesmaravillosos. Desde Santa Cruz hasta la Macare-na,para asomarse por la calle Torneo a la orilla delGuadalquivir y pasar a travs del ro a uno de susbarrios ms emblemticos, Triana.Como el nio de la novela histrica, Un puente so-breel Drina, acercndome a los 50 aos, tuve laocasin de modernizar mi ciudad haciendo puen-tessobre el ro, incorporando la Isla de la Cartuja,revolucionando las infraestructuras para que fuerafcil disfrutar de esta bella ciudad.Pero en todo lo que hice para modernizarla, inten-tabapreservar su identidad, su sabor incompara-ble.Creo que lo conseguimos y hoy millones depersonas cada ao pueden disfrutar de su bellezacon ms facilidad y comodidad que nunca.En Sevilla todos los sentidos se despiertan. Todoslos momentos se disfrutan.14 1525 razones para conocer Sevilla La Luz LOS SENTIDOS 4. res alicatados para que lo luminoso se vuelva tctil,para que el ciego pueda tocar la luz con las yemasde sus dedos. Esa luz convirti a los cristianos quela reconquistaron en sevillanos conquistados por laCiudad. Y los llev, ro abajo, hasta las Indias paraque el oro y la plata siguieran alumbrando sus calles:soles y lunas acuados en la Casa de la Moneda.Sevilla es barroca como la sombra que acechaa cada momento, y que le hizo escribir a ChavesNogales una de las grandes verdades sobre laCiudad: en Sevilla, la muerte siempre es un asesina-to.Los sevillanos contagian al visitante esta pasinpor la vida que se traduce en el lenguaje universal dela luz. No hacen falta guas ni traductores. Tampocoes preciso que se permanezca mucho tiempo en suscalles. Basta con esa mirada becqueriana que es unmundo, la misma que le sirvi a Valds Leal parapintar sus postrimeras en el Hospital de la Caridad.In ictu oculi, o sea, en un abrir y cerrar de ojos, elviajero habr experimentado la primera razn paravenir a Sevilla: la luz.Tras el deslumbramiento, esa tormenta que agi-talas pupilas y araa para siempre la retina dondequeda grabada la imagen luminosa de la ciudad, lacalma de la tarde. Un enemigo de los tpicos comoEugenio Noel, cay preso de ese encanto que raya enel encantamientoy le dedic su libro sobre la SemanaSanta a Sevilla, la de los incomparables atardeceres.En Sevilla las tardes suceden muy despacio, comosi la hora fugitiva pudiera remansarse en las fuentesy en los estanques que multiplican la lenta agonadel sol. Es la hora de la plenitud, de la madurez, deltiempo decantado y filtrado por los entreluces mssuaves del da. Quien pasee durante una tarde porSevilla, ya estar cautivo de su gracia. Porque la luzes eso: la gracia incorprea, intangible y femeninaque se curva en los teoremas de Einstein... y en loscuerpos de las sevillanas que se visten de flamencacon el noble fin de lucir un nmero indeterminadode lunas o de lunares sobre el tejido que se adhiere asu piel. La ecuacin est abocada al resultado inevi-table.Si sumamos la luz y la gracia, no tenemos msremedio que llegar al destino que todo lo marca enSevilla: la belleza.La funcin ltima de la luz no es otra que la visin de esabelleza fragmentada, sorprendente, que sale al pasodel visitante cuando menos la espera. Comete unerror quien se acerque a Sevilla con una idea pre-concebidade belleza, quien crea que su hermosuraes teatral y previsible. Una belleza efmera como elrayo del sol que se refleja durante el tiempo exactode un instante en un cristal que al momento se que-darhurfano de su presencia. Sevilla es una ciudademocional que va mucho ms all de lo racional.Andr Breton pens en ella cuando nos dej la fra-seque define la conmocin que provoca: la bellezaes convulsa o no ser. Hay que preparar el espritupara asimilarla, porque se cuela hasta la mdula delos huesos, porque trasciende lo bonito, porque notiene nada que ver con el concepto insustancial delo agradable. Digmoslo de una vez: la belleza enSevilla tiene peligro. Mucho peligro.16 1725 razones para conocer Sevilla La Luz LOS SENTIDOS 5. Si no, que se lo pregunten a los exiliados como AlMutamid, aquel rey rabe que sufri el destierrocomo un alejamiento de la belleza que haba co-nocidoen el primitivo Alczar, en la orilla del rodonde la tarde se demora, donde resuena el ecode Quevedo: Huye lento sin percibirse el da.Entonces sucede el prodigio de la simetra tem-poral,mucho ms enigmtica que la espacial. Lanaranja del amanecer reaparece en el poniente,ese punto cardinal que en Sevilla tiene nombrepropio: Triana. La luz ha cruzado el ro del tiem-po.Ese naranjal de luz es la pantalla que nos con-vierteen contraluces del anochecer, en siluetasrecortadas por la tijera de la penumbra. El da seresiste a entregarse en los brazos insinuantes dela noche. El ltimo sol apenas puede despedirsede las espadaas, de los azulejos que pintan deblanco y azul las cpulas de las iglesias.Llega la noche como un descanso. Los ojos ne-cesitanese parntesis de sombra que permita el ejer-ciciode la memoria. Quien ha paseado por Sevillase ha convertido, inevitablemente, en un pintor decuadros que se han ido sucediendo con la lentitudde la mirada. Esas imgenes irn adelgazndose has-taquedarse en un recuerdo. De ah nacer la imagende la ciudad que se llevar el viajero cuando vuelva asu tierra de origen con la palabra Sevilla rondndolepor dentro. La Ciudad se habr reducido a una vagapaleta de colores puros. Es la abstraccin llevada alextremo de la evocacin.Envuelto en el celofn translcido de las som-bras,el laberinto se har ms fragmentario an. Pararecorrerlo, el viajero deber dejarse de planos y demapas. Su intuicin le bastar para dar con la luzde una taberna, con la lmpara encendida de uncaf, con ese rincn acurrucado junto a una farolaque se quedar grabado en el fo