Chanter le bandit. Ballades et complaintes d'Amérique latine || De facineroso ladrón a santo milagroso: el culto a los bandidos en la literatura y la devoción popular

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  • Presses Universitaires du Mirail

    De facineroso ladrn a santo milagroso: el culto a los bandidos en la literatura y la devocinpopularAuthor(s): Santiago CORTS HERNNDEZSource: Caravelle (1988-), No. 88, Chanter le bandit. Ballades et complaintes d'Amrique latine(juin 2007), pp. 11-29Published by: Presses Universitaires du MirailStable URL: http://www.jstor.org/stable/40854326 .Accessed: 16/06/2014 01:16

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  • CM.H.LB. Caravelle n 88, p. 1 1-29, Toulouse, 2007

    Defacineroso ladrn a santo magroso: el culto a los bandidos en la literatura

    y L devocion popular PAR

    Santiago CORTS HERNANDEZ Universidad de Akala

    I. Gauchos milagreros, hurfanos sin sepultura, redentores de cautivos y otros grandes pecadores

    De acuerdo con lo que cuentan las leyendas que se relatan en la provncia de Comentes, Argentina, el gaucho Antonio Mamerto Gil Nunez se haba enamorado de la heredera de la estancia donde trabajaba, una mujer adinerada de Pay Ubre que tambin era pretendida por el comisario del pueblo. Ante la imposibilidad de que su amor de pen se viera correspondido y ante el peligro que representaba persistir en su intento, Antonio huy de la estancia y se fue a pelear en la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1865-1870). Cuando la guerra termino, fue reclutado por los liberales, pero Gil se nego a militar en las filas de los celestes, algunos dicen que para evitar as derramar la sangre de sus hermanos, otros conjeturan que fue porque l era colorado. Fue entonces cuando empez su vida de bandido: el gaucho desertor vagaba por el monte y los esteros robando a los que ms tenan y repartiendo el botin entre los necesitados a lo largo de su huida perpetua. Al frente de una banda de cuatreros surgi as la figura de un Gauchito que tena una mirada poderosa y que podia curar Ias dolncias de los enfermos con las mismas manos con las que robaba. Finalmente una partida policial lo capturo y el 8 de enero, mientras lo llevaban preso hacia Goya, a unos poos kilmetros de Mercedes lo colgaron cabeza abajo de un algarrobo y lo degollaron con su propio cuchillo.

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  • 12 CM.H.LB. CaraveUe

    Antes de que Io mataran, Antonio Gil habl con su verdugo. Le dijo que cuando llegara esa noche a Mercedes, encontraria, junto con la orden de su perdn, Ia noticia de que su hijo se estaba muriendo de una mala enfermedad. Como vas a derramar sangre inocente, -le dijo- invcame para que interceda ante Dios por la vida de tu hijo, porque sabido es que la sangre del inocente suele servir para hacer milagros. Poco tiempo despus lleg el indulto para el gaucho y Ueg tambin el policia a Mercedes para encontrar que su hijo estaba agonizante de un mal que los mdicos no haban podido contrarrestar. Recordo las palabras de su vctima e invoco su ayuda: el nino empez a recuperar Ia salud casi de inmediato. Arrepentido, el verdugo y primer devoto del Gauchito Gil regres al lugar de Ia ejecucin, donde enterro el cuerpo dei bandido y marco el sepulcro con una cruz de espinillo. Con la verificacin de ese milagro concedido a su propio verdugo inicio el culto dei Gauchito Gil en el lugar de su muerte. Ah fue creciendo un santurio poblado por insgnias rojas y manifestaciones devotas que pronto se convirtieron en una molstia para el estanciero al que perteneca el terreno, quien intento trasladado a otro sitio solo para descubrir que, sin el Gauchito ah, su hacienda se desplomaba hacia la ruina. Por eso, aunque el cuerpo de Antonio Gil fue trasladado al cementerio, el santurio se conservo en su lugar original. 1

    Hasta la fecha, durante todo el ano hay promeseros que peregrinan hasta ese lugar en el camino, cargados de cruces rojas, fetiches de agradeci mien to y esperanzas gordas. Cada ocho de enero los devotos desbordan el santurio por miles para pedir o para agradecer algo al Gauchito^ formando una espcie de campamento a su alrededor.2 Ah Ia historia de Antonio Gil se cuenta y se recuenta en todas sus variantes, los msicos la alimentan continuamente con coplas y con acordes, y las voces de los promeseros la llenan de plegarias. Bajo el tinglado de lamina que resguarda la estatua del gaucho con los brazos abiertos surge asi un tipo de literatura popular cotidiana, viva y desbordante. El hecho de que casi no existan datos histricos para sustentar los hechos de la vida de este personaje no preocupa a nadie: ah Io que importa es la historia que se cuenta. Es esa historia oral y colectiva en torno a la figura herica del bandido, el motor de las cosas que se mueven en la realidad palpable.

    El caso del Gauchito Gil es singular pero de ninguna manera nico. Tanto la canonizacin popular de la figura de un bandido generoso,

    1 Vanse para las fuentes de esta leyenda los trabajos de Hugo Chumbita, Flix Coluccio y Sebastian Hacher. Hugo Chumbita, Bandoleros santificados. Todo es historiei, 340, 1995, p. 84-85. Flix Coluccio, Cultos y canonizaciones popuUres de

    Argentina. Buenos Aires: Ediciones del Sol, 2003, p. 80. Sebastian Hacher, Favores recibidos (Historias del Gauchito Gil). Prensa de Frente, 2006, (http://www.prensadefrente.Org/pdfb2/index.php/fot/2006/03/07/p 1150). 2 Vase, por ejemplo, la noticia del 8 de enero de 2005 publicada por el dirio argentino Ckrn: http://ws'rvv.clarin.com/diario/2005/01/08/um/m-900696.htm

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  • Bandidos santos 1 3

    como las leyendas, canciones y manifestaciones literrias que surgen en torno a ella, pueden ser documentadas en distintas pocas y lugares, por Io menos en el mundo hispnico. La figura herica dei bandido social que se genera a partir de constructos literrios con bases ms o menos histricas parece tener tambin cierta permeabilidad hacia Io divino y, particularmente, hacia Ia produccin de figuras de santidad. Algo hay en las vidas llenas de pecado de ciertos bandoleros que Ias vuelve propensas a ser matria para leyendas semi-hagiogrficas dentro de Ia tradicin popular, pues el patron de sus historias y de sus cultos se repite por aqui y por alla.

    En el otro extremo del continente americano encontramos, por ejemplo, un caso muy parecido al de Antonio Gil. Tambin surgida durante Ia segunda mi tad del siglo XIX, y tambin objeto de culto en la actualidad, la figura que puede reconstruirse dei bandido mexicano Jesus Malverde a partir de sus leyendas tiene multiples puntos de contacto con la del gaucho milagroso. Era Jesus Malverde originrio de algn pueblo del estado de Sinaloa, y, segn se dice, un nino cuyos padres haban muerto de misria y de hambre. Hurfano, haba trabajado desde pequeno, dicen que en la albafiilera y como sastre, pro tambin se cuenta que trabaj en la construccin del ferrocarril.

    El perfil general de Malverde es an ms difuso que el de Antonio Gil, pues su figura est formada ms bien por reelabo raciones apenas maquilladas de ciertos tipos narrativos heredados de otras leyendas de bandidos bien conocidos. As, ms que una figura histrica, Malverde es una entidad mtica o legendria. Las cosas que se cuentan de l corresponden ai arqutipo dei bandido generoso^ Aun as, el bandido est perfectamente situado, por Ias coordenadas que trazan Ias leyendas populares, dentro de ciertos limites geogrficos y culturales. Robaba a los ricos muy cerca de Ia frontera entre Mxico y Estados Unidos, y repartia el botn entre los pobres: eso est claro. El episdio de su muerte tambin est claramente perfilado: a Malverde, Io colgaron de un mezquite el 3 de mayo de 1909, prohibiendo que su cuerpo fuera sepultado. El cuerpo de aquel hurfano dei que se contaban hazanas bandidescas se convirti as en una masa putrefacta y expuesta, hasta que acerto a pasar por ah un ranchero que haba perdido una vaca. Cuentan que, trs arrojar azarozamente una piedra hacia donde estaba el cuerpo dei bandido, Ia vaca apareci. El rumor se difundi rapidamente y pronto acudieron otras personas para arrojar una piedra ai bandido y pedirle un deseo; y as fueron creciendo el montn de piedras, los deseos cumplidos, los rumores sobre Ias intervenciones milagrosas y la devocin hacia aquel personaje. Cuentan tambin que en varias ocasiones intentaron remover el sepulcro colectivo que le hizo Ia devocin a golpe de piedras, pro que

    3 Enrique Flores y Raul Eduardo Gonzalez, Jesus Malverde: plegarias y corridos, Revista de Literaturas Popukres, V-l,2006,p.32.

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