Comunicación en el diálogo ecuménico e interreligioso ?· medio de los avances tecnológicos. ...…

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    Comunicacin en el dilogo ecumnico e interreligioso

    un apor te a l Mu t i ro de Comun icao

    Po r t o A l eg re , RS , B ra s i l 3 a l 7 d e f e b re ro , 2 0 1 0

    1.0 Un peregrinaje hacia la incertidumbre

    Crec en un ambiente evanglico conservador de clase media en los Estados Unidos. Mi formacin

    me ense que la fe y la prctica de la misma son cosas muy importantes, muy serias.

    En mi mundo hermtico no caba la diferencia. Mi formacin inspiraba en m la plena seguridad de

    que nuestra iglesia era la duea legtima de la nica verdad y que las dems personas

    especialmente aquellas de otras tradiciones religiosas - corran el riesgo de sufrir el castigo eterno.

    Vimos a personas procedentes de otras tradiciones con sospecha y, a veces, con miedo. Bien

    recuerdo cuando John Kennedy qued electo como presidente de los Estados Unidos. Kennedy fue

    el primer Catlico Romano en ocupar este puesto; fue en noviembre de 1960. El domingo despus

    de las elecciones haba cado sobre nuestra iglesia una sombra de miedo: Los Estados Unidos se

    haba convertido en lacayo del Vaticano? Cmo pudo Dios haber permitido semejante

    acontecimiento?

    Tampoco vimos con agrado a los Pentecostales. La exuberancia de su adoracin, el hablar en

    lenguas, la sanidad divina todo aquello generaba desconfianza. Segn la doctrina nuestra sana y

    ortodoxa estas manifestaciones exticas tenan que haberse limitado a la iglesia primitiva. Adems,

    segn nuestros criterios, su excesivo emocionalismo demostraba cierta debilidad pscolgica, cierta

    falta de madurz.

    Curiosos los caminos del Creador, ya que este ambiente - aparentemente cerrado - me di la

    oportunidad de encontrarme con personas de otras clases sociales, de otras culturas, con otras

    experiencias de fe. Esta iglesia fundamentalista me permiti encontrarme con la diferencia.

    Con el tiempo descubr que no tena porque temer a la diferencia. Descubr que Dios es ms grande

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    de lo que yo haba sospechado. Empec a entender que el Creador no est sujeto a mis reglas ni a

    los dogmas tan cuidadosamente articulados por mi iglesia. Con el tiempo, sent la presencia del

    misterio, el misterio de la presencia. Empec a entender que entenda muy poco.

    Otro detalle: el ao pasado celebr veinte aos de matrimonio con mi esposa, una catlica; adems,

    en Guatemala trabajo todos los das con lderes pentecostales.

    Hice mis estudios universitarios en Wheaton College, una universidad evanglica en el estado de

    Illinois. All me qued confirmada me vocacin de comunicador social.

    En la universidad, cada maana se celebr un culto devocional con carcter obligatorio. Un da, un

    profesor de Biblia, Bob Webber, nos sorprendi hablando del silencio de Dios. El silencio de Dios,

    dijo, nos demostr que Dios nos haba abandonado: a nosotros, su pueblo escogido! Y, nos dijo, la

    ausencia de Dios era ms terrible que su presencia.

    Job haba llegado a la misma conclusin, igual que muchos profetas. Fue este el llanto de Jess en

    Getseman.

    As que, si Dios nos haba abandonado, o si nosotros habamos abandonado a Dios, dijo Webber, no

    nos quedaba otra solucin que ir a buscarlo. Cmo discernir la presencia de Dios en nuestro

    mundo? Dnde buscarlo?

    Llegu a Guatemala por primera vez en 1974, como voluntario, recin graduado de licenciado en

    comunicacin social. Pas un ao viajando por todo el pas escuchando, observando, aprendiendo.

    Me abraz un pueblo caluroso, sabio y generoso, pero a la vez, este pueblo me vio con cierta

    reserva, desde una distancia milenaria.

    En 1977 regres a Guatemala como misionero laico de la Iglesia Presbiteriana de los EUA. Mi

    formacin acadmica no me haba otorgado las herramientas analticas necesarias como para

    comprender la realidad de exclusin politica y econmica, la represin desalmada, la negacin e

    invisibilizacin del ser, experimentada por la gran mayora de las y los guatemaltecos. Fueron mis

    amigos guatemaltecos los que me ofrecieron mi primera introduccin a la historia, cultura, y ciencia

    latinoamericana.

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    El ambiente evanglico en el cual me form postulaba que Dios obraba de manera privilegiada por

    medio de los avances tecnolgicos. Como evanglicos, vimos a la radio y la televisin como

    herramientas evangelsticas poderosas. Despus de cierto tiempo, algunos acadmicos evanglicos

    empezaron a reconocer que los medios electrnicos carecan de canal de respuesta; eran medios

    monolgicos y, por eso, impositivos. Llegaron a cuestionar, entonces, la eficacia evangelizadora de

    los medios electrnicos; optaron por destacar su utilidad para la pre evangelizacin sembrando

    semillas de enseanza tica y moral - y como vehculo para ensear, consolar y animar a la

    comunidad de fe.

    Fueron mis colegas de la Asociacin Mundial para la Comunicacin Cristiana, la WACC, por sus

    siglas en ingls, que se ocuparon de cuestionar el modelo instrumentalista de la comunicacin en el

    cual yo haba sido formado. Empec a comprender que la comunicacin no es una funcin de la

    tecnologa, sino de la cultura humana. Como dijo en aquel entonces Mara Cristina Mata, la

    comunicacin es un proceso de construir significados en comn.

    La WACC me enseo que una comunicacin cristiana es aquella que construye comunidad, fomenta

    participacin, lucha por la libertad, desfa profticamente a los poderosos, y celebra la rica diversidad

    manifestada en la cultura humana. Colegas como Mara Elena Hermosilla y Carlos Valle me

    demostraron el poder de los medios para imponer las agendas de ciertos sectores sociales en los

    espacios pblicos. En Guatemala, pude observar como un sistema econmico, religioso y militar

    pudo satanizar una cultura y una espiritualidad milenaria y, a la vez, reducirlo a imgenes coloridas

    destinadas a la promocin turstica.

    As que, con el tiempo, mi mundo se volvi ms complejo. Fui testigo de la profundidad del dolor

    humano, de corrupcin, violencia y traicin, pero tambin de la sencillez, la ternura, la amistad, la

    honradez absoluta.

    Empec a preguntarme: Qu pasa cuando su terruo y su misma historia, su razn de ser, le es

    arrebatada a un pueblo? Su memoria histrica, su identidad cultural, su comprensin de su lugar en

    el universo? Qu pasa cuando, para sobrevivir, se tiene que emigrar a la ciudad y construir una

    nueva narrativa para dar sentido a su existencia?

    Aprend que, una vez que un pueblo haya sido silenciado e invisibilizado, el genocidio se vuelve una

    opcin viable para aquellos que estn en el poder.

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    La guerra en Guatemala perdur 36 aos; ningn ser humano sali ileso de este trgico conflicto.

    Doscientos mil muertos. Un milln de personas desplazadas. 440 aldeas borradas del mapa. La

    violencia nos violent de manera pareja. Sea verdugo, vctima o testigo, semejante violencia rompi

    algo en lo ms profundo de cada persona.

    Lejos de haber aprendido a celebrar la diversidad y la diferencia, hoy todava nos aflige la

    fragmentacin e intolerancia. Todava subyace en nuestro ser colectivo el espectro de la violencia:

    hombres contra mujeres, ladinos contra indgenas, ricos contra pobres, los de la ciudad contra los del

    campo.

    2.0 Pueblos saturados por el Espritu

    En estas circunstancias no es suficiente promover la tolerancia, nos urge aprender a celebrar la

    diversidad. Cmo llegar a afirmar, sin reservas, que el Creador est presente en la otra persona?

    Como comunicador, Cmo abrirme a la experiencia de la otra persona, de la comunidad

    desconocida? Cmo contar sus historias? Cmo asegurar que ella tenga acceso a los medios y

    recursos necesarios para contar su propia historia? Cmo entrar en un dilogo respetuoso con

    ellos desde mi propio ser, desde mi propia experiencia del Dios de la Vida?

    Guatemala y toda Centroamrica son espacios fsica y metafsicamente impregnados por el Espritu.

    No se puede comprender el pasado, presente o futuro de la regin sin contemplar los complejos y

    contradictorios impulsos de la gente frente a la trascendencia y frente a la fragilidad de la vida

    humana. All, encontrarse con la otra persona implica conocer y respetar su encuentro con lo

    numinoso.

    Tanto la espiritualidad como espacio de construccin de relaciones y significados a partir de los

    misterios lmites de la vida humana el nacimiento y la muerte, el dolor, la enfermedad y la sanacin,

    la carencia y la plenitud, la prdida y la ausencia, el odio y el amor, la esperanza, la ternura, la

    sabidura, el sentirse conectada con ancestras y ancestros y con poderosas fuerzas ms all del

    raciocinio humano como tambin las instituciones religiosas que pretenden mediatizar (y controlar)

    estos fenmenos, demuestran que aqu lo espiritual no ha sido del todo domesticado. Es, todava,

    una fuerza elemental.

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    Muchas tradiciones siguen enseando que aquellos son anatema. Los evanglicos dicen que los

    catlicos andan en la perdicin. Los catlicos dicen que los evanglicos son tontos tiles del imperio

    gringo. Ambos dicen que la gente que practica las espiritualidades afroamericanas o indgenas tienen

    pacto con el demonio.

    Pero mas all de nuestros prejuicios, nuestra lectura de la realidad socioreligiosa tiene que tomar en

    cuenta que hay personas en nuestro medio que son custodios del espacio sagrado.

    Algunas ancdotas:

    Doa Jua