INFORME FINAL 012-A4-031.pdf

  • View
    214

  • Download
    1

Embed Size (px)

Text of INFORME FINAL 012-A4-031.pdf

Contribucin al orden y al desorden: msica colonial en la provincia de Costarrica

Mara Clara Vargas CullellEduardo Madrigal Muoz

Introduccin

Ciertamente hara mucho por la identidad cultural costarricense -y por la de losmsicos costarricenses en particular- encontrar en nuestros archivos antiguos evidencias deuna tradicin musical con caractersticas y brillo propios en la poca Colonial. Sinembargo, la realidad es otra. No hay compositores ni libros de msica ni -an menos-instrumentos musicales conservados de un perodo tan remoto. No hay casi en ladocumentacin alusin alguna a instrumentos ni a formas musicales. Tampoco los mbitossocio-institucionales tradicionales en los que se desenvolva la msica en la mayor parte deHispanoamrica en este tiempo son visibles en la pequea provincia: no existe la msicacatedralicia de las capitales virreynales ni la msica profana verncula de las cofradas, dela que se encuentran tantas referencias en las fuentes de los principales centros depoblacin de la Amrica colonial. Tampoco hallamos la msica religiosa misional deaquellos centros de concentracin y prdica en que los hombres de iglesia intentaronconvencer a los indgenas de las bondades del cristianismo.

Con todo, en tiempos recientes parece haber surgido una sensible necesidad socialpor el estudio y reconocimiento del pasado musical en muchos pueblos. Los estudiosmusicolgicos en variedad de latitudes han profundizado en el estudio de la creacinmusical del pasado al menos desde el siglo XIX. Durante el siglo XX el auge de lainterpretacin de las obras musicales anteriores al perodo clsico-romntico coninstrumentos histricos de cada poca contribuy a acicatear este inters por lainvestigacin, el rescate y la difusin de la msica de los perodos preclsicos, llegandoincluso a interpretar la msica del romanticismo con toda propiedad. Y la Amricahispnica no ha sido la excepcin ante este florecimiento de los estudios tendientes arescatar tradiciones musicales hasta ahora perdidas. Abundantes trabajos han surgido _tanto bajo la forma de libros y partituras como bajo la de una activa produccindiscogrfica- que revivifican msicas hasta ahora nunca escuchadas por odoscontemporneos y que reconstruyen el contexto social en que fueron creadas. 1Incluso, unaregin geogrfica y polticamente cercana a nosotros como Guatemala ya ha sidoestudiada, por ejemplo, con los trabajos de Dieter Lenhoff.2

En Costa Rica, trabajos recientes como el libro de Mara Clara Vargas Cullell "Delas fanfarrias a las salas de concierto...,,3 nos han mostrado la riqueza y potencia del pasadomusical costarricense en los siglos XIX y XX, y se han enfocado a estudiar la msica comouna prctica social, ligndola con su funciones polticas y sociales, as como con losespacios de sociabilidad -modernos ya en este perodo- en los que la msica se insert.Tambin la han ligado con los procesos de construccin social de una sensibilidad y de uncomportamiento colectivo determinados por las necesidades del Estado Moderno. Por suparte, el libro de Pompilio Segura, titulado "Desarollo musical de Costa Rica durante elsiglo XIX...",4 ha profundizado en la trayectoria histrica de las bandas y de loscompositores nacionales, haciendo de paso algunas interesantes referencias a la poca

2

colonial. La tesis de Roy Loza sobre la banda de Cartago es otro ejemplo de unaexploracin aguda en nuestro pasado musical. 5 Tambin, en este mismo sentido, la labor dela Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica con la creacin de suarchivo musical (que tiene por objetivo reunir las obras musicales conservadas de loscompositores costarricenses) ha sido seera.

Sin embargo, la parte relativa al pasado colonial permanece prcticamente sin gozarde produccin bibliogrfica alguna. Llenar ese vaco es el objetivo del presente estudio.

De todas formas, todo pareciera indicar que la msica no fue algo inexistente en laCosta Rica colonial, sino que fue ms bien un hecho social que tendi a dejar pocas huellasen el registro documental. Como si dijramos que los productores de documentos de lapoca -clrigos y oficiales de gobierno en su mayor parte- daban por sentado al rgano quesonaba en la iglesia, a los indgenas que tocaban la chirima y el tambor en la procesin oen la fiesta popular, a la vihuela que rumoreaba suavemente en los corredores de algunacasa de sociedad, en fin, que estaban ms interesados en la realizacin de las ceremoniassociales y polticas y en la vivencia misma de la fiesta o de la cotidianeidad, que en lamsica que, sin duda alguna, estaba presente en ellas como elemento funcional. Tal es lasituacin que, en las fuentes documentales donde se describen las ocasiones sociales dondehaba msica (la misa, la procesin, la fiesta cvica, el baile popular...), pareciera que lamsica est tan sobreentendida que permanece implcita.

La existencia de msicos en la poca est, de por s, documentada desde tiempoatrs. Por ejemplo, Vctor Manuel Sanabria, en sus clebres "Genealogas de Cartago hasta1850", menciona la presencia en Cartago de un cierto Gaspar Nez de Oviedo, msico, en1608.6

Descripciones documentales de los estilos musicales de la poca son inexistentespero podemos suponer que son los mismos que marcaban el paso del mundo musicaloccidental durante el perodo y que no estuvieron jams ausentes del Nuevo Mundo.? En elturbulento perodo de la conquista, la escuela musical franco-flamenca, vigente entoncesen Europa, aplast el sustrato musical aborigen durante todo el siglo XVI. El CantoGregoriano, procedente de la catedral de Toledo, habra de ser seguido por los salterios ymanuales de coro sevillanos y por la implantacin del modelo de administracin musicalde la catedral de Sevilla, el cual encontramos fielmente reproducido en casi todas lascatedrales del Nuevo Mundo.8 Promediando la centuria, observaremos la irrupcin delestilo barroco, con toda su fuerza, primero en las artes plsticas y luego en la msica, paraconvertirse en el estandarte ideolgico de una colectividad signada por el dominio colonial.Con su vocacin planetaria ligada a la pretensin de universalidad de la iglesia (se tratincluso de exportarIo a China y las Filipinas), el estilo barroco se convertira en elestandarte ideolgico del mundo colonial y moldeara su conducta y su visin de mundoHe aqu la msica de una sociedad formada por la conquista de unos sobre otros, perodonde participaron los elementos extrados de la interaccin de tres: indgenas, africanos yespaoles, sin olvidar, desde luego, sus mezclas.

Los instrumentos usados, por el contrario, si aparecen reiteradamente mencionadosen las fuentes: la caja de guerra (tambor redoblante), la chirima (antecesor del oboemoderno), el clarn (trompeta militar), el clarinete en un perodo tardo, la vihuela (quedebe ser ms bien la guitarra barroca en este tiempo), el violn. El nico teclado de que noshablan las fuentes es el rgano. Muy espordicamente se habla del coro.

y dnde se practicaba la msica? Primero y ante todo, debemos partir del hechode que la msica se inscribe dentro de las formas de sociabilidad de cada sociedad, es

3

decir, en los espacios que esta provea para la convergencia e intercambio simblico entreindividuos y grupos. Sin embargo, los espacios de sociabilidad previstos en la pocaColonial, no son para nada los que estamos acostumbrados a encontrar en la actualidad,luego de siglos de predominio del Estado Moderno. No existe, por ejemplo, en este tiempoel concepto de msica de concierto, no existe an el "saln burgus" del siglo XIX, no haytampoco una distincin clara entre "msica clsica" y "msica popular." La msica noresponde, en fin, a los criterios clasificatorios de la "Modernidad." Definitivamente, en esteperodo la prctica de la msica hay que buscarla en los espacios de sociabilidadcoloniales, premodernos todos ellos, religiosos en un aplastante porcentaje.

Ha sido estudiado que los espacios de sociabilidad coloniales tendan a ser a untiempo polticos y religiosos, y que en ellos el poder y la fe confluan inextricablemente. Seviva, pues, una religin politizada, una poltica sacralizada. Se ha sealado que en estetiempo tanto los lugares fsicos como las fechas del ao -los tiempos y los espacios-estaban signados por el catolicismo: las jurisdicciones poltico-territoriales erandemarcadas por las parroquias y el calendario segua el ritmo de las festividadescristianas.9 En este contexto, todo estaba impregnado de religin porque hasta las fiestas

1.b - d d . lOrea es I an acompana as e una misa.La institucin religiosa insuflaba, pues, su espritu tanto a la organizacin poltica

como a las costumbres populares y abra, en la fiesta -tanto religiosa como civil-, unespacio para que ambas se manifestasen. Tal manifestacin se verificaba en la iglesia y enlos lugares pblicos en general donde se practicaban las ceremonias.11 Estas ceremoniasprovean, adems, lazos consuetudinarios para la poblacin y espacios de reunin para loscuerpos sociales existentes. Ese es el espacio de las cofradas. 12

Esto deba ser as pues en este tiempo, como ha sido tambin estudiado, la sociedadfuncionaba de acuerdo a un principio jurdico consuetudinario. El Derecho de la poca esconfesional y no racional como el Derecho ilustrado, basado en la razn. 13La legalidad sebasaba, por tanto, en la tradicin la cual en esta poca tena un cdigo religioso detrs. Lavivencia de la tradicin implicaba, por ende, un ejercicio permanente de la persuasin y dela autoridad. De la autoridad pues la validez de la tradicin deba demostrarse e imponerse.De la persuasin porque tal imposicin deba llevarse a cabo a travs del convencimientode la poblacin de la majestad de Dios y de su orden social. El resultado era, por ende, unaverdadera teologizacin de la cultura poltica, donde el hecho de identificarse comocristiano era lo que daba su razn de ser a la ecmene polticamente organizada de lamonarqua espaola. Ello implicaba, entonces, que la v