Kimura Rei - El pabellón de las lágrimas

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El pabelln de las lgrimasLa vida de la joven que inspir Madame Butterfly

Rei Kimura

ESPASA

Ttulo original: Butterfly in the Wind Rei Kimura, 2004 Espasa Calpe, S. A.. 2007 De la traduccin: Jos Miguel Pallares, 2007 Diseo de la coleccin: Tasinanias Imagen de cubierta: Cover Fotografas de solapa e interior: Rei Kimura Depsito legal: M. 1.984-2007 ISBN: 978-84-670-2441-8 Impreso en Espaa/Printed in Spain Impresin: Huertas, S. A. Editorial Espasa Calpe, S. A. Va de las Dos Castillas, 33. Complejo tica - Edificio 4 28224 Pozuelo de Alarcn (Madrid)

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El pabelln de las lgrimas

I

Corra diciembre de 1841 en la localidad de Shimoda. Ichiberi Saito saba que su esposa, en avanzado estado de gestacin, pronto se vera en el trance de dar a luz en otro parto angustioso. Se estremeci slo de recordar el ltimo, acaecido haca apenas dos aos, que estuvo a punto de costarle la vida a Mako. El fro viento invernal azotaba con saa la casita que Saito tena junto al mar, pero era un magnfico carpintero de ribera y haba construido para su familia una casa de calidad, que aguant firme e inamovible la furia del encrespado oleaje de la marea alta. Tendra que trabajar ms ahora que iba a tener otra boca que alimentar. Se senta incmodo, no se acostumbraba a la eventual inactividad provocada por el tifn. La gente humilde como ellos no poda permitirse tal clase de lujos y deba trabajar duro toda la vida para sacar adelante a sus hijos. Entonces, se le ocurri una idea reconfortante. Seguro que este tifn provoca el naufragio de varios botes y alguna que otra nave, de modo que luego tendr ms trabajo de reparacin y construccin, se dijo en su fuero interno. Sinti una momentnea punzada de culpabilidad por pensar en sacar provecho de la desgracia ajena, pero luego se encogi de hombros. se era el ciclo de vida y muerte mediante el que se renovaba la naturaleza, y no se poda hacer nada al respecto. Las tablas del suelo crujieron y su hermana hizo acto de presencia. Han empezado los dolores del parto, Saito anunci al tiempo que contemplaba con preocupacin el aguacero del exterior. Es un mal da para salir de casa. Qu pasa si algo se tuerce? Saito no contest. El hombre no ejerca control alguno sobre la vida y la muerte, de modo que no poda hacer otra cosa que orar para que su esposa saliera con bien del trance y esta vez Dios le concediera un varn.

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El shogun haba aprobado recientemente una ley que permita tener apellido a la gente comn como Saito, un privilegio que ninguno de ellos hubiera soado alcanzar en el Japn feudal. Saito se enorgulleca mucho del codiciado apellido y anhelaba desesperadamente un hijo que lo conservara. Pero Dios no le sonri en esta ocasin, ya que el 10 de diciembre su esposa dio a luz una nia plida y de aspecto enfermizo a la que llamaron Okichi. Una vez que se hizo a la idea de tener que alimentar y vestir a otra hija, Saito contempl con gran pesar a la recin nacida, que era inusualmente hermosa. Eran malos tiempos para que naciera otra nia sin tener en cuenta la transmisin del apellido familiar; lo que l necesitaba eran hijos robustos y fornidos que le ayudaran en su trabajo de carpintero. Una nueva hija significaba otra boca que alimentar y otra vida de la que preocuparse. La gente humilde no poda permitirse el lujo de tener demasiadas hijas. Saito suspir. Dios haba decidido no atender sus plegarias por alguna extraa e ilgica razn. Mientras contemplaba cmo se remova el hatillo de ropas y el rostro de disculpa de su esposa, lo que ambos ignoraban era que la nia que ninguno de los dos deseaba hara el apellido familiar ms clebre e imperecedero que cualquier hijo. No se les pas por la cabeza ni por un momento que la pequea a la que acogan tan reacios estuviera destinada a convertirse en una de las leyendas ms inolvidables de Japn. Su destino estara profundamente ligado a la apertura histrica del pas a la intervencin extranjera en la dcada de los sesenta del siglo XIX en el puerto de Shimoda. La pequea, ajena a los peligros de haber nacido con el sexo equivocado y al gran destino que le aguardaba, dio un bostezo y el corazn de Saito se sinti comprometido con ella a su pesar, ya que segua siendo carne de su carne y no poda desentenderse de ella. Se prometi lograr que su vida fuera todo lo segura que le permitiera su posicin econmica. Los padres se sorprendieron al ver la belleza en que se haba convertido la pequea Okichi con el paso de los das. Tena una piel de un blanco lechoso, pelo negro y lustroso y unos rasgos delicados y refinados. No haba ningn defecto que estropease aquella perfeccin fsica. Es hermossima! exclam la hermana de Saito. S coincidi Saito, y comenz a rerse con sorna. Cmo un carpintero de tez bronceada y arrugada y una esposa de rostro redondo, ojos achinados y facciones poco delicadas han podido tener una nia de tal gracia y belleza? se pregunt. Quiz hubiera pensado que l no era el padre de una nia tan guapa de no haber conocido tan bien a Mako y haberse burlado de sus estrictos valores morales ms veces de las que era capaz de recordar, y, aunque contrita por haberle dado un vstago del sexo no deseado, los ojos de Mako relucan de orgullo, desprovistos de malicia.

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Por supuesto, s, Saito estaba seguro de ser el padre de la pequea. Mako nunca hubiera sido capaz de ocultarle algo as. Dios les haba concedido una hermosa nia y se esperaba que se alegraran por ello, pero l estaba triste porque saba que semejante atractivo slo tendra un valor incalculable entre las familias nobles y adineradas como moneda de cambio para aumentar la fortuna y el poder familiar. Qu utilidad tena la belleza entre los pobres y humildes pescadores de Shimoda? A una chica le convena ms ser sencilla y vulgar para mantenerse lejos de quienes tomaban lo que queran. En Shimoda se necesitaban ms msculos que hermosura, y Saito se pregunt cmo sera la vida de Okichi. Los aos pasaron deprisa y Okichi se convirti en una nia precoz y adorable. Era de naturaleza alegre y poco problemtica. Pareca presentir que deba prepararse para ser una joven que complaciera a todos. Adoraba la aldea donde viva y a su familia. Gozaban de paz, felicidad y satisfaccin aunque no disfrutaran de riquezas ni magnificencia, como las muchachas vendidas a la nobleza en calidad de personal domstico, de las que tanto se hablaba. La casa de Saito era la ltima de una hilera de edificios idnticos perfectamente alineados; todos tenan paredes de color negro muy llamativo y molduras blancas dispuestas en diagonal. Eran los namekos, que tanto enorgullecan a los habitantes de Shimoda. Pero por encima de todo, lo que ms apreciaba Okichi era la baha de Shimoda, cuyas aguas estaban en calma y apacibles en los das de bonanza, y entonces se sentaba en su roca favorita para contemplar el mar durante largo tiempo, con la vista perdida en el horizonte. A menudo pensaba en el mundo que haba ms all de la baha y, a veces, se inventaba historias sobre la gente que viva all. Los habitantes de ese universo imaginario se convirtieron en amigos suyos y ese mundo de fantasa, poblado por tal profusin de maravillas y msica que convertan todos los das en un festival de primavera, arraig en ella ms y ms a medida que creca. La nica nube en su vida era su padre. Saba que l la amaba a su manera, pero siempre guardaba las distancias, como si temiera llegar a tener un vnculo demasiado estrecho con ella, ya que deba trazar planes para el futuro de su hija. La joven era consciente de que el misterioso interrogante de su futuro se acercaba ms cada da. Anhelaba ser capaz de detener el tiempo y no seguir creciendo para no tener que salir del seguro abrigo familiar. El porvenir de la muchacha tambin planteaba un problema para Ichibei Saito, uno en el que no le agradaba pensar. En cierto modo, su extraordinaria belleza no la converta en una candidata adecuada para concertar un matrimonio con uno de los muchachos de la aldea, por lo que deba hallar una solucin alternativa al espinoso asunto del destino de Okichi. 8

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Todo era diferente con su madre, que la amaba sin tapujos y haba calmado los gritos de tribulacin y sus berrinches infantiles, adems de mantenerla alejada de su padre. Okichi tena unas facciones perfectas y era una muchacha de tez clara y translcida. No tena los ojillos pequeos ni las mejillas hinchadas de sus hermanas mayores, y su madre estaba sumamente orgullosa de ella, ya que posea el donaire y la hermosura que Mako Saito haba deseado tener en secreto toda su vida antes de que las duras exigencias y el arduo trabajo de quince ao