La España revolucionaria. Karl Marx

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  • Carlos Marx y Federico Engels

    La Espaa revolucionaria

    ndice

    Carlos Marx, La Espaa revolucionaria [New York Daily Tribune] 9 de

    septiembre de 1854.

    idem, New York Daily Tribune 25 de septiembre de 1854.

    idem, New York Daily Tribune, 20 de octubre de 1854

    idem, New York Daily Tribune, 27 de octubre de 1854

    idem, New York Daily Tribune, 30 de octubre de 1854

    idem, New York Daily Tribune, 24 de noviembre de 1854

    idem, New York Daily Tribune, 1 de diciembre de 1854

    idem, New York Daily Tribune 2 de diciembre de 1854

    FRAGMENTO INDITO DE LA SERIE DE ARTCULOS LA ESPAA

    REVOLUCIONARIA [Escrito por Carlos Marx el 21 de noviembre de 1854]

    Carlos Marx y Federico Engels DE LOS ARTCULOS Y CRNICAS DEL

    NEW YORK DAILY TRIBUNE (Julio- septiembre 1854)

    o LA INSURRECCIN EN MADRID, Londres, 4 de julio de 1854

    o NOTICIAS DE LA INSURRECCIN DE MADRID, Londres, 7 de julio

    de 1854

    o PROCLAMAS DE DULCE Y O'DONNELL. XITOS DE LOS

    INSURRECTOS, Londres, 18 de julio de 1854

    o PRONUNCIAMIENTOS EN SAN SEBASTIN, BARCELONA,

    ZARAGOZA Y MADRID, Londres, 21 de julio de 1854

    o ESPARTERO (New York Daily Tribune, 4 de agosto de 1854]

    o LA CONTRARREVOLUCIN EN ACCIN, Londres, 8 de agosto de

    1854

    o New York Daily Tribune, 21 de agosto de 1854: REIVINDICACIONES

    DEL PUEBLO ESPAOL

    o LA REVOLUCIN ESPAOLA Y RUSIA. EL PROBLEMA DE LAS

    COLONIAS. CORRUPCIN DE LOS POLTICOS. ANARQUA EN

    PROVINCIAS. LA PRENSA DE MADRID, Londres, 15 de agosto de

    1854

    o Convocatoria de las Cortes Constituyentes. La ley electoral. Desrdenes

    en Tortosa. Las sociedades secretas. El gobierno compra armas. La

    hacienda espaola. Londres, viernes, 18 de agosto de 1854

    o LA REACCIN EN ESPAA. --ESTADO DE LA HACIENDA. LA

    CONSTITUCIN DE LA REPBLICA FEDERAL IBRICA. Londres,

    1 de septiembre de 1854

    o LTIMAS MEDIDAS DEL GOBIERNO. LOS ASUNTOS

    ESPAOLES EN LA PRENSA REACCIONARIA. EXCESO DE

    GENERALES. Londres, 12 de septiembre de 1854

    Federico Engels, EL EJRCITO ESPAOL (diciembre de 1855)

  • Carlos Marx, LA REVOLUCIN ESPAOLA, New York Daily Tribune, 8 de

    agosto de 1856

    idem, New York Daily Tribune, 18 de agosto de 1856

    Carlos Marx y Federico Engels, DE LOS ARTCULOS EN LA NUEVA

    ENCICLOPEDIA AMERICANA, 1858

    Federico Engels, LA GUERRA DE FRICA, 19 de enero de 1860

    idem, 8 de febrero de 1860

    idem, 17 de marzo de 1860

    Federico Engels, LOS BAKUNINISTAS EN ACCIN. Memorias sobre los

    levantamientos en Espaa en el verano de 1873.

    1. ADVERTENCIA PRELIMINAR 2. El informe de la Comisin de La Haya sobre la Alianza secreta de

    Miguel Bakunin

    3. La huelga general 4. los intransigentes en Andaluca 5. informe de la Nueva Federacin Madrilea

    Carlos Marx

    La Espaa revolucionariaNOTA 1

    La revolucin en Espaa ha adquirido ya el carcter de situacin permanente hasta el

    punto de que, como nos informa nuestro corresponsal en Londres, las clases adineradas

    y conservadoras han comenzado a emigrar y a buscar seguridad en Francia. Esto no es

    sorprendente; Espaa jams ha adoptado la moderna moda francesa, tan extendida en

    1848, consistente en comenzar y realizar una revolucin en tres das. Sus esfuerzos en

    este terreno son complejos y ms prolongados. Tres aos parecen ser el lmite ms corto

    al que se atiene, y en ciertos casos su ciclo revolucionario se extiende hasta nueve. As,

    su primera revolucin en el presente siglo se extendi de 1808 a 1814; la segunda, de

    1820 a 1823, y la tercera, de 1834 a 1843. Cunto durar la presente, y cul ser su

    resultado, es imposible preverlo incluso para el poltico ms perspicaz, pero no es

    exagerado decir que no hay cosa en Europa, ni siquiera en Turqua, ni la guerra en

    Rusia,NOTA 2 que ofrezca al observador reflexivo un inters tan profundo como

    Espaa en el presente momento.

    Los levantamientos insurreccionales son tan viejos en Espaa como el podero de

    favoritos cortesanos contra los cuales han sido, de costumbre, dirigidos. As, a finales

    del siglo XIV, la aristocracia se rebel contra el rey Juan II y contra su favorito don

    lvaro de Luna. En el XV se produjeron conmociones ms serias contra el rey Enrique

    IV y el jefe de su camarilla, don Juan de Pacheco, marqus de Villena.

    En el siglo XVII, el pueblo de Lisboa despedaz a Vasconcelos, el Sartorius del virrey

    espaol en Portugal, lo mismo que hizo el de Barcelona con Santa Coloma, favorito de

    Felipe IV. A finales del mismo siglo, bajo el reinado de Carlos II, el pueblo de Madrid

    se levant contra la camarilla de la reina, compuesta de la condesa de Barlipsch y los

    condes de Oropesa y de Melgar, que haban impuesto un arbitrio abusivo sobre todos

    los comestibles que entraban en la capital y cuyo producto se distribuan entre s. El

  • pueblo se dirigi al Palacio Real y oblig al rey a presentarse en el balcn y a denunciar

    l mismo a la camarilla de la reina. Se dirigi despus a los palacios de los condes de

    Oropesa y Melgar, saquendolos, incendindolos, e intent apoderarse de sus

    propietarios, los cuales tuvieron, sin embargo, la suerte de escapar a costa de un

    destierro perpetuo.

    El acontecimiento que provoc el levantamiento insurreccional en el siglo XV fue el

    tratado alevoso que el favorito de Enrique IV, el marqus de Villena, haba concluido

    con el rey de Francia, y en virtud del cual, Catalua haba de quedar a merced de Luis

    XI.

    Tres siglos ms tarde, el tratado de Fontainebleau --concluido el 27 de octubre de 1807

    por el valido de Carlos IV y favorito de la reina, don Manuel Godoy, Prncipe de la Paz,

    con Bonaparte, sobre la particin de Portugal y la entrada de los ejrcitos franceses en

    Espaa-- produjo una insurreccin popular en Madrid contra Godoy, la abdicacin de

    Carlos IV, la subida al trono de su hijo Fernando VII, la entrada del ejrcito francs en

    Espaa y la consiguiente guerra de independencia. As, la guerra de independencia

    espaola comenz con una insurreccin popular contra la camarilla personificada

    entonces por don Manuel Godoy, lo mismo que la guerra civil del siglo XV se inici

    con el levantamiento contra la camarilla personificada por el marqus de Villena.

    Asimismo, la revolucin de 1854 ha comenzado con el levantamiento contra la

    camarilla personificada por el conde de San Luis.

    A pesar de estas repetidas insurrecciones, no ha habido en Espaa hasta el presente siglo

    una revolucin seria, a excepcin de la guerra de la Junta SantaNOTA 3 en los tiempos

    de Carlos I, o Carlos V, como lo llaman los alemanes. El pretexto inmediato, como de

    costumbre, fue suministrado por la camarilla que, bajo los auspicios del virrey, cardenal

    Adriano, un flamenco, exasper a los castellanos por su rapaz insolencia, por la venta de

    los cargos pblicos al mejor postor y por el trfico abierto de las sentencias judiciales.

    La oposicin a la camarilla flamenca era la superficie del movimiento, pero en el fondo

    se trataba de la defensa de las libertades de la Espaa medieval frente a las ingerencias

    del absolutismo moderno.

    La base material de la monarqua espaola haba sido establecida por la unin de

    Aragn, Castilla y Granada, bajo el reinado de Fernando el Catlico e Isabel I. Carlos I

    intent transformar esa monarqua an feudal en una monarqua absoluta. Atac

    simultneamente los dos pilares de la libertad espaola: las Cortes y los

    Ayuntamientos.NOTA 4 Aqullas eran una modificacin de los antiguos concilia

    gticos, y stos, que se haban conservado casi sin interrupcin desde los tiempos

    romanos, presentaban una mezcla del carcter hereditario y electivo caracterstico de las

    municipalidades romanas. Desde el punto de vista de la autonoma municipal, las

    ciudades de Italia, de Provenza, del norte de Galia, de Gran Bretaa y de parte de

    Alemania ofrecen una cierta similitud con el estado en que entonces se hallaban las

    ciudades espaolas; pero ni los Estados Generales franceses, ni el Parlamento ingls de

    la Edad Media pueden ser comparados con las Cortes espaolas. Se dieron, en la

    creacin de la monarqua espaola, circunstancias particularmente favorables para la

    limitacin del poder real. De un lado, durante los largos combates contra los rabes, la

    pennsula era reconquistada por pequeos trozos, que se constituan en reinos separados.

    Se engendraban leyes y costumbres populares durante esos combates. Las conquistas

    sucesivas, efectuadas principalmente por los nobles, otorgaron a stos un poder

  • excesivo, mientras disminuyeron el poder real. De otro lado, las ciudades y poblaciones

    del interior alcanzaron una gran importancia debido a la necesidad en que las gentes se

    encontraban de residir en plazas fuertes, como medida de seguridad frente a las

    continuas incursiones de los moros; al mismo tiempo, la configuracin peninsular del

    pas y el constante intercambio con Provenza y con Italia dieron lugar a la creacin, en

    las costas, de ciudades comerciales y martimas de primera categora.

    En fecha tan remota como el siglo XIV, las ciudades constituan ya la parte ms potente

    de las Cortes, las cuales estaban compuestas de los representantes de aqullas

    juntamente con los del clero y de la nobleza. Tambin merece ser subrayado el hecho de

    que la lenta reconquista, que fue rescatando el pas de la dominacin