Pasternak, Bor¡s - El Doctor Zhivago

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Text of Pasternak, Bor¡s - El Doctor Zhivago

BORS PASTERNAK

EL DOCTOR ZHIVAGO

Edicin de Natalia Ujanova Traduccin de Fernando Gutirrez Revisin del texto, traduccin de los poemas y notas de Jos Mara Bravo

BORS PASTERNAK - EL DOCTOR ZHIVAGO - 1

LIBRO PRIMEROPrimera parte

EL RPIDO DE LAS CINCO

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1 Andaban, y al andar cantaban Eterna memoria. Los pies, los caballos y el soplo del viento parecan continuar el cntico cuando se detenan. Los transentes abran paso al cortejo, contaban las coronas y se santiguaban. Los curiosos, metindose entre las filas, preguntaban: Quin es el muerto? Y les respondan: Zhivago. Ah! Entonces se comprende. Pero no l. Ella. Lo mismo da. Dios la haya perdonado! Lujoso entierro. Transcurrieron los ltimos minutos, contados e irreversibles. El sacerdote, con el ademn de la bendicin, arroj un puado de tierra sobre Mara Nikolievna. Se enton Por el alma de los justos. Despus comenz una terrible carrera. Cerraron el atad, lo clavaron y lo bajaron a la fosa. Tamborile sobre la caja la lluvia de las paletadas de tierra arrojada apresuradamente con cuatro palas, hasta que se form un pequeo tmulo. Sobre l se encaram un nio de diez aos. Slo en ese estado de necia insensibilidad que suele producirse en los entierros solemnes puede parecer plausible que un chiquillo quiera pronunciar unas palabras sobre la tumba de su propia madre. Levant la cabeza y desde el tmulo abarc con mirada ausente los desiertos campos otoales y las cpulas del monasterio. Contrajo levemente el achatado rostro y alarg el cuello. Si hubiese sido un lobezno el que levantara la cabeza con aquel ceo, hubirase dicho que estaba a punto de aullar. El chiquillo se tap la cara con las manos y prorrumpi en sollozos. Una nube que acuda hacia l comenz a golpearlo sobre las manos y la cara con los lquidos azotes de un helado chubasco. Un hombre se acerc a la tumba; vesta de negro, y las mangas estrechas y ceidas formaban pliegues en sus brazos. Era el hermano de la difunta y to del chiquillo que lloraba, el sacerdote Nikoli Nikolevich Vedeniapin, fuera de su ministerio a peticin propia. Se acerc al chiquillo y se lo llev. 2 Pasaran la noche en una celda que haba sido destinada a su to, antiguo conocido del monasterio. Era la vspera de la Intercesin de la Virgen1. Al da siguiente partiran hacia el sur, a una ciudad cabeza de partido de la provincia del Volga, donde el padre Nikoli estaba empleado en una casa editorial que publicaba el diario avanzado de la regin. Haba adquirido ya los billetes para el tren y reunido en la celda su equipaje. Trados por el viento llegaban desde la estacin vecina los quejumbrosos silbidos de las locomotoras que hacan maniobras en las lejanas vas. Al atardecer refresc mucho. Dos ventanas al nivel del suelo daban al desolado rincn de un huerto lleno de amarillos arbustos de acacia, a las heladas charcas de la1

1 de octubre.

BORS PASTERNAK - EL DOCTOR ZHIVAGO - 3 carretera y a ese lugar del cementerio donde por la maana haban enterrado a Mara Nikolevna. Excepto algunos cuadros de coles azuladas por el fro, el huerto estaba vaco. Cuando arreciaba el viento, las desnudas ramas de las acacias agitbanse como posedos, curvndose sobre la carretera. Un golpe dado en la puerta despert a Yura durante la noche. La oscura celda se haba iluminado extraamente por una inmvil luz blanca. Yura corri en camisa hasta la ventana y peg la cara al cristal helado. Afuera no existan ya carretera, ni cementerio, ni huerto. En el patio arreciaba la nevasca y el aire era un humo de nieve. Como si se hubiese dado cuenta de su presencia y, sabiendo que le causaba espanto, gozaba con la impresin que le produca. La tormenta silbaba y ululaba, buscando por todos los medios atraer su atencin. Como una urdimbre que se desenrollara sin fin, una espesa trama blanca caa del cielo sobre la tierra, cubrindola de fnebres lienzos. Solamente la tormenta permaneca en el mundo, sin rival alguno. La primera intencin de Yura al apartarse del alfizar fue vestirse y salir para hacer algo. A veces le asaltaba la idea de que las coles del monasterio no se podran arrancar antes de que la nieve las sepultase, y otras veces experimentaba el temor de que la nieve cubriese en el cementerio el cuerpo de su madre y que, sin que pudiera defenderse ya, fuese hundiendo se bajo tierra, cada vez ms profundamente y ms lejos de l. Volvi a llorar. Su to se despert, le habl de Cristo y lo consol. Luego se acerc bostezando a la ventana y se puso a mirar afuera, pensativo. Comenzaron a vestirse. Amaneca ya. 3 Mientras su madre vivi, Yura ignor que su padre les haba abandonado haca mucho tiempo. Viajaba por las ciudades de Siberia y por el extranjero, llevando una vida disipada, y no tard en malbaratar un patrimonio de millones. A Yura le haban dicho unas veces que estaba en Petersburgo, y otras en una feria, casi siempre en la feria de Irbitsk. Ms tarde, a su madre, que nunca estuvo muy bien de salud, se le declar la tuberculosis. Para curarse comenz entonces a viajar por el sur de Francia e Italia septentrional, adonde Yura la acompa en dos ocasiones. As haba transcurrido su infancia, en medio del desorden y de continuos misterios, confiado a menudo a personas extraas, siempre distintas. Pero se haba acostumbrado a tales cambios y, en una situacin de constante interinidad, no le sorprenda la ausencia de su padre. Era todava muy nio cuando el nombre que llevaba designaba un gran nmero de cosas, cada una distinta de las dems. Era la manufactura Zhivago, la banca Zhivago, las casas Zhivago, la manera de anudarse la corbata y prendrsela con el alfiler Zhivago, incluso un pastel de forma redonda, una especie de bizcocho al ron, tambin llamado Zhivago. Y en Mosc, durante algn tiempo gritar a un cochero: A Zhivago!, equivala ni ms ni menos decirle: A casa del diablo! Y, efectivamente, el cochero os habra llevado en su trineo a un solitario lugar de ensueo. Os hubiese acogido un parque silencioso. En las ramas de los abetos, haciendo caer la escarcha, se posaban los cuervos. Oanse en torno sus graznidos speros y secos como el crepitar de un tronco. Desde la mansin recin construida y atravesando la carretera que cortaba el bosque, acudan los perros de caza. All abajo se encendan las luces, y empezaba a anochecer. Luego todo esto se esfum de repente. Se haban empobrecido.

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4 En el verano de 1903, Yura y su to, en un coche de dos caballos, diriganse a travs de los campos a Duplianka, la finca de Kologrvov, propietario de hilaturas de seda y mecenas, para hacer una visita a Ivn Ivnovich Voskobinikov, profesor y autor de obras de divulgacin. Era el da de la Virgen de Kazn2, momento culminante de la recoleccin. Como era la hora del almuerzo, o acaso por ser da festivo, no haba un alma en los campos. Arda el sol sobre las zonas no segadas todava, como cogotes de presos a medio afeitar. Revoloteaban por los campos los pajarillos. Curvbanse las espigas, mientras el trigo permaneca rgido en el aire inmvil, o, lejos de la carretera, levantbanse en gavillas que, miradas fijamente, parecan adquirir el aspecto de figuras en movimiento, de agrimensores que caminaran por la lnea del horizonte anotando algo. Y aqullas?pregunt Nikoli Nikolevich a Pvel, pen y guarda de la editorial, que estaba sentado de lado en el pescante, encorvado y con las piernas cruzadas, como para demostrar que no era el cochero y que guiaba excepcionalmente el coche. Son de los seores o de los campesinos? De los seores respondi Pvel, y sigui fumando. En cambio, sas... y tras una larga pausa seal, con el extremo de la fusta, en la direccin opuesta, detenindose un instante para encender, sas son las nuestras. Arre! Estis dormidos?grit, como haca de vez en cuando, a los caballos, de cuyas colas y grupas no apartaba un momento los ojos, lo mismo que un maquinista observa los manmetros. Pero los caballos tiraban como todos los caballos del mundo. Es decir, el delantero corra con la innata honestidad de un carcter escrupuloso, mientras que, para un observador superficial, el otro poda parecer un haragn redomado que, curvando el cuello como un cisne, aparentase no saber otra cosa que bailar al tintineo de los cascabeles sacudidos por los saltos de la carrera. Nikoli Nikolevich llevaba a Voskobinikov las pruebas de un libro suyo sobre la cuestin agraria, que la casa editorial le haba rogado revisara para precaverse contra la creciente severidad de la censura. El pueblo se agita en nuestro distrito dijo Nikoli Nikolevich. En el vlost3 de Pankovo han degollado a un comerciante y al zemski4 le han incendiado el acaballadero. Qu piensas t de todo esto? Qu se dice entre vosotros en el pueblo? Pero Pvel vea las cosas an ms negras que el censor encargado de moderar las pasiones agrarias de Voskobinikov. Que qu dicen? que se han aflojado las riendas al pueblo. Dicen que son travesuras. Qu queris hacer con gente corno nosotros? Da la libertad a los campesinos y se matarn entre ellos, como hay Dios. Arre! Estis dormidos? Era el segundo viaje del to y el sobrino a Duplianka. Yura crea recordar el camino y cada vez que los campos huan a su espalda engullidos por los bosques, le pareca reconocer el lugar, pasado el cual la carretera torcera a la derecha y se mostrara en la curva, para desaparecer, al cabo de un minuto, el panorama de Kologrvovka, en unas diez verstas, con el ro que brillaba a lo lejos y la lnea del ferrocarril que lo atravesaba. Pero se engaaba a cada vuelta. Sucedanse los campos unos a otros, y de nuevo eran2 3

8 de julio. Distrito rural de la Rusia Zarista. 4 Comisario de los distritos rurales. Elegido entre la nobleza local, gozaba de poderes administrativos y judiciales.

BORS PASTERNAK - EL DOCTOR ZHIVAGO - 5 engullidos por los bosques. La sucesin de tales extensiones ensanchaba el nimo. Experimentbase el deseo de soar, de perderse en el porvenir. Ninguno de los libros que consagraran a Nikoli Nik