SOBRE LA GESTA DE EN FRANCIA - sanasideas .(Coplas de Juan Panadero) Te busco en calles abandonadas,

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  • SOBRE LA GESTA DE

    LOS GUERRILLEROS ESPAOLES

    EN FRANCIA

  • ISBN : 978-2-7588-0366-9 Jean OrtizAtlantica-Sguier : Pays basque : 18, alle Marie-Politzer 64200 Biarritz

    05 59 52 84 00 atlantica@atlantica.fr Paris : 3, rue Sguier 75006 Paris 01 55 42 61 40 seguier@atlantica.fr

    Catalogue en ligne : www.atlantica.fr

  • Para mi hermano Enrique Ortiz

    Esperanza del que esperafe del que sufre destierro

    luchando en tierra extranjera.

    Rafael Alberti (Coplas de Juan Panadero)

    Te busco en calles abandonadas,En ruinas heladas,

    En combates tan nuestros,En tu mirada yerbabuena,

    En las mentiras verdaderas,En un suspiro inalcanzable,

    En asedios inconclusos,Te busco para encontrarme.

    Jean Ortiz

  • Solidaridad Obrera6 de octubre de 1944

  • Jean ORTIZ

    Ilustraciones de JOs LuIs RubIO

    SOBRE LA GESTA DE

    LOS GUERRILLEROS ESPAOLES

    EN FRANCIA

    Publicacin del Laboratoire de lArc Atlantique de lUniversit de Pau et des Pays de lAdour (Francia).

    Agradecimientos : a Marielle Nicolas, Christian Manso, Christian Boix, Jos Alonso (Comandante Robert), Gabrielle Garca, Fabien Garrido, Progreso

    Marn, Claude Delpla, Paul Estrade, Waldo Salvarrey, Enrique Ortiz (padre), Mundo Obrero, ACER,

    Associations MER (Mmoire de lEspagne Rpublicaine) y a todos los guerrilleros.

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    Sobre la gesta de los guerrilleros espaoles

    en Francia

    Se admite generalmente que las palabras guerrilleros , guer-rilla , nacieron durante la invasin francesa (napolenica) de Espaa, a principios del siglo XIX. La guerrilla, la pequea guerra, una forma de hostigamiento popular del enemigo, de guerra no convencional . Casi siglo y medio ms tarde, la historia voltear los papeles de manera inesperada. Miles de Republicanos espaoles se convirtieron en Francia, durante la Segunda guerra mundial, en guerrilleros al lado de la Resistencia francesa, y siempre para combatir a una invasin extranjera : la de los nazis. La Historia tiene extraos rodeos. En ambos casos, los invasores resultaron rechaza-dos y derrotados por una resistencia popular.

    La epopeya de aquellos rojos que defendieron corajudamente a la Rpblica espaola y de aquellos que se hicieron despus guer-rilleros, en el exilio en Francia, queda todava maltratada por la des-memoria, por lo que el historiador Paul Preston llama el gran pacto de silencio y olvido 1. Desde hace unos quince aos, la historio-grafa revisionista pretende distorsionar la gesta de los guerrilleros. As pues, como lo enfatiza el historiador Reig Tapia : La lucha contra el olvido [...] es nuestra mejor arma contra cualquier intento de neofranquismo poltico, histrico y cultural 2. Jams insistire-mos lo suficiente en el aporte del exilio republicano en Francia en la lucha por la libertad, y por mantener viva la llama de la Rep-blica. Ese aporte queda todava infravalorado. Contrariamente a lo que proclam Felipe Gonzlez en el 2001 ( nosotros decidimos no hablar del pasado 3), hay que hablar y hablar del pasado. Queda

    1. PRESTON, Paul, La Guerra civil espaola, Barcelona, Debate, 2006, p. 24.2. REIG TAPIA, Alberto, en ESPINOSA MAESTRE, Francisco, Contra el olvido. Historia y memoria de la Guerra civil, Barcelona, Crtica, 2006, p. 7.3. GONZLEZ, FELIPE, Madrid, El Pas, 20/04/2001.

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    mucho por investigar, por hacer memoria. El novelista Alfons Cer-vera lo deja claro :

    Hasta hace relativamente poco tiempo, la memoria interesaba poco o nada en Espaa. La Guerra civil y la posguerra largusima, inacabable [...] fueron borradas del mapa de la reflexin pblica. La dictadura oblig a ese silencio y ms tarde, cuando tanto se esperaba de la transicin a la democracia tras la muerte de Franco, habra de ser lo pactado entre el franquismo residual ms presentable y las fuerzas de izquierda ms poderosas lo que decidira que la memoria de aquella poca aciaga debera quedar de nuevo en el silencio. El exilio de los nuevos tiempos bien vala una misa [...] y misas hubo a destajo, y complicidades entre los unos, los otros y los de ms all. Se invent una transicin modlica, exportable, y aparte la genero-sidad que la izquierda demostraba, una vez ms, quedaba claro que los avances democrticos seguiran teniendo una mancha : el pasado republicano debera aguardar un turno para el que no haba fecha de cumplimiento 4.

    Ya es tiempo pues de recuperar la historia largo tiempo sepul-tada, de darle sentido, de salirles al paso a los tpicos revisionistas, a los que equiparan la voluntad, premeditada y planificada, de exter-minio fascista y la autodefensa republicana 5, a los que tildan a los guerrilleros de agentes de Stalin , etc. Aquellos guerrilleros eran rebeldes insumisos, combatientes internacionalistas, eternos agua-fiestas. Compartan el combate y los valores de los guerrilleros fran-ceses, pero tenan su propia estrategia, sus proyectos autctonos.

    Queda mucho por sacar a luz, en Francia y en Espaa, acerca de esos miles de Republicanos espaoles que siguieron luchando contra el fascismo en Francia. En la Francia ocupada por los alemanes, varios miles (10 000, cifra admitida como referencia) empuaron las armas, en Brigadas de guerrilleros espaoles, para combatir a los nazis. Miles de otros lo hicieron en maquis (un maquis es una guer-rilla) franceses, en redes clandestinas, y unos 3 500 en las filas de los

    4. CERVERA, Alfons, en Rojos. Maquis de Francia y Espaa. Los guerrilleros., coord. ORTIZ, Jean, Biarritz, Atlantica, 2006, pp. 34-35.5. BENNASSAR, Bartolom, La guerre dEspagne et ses lendemains, Pars, Perrin, 2004, p. 457.

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    cuerpos militares de la Francia libre , del general De Gaulle. Unos 6 000 se alistaron en la Legin Extranjera y combatieron a los ejr-citos alemanes en los desiertos de frica del Norte, en las batallas del Mediterrneo, en los desembarcos de los Aliados en Sicilia, Cr-cega, Provenza. Unos 400 participaron de la epopeya de la Segunda Divisin Blindada del general Leclerc. Por una casualidad altamente simblica, fueron unos 160 republicanos espaoles de la Nueve (la Novena Compaa de la Tercera Brigada), anarquistas y comunis-tas, quienes entraron primero en Pars insurrecta, como avanzadilla de la Segunda Divisin Blindada del general Leclerc, en tanquetas que llevaban como nombre Ebro, Guadalajara, Guernica... Algunos de ellos siguieron con Leclerc hasta la toma del Nido de guila de Hitler en Berstudgaden.

    Los guerrilleros espaoles ( guerrillero es la traduccin de la palabra francesa rsistant , o sea el que resiste a la ocupacin nazi ), en muchos lugares de Francia, principalmente en el sur, en la estratgica zona de los Pirineos, fueron de los primeros en organizar la resistencia frente al gobierno colaboracionista francs del maris-cal Ptain y a los invasores nazis. Formaban parte de aquellos miles de republicanos extranjeros, recibidos como perros en Francia en los primeros meses de 1939. Pocos meses despus, muchos pro-siguieron la lucha armada antifascista, aun cuando lo haban per-dido todo, excepto sus ideales. Los historiadores consideran que su participacin a los maquis (a las guerrillas), fue proporcionalmente mucho ms temprana e importante que la de los franceses. Se consi-dera en general que un 10 % de los republicanos (varones) espaoles que quedaron exiliados en Francia participaron a la liberacin de este mismo pas. Se hicieron guerrilleros ( maquisards ) en nom-bre de los valores de la Repblica espaola y de su Frente popular. Unos 6 000 luchadores espaoles murieron en tierra ajena, en la lla-mada Batalla de Francia .

    El papel de los guerrilleros estuvo silenciado durante largusimos aos por razones patrioteras y por el anticomunismo de la Guerra fra. Slo fue reconocido oficialmente en 1994, en Prayols (Arige), al recogerse ante el momunento pirenaico el presidente Franois

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    Mitterrand y el jefe de gobierno espaol Felipe Gonzlez. El monu-mento fue edificado por la Amical de los guerrilleros espaoles en Francia en 1982.

    La Retirada y los campos de la vergenza La hipcrita no-intervencin de Francia, Inglaterra y Estados

    Unidos en la Guerra de Espaa, dejando a los Republicanos solos frente a Hitler, Mussolini y Franco, precipit la derrota republi-cana. Las democracias occidentales se desentendieron del peli-gro fascista, se obcecaron en una poltica de apaciguamiento , de capitulacin programada, frente a la Alemania nazi. La cobarda democrtica alent las potencias fascistas a hegemonizar, agre-dir, anexionar.

    La supuesta no-intervencin arruin el proyecto sovitico de seguridad colectiva , de alianza de los pases amenazados por el Tercer Reich. En realidad, las democracias le tenan ms miedo al comunismo bolchevique , enemigo principal, que al fascismo en auge. La historiadora francesa Annie Lacroix-Riz considera que Pars y Londres encabezaron contra Mosc una primera guerra fra que dur de 1919 a 1939 6. El anticomunismo result una causa importante de la Segunda guerra mundial 7. Los Acuerdos de Munich con Hitler dieron luz verde al expansionismo nazi. La derrota de la Repblica espaola constituy un segundo Munich.

    Los gobiernos democrticos occidentales se negaron a entender y considerar la Guerra de Espaa como una batalla decisiva contra el fascismo. Se desentendieron unos por ceguera deliberada, otros por pasividad cmplice. Total, se negaron a enfocar al fascismo tal como es : liberticida, militarista, expansionista, criminal.

    La no-intervencin francesa concurri a la asfixia de la Rep-blica espaola agredida. El cierre de la frontera, el embargo sobre las armas, dificultaron la ayuda internacional. Al establecer un cordn

    6. LACROIX-RIZ, Annie, Le Monde diplomatique, 05/2005, p. 25.7. CARLEY, Michal J., 1939, The Alliance That Never Was and The Coming of World War 2,