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Tópicos, mitos, iconofilia y hagiografía del movimiento ... · PDF fileral del comunismo libertario] estaba mal emm- ciado. No es una definición del comunismo li- bertario lo que

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  • Alberto Hernando Tpicos, mitos, iconofilia y hagiografia del movimiento libertario

    Qu grado de esclerosis produce en una organizacin que presume ser iconoclasta -combatir la ideologa dominante en to- das sus formas- la proliferacin de mi- tos, reducir el discurso terico a tpicos, a lugares comunes de obligado recurso, sustituir la historia por la hagiografa? Buscar la reafirmacin de uno mismo a travs del mito, fundamentar tu razn a base de tpicos, jno supone de facto ne- gar lo que se pretende afirmar? iQu sub- yace realmente en un mito? Las contradicciones entre lo que se pre- tende ser y lo que se es sealan los lmites de la propia eficacia de la organizacin, su capacidad o incapacidad para llegar hasta donde se propone. Pero si incluso el fin est mistificado por el abuso del tpico, del mito, el camino hacia l se convierte en un proceso circular donde medio y fin estn condenados a girar eternamente sin la menor oportunidad de coincidir: el me- dio ir progresivamente segregando ms mixtificaciones que recrearn constante- mente un iin reflejo de stas y a su vez, dialcticamente, l mismo se ir modifi- cando. El mito, los tpicos, los lugares comunes, la repeticin de las autoafirmaciones, no son factores externos, reflejos involunta- rios e inconscientes, de una organizacin: son consecuencia de fallas de la propia organizacin quien los posibilita por ob- turar de alguna manera la profundizacin del discurso, la desmitificacin del pasa- do, de conceptos o de personas. El tpico y el mito aspiran a ser algo acabado, in-

    cuestionable, de ah su proximidad al dogma o a la veneracin religiosa. Cuando el mito, el tpico y la instituciona- lizacin de su hagiografa se convierten en puntos de referencia, en seas de iden- tidad de una organizacin, sealan su de- cadencia, su encorsetamiento. Es enton- ces cuando ms claramente se manifiesta la ideologa dominante subyacente en toda organizacin. Ninguna est exenta de cier- tas dosis de ese componente ya que dif- cilmente se puede establecer una clara frontera entre ideologa dominante e ideo- loga dominada. Existe una smosis cons- tante entre ambas, se confunden, se mis- tifican. La ideologa dominante asume formas y conceptos, prcticas incluso, de la ideolo- ga dominada y viceversa. La ideologa do- minante se reproduce a partir de su pro- pia degradacin y de la asuncin de valo- res que se le anteponan como alterna- tivos. Cuando en una organizacin revoluciona- ria prevalece ms la ideologa dominante que- la propia pierde su ce-cter revolu- cionario, queda integrada en la sociedad establecida y se convierte en un fin en s misma. En el caso que nos ocupa, en la CNT ac- tual, la reproduccin de mitos, el recurso al tpico, actan ms como rmoras de sta que como activantes. La prolija his- toria de la CNT se presta a la recreacin de mitos a travs de deformantes exgesis de su pasado. El anlisis y la valoracin objetiva desaparecen para dejar paso al

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  • faximil edicions digitals, 2002

    Ia crisis de la CNT. 1976-1979

    ductor habr de llevar a cabo, el punto de partida de la Humanidad hacia su li- beracin integral. Que todo el que se sienta con inteligen- cia, arrestos y capacidad mejore nuestra obra. A pesar ;de este final no tan mo- desto, los delegados del Congreso, cons- cientes de las carencias, aadieron al dic- tamen una adicin que asignaba a una comisin de cinco miembros la tarea de elaborar adebidamente articulado, un dic- tamen ms completo en su forma y con los asesoramientos tcnicos debidos2 La gue- rra civil impidi que esto se llevara a ca- bo. De haberse podido realizar, el dictamen hubiera variado substancialmente dadas las modificaciones orgnicas de la CNT y del anarquismo espaol3 y las experien- cias prcticas que ocasion la guerra. La necesidad de una definicin del comu- nismo libertario, de cmo deba ser la futura sociedad libertaria, cmo estaria organizada, a partir de qu organismos b- sicos -municipios 0 sindicatos-, cmo se organizaria la produccin y la distri- bucin, los tipos de relaciones sociales que se darian en ella, es producto de un prolongado debate mucho anterior al Con- greso de Zaragoza. La polmica que se da entre anarcocomunistas y anarcocolecti- vistas a principios de siglo ya establece esta necesidad. Durante la dcada de los aos 30, el debate se acenta. Los proyec- tos de Pierre Besnard, de Abad de Santi- lln, de Gastn Leval, de Christian Corne- lissen, de Federico Urales o Isaac Puente: se contrastan y polemizan desde la prensa confederal o anarquista. El Pleno penin- sular de la FA1 de octubre de 1933 encarga una ponencia a cuatro miembros5 de la organizacin para que revisando la obra de los tericos del anarquismo en su as- pecto realizador, con las consiguientes modificaciones y aportacin que reclaman los tiempos modernosu, formulase un es- tudio sobre el significado del comunismo

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    clich, a la imagen estereotipada. La repe- ticin ritual de lugares comunes como reafirmacin ideolgica, vacos de conte- nido, pero sacralizados, se convierten en solemnes actos de fe, hitos in memoriam o certificados genealgicos. Los tpicos son las lneas generales de un discurso. Son los argumentos simplifica- dos de ste. El tpico es el lugar comn al que se suele recurrir como argumento sin desarrollar. En estas notas se puede confundir el t- pico con el mito o viceversa. Sus lindes son difciles de establecer: ambos forman una unidad en ciertas ocasiones: el mito tiene valor en s mismo, pero la banaliza- cin en su uso le convierte en tpico. El tpico se constituye cuando se recurre a l dando al argumento que le sustenta un vaIor incuestionable. Posiblemente uno de los tpicos mayores, si es que existen jerarquas en 10s tpicos, sea el fin que justifica la existencia de la CNT: el comunismo libertario. El concepto de comunismo libertario ha sido usado como tpico justificatorio con tanta profusin como impugnado. El tpi- co resulta cuando se identifica al comunis- mo libertario con el dictamen sobre el mismo aprobado en el Congreso de Zara- goza de 1936. Recurrir al dictamen dndo- le un valor acabado, un valor de panacea, es desvirtuar el concepto mismo de comu- nismo libertario. En la actualidad, en la CNT sucede as: el tema es considerado incuestionable, ha entrado en un estado de dogma. Y no tanto por su repeticin me- cnica sino porque se utiliza para especu- lar sobre el fin obviando el medio para llegar a Cl. Ni siquiera en su poca se le daba un valor acabado. En el mismo dictamen se dir: aLa pretensin de esta ponencia es mucho ms modesta. Se conformara con que el congreso viera en l las lneas gene- rales del plan inicial que el mundo pro-

  • La crisis de la CNT. 1976-1979

    minante. Su quiebra era tan inminente que se palpaba la necesidad de sustituir la sociedad caduca por otra nueva. Dado que la fuerza hegemnica por entonces dentro del movimiento revolucionario era la CNT, el comunismo libertario, su fin, cobraba rasgos de realidad. Hoy, cuando la CNT ha perdido no slo su hegemona dentro del movimiento revolucionario si- no incluso dentro de la clase obrera, el empleo abusivo del concepto de comunis- mo libertario basado en el dictamen del congreso de Zaragoza no puede ocultar su propia vacuidad. El comunismo liberta- rio representa actualmente un lejano pun-

    libertario. Ese mismo cuestionario apenas modificado ser el que servir de base a los sindicatos para redactar ponencias so- bre el dictamen de definicin del comunis- mo libertario. Las ponencias de los sindi- catos se irn publicando en las pginas de Solidaridad Obrera a partir del 17 de abril de 1936. La lucha de tendencias en la CNT en aque- llos momentos determin el redactado fi- nal del dictamen. Este ser el resultado de un acuerdo eclctico suma de diversas ponencias 6 donde aparecern detalladas referencias al organismo econmico de la revolucin, de clara inspiracin de Abad de Santilln, a travs de la 7ponencia del Sindicato de Artes grficas, junto a re- ferencias a temas amorosos,8 procedentes de la ponencia del sindicato de Profesio- nes liberales y de inspiracin de Urales, Carb y Puig Elas.g Del dictamen dir Abad de Santilln:

    uHay en el dictamen emitido exceso de declara- ciones y un cmulo de contradicciones y oscu- ridades que no esperbamos. Debiendo haber significado la parte mejor y ms prctica del Congreso, ha resultado la concepcin ms po bre e insostenibleu (&omunaIismo y comunis- mor. Tiempos Nuevos, III, 6, p. 261).

    A pesar de no llevar firma, posiblemente sea de Santilln el artculo sobre el Con- greso de Zaragoza que aparece en Tierra y Libertad, del 22 de mayo de 1936:

    aE1 punto del debate [interpretacin confede- ral del comunismo libertario] estaba mal emm- ciado. No es una definicin del comunismo li- bertario lo que deba dar el con reso de la CNT, porque esa definicin se ha da d o por lo menos desde el ao 1876, es decir desde hace ms de sesenta aos, con una claridad insuperable. Lo que importaba era una aplicacin al momento actual de Espaa para demostrar su viabi- lidad*.

    La perentoridad por definir el comunis- mo libertario estaba impuesta por el ele- vado grado de deterioro de la sociedad do-

    1. Congreso cmfederal de Zaragoza, mayo de 1936, CNT, To$ouse.

    3 %e$ecial el Pleno peninsular de la FA1 de 1937 y el Pleno econmico ampliado de la CNT en Valen- Eia en ene1 0 de 1938. 4. Sobre t :ste tema destacan las siguientes obras: Pierre Besnard, Los sindicatos obreros y la revolu- cidn v El mundo nuevo. Su alan. su constitucin. su funcionamiento; Diego Abad de &ntillti, La baka- rrota del capitalismo y El or la revolucin~ bastn Leval, B

    mismo econmico, de roblemas econmwos

    de Za revofuc~orr social espaola; Christian Cornelis- sen, El comunismo libertario y el rgimen de transi- cin:, Federico Urales, EZ ideal y la revolucin y.Los munwipios libres; Isaac Puente, El comunismo Irber- tarzo. 5. Los miembros designados fueron E. Carb, Isaac Puente, Higinio Naja R

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