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Cuadernos hispanoamericanos c3

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  • CUADERNOS HISmNQVMERICANOS

    HAN DIRIGIDO ESTA PUBLICACIN Pedro Lan Entralgo

    Luis Rosales Jos Antonio Maravall

    DIRECTOR Flix Grande

    JEFE DE REDACCIN Blas Matamoro

    SECRETARIA DE REDACCIN Mara Antonia Jimnez

    ADMINISTRADOR Alvaro Prudencio

    REDACCIN Y ADMINISTRACIN Instituto de Cooperacin Iberoamericana

    Avda. de los Reyes Catlicos, 4 - 28040 MADRID Telf.: 244 06 00, extensiones 267 y 396

    DISEO Nacho Soriano

    IMPRIME Grficas 82, S.A. Lrida, 41 - 28020 MADRID

    Depsito Legal: M. 3875/1958 ISSN: 00-11250-X - IPO: 028-89-003-0

  • LOS COMPLEMENTARIOS/3

    LEN POMER

    ADRIANA RODRGUEZ PRSICO

    MARA CECILIA GRANA WILLIAM KATRA

    HUGO BIAGINI

    Sarmiento, el caudillismo y la escritura histrica Sarmiento y la biografa de la barbarie La utopa como analogon El estilo ensaystico de Sarmiento Sarmiento y la problemtica espaola

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  • DOMINGO F. SARMIENTO (1811-1888)

  • El 11 de sepiembre de 1988 se cumpli el primer cen-tenario de la muerte de Domingo Faustino Sarmiento. Por razones tcnicas y de programacin, Cuadernos His-panoamericanos debi postergar hasta la presente entre-ga la edicin del homenaje correspondiente.

    A Sarmiento, a su biografa de hombre poltico, a su voluminosa obra de escritor, al denso tejido crtico que suscit en su tiempo y en este siglo largo de historia ame-ricana, se los puede abordar desde mltiples perspectivas.

    Su tarea de prosista, una de las ms elevadas del siglo XIX en nuestra lengua, es contemplada desde la literatu-ra, la historia, los sistemas filosficos y las grandes lneas del pensamiento poltico. Sus vnculos con Espaa, hon-dos y dramticos, segn en su momento seal Unamu-no un ser sarmientino como pocos pasan por sus pginas de viaje, por su dilogo constante y belicoso con el idioma castellano en Amrica, por su pasin frente al conflicto entre hispanidad y modernidad, que se remon-ta al siglo ilustrado e inquieta a protagonistas de la Espa-a decimonnica, entre ellos el tan ledo y admirado por Sarmiento, Mariano Jos de Larra.

    En el tercero de nuestros Complementarios hemos que-rido centrarnos en una zona determinada de la obra sar-mientina. No pudiendo abordarla en toda su extensin, por falta de espacio, nos ha parecido pertinente tratar de Sarmiento y su vocacin de historiador, en el ms am-plio sentido de la palabra: filsofo de la historia, bigra-fo, cronista y polemista enzarzado en las discusiones pacficas o armadas de la Amrica que le toc protagoni-zar.

    El resultado puede contribuir a la ya caudalosa biblio-grafa sarmientina con un enfoque en el cual se advierta la inquisicin dominante en la crtica actual: ver en el es-critor argentino a un productor de literatura que dej una visin trascendente del tiempo histrico que la fortuna tuvo a bien adjudicarle.

    Redaccin

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  • Sarmiento, el caudillismo y la escritura histrica

    1. Direcciones, objetivos El Estado nacional deba escribir una historia que sealara claramente las prefigura-

    ciones de s mismo, o lo que haban sido las tentativas para abrirse paso de una centrali-dad en puja con los poderes de la dispersin; deba simultneamente descubrir en el ayer los paradigmas de las prcticas, la robustez de los valores y la ejemplaridad de los modelos que insinuaban el Estado y que ahora devendran imgenes de un pasado cons-tituido en leccin prestigiadora.

    La historia en proceso de escritura, construyendo con celo riguroso los valores see-ros, las figuras veneradas y las acciones eminentes, realizara su clasificacin oponiendo frontalmente lo que asuma como propio a lo que sera presentado como su opuesto ominoso. En el futuro y si posible en el ms inmediato esa construccin deba cons-tituir un componente esencial del imaginario que aceptaran los grupos sociales domi-nantes, los sectores medios y algn da no lejano el pueblo entero.

    La historia escrita indicara con la prepotencia de los adjetivos los objetos de la ve-neracin y del repudio; marcara aquello que los argentinos deberan eventualmente imitar e irremediablemente aborrecer, sacralizando aqu y, por qu no?, incinerando pedazos de esa historia en el fuego de una memoria que no sera neutral sino apenas justiciera.

    La historia construira los espacios ideales de una comn veneracin y de un repudio sin discordancias; en esa espacialidad imaginaria las diferencias todas ellas queda-ran secundarizadas, los intereses y visiones particulares, subordinados. La patria sera el lugar de todas las lealtades, el altar de las coincidencias. Los argentinos prestaran fidelidad a una legalidad algo ms que jurdica que por incontrovertible se equivaldra a la propia condicin de argentino; una legalidad que si fuera traspuesta o violada des-cargara sobre el pecador las furias de la exclusin. La escritura de la historia sera un constructor fundamental de la patria.

    La palabra de los textos que se queran capitales librara una lucha por devenir LA PALABRA. Para apoderarse de las conciencias y obtener de ellas los efectos deseados deba canonizarse. Por eso la escritura de la historia sera escoltada por actos materiales de ensalzamiento y denigracin repetidos en las aulas, insistidos en la plaza pblica,

  • 8 repicados en el acto cvico hasta configurarse en rituales que no por laicos dejaran de ser asperjados por la religin y acogidos en los templos.1

    Dentro del campo discernido como propio la escritura de la historia nombrar las jerarquas. Las habr primersimas y las habr primeras; vendrn las segundonas, luego la tropa annima y claro, los olvidados. Personas y acaeceres encarnarn todo eso; de-trs de los nombres propios aun ser posible percibir una entidad informe, un persona-je genrico, una comparsa silenciosa: los soldados de la patria, el tambor de Tacuar, el Falucho de color africano.

    Siendo el poder que se constituya una suerte de conjuncin poltica de heterogneos sociales, econmicos y culturales, oriundos de provincias y regiones diferentes, con pa-sados irrenunciables porque asimilados a la identidad del grupo, no se podrn ignorar los valores regionales. Pero siempre como subordinados a los que se querr supremos. Lo nacional deber constituirse como la macroidentidad que sin abolir necesariamente las microidentidades tendr el poder de secundarizarlas, subyugarlas a una primaca incontestable. La escritura de la historia ser una pieza maestra de esa constitucin.

    2. El influjo de Europa Escoger un pensamiento y una visin de mundo no es faena que se haga con una

    suerte de virginidad de espritu; la eleccin se sita si es lcito hablar de una eleccin

    1 La siguiente breve cronologa podr ser til al lector.

    1854 - Fundacin del Instituto Histrico Geogrfico. 1857 - Biografa de Belgrano, de Bartolom Mitre, Primera edicin.

    Repatriacin de los restos de Rivadavia. 1858 - Historia de Belgrano, de Mitre. Segunda edicin notablemente ampliada, en dos volmenes. 1861 - Historia argentina, de Luis Domnguez. 1863 - Revista de Buenos Aires (Miguel Navarro Viola, Vicente G. Quesada). 1864 - Polmica Mitre-Vlez Srsfield. 1869 - Revista del Archivo General de Buenos Aires (Manuel Ricardo Trelles). 1871 - Revista del Ro de la Plata (Vicente Fidel Lpez, Juan Maa Gutirrez, Andrs Lamas). 1876 Historia de Belgrano y de la independencia argentina, de Mitre. Tercera edicin, ampliada, de la

    obra iniciada en 1857. 1877 - Inauguracin de la estatua de Mariano Moreno en plaza Lorea. 1878 - Celebraciones en tomo a la repatriacin de los restos de San Martn. 1879 - Revista de la Biblioteca Pblica de Buenos Aires (Manuel Ricardo Trelles). 1880 - Revista Argentina (Jos Manuel Estrada).

    Historia de los gobernadores de las provincias argentinas desde 1810 hasta 1879, de Antonio Zinny. Celebraciones del centenario del nacimiento de Rivadavia. Inhumacin de los restos de San Martn.

    1881 - Polmica Bartolom Mitre-Vicente Fidel Lpez. Historia de Rosas, de Adolfo Saldas (se prolonga su publicacin hasta 1887).

    1883 - Historia de la Repblica Argentina, de Vicente Fidel Lpez. 1886 - Revista Nacional (Adolfo P. Carranza).

    Lecciones de historia argentina, de Clemente Fregeiro. 1887 - Historia de San Martn, de Bartolom Mitre.

    Cuarta y definitiva edicin de la Historia de Belgrano, de Mitre. 1888 - Historia Argentina, de Mariano Pelliza.

    Revista del pasado argentino (Manuel Ricardo Trelles). 1892 - Historia de la Confederacin Argentina, de Adolfo Saldas (segunda edicin de la Historia de Ro-

    sas). 1896 - Revista La Biblioteca (Paul Groussac). 1901 - Fundacin de la Junta de Historia y Numismtica Americana.

  • 9 como acto de libertad dentro de un campo de opciones que limitan y recorren condi-ciones sociales y las ofertas culturales que en su interior circulan. Toda eleccin supone determinaciones de las que no necesariamente el sujeto tiene conciencia, y determina-ciones son aqu matrices de pensamiento y pensamiento matrizado. Las preocupacio-nes, y puede que pesadillas, engendradas por los pro'blemas locales pero acaso no me-nos por ciertas tempestades ultramarinas, no dejarn de estar presentes en los textos aunque no obligadamente explicitadas. Y aquello que poda revelar ser fatalmente razonado con las armas de una razn que haba elaborado Europa y ella provea, o si se quiere con los juicios de valor que no nos dicen lo que son los acaeceres y las perso-nas, sino lo que valen en relacin al sistema valorativo de quien est viviendo la reali-dad con la piel de su cuerpo entero y juzgndola en acto simultneo. En el discurso de la historia escrita es posible reconocer una matriz, y una tentativa de reconocimiento es lo que venimos haciendo. Pero no es en la matriz donde encontramos el tono singular, el color distintivo, sino en la actualidad reciente y ms s