LA LUZ COMO SÍMBOLO EN LA TRIBUNA DE fundamenta en la estética establecida por Emile Zola (1840-1902).…

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  • Mxico, Distrito Federal I Marzo-Abril 2009 I Ao 4 I Nmero 19

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    LA LUZ COMO SMBOLO EN

    LA TRIBUNA DE EMILIA PARDO BAZN

    Daniel Santillana Universidad Claustro de Sor Juana

    a Tribuna, tercera novela de Emilia Pardo Bazn, es un texto que

    puede ser ledo desde diferentes ngulos. La crtica, en general,

    ha privilegiado los aspectos ms evidentes de dicha novela y la ha

    vinculado escuetamente al naturalismo finisecular que, a su vez,

    se fundamenta en la esttica establecida por Emile Zola (1840-1902).

    Pienso, sin embargo, que leer La Tribuna slo desde esta perspectiva

    limita su comprensin al circunscribirla a la produccin mimtica propia

    de una poca. Restringe, asimismo, su sentido al asumirla slo como parte

    de la historia de la literatura hispana, pero no como un texto vivo. Por ello,

    mi objetivo en este trabajo es demostrar que La Tribuna es un texto con el

    que los lectores an podemos establecer un dilogo fecundo a partir de la

    coyuntura que nos proporciona la hermenutica simblica.

    El examen de la calidad de la mimesis alcanzada en La Tribuna

    plantea, por otra parte, un problema que se origina al atribuirle, en tanto

    que representacin de la realidad, una transparencia absoluta, de tal

    forma que ms que obra literaria devendra en fuente histrica. Una vez

    establecido tal supuesto, cualquier lectura de la novela reproducira de

    manera evidente los usos que tuvo en el siglo XIX. Lo cual sera tanto como

    absolutizar la funcin que cumpli cuando se realiz como objeto. La

    distincin entre el texto cientfico y el literario se reducira, entonces, a un

    asunto cuantitativo: a mayor cantidad de referencias corroborables,

    mayor sera la veracidad y el valor del texto en cuestin. Lo cual me parece

    totalmente inaceptable.

    L

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    En funcin de mi anlisis, asumo la opinin de Carmen Bravo-

    Villasante quien descubre, en la narrativa de la Pardo Bazn, una

    metodologa perspectivista que va de lo general a lo particular y de lo

    particular a lo general. En rpida ascensin o descenso. Sin detenerse. Del

    anlisis a la sntesis (Bravo-Villasante, 1962, 104).

    Me parece que de esta manera se crean nombres, personajes o

    situaciones genricas que confieren al relato su sentido simblico.

    Simbolismo que En la cuestin palpitante encomiaba la condesa como uno

    de los aciertos del naturalismo de Zola:

    [] por lo que toca a Pot-Bouille, la exageracin me parece indu-dable; y mejor que exageracin le llamara yo simbolismo, o si se quiere verdad representativa. Aunque suene a paradoja, el smbolo es una de las formas usuales de la retrica zolista: la esttica de Zola es en ocasiones simblica como lo dir? Como la de Platn. Alegoras declaradas (La falta del cura Mouret) o veladas (Nana, La Ralea, Pot-Bouille) sus libros representan siempre ms de lo que son en realidad (Pardo Bazn, 1978,147-148; cursivas en el original).

    Sobre la misma idea aplicada a la narrativa de la condesa, sustento la

    presente lectura simblica de La Tribuna.

    MARCO TERICO Abordo el estudio del tema de la luz en La Tribuna siguiendo la

    metodologa creada por Gilbert Durand: la mitrocrtica y el mitoanlisis.

    La nocin fundamental para la mitocrtica y el mitoanlisis es el

    smbolo, al cual definen como:

    Sistema de conocimiento indirecto en el que el significado y el significante anulan ms o menos el corte circunstancial entre la opacidad de un objeto cualquiera y la transparencia un poco vana de su significado [...] es un caso lmite del conocimiento indirecto [que se vuelve], paradjicamente, directo pero en un plano distinto al del discurso lgico (Durand, 1993, 18).

    El smbolo sustenta un significado que se ubica ms all de la

    expresin lingstica y del discurso lgico. Seala, pero no hace evidente.

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    A diferencia de otros tipos de signos que apuntan de manera clara en un

    solo sentido. Durand en su libro La imaginacin simblica distingue dos

    tipos de signos: uno que requiere y hace necesaria la exgesis; y otro para

    el que la interpretacin no es necesaria. Por ello, Durand asienta:

    Es posible distinguir, por lo menos en teora, dos tipos de signos: los signos arbitrarios puramente indicativos, que remiten a una realidad significada que, aunque no est presente, por lo menos siempre es posible presentar, y los signos alegricos, que remiten a una realidad significada difcil de presentar. Estos ltimos deben representar de manera concreta una parte de la realidad que significan.

    [...] llegamos a la imaginacin simblica propiamente dicha cuando el significado es imposible de presentar y el signo slo puede referirse a un sentido, y no a una cosa sensible (Durand, 1971, 12).

    El signo propio de la imaginacin simblica remite por extensin a

    todo tipo de cualidades, no representables hasta llegar [incluso] a la anti-

    nomia (Durand, 1971, 16). En ellos, la adecuacin significante-significado

    es, siempre, problemtica, evasiva.

    En el signo de la imaginacin simblica tanto el significante como el

    significado son repetitivos y redundantes. Adems estas repeticiones no

    son tautolgicas, sino perfeccionantes merced a aproximaciones acumu-

    ladas (Durand, 1971, 17).

    La evolucin, las repeticiones y las redundancias del smbolo

    explican su dinamismo. Durand denomina mito a dicho cmulo de

    repeticiones y redundancias simblicas (Durand, 1993, 28) no tauto-

    lgicas. Cuando los mitos se renen en un sistema de significacin, se

    expanden y alcanzan el relato literario (Durand, 1993, 30).

    Por otra parte, el arquetipo constituye la parte fundamental de los

    smbolos que dan origen al mito. Durand define el concepto de arquetipo

    en los siguientes trminos: arquetipo es una fuerza psquica, una fuente

    importantsima del smbolo, del que se puede asegurar, la universalidad y

    la perennidad; es [...], un motivo psquico que nunca deja indiferente y que

    anima verdaderamente la psique (Durand, 1993, 108).

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    Gilbert Durand establece, sobre estos supuestos, una nueva gra-

    mtica del smbolo. Esta gramtica es prerreflexiva y presemitica y da

    cuenta de lo que l denomina imaginario. El imaginario es el fondo

    comn e inconsciente, la reserva arquetpica de todas las representaciones

    humanas en un momento determinado de la historia.

    Durand establece, adems, que en cada momento histrico existe un

    mito que, sincrnicamente considerado, articula la produccin artstica de

    una poca, una cultura o una generacin y que funciona como modelo

    paradigmtico del imaginario de la poca, cultura o generacin. En mi

    estudio sobre La Tribuna me centrar en la luz, en tanto que elemento

    epistemolgico tanto del entorno como del carcter de los personajes. En

    tal sentido sostengo que la novela naturalista del siglo XIX La Tribuna, en

    concreto dota al saber cientfico de una dimensin mtica.

    Otra caracterstica relevante de la mitocrtica es, por ltimo, su

    eclecticismo. Al que Durand llama confluencia epistemolgica. En tanto,

    su discpulo Alain Verjat lo denomina triada del saber. La confluencia

    epistemolgica se refiere al rescate y la integracin en un solo sistema

    coherente de las tres escuelas de crtica literaria ms importantes del siglo

    XX. Ellas son:

    en primer lugar las crticas que se interesan por los fenmenos de grupo: la sociocrtica (Taine, Goldman, Gramsci, Luckcs) que fun-damentan su interpretacin en la raza, el medio y el momento; en segundo lugar la que hace suyas las aportaciones de la psicologa y el psicoanlisis: la psicocrtica (Marie Bonaparte, Baudoin, Mauron, Doubrovsky), que reduce la explicacin a la biografa del autor; y finalmente la crtica textual donde la explicacin parte de las estructuras formales del texto mismo (Althusser, Jakobson, Barthes, Greimas) (Verjat, 1989, 18).

    La mitocrtica utiliza la sociocrtica, la psicocrtica y la crtica textual

    para el estudio del relato simblico; puesto que, aade Verjat, la

    estructura de la narracin, el medio socio-histrico (legendario o real) y el

    autor son indisociables y constituyen una totalidad (Verjat, 1989, 18). Al

    mismo tiempo, recupera la dimensin del lector-intrprete de la obra de

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    arte, pues considera que ste se mueve, tambin, por la estructura de la

    narracin, en un medio psico-socio-histrico determinado, que integra de

    igual forma, la nocin de buen gusto del lector-intrprete. Es en esta

    confluencia, afirma Durand, entre lo que se lee y el que lee donde se sita

    el centro de gravedad de [la mitocrtica] (Durand, 1993, 343).

    Mi propsito es, pues, convertirme en un lector intrprete de La

    Tribuna. No establecer, ni seguir un discurso cannico. Tampoco pretendo

    ignorar las lecturas que ya se han establecido acerca de esta novela. No es