LITERATURA HISTORIA la ben£©volas (jonathan Littell ... destino parec£­a incierto y su devenir oscuro

  • View
    3

  • Download
    0

Embed Size (px)

Text of LITERATURA HISTORIA la ben£©volas (jonathan Littell ... destino parec£­a...

  • LOS PERROS DE LA LLUVIA LITERATURA

    la benévolas (jonathan Littell) – Auschwitz y la crisis de la humanidad europea BY JIMARINO ON DICIEMBRE 23, 2008 • ( 7 COMENTARIOS )

    HISTORIA

    http://jimarino.com/category/historia/ http://jimarino.com/ http://jimarino.com/2008/12/23/la-benevolas-jonathan-littell-auschwitz-y-la-crisis-de-la-humanidad-europea/ http://jimarino.com/author/jimarino/

  • SHANGRI-LA Ediciones

    ESTE TEXTO SE PUBLICÓ ORIGINARIAMENTE EN LA CARPETA MEMORIAS DE AUSCHWITZ DE SHANGRI-LA EDICIONES. SE PUEDE DESCARGAR COMPLETO EL ESPECIAL EN LA PÁGINA INDICADA.

    LAS BENÉVOLAS

    Antecedentes

    Las benévolas fue uno de los acontecimientos literarios

    del año 2006 en Francia. Lo normal en estos tiempos es

    desconfiar del halago repetido o la publicidad, no vano,

    el mundo de las letras se articula en torno a un puñado

    de grupos editoriales predominantes que apabullan

    con su capacidad mediática y que ofrecen en general

    obras literarias mediocres o mediáticas como reclamo.

    A veces se les cuelan joyas, o se dedican empujados

    por un extraño remordimiento a sacar a la luz textos

    deslumbrantes, maravillas literarias que guardaban

    escondidas, o premian a un autor excelente cuyo

    destino parecía incierto y su devenir oscuro. El

    equilibrio surge entonces, se alzan voces distintas que

    borran de un plumazo afirmaciones categóricas de la

    crítica y se adentran en un terreno farragoso en el que

    proclaman el valor, el sentido de esta desprestigiada

    historia de la literatura. Las benévolas no merece

    atención por sus valores extra literarios, esos pasarán,

    se evaporarán como llegaron, desaparecerá de las

    librerías enterrada por el sinfín de novedades, y será

    en las ediciones de bolsillo, en un tiempo posterior (o

    en alguna reedición futura), cuando comenzará a

    ofrecer esas otras virtudes que esconde, las que

    motivan -y no ninguna otra razón- un artículo sobre la

    http://shangrilatextosaparte.blogspot.com/

  • novela.

    Con Las benévolas se dan algunas paradojas de gran

    interés. La editorial que adquirió en español los

    derechos no destaca demasiado por sus elecciones

    artísticas, a pesar de un intento discreto de dignidad

    literaria en los últimos tiempos, pero apostó fuerte por

    el libro con una promoción inaudita que provocó un

    aluvión de ejemplares apilados a la entrada de los

    centros comerciales y las librerías de todo el país.

    Aunque tampoco es tan grave, Jonathan Littell, además,

    con su particular narración de los hechos, era objeto de

    escándalo allá donde fuera, y un espléndido polemista.

    Tuvo la fortuna de contar con el beneplácito de los

    periódicos, que en varios casos, pocos días antes de

    que la traducción española viera la luz, se encargaron

    de lanzar portadas en los suplementos culturales con

    su figura juvenil. Se le reconocía un discurso agudo y

    coherente, y surgía lleno de aparente importancia en

    lugares que no correspondían a un escritor novel. Me

    interesaron sus comentarios acerca de la novela, las

    ideas y las motivaciones que le inspiraron. Su tono era

    ligeramente irónico, mostraba una justa incomodidad

    después de las docenas de entrevistas realizadas, pero

    era capaz de argumentar esa actitud y describir el

    entorno en el que construyó las Benévolas con

    inteligencia.

    Todos los comentarios surgidos en torno a la obra que

    por mi cercanía a Francia había ido recibiendo,

    quedaron olvidados al leer la charla que Jesús Ruiz

    Mantilla publicó en el Babelia del 27 de octubre del

    pasado año. Algo me decía que me encontraba frente a

  • un escritor atípico para el panorama literario actual. Su

    negativa a recoger el premio Gouncourt, el gran

    galardón literario y comercial del país vecino, su

    desprecio por el marketing literario (aunque cumpliera

    sus obligaciones), acerca de si escribiría o no otra

    novela (algo que ya ha hecho, y según me cuentan con

    menor tino y repercusión), el modo en que ventilaba

    las preguntas incómodas del periodista sobre ideas

    acumuladas en torno a él y su obra, su forma de

    expresar juicios acerca de la profesión de escritor o de

    la literatura en general, todo aquello, a pesar de la

    enorme publicidad dilapidada a su alrededor, me

    intrigaba. Aseguraba haber escrito el libro por una

    necesidad íntima de hacerlo, ajeno por completo al

    resultado cualesquiera que hubiese sido, y aunque es

    indudable que alguien debió echarle una mano para

    poder acceder a un tribuna pública tan amplia como la

    que tuvo ( a ese respecto, un viejo amigo me reveló que

    el padre de Jonathan Littell es un conocido escritor

    norteamericano de novelas de espionaje que reside en

    Francia desde hace años), la verdad es que, después

    de leer la novela, uno encuentra justificable su

    celebridad y termina por aplaudir su recorrido.

    Las Benévolas fue a juicio de la crítica europea una de

    las novelas del año 2007 (aunque se editó en Francia

    en el 2006), pero no por su impresionante escalada en

    las listas de los más vendidos, sino por razones

    literarias. Junto a Vassily Grossman con Vida y destino,

    dio una agradable sorpresa editorial.

  • LAS BENÉVOLAS Y LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

  • Las Benévolas no tiene como argumento principal

    Auschwitz, aún así, el campo de concentración juega

    un papel importante en la historia, quizá más como

    refuerzo de peso a las indagaciones que Jonathan Littell

    trató de seguir, hasta convertirse en una de las partes

    fundamentales del texto.

    Los escritores revisionistas o los testimonios

    biográficos referidos a la humanidad de los verdugos

    que vivieron aquel horror, siempre estuvieron

    lastrados por la propaganda y la auto justificación

    miserable, o invalidados por una ínfima calidad. Los

    verdugos, aunque ganen, desconozco porque ley

    literaria, suelen expresar bastante mal las

    argumentaciones que les empujaron a cometer sus

    atrocidades, se envuelven en justificaciones mal

    construidas, disimulan la culpa con el peso de una

    verdad que hace chirriar la posible literatura de sus

    páginas. Se puede ser un cínico con talento, y tenemos

    algún ejemplo afamado y evidente en nuestras propias

    letras, pero hay que ser demasiado agudo y talentoso

    como para disimular por completo esa mala

    conciencia sin que afecte al valor de la obra.

    Jonathan Littell no escribió tan sólo la historia de un

    verdugo, ni la de un asesino –esa idea que tanto nos

    tranquiliza acerca de lo incomprensible, de lo ajeno,

    para definir comportamientos que nos aterrorizan por

    la indefensión que nos provocan- ni una detallada

    descripción de la masacre, aunque la masacre, la

    ceremonia de la muerte, surja enorme desde las fauces

  • del relato. Se podría hacer un recorrido de aquello que

    pudiera deslumbrar al lector por su horror, pero sería,

    en cierto modo, desvirtuar el sentido de la novela o

    quedarnos con lo que la hace detestable para algunos o

    bien extraordinaria para otros, sin profundizar en sus

    verdaderas intenciones.

    Nos adentramos en un viaje alucinante –y a menudo

    alucinógeno- hacia el corazón de las tinieblas. En eso,

    Littell entronca más con Joseph Conrad que con

    cualquier escritor bélico en el que piensen, aunque se

    decide sin duda no por la sutileza del retrato sugerido,

    o de la descripción emocional del ambiente maligno y

    perturbador, sino por el retrato directo y sin tapujos de

    la barbarie, de la forma más descarnada y salvaje

    posible. En esta diferenciación podríamos encontrar

    parte de los mecanismos novelísticos y narrativos

    utilizados por el autor para reforzar la veracidad del

    narrador, El Doctor Maximiliene Aue, y también

    algunos de sus excesos

    Si en Viaje al fin de la noche, de Louis Ferdinand Céline,

    el médico escritor utilizó su propio desastre humano,

    su irremediable desilusión llena de cadáveres y de

    dolor, de guerras, de sufrimiento y despojos, como

    mecanismo de exorcismo de sus fantasmas y sus

    fracasos, y para ello echó mano del francés más

    expresivo que pudo para lograr revolucionar la lengua

    literaria de su tiempo y ofrecer un relato terrible sobre

    el siglo XX mediado, las Benévolas no alcanza la

    capacidad trasgresora de Céline, no posee su fuerza

    verbal y sobre todo se construye desde una cierta

    frialdad que pone a menudo los pelos de punta. Céline

  • fue testigo directo de aquel descenso a los infiernos, y

    está lleno de lo que cuenta. Jonathan Littell escribe con

    la distancia de los que nacieron mucho después de que

    todo sucediera.

    Con Las benévolas nos aproximamos despacio hacia

    las tinieblas y en esta ocasión no desde una sufrida

    justificación vital de los acontecimientos, ni siquiera

    desde un punto de vista interesadamente moral, sino

    de