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JOS MARA MARTNEZ VAL - POR QU NO FUE POSIBLE LA FALANGE?

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JOS MARA MARTNEZ VAL - POR QU NO FUE POSIBLE LA FALANGE?

JOS MARA MARTNEZ VAL POR QU NO FUE POSIBLE LA FALANGE? DOPESA Cubierta: Ferm Carr Jos Martnez Val DOPESA Barcelona-14 Primera edicin, mayo de 1975 Segunda edicin, octubre de 1976 Digitalizado por Tripelcruz Printed in Spain Grficas Manuel Pareja Montaa, 16 / Barcelona

Con mi homenaje a cuantos, con generosidad y entusiasmo, han servido a Espaa desde las filas de la Falange. Con mi reproche a cuantos de tantas maneras! han hecho imposible el desarrollo poltico de un difcil y noble ideal. Sobre JOS ANTONIO: Yo lo he seguido con atencin y puedo asegurar que se trata de un cerebro privilegiado, quiz el ms prometedor de la Espaa contempornea. (Unamuno, en carta a Lisardo de la Torre, cit. por Heleno Saa, en La Falange (II), en ndice, Dic. 1969.)

Un diagnstico -interrogativo- de la trayectoria poltica de la Falange. Desde el difcil e intrnsecamente dialctico planteamiento de las horas fundacionales hasta su eliminacin de los textos jurdicos fundamentales, pasando por los mimetismos y las dificultades internacionales, el Profesor Martnez Val hace en esta obra un examen completo de todos los factores, as ideolgicos como personalistas, con arreglo a un riguroso mtodo y el empleo de fuentes muy diversas, desde el propio testimonio de su experiencia poltica personal (antiguo jonsista, colaborador de La Patria Libre de Ramiro Ledesma Ramos, y ex-Gobernador y Jefe Provincial) hasta documentos oficiales o privados, poco o nada conocidos. Muchas oscuras interferencias del proceso poltico espaol desde 1931, quedan aclaradas. Otras reciben sugestivas iluminaciones; Este libro, Por qu no fil posible la Falange? es historia, pero es tambin vida, cuyos protagonistas son bien conocidos y, en su mayora, viven entre nosotros. De ah su inters. DOPESA

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NDICE

PROPSITO ................................................................................................ 4 I. LOS ANTECEDENTES.............................................................................. 6 1. La conquista del Estado y la JONS ................................................... 6 2. Falange Espaola y su fusin con las JONS....................................... 14 3. La Falange dividida y oficializada ........................................................ 20 II. LOS MOTIVOS INTERNACIONALES .................................................... 25 III. FALANGISTAS Y TRADICIONALISTAS ............................................... 32 IV. FALANGE. MONARQUA. RGIMEN ................................................... 37 V. ACCIN Y FRUSTRACIN DE LA OPOSICIN ................................... 52 1. Lucha armada y guerrillera .................................................................. 53 2. El pacto de unin de fuerzas democrticas ......................................... 54 3. El Congreso de Munich (junio, 1962)................................................... 57 4. Ampliacin de la Unin de Fuerzas Democrticas .............................. 61 VI. DE LA CONFUSIN A LA DESINTEGRACIN .................................... 64 VII. LA TRAYECTORIA DEL SINDICALISMO ............................................ 88 VIII. EVOLUCIN Y CRISIS DE UNA IDEOLOGA POLTICA ................... 94 IX. MEDITACIN FINAL: ANTE EL FUTURO .......................................... 105

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PROPSITOEn 1965, Fernndez Cuesta declar que la Falange estaba en estado gaseoso. Tal manifestacin impresion mucho, sobre todo en las filas del Movimiento, porque Fernndez Cuesta haba sido el primer Secretario General de la Falange y varias veces Ministro de Franco, en diferentes carteras. Las interpretaciones que se dieron a tal declaracin fueron varias, pero en el fondo aluda, sin duda alguna, al hecho de que aparte de las formalidades externas y del nombre y la organizacin burocrtica, que permanecan bajo tal denominacin, la realidad poltica en otro tiempo subyacente a las mismas se haba evaporado. Sin embargo, en el mismo ao 1965, Antonio Garrigues Daz-Caabate, Embajador de Espaa en las difciles misiones de Estados Unidos y el Vaticano, escriba que el problema poltico espaol est centrado alrededor del Movimiento. Ambas posiciones pueden considerarse contradictorias, porque el Movimiento se identificaba con la Falange, si bien con el apellido de tradicionalista, que llevaba desde el Decreto de Unificacin (1937). La contradiccin resultaba de que en tal caso la poltica espaola pudiera tener un eje evaporado, en vez de consistente. Sin duda, una situacin bien sorprendente. Pero hubo ms. Poco tiempo despus (1967) con la promulgacin de la Ley Orgnica del Estado, hasta el nombre y el apellido que haba llevado el Movimiento desaparecieron de las expresiones legales, aunque subsistieron algunos aos ms, como en una operacin de adaptacin social previamente calculada, hasta que en 1970, siendo Ministro Secretario General el Sr. Fernndez Miranda, desapareci totalmente, incluso de los membretes oficiales y de las matrculas de su parque automvil. La liquidacin d la Falange estaba terminada. Al margen quedan algunas, muy pocas, instituciones: Vieja Guardia, Crculos Doctrinales Jos Antonio, Agrupacin de Antiguos Miembros del Frente de Juventudes..., que no siempre bien avenidos con la poltica oficial de la Secretara General han seguido conservando, no obstante, las vinculaciones propias de su origen y denominacin. No hacemos referencia a otras organizaciones carlistas o tradicionalistas. Algunas se incorporaron a las instituciones oficiales unificadas desde 1937 y han sido, a travs de sus hombres representativos, permanentes colaboradores con el Rgimen de Franco (desde el Conde de Rodezno o don Esteban Bilbao, hasta Iturmen-di y Zamanillo). Otros muchos, probablemente muchos ms que los anteriores, acamparon en varias posiciones: Desde la esperanza durante algn tiempo (los partidarios de don Javier y don CarlosHugo de Borbn, hasta su expulsin oficial y definitiva del territorio espaol) o la tenaz oposicin mantenida a partir del momento mismo de la Unificacin (como fue el caso de don Manuel Fal Conde). Y algo parecido ocurri desde las filas propiamente nacionalsindicalistas, con el extrao fin de Ni-casio lvarez de Sotomayor, al parecer en una guerrilla libre cacerea, en los primeros das del Alzamiento, o propiamente falangista, con la actitud, sensiblemente paralela a la de Fal Conde, que mantuvo Manuel Hedilla Larrey, y que desde otros puntos de vista protagoniz tambin el inquebrantable lder extremeo Eduardo Ezquer. Pero, con estas excepciones, en lo que se llam desde 1937 Falange Espaola Tradicionalista y de las JONS, vinieron a recalar gentes de las ms variadas procedencias polticas, porque el talante, las consignas y hasta las manifestaciones exteriores de la primitiva Falange Espaola se mostraron, en aquellos tiempos de la anteguerra y de la guerra, ms generalmente atractivas que cualesquiera otras fuerzas polticas en presencia. Fue cuando se vio con camisa azul y entero uniforme a prominentes monrquicos, como Jos Mara Pemn y a intelectuales de seleccin, como Eugenio d'Ors u otros ms jvenes, pero que ya apuntaban a las altas cotas que luego consiguieron, como Pedro Lan Entralgo, a la vez que gentes muy modestas, provenientes incluso de zonas avanzadas del republicanismo y del sindicalismo. Fue el gran momento en que pareca poder convertirse en realidad la idea de unidad de todos los hombres y las tierras de Espaa. Pero ese cnit iba a durar poco. El proceso de su disolucin es lo que intentamos aclarar aqu. Creo que importa mucho.

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El autor fue, ya en 1933, un joven jonsista, del grupo Revolucin, de Zaragoza, que comandaban un obrero guarnicionero (Andrs Candial) y un estudiante (Jaime Casafranea). Sigui luego al que siempre consider su jefe, Ramiro Ledesma Ramos, y hasta tuvo el honor, desde su inexperiencia juvenil, para con su impaciente vocacin de escritor, de ser su colaborador en el semanario madrileo La Patria Libre, que el fundador public como rgano de las JONS de Madrid, despus de su separacin de la Falange (1935). La guerra le volvi al grupo comn del Movimiento, desde el que ha podido observar, a veces desde atalayas suficientes, como se ver en su momento, todo el desarrollo del proceso desintegrador. Un proceso complejo y difcil, con muchos factores, unos doctrinales y otros tcticos; unos de poltica extranjera, que ha gravitado con enorme fuerza en ciertos momentos, y otros, de poltica interna muy delicada, practicada a travs de pequeos, pero muy influyentes grupos de presin poltica. No tiene el autor la pretensin de que sus observaciones y anlisis sean suficientes ni definitivos. Pero s que tiene la esperanza de aportar algunas consideraciones tiles a la comprensin y a la valoracin justa de un fenmeno poltico la Falange Espaola que ha tenido un singular protagonismo en unos aos decisivos de la historia contempornea de Espaa.

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I. LOS ANTECEDENTES

1. La conquista del Estado y la JONSSe equivocara mucho quien intentase comprender a la Falange desde que, con tal nombre, hizo su aparicin en la vida poltica de Espaa. Se equivocara tambin si la considerase como un hecho exclusivamente espaol, aunque esta posicin, para justificar originalidad e independencia de otros movimientos extranjeros, haya sido mantenida reiteradas veces desde la perspectiva de una propaganda oficial tarda. Ni una cosa ni otra. La Falange no fue en su origen un movimiento reaccionario, ni siquiera reactivo, contra los rumbos y las acciones que tom la Repblica del 14 de abril de 1931. Porque, como escribi Juan Aparicio, mximo notario de aquellos das funda