Concept o Semiotic o

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    La Cultura como Concepto Semitico.

    Algunas reflexiones metodolgicas tiles al pensamiento sociolgico.

    Luis Humberto Mndez y Berrueta

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    ndice:

    Introduccin

    I. La Cultura como Concepto Semitico

    Breve historia del concepto cultura Definicin y objetivo La interpretacin densa Ethos y cosmovisin

    II. Los Contenidos Semiticos del Concepto Cultura

    Palabra, voz, lengua, lenguaje, enunciacin y discurso Del signo al smbolo La metfora La naturaleza del smbolo El origen mtico del smbolo

    III. Cultura e Imaginario Social Instituyente e instituido Institucin, smbolo e imaginario La institucin alienada y las significaciones sociales imaginarias La tensin instituyente-instituido en la modernidad capitalista

    IV. Cultura e Identidad Identidad, cultura e interaccin social Identidad: lo propio en oposicin a lo alterno Identidad y territorio Otras visiones acerca de la identidad

    V. Cultura y Absoluto Social (lo sagrado)

    Lo sagrado y lo profano Lo sagrado como absoluto social Lo sagrado en la cultura

    VI. Cultura y Tiempo Largo de la Historia

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    Introduccin

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    El ttulo de este trabajo indica su pretensin: explicar por qu resulta

    importante considerar el trmino cultura como un concepto semitico.

    Alcanzar este objetivo obliga a situarlo dentro de la fuente terica que lo

    alimenta: el estructuralismo simblico, entendiendo por tal la corriente de

    pensamiento que considera lo social como una estructura

    institucionalmente organizada, socialmente construida, histricamente

    determinada, semiticamente articulada1, inestable por principio y, por

    tanto, siempre sujeta al cambio, an y cuando el discurso ideolgico-

    cultural que lo amalgama predique su permanencia.

    En aras de la claridad, hacemos explcito lo siguiente: la nocin de

    estructura es una abstraccin, una construccin terica, una herramienta

    mental (por tanto intangible), creada por el hombre para poner orden sobre

    el desorden (aparente o no) del mundo que lo rodea. No tiene una

    representacin fsica, no ocupa un espacio ni tiene una masa: es una

    representacin simblica, slo existe en la mente del hombre y encuentra

    su origen en el campo de lo simblico-lingstico. A travs de este

    instrumento, biolgicamente construido, se relaciona con el mundo que lo

    rodea y confecciona sus particulares formas de convivencia, urdiendo

    enormes redes de significacin a las que comnmente llamamos mundo

    simblico. Por este medio interpreta la realidad externa, edifica sus 1 Entendemos por articulacin semitica el conjunto de signos (lingsticos o no) que en un infinito entrelazamiento de elementos propios del lenguaje (de cualquier tipo de lenguaje), elaboran discursos desde donde se formulan las ideas y se promueven las acciones que instituyen, desde el campo de lo simblico, ese inmenso y contradictorio universo que llamamos sociedad.

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    creencias acerca del mundo, construye sus particulares formas de vida y

    decide cmo comportarse en ella. Consideraremos entonces que el gran

    pilar que sostiene cualquier tipo de estructura es el smbolo.

    Es evidente, sabemos, lo heterogneo de este enfoque para el anlisis de las

    estructuras desde la ciencia social (en especial para el caso que aqu nos

    ocupa, la cultura)2; pero igual nos percatamos que a pesar de sus

    diferencias (en ocasiones grandes), existe un acuerdo, implcito y/o

    explcito, entre diversos pensadores para atribuirle al lenguaje el origen a

    esta influyente forma cognoscitiva.

    En lo general, y desde hace ms de un siglo, se coincide en considerar que

    no hay estructura ms que de lo que es lenguaje, aunque se trate de un lenguaje esotrico o incluso no verbal. No hay estructura del inconsciente ms que en la medida que el inconsciente habla y es lenguaje. No hay estructura de los cuerpos ms que en la medida en que los cuerpos de algn modo hablan con un lenguaje que hace sntoma, que es el lenguaje de los sntomas. Las cosas mismas en general no tienen estructura sino en la medida en que sostienen un discurso silencioso que es el lenguaje de los signos.

    2 El trmino estructuralismo simblico se convierte en etiqueta del pensamiento en ciencia social al momento que la idea de estructuralismo se asocia a la ciencia de la lingstica, en especial con la ciencia de la semitica, y, fundamentalmente, con lo que de ella se deriva: el desarrollo y la profundizacin del smbolo, entendido como fuerza primigenia de la creacin social. Esta etiqueta metodolgica surge con Lvi-Strauss cuando toma el estructuralismo lingstico de Ferdinand Saussure para aplicarlo a la ciencia social; sin embargo, el enfoque simblico se advierte varias dcadas antes desde la sociologa, en especial con Durkheim y Weber a fines del XIX y principios del XX, y, aos despus, con el llamado interaccionismo simblico (Schultz y Mead); posterior a Lvi-Strauss, surgen desde la antropologa y la sociologa un conjunto de pensadores asociados a este principio simblico que, pese a sus diferencias, a veces profundas, mantienen en comn el considerar el pensamiento simblico como elemento destacable en el anlisis de la realidad. En nuestro caso, la utilizacin que aqu hacemos de esta herramienta terica-metodolgica para el anlisis de la cultura, se sostiene, en principio, en el pensamiento del antroplogo Clifford Geertz y su idea de significacin tomada de Weber, en el filosofo Ernest Cassirer y su insistencia en mantener el carcter biolgico del smbolo; y en l tambin filsofo, Cornelius Castoriadis, y su estudio sobre el imaginario social. Cualquier enterado sabe de las diferencias de enfoque que existen entre estos pensadores, en este escrito pareciera que se habla de un pensamiento homogneo, lo cual es falso; jugando a ser relativistas nos atrevimos a tomar de cada uno de ellos lo que consideramos importante para profundizar en nuestro objetivo: el carcter semitico de la cultura.

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    Pero la pretensin del ttulo que significa estas notas, no se detiene slo en

    tratar de explicar el por qu resulta sugerente entender el trmino cultura

    como un concepto semitico, se le agrega un subtitulo que representa otro

    objetivo ms: Algunas reflexiones metodolgicas tiles para el

    pensamiento sociolgico.

    A este trabajo lo atraviesa una importante consideracin que le da sentido:

    los anlisis de las instituciones que simblicamente articulan una particular

    estructura cultural, pierden fuerza interpretativa si no se ubican en los

    terrenos de la interaccin social. Se parte entonces de que ninguna

    estructura puede explicarse en s misma, no son construcciones ptreas,

    inamovibles, a-histricas y mucho menos originadas desde presupuestos

    metafsicos. A pesar de la solidez que muestra cualquier tipo de

    cosmovisin o ethos (no obstante su obligada inclinacin a la permanencia,

    que, advertimos a lo largo de la historia, parece eternizar sus instituciones),

    vistas desde la interaccin social son flexibles, se encuentran en constante

    movimiento, por tanto, un anlisis de la cultura resulta seriamente limitado

    si los elementos que la integran (estructuralmente organizados) no se

    observan desde los contradictorios espacios donde los hombres se

    comunican diariamente; dominios sociales que es comn llamarlos vida

    cotidiana. Sin importar la orientacin terica que ostenten3, todas parten de

    3 Podemos mencionar entre algunas de las reflexiones ms significativas en torno a este problema, los conceptos de representaciones colectivas (Durkheim), intersubjetividad (Schultz, Mead), territorialidad

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    la accin de los individuos en su vida diaria, de las formas de

    comunicacin que establecen en un territorio especfico y un tiempo

    determinado, del conjunto de relaciones que instauran dentro y fuera del

    trabajo, con la familia, con grupos sociales o religiosos, con la autoridad;

    relaciones estables o inestables, simtricas o asimtricas; relaciones

    establecidas interna o externamente por sus habitus particulares y/o por su

    contradictoria relacin con otros territorios ms amplios (nacionales o

    meta-nacionales) que imponen conductas y formas de comportamiento. Es

    este conjunto de elementos el que da forma y substancia al trmino que

    aqu entenderemos como interaccin social, y resultar vacuo, insistimos,

    cualquier anlisis de la cultura que no tome en cuenta, como punto de

    partida, este concepto.

    Es desde esta perspectiva que pensamos til el anlisis de la cultura para

    cualquier trabajo de corte sociolgico, siempre y cuando no se pondere el

    fro dato emprico como la nica fuente posible de valor cientfico; siempre

    y cuando se considere como posible la utilidad de un conocimiento que no

    se limita a formular leyes generales sino a interpretar hechos. Nos

    proponemos mostrar un conjunto de herramientas metodolgicas que,

    comnmente, no son tomadas en cuenta por una disciplina social que tiende

    a priorizar para el anlisis sociolgico las orientaciones de corte positivista.

    (Raffestin), habitus (Bordieu), rutinizacin Guiddens), o la muy trabajada nocin de vida cotidiana (Heller)).

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    Por supuesto, no se trata de invalidarlas, slo queremos cuestionar el

    carcter absoluto que se