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4 EL ESPi\>\lOL DE ESPAÑA (Rgusselot) que suministraban los datos más a la gene- ral. Eñióncesh dialectología se convIrtió en una lingüística autónoma, tan- to por sus métodos, como por' sus' fines. - .-" desarroDó: 'baste recordar nombres egregios, como los de G_<lston..Paris-Q-Ascoli que ella el archivo más rico en el que se guardan las costumbres, las tradiciones y las creencias de los pueblos. No-nos cejemos' ga'iiar'pór-eñt¡isiasmós-sino 'que, reconocierido las dificul- tades de su estudio, se vio que en ellos está la biología del lenguaje, que no es otra cosa que la marcha del espíritu sobre las palabras que, de algún modo, son su vestidura. Los nombres ilustres salen a cada paso y no me- rece la pena librar ba'tallas que, creo, carecen de sentido. Y los dialectos han podido alcanzar perdurable valor estético (entre los fiilibres, en las no- velas de Giovanni Verga o ,Grazia Deledda). En España la literatura dialec- tal no ha tenido un cultivo semejante; tal vez porque nuestros dialectos no tengan la fuerte diferenciación que hay en otras lenguas, Porque dialecto es diferenciación (castE;llano frente al latín, andaluz frente al castellano) y esto nos lleva a otro concepto. ¿Qué sé' entiende por dialecto? De esto me ocuparé en efprúnerTr-abajo de esté volumen. Ahol'á sólo quiero hablar de la motivación de estas páginas. Cuantos en ellas nos hemos dado cita par- timos de unos principios de diferenciación con respecto a un sistema ge- neral. Ello nos hará ver unas veces la estrecha vinculación de esos sistemas a los que llamamos dialecto con la sociedad que los ampara y utiliza, En- tonces cobran sentido muchos de los problemas a los que nos enfrentare- mos en las páginas que siguen. Ahora quisiera -sólo- dejar abiertas una serie de interrogaciones a las que trataremos de responder desde unas con- sideraciones genel-ales; luego, procuraremos desenmarañar las mil cuestio- nes que afectan a las variaciones de nuestra lengua. Problemas más que complejos, por eso quiero que sirva para cerrar esta introducción un verso de Unamuno que bien vale para el habla dialectal, la que nos salvará del castigo de una «jerga cosmopolita». Lo escribió el 18 de diciembre de 1929. ¿QUÉ ES UN DIALECTO? por MANUEL ALVAR La lingüística, desde los eruditos de Alejandría (siglo Il a. de e) hasta el siglo pasado, ha venido siendo una preocupación de carácter filológico (como guía para la correcta interpretación de los textos) o una preocupa- ción de índole dogmático (gramáticas basadas en un criterio de autoridad). Pero con el gran lingüista italiano Graziadio ¡saia Ascoli I surge un nuevo interés: el del conocimiento de las hablas populares. Esto es:¡""conocer la lengua del pueblo en sus diversidades prescindiend-o del espe- jismo de la corrección y haciendo abstracción de los hechos retóricos. De una parte, se llegaba así al conocimiento del habla de cada día y de las ha- blas que no tuvieron cultivo literario, y, de otra, a la concepción del len- guaje como actividad humana y, por tanto, sometido en todo momento a una modelación activa por parte de cada hablante. Vico, Herder y Hum- boldt se anticiparon a las modernas concepciones del lenguaje corno hecho social (Saussure) y como medio de expresión (Croce. Vossler), pero hizo falta mucho tiempo todavía para que se admitiera la identidad de la lengua 6' hablada y de la escrita, Er,¡ Karl Vossler podría decir ya: <<\os filólo- gos literarios se apoderarfIíCk los documentos escritos y los lingüistas an- darán nómadas en busca de los dialectos que se hablan por las diversas partes del mundo. Pero hemos de ver que se trata de una diferencia mate- rial, no sustancial. Filosóficamente es lo mismo; que la manifestación ver- bal atraviese volando el aire, fugaz y momentánea, o que esté clavada so- bre el más incorruptible peñasco de basalto o de granito»,' Pero Vossler po- día decir esto después de medio siglo en que la dialectología había venido suministrando materiales a la lingüística o a la crítica textual y se había or- ganizado en una ciencia independiente. El reconocimiento de la dignidad de los dialectos y de su estudio se debe en parte al nacimiento de la lingüística como ciencia histórica. Viose 1. Sobre su obra y signjncación. vid. B. Terracini, Cuida aUa slUdio de/la linguistica hisron"ca. Roma, 1949, pp. 123·142, donde se amplfan los datos que aparecieron en Perfiles de lingüistas, Tucu- mán, 1946. Vid., además, tas pp. 18·23 de la traducción española del libro de lorgu lardan, Filolagia Románica, Madrid, 1967. 2, Melodologla filológica, Madrid, ¡ 930, p, 8,

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