Cronicas, descubrimientos - Lispector, Clarice

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Cronicas, descubrimientos - Lispector, Clarice

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  • 1. Clarice Lispector DescubrimientosClarice LispectorDDeessccuubbrriimmiieennttoossCrnicas InditasTtulo original: A descoberta do mundoTraduccin: Claudia SolansEditor: Fabin Lebenglik Adriana Hidalgo editora S.A., 2010,ISBN Argentina: 978-987-1556-34-21

2. Clarice Lispector DescubrimientosNDICEPrlogo......................................................................................................................3Descubrimientos........................................................................................................61967...........................................................................................................................61968.........................................................................................................................151969.........................................................................................................................361970.........................................................................................................................731971.........................................................................................................................971972......................................................................................................................1201973......................................................................................................................1492 3. Clarice Lispector DescubrimientosPrlogoCon este volumen se completa la publicacin en castellano de lascrnicas que Clarice Lispector escribi cada sbado, entre el 19 de agosto de1967 y el 29 de diciembre de 1973, para el Jornal do Brasil, lo que termina dedelinear, de alguna manera, el mapa que estos textos trazan sobre la reginmenos explorada de su literatura. El primer volumen, Revelacin de unmundo, fue publicado por Adriana Hidalgo editora en 2004 con sucesivasreimpresiones.Textos heterogneos, muchas veces inclasificables e inesperados, querevelan en cada lnea la compleja escritura y personalidad de su autora.Complejidad que, a la hora de traducir, se convierte en un desafo y un felizacontecimiento. Porque traducir a Clarice (y no slo sus textos), es unaaventura que bajo su aparente sencillez resulta tan sinuosa, sutil y almismo tiempo brutal, tan hermtica e inquietante, que hace que el esfuerzopor aprehender esa idea, ese concepto que se sabe que est ah, sumergido,enterrado pero siempre entrevisto a travs de las palabras, se convierta pormomentos en un gesto vano, casi como una mano que se cerrara en el vaco.El amor, el tiempo, la muerte, bajo dimensiones pocas veces exploradascon tanta maestra, son algunos de los temas que aparecen en estos textosque permanentemente desafan el concepto de crnica o, ms bien, que lasconvierten en un gnero cuyas fronteras Clarice ha borrado por su propiaescritura. Si bien en una de ellas, publicada en el volumen anterior expresa:No hay duda, sin embargo, de que yo valoro mucho ms lo que escribo enlibros que lo que escribo para diarios esto sin, no obstante, dejar de escribircon gusto para el lector de diario y sin dejar de amarlo (Escribir para eldiario y escribir libros, del 29 de julio de 1972), resulta por lo menossugestivo cuando sabemos que gran parte de su ficcin breve pas en esosaos por la columna semanal del Jornal do Brasil. Se trata de las crnicasque en la actualidad estn agrupadas bajo el ttulo Para no olvidar y quefueron publicadas, en una edicin de autor, en el ao 1964 como la segundaparte de La legin extranjera. Ese texto era un volumen compuesto de dospartes, la primera de ellas contena una serie de cuentos, en tanto que lasegunda con el subttulo de Fondo del cajn agrupaba las crnicas. Conposterioridad, los cuentos conservaron el ttulo del volumen original (Lalegin extranjera) y las crnicas adoptaron el de Para no olvidar. Pero ms all delos avatares de publicacin, lo que resulta interesante es que los cuentos y las crnicas comienzan a circularen el interior de la produccin de Clarice Lispector con movimientos que en ocasiones parecen caprichosos y,3 4. Clarice Lispector Descubrimientosa veces, premeditadamente casuales, tanto que seguir el curso de cada texto se torna por momentos unaempresa en verdad fascinante.Hasta aqu nada llamara demasiado la atencin si no fuera por el hecho de que prcticamente todoslos cuentos del volumen La legin extranjera (en su edicin de 1964 y exceptuando La solucin) aparecieroncomo crnicas en el Jornal do Brasil entre 1967 y 1973. Lo notable, asimismo, es que Felicidad clandestina, elvolumen de cuentos aparecido en 1971, incluye esos mismos textos de aquella primera parte llamada Lalegin extranjera (exceptuando en este caso tambin La solucin), pero a su vez varias crnicas de Fondo delcajn (que, como ya se seal, fueron publicadas en su totalidad en el Jornal do Brasil).A qu apunta esta digresin en cierto modo arqueolgica? Nada msque a sealar la extraordinaria libertad genrica que reina en toda laliteratura de Clarice Lispector. Y precisamente, a partir de esa inestabilidad yprecariedad genrica es que sus crnicas se vuelven una especie de panpticoy permiten, de modo radial, hacer visible y echar una luz nueva sobre el restode su obra.Cuestionadoras del gnero, sus crnicas operan tambin comocuestionadoras del sujeto que narra. Porque la inmediata pregunta que surgees: pues entonces, quin escribe, quin dice, quin cuenta? Es en este suelode fronteras porosas y permeables donde lo domstico, lo insignificante,incluso lo banal se vuelve tema y problema. Quizs un modo de pensarlosera considerar la caracterstica fragmentariedad de estos textos.Si bien lo fragmentario por esos aos y a esa altura de la historiacultural ya era un dato y, por lo tanto, predicarlo acerca de la produccin deClarice es casi inocuo, su importancia parece estar en que genera lacondicin de posibilidad para la constitucin del sujeto que narra; esto es,Clarice. Y da la impresin de que ella slo puede narrar precisamente lofragmentario, lo inacabado, lo indeterminado, as como tambin lo banal, locotidiano, lo insignificante. De ah, que su talento radique en laextraordinaria capacidad de revelar, casi en cada lnea (porque tambin haycrnicas de una sola lnea), lo sublime bajo lo domstico e inacabado y, almismo tiempo y con la misma eficacia, dar vuelta la lente y transformar endomstico (dcil, manso, familiar) lo sublime. Slo as se comprende ladramtica (y episdica) recreacin de Pompeya en el suelo de una cocina en elque yacen decenas de cucarachas muertas a causa de un veneno casero(Cinco relatos y un tema, 26 de julio de 1969).Interminables son los itinerarios que pueden trazarse a travs de las crnicas de Clarice Lispector:siguiendo el hilo de los temas, de ciertos personajes (como los taxistas, por ejemplo), de los objetos(ventanas, flores), de las preocupaciones literarias, metafsicas e incluso religiosas (la muerte, el alma, lapresencia de Dios), y as se podra seguir. Sin embargo, como en aquella crnica del 9 de diciembre de 1967,titulada Una cosa, en la que cuenta que esa noche ha visto una calle que nunca ms va a olvidar, pero cuyadescripcin decide no realizar, guardndola para s, del mismo modo el lector resulta doblemente marcadopor la escritura de Clarice: no logra describirla con palabras pero tiene la certeza de haber sido protagonistade una suerte de epifana, una revelacin.Claudia Solans4 5. Clarice Lispector Descubrimientos5 6. Clarice Lispector DescubrimientosDescubrimientos19676 7. Clarice Lispector Descubrimientos19 de agostoCOSMONAUTA EN LA TIERRAExtremadamente atrasada, reflexiono sobre los cosmonautas. O, mejor,sobre el primer cosmonauta. Casi un da despus de Gagarin, nuestrossentimientos ya estaban atrasados en contraposicin a la velocidad con laque el acontecimiento nos superaba.Entonces, ahora, atrasadsima, vuelvo a pensar en el asunto. Es unasunto difcil de sentir.Un da un nio, advertido de que la pelota con la que jugaba caera en elpiso y molestara a los vecinos de abajo, respondi: oye, el mundo ya esautomtico, cuando una mano arroja la pelota al aire, la otra ya esautomtica y la atrapa, no se cae, no.La cuestin es que nuestra mano todava no es lo bastante automtica.Fue con susto que Gagarin subi, pues si lo automtico del mundo nofuncionara, la pelota llegara a ms que slo trastornar a los vecinos de abajo.Y fue con susto que mi mano poco automtica tembl ante la posibilidad deno ser bastante rpida y dejar que se me escapara el acontecimientocosmonauta. La responsabilidad de sentir fue grande, la responsabilidad deno dejar caer la pelota que nos haban arrojado.La necesidad de volver todo un poco ms lgico lo que de algn modoequivale a lo automtico me hace intentar criteriosamente el buen sustoque me asalt:De ahora en adelante, al referirme a la Tierra, no dir msindiscriminadamente el mundo. Considerar mapa mundial una expresinno apropiada; cuando diga mi mundo, me acordar con un susto de alegrade que tambin mi mapa necesita ser transformado, y de que nadie megarantiza que, visto desde afuera, mi mundo no sea azul. Consideraciones:antes del primer cosmonauta, sera correcto que alguien hubiera dicho, alreferirse a su propio nacimiento, vine al mundo. Pero slo hace poco tiemponacemos para el mundo. Casi avergonzados.Para ver el azul miramos el cielo. La Tierra es azul para quien la miradesde el cielo. Azul ser un color en s, o una cuestin de distancia? O unacuestin de gran nostalgia? Lo inalcanzable es siempre azul.Si yo fuera el primer astronauta, mi alegra slo se renovara cuandoun segundo hombre volviera all desde el mundo: pues tambin l lo habravisto. Porque haber visto no es sustituible por ninguna descripcin: haber visto slo se comparacon haber visto. Hasta que otro ser humano tambin hubiera visto, yo tendra dentro de m un gran silencio,aun cuando hablara. Consideracin: supongo la hiptesis de que alguien en el mundo ya haya visto a Dios. Ynunca haya dicho una palabra. Pues, si ningn otro lo vio, es intil decirlo.El gran favor