Migraciones intelectuales

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    L M IG R IO Ny S U S N R R IO N E S

    Rodrigo Garca de la Sienray Raquel Velasco COORDINACIN Y EDICIN)

    liter l pu lishing

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    LA MIGRACION SUS NARRACIONES

    Rodrigo Garca de la Sienra y Raquel Velasco COORDINACIN EDICIN)

    liter l pu lishing

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    Diseo de portada e i nteriores: DM

    Primera e dici n 2014

    Todos los derec hos reserva dos

    2013 Ro driga Ga rca de la Sienra y Ra quel Velasco Go nzlez 2013 Litera l Publishing

    5425 Renwick Dr.Houston, Texas 77081www.literalmagaz ine.com

    ISB~: 97 8-0-9897957-6-0

    Ning una p arte d el contenido de est e libro puede repro ducirse, a lmacenarse

    o trans mitirse de ni nguna forma, ni por ningn medio, s ea ste electrnico,qumico, mec nico, ptico , de grabacin o de fot ocopia, sin el permiso dela casa e ditoria l.

    Printed and made in USA

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    ndice

    Presentacin

    Rodrigo Carca de la Sienra, Raquel Velasco

    La ciudad enAl otro lado, de Heriberto YpezRosa Mara Burrola Encinas 13

    La espera, lo imposible, la ajenidad.La figuracin heterogenia de Don Diego de Zama

    Norma Anglica Cuevas Velasco 33

    Sujeto migrante/migracin subjetiva.El hablador, de Vargas Llosa

    Rodrigo Carca de la Sienra 59

    Minar la escritura: Mitoy oralidad enEl zorro de arribay el zorro de abajo, de Jos Mara Arguedas.La movilidad del sujeto migrante.

    Mayco Osiris Ruiz 85

    Migracin: una pica de la hegemona culturalBryan Klett Carca 103

    Migraciones intelectuales: el grupo VueltaMalva Flores 127

    La dispora y el muroRaquel Velasco 157

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    igraciones intelectualesel grupo Vuelta

    Malva Flores

    ... heme aq u, aunq ue privado de mi pat ria, de vosotros y de

    mi casa, y aunq ue se me ha arrebatado to do cuanto qui tarme

    se pudo, sigo acom paado, s in emb argo, de mi ingenio y del disfruto; ningn derecho pudo el Csar tener sobre l.

    OV IDIO

    La historia podra comenzar en cualquier parte e incluso re -montarse a un periodo lejano de la humanidad. Unos sesen -ta mil aos atrs, segn han precisado los cientficos, alguna

    de las todava impredecibles regiones africanas sera testigo dedos hechos tan sorprendentes como trascendentales: el pri -mero, ya se sabe, tiene que ver con el origen y aparicindel horno sapiens sobre la superficie terrestre; el segundo,no menos extraordinario y acaso simultneo al primero, se

    refiere a su impresionante traslado que, a partir de una pri -mera situacin nmada, derivara en la ocupacin de todoterritorio habitable. La genealoga de las migraciones, dis-crepancias aparte, podra te rier en este primer gran aconte -cimiento su esplendor y decadencia .

    Miles de aos ms adelante, un pequeo pueblo situadoen la frontera franco-espaola, presenciara uno de los ac-

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    tos ms simblicos del desplazamiento, de su forzosa exis-tencia pero tambin de la fascinacin que convoca para lahistoria de los intelectuales del siglo pasado. La historia, eneste caso, comienza en 1933, ao en que Walter Benjaminabandona Alemania, y se prolonga, no sinllevar de por me-dio una larga serie de penurias econmicas y espirituales,hasta su huida de Francia, donde se haba asentado, en elao 1940. La ancdota, a partir de aqu, es bien conocida:tras una penosa travesa por las montaas, Benjamin llegaa Port-Bou junto con un grupo de personas guiadas poruna mujer de nombre Lisa Fittko. La intencin de Benja-min, luego de ingresar aterritorio espaol con ayuda de unavisa norteamericana obtenida gracias a las gestiones de MaxHorkheimer, era la dellegar a Nueva York en donde lo es-peraban, en un departamento instalado en las mrgenes delHudson, sus amigos Gretel y Theodor W. Adorno.

    Desde su arribo a tierras norteamericanas, los Adornohaban madurado largamente la idea de trasladar a Benja-min al otro lado del Atlntico. Alabando el aura surrealistaque impregnaba la ciudad, Gretel intentara persuadir al fi-

    lsofo en varias ocasiones de que su vida trascurrira en eselugar de un modo similar a como ocurra entre las arcadasparisinas. Sin embargo, es preciso sealar que el traslado alos Estados Unidos no terminaba de convencer completa-mente a Benjamin. Preocupado por las dificultades econ-micas y por la situacin cadavez ms dura en una Europaasediada por los nazis, habr de preguntarse si lasclavesde un mejor futuro no le aguardaran en Israel, en donde loespera su otro gran amigo, Gershom Scholem.

    Finalmente, el destino - o la fatalidad - terminarnpor arrastrarlo a Port-Bou aquel 26 de septiembre de 1940.

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    Como se sabe,un desafortunado cambio de administracinocasion el cierre de la frontera y el desconocimiento de lasvisas de entrada. Desmoronado fsica y anmicamente, Ben-jamin opt, quiz, por la solucin ms trgica: el suicidio.En el inventario realizado ms tarde por las autoridades, nose encontraron rastrosdel portafolios que, segn testimo-nios de Lisa Fittko, Benjamin atesor celosamente durantela travesa y cuyo contenido le resultaba ms importanteque su propia vida. A miles de kilmetros de all, sus ami-gos lo esperaran en vano. Tiempo despus, Adorno habrade recordar de esta manera el impacto de las malas noticias:

    Cuando en el otoo de 1940 recib en Nueva York la noti-cia de su muerte, tuve real y muy literalmente la sensacinde que con esta muerte, que interrumpa la conclusin deuna gran obra, se le haba quitado a la Filosofa lo quemejor hubiera podido desear. Desde ese momento, hecontemplado como una tarea esencial hacer todo lo posi-ble, en la medida de mis dbiles fuerzas, para elaborar loque qued de su obra y, frente a sus posibilidades, slo es

    un fragmento, hasta poder dar una idea de tal potencial.(1995: 81-82)

    El desdichado fin de Benjamin, la estampa de su muerte yde su vida toda, nos pone de frente a un smbolo del fin dela modernidad. Su caso acrisola la temperatura del siglo xx:desde la irona que supone la existencia de un flaneur, des-preciado sistemticamente por las instituciones acadmicasy que a su m uerte se convierte en uno de los autores mscitados por la academia y sus especialistas; pero tambin delos desgarramientos polticosy las tensiones histricas que

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    vieron, en el siglo que recin termin, el advenimiento y ca-da de dos de las ms graves mitologas polticas , en palabr asde Francois Furet (1995): el fascismo y el comunismo, qu e,entre muchas otras consecuencias, implicaron los desplaza -mientos, tanto territoriales como int electuales, de un nmer otan grande de personas como los habitantes de Occident e.

    Es necesario precisar, sin embargo, las diferencias entr elos tipos de desplazamientos llevados a cabo por los ser eshumanos. En el caso del H omo sapiens, donde la dispersinse ve imp elida por la necesidad de descubrir nuevos terri-torios con finalidades casi siempre ligadas a la subsisten-cia, nos encontramos frente una de las manifestaciones m stempranas de un fenmeno inevitablemente impregnadopor resonancias bblicas: el xodo.

    El caso de Benjamin, ms trgico y ms complejo, pue-de leerse en varios momentos. El primero se remonta hastaaquel 1933 en que el filsofo abandona su patria persuadidopor el cariz cada vez ms oscuro de los acontecimientos qu ese suscitaban a su alrededor. En dnde se inscriben, pues,las acciones de Benjamin? Por una parte, latoma de concien-

    cia de los tiempos difciles que se avecinaban y la posteriordecisin de abandonar Alemania, implican un desterrarse as mismo; pero la existencia de factores externos a la volun-tad d el filsofo, de todo ese trasfondo de adversidades qu ele significaba el ascenso del antisemitismo, comprometen l alibertad de su eleccin volvindola casi obligatoria y tran s-formndolo, en ms de un sentido, en desterrado.

    Junto al ostracismo, tan popular entre los atenieses, eldestierro ha sido entendido como una prctica en la que l avoluntad de un tercero influye para que una persona o gru-po de personas tenga que abandonar un determinado lugar.Es cierto que el primero se relaciona, casi siempre, con un

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    hecho individual, pero las causas y los motivos por los cua -les se produce, permiten emparentarlos . No deja de ser sig-nificati vo que la palabra exilio, ligada m s bien a una actitudideol gica, guard e, a su vez, un e strecho vnculo con las an-teriores. S e llama exiliado a todo aqu el indi viduo obligadoa abandonar su pas por razones poltic as o ideolgicas. Sise revisa el caso de lo s exiliados republicanos espaoles, po-dr ad vertirse que la derrota de la R epblica y el ascensodel franquismo suponen un cambio d e ideologa poltic aen Espaa qu e obliga a los vencidos a salir de su tierra. Lomismo puede decirse con respecto a Benjamin y al resto delos judos desplazados por la lleg ada de los nazis al poder .

    Como podr advertirse, cada uno de estos conceptos seestablecen y redondean de acuerdo con las razones que losoriginan. Todos, sin embargo, resultan emparentados porel vnculo comn del traslado, de la migracin , y las causaspor las que se producen determinan su especificidad, si bienes posible que esas causas no impliquen siempre un trasfon-do poltico o ideolgico .

    Los ejemplos que hemos consignado implican, sobre

    todo, una migracin fsica, es decir, un traslado. Sin em-bargo, existen otro tipo de desplazamientos, no necesa-riamente fsicos, propiciados por un cambio de postura uorientacin en el terreno de lo que podramos denominarel mbito intelectual . Ese tipo de