Koontz, Dean - Visiones

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    Dean KoontzDean Koontz

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    Dylan O'Connor, joven artista, se dirige a un festival en compaa de su hermanomenor autista. Deciden hacer un alto en un motel, y entonces es cuando empieza supesadilla. Los jvenes son atacados y reducidos por un misterioso doctor que lesinyecta una extraa sustancia y que les previene de que a partir de ese momento sonportadores de algo que puede matarlos o transformar su vida de una forma que no

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    Dean Koontz Visiones

    Ttulo original: By the Light of the MoonPrimera edicin: mayo, 2005 2002, Dean Koontz 2005, Grupo Editorial Random House Mondadori, S.L.Travessera de Gracia, 47-49. 08021 Barcelona

    2005, Isabel Merino Snchez, por la traduccin

    ISBN: 84-253-3939-1Depsito legal: B. 16.103-2005

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    Dedico este libro a Linda Morris y Elaine Peterson, por su intenso trabajo, su

    amabilidad y su fiabilidad.

    Y, por supuesto, tambin por pillarme en ese raro error, que solo cometo una vez al

    ao y que, de no sealrmelo, empaara mi historial de perfeccin. Asimismo, por

    ocultarme discretamente que la verdadera razn de que sigan conmigo es asegurarse

    de que a Ms. Trixie le rasquen la barriga todo lo que se merece.

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    Y all delante, el piloto sostena entre las manos su preciosa carga de vidas humanas,

    con los ojos muy abiertos, llenos de luz de luna.

    Antoine de Saint-Exupry, Vuelo nocturno

    La vida no tiene ningn sentido salvo en trminos de responsabilidad.

    Reinhold Niebuhr, Faith and History

    Cgeme de la mano y apritala fuerte. No te fallar aqu, esta noche, porque

    fallndote, me fallo y dejo mi alma en un estante de la biblioteca sin luz del infierno.No te fallar aqu, esta noche.

    The Book of Counted Sorrows

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    Un momento antes de que lo dejaran inconsciente y lo ataran a una silla, antes deque le inyectaran una sustancia desconocida contra su voluntad y antes de descubrirque el mundo era profundamente misterioso de maneras que nunca antes habaimaginado, Dylan OConner haba dejado la habitacin del motel y cruzado la autovahasta una tienda de comida rpida, alegremente iluminada, para comprarhamburguesas con queso, patatas fritas, minipasteles rellenos de manzana y un batidode vainilla.

    El fenecido da yaca enterrado en el asfalto. Invisible, pero percibido, su fantasmarondaba por la noche de Arizona: un espritu ardiente que emerga perezosamente decada pulgada de terreno que cruzaba Dylan.

    All, en un extremo de la ciudad que abasteca a los que viajaban por la cercanainterestatal, bateras formidables de letreros elctricos rebosantes de colorescompetan en busca de clientes. No obstante, pese a esa luminosa batalla, unimpresionante mar de estrellas brillaba de horizonte a horizonte, porque el aire eralimpio y seco. Una luna que se diriga hacia el oeste, redonda como el timn de unbarco, surcaba el ocano estrellado.

    All arriba, la inmensidad se mostraba limpia y llena de promesas, pero el mundo aras del suelo tena un aspecto polvoriento y cansado. En lugar de que la peinara unnico viento, eran muchas las brisas que trenzaban la noche, cada una con un carcterpropio de lenguaje susurrado, y un perfume exclusivo. Impregnado de arenilla deldesierto, de polen de cactus, de humos de disel y de asfalto caliente, el aire seagriaba conforme Dylan se acercaba al restaurante, espesndose con el olor a aceitede freidora muy usado, la grasa de las hamburguesas humeando en la parrilla y los

    vapores de las cebollas fritas densos como el aire de una mina despus de unaexplosin.

    Si no hubiera estado en una ciudad desconocida para l, si no hubiera estadocansado despus de todo un da en la carretera y si Shepherd, su hermano pequeo,no hubiera estado del humor resuelve puzzles, Dylan habra buscado un restaurantecon una oferta ms sana. Sin embargo, Shep no era capaz, en aquellos momentos, deenfrentarse a un lugar pblico y, cuando estaba en ese estado, se negaba a ingerirnada que no fuera comida confortadora, con un alto contenido en grasa.

    El restaurante era ms alegre por dentro que por fuera. La mayora de las superficieseran blancas y, pese al aire bien engrasado, el establecimiento tena un aspecto

    asptico.La cultura contempornea le iba a Dylan OConner casi igual que un guante con tres

    dedos y aquel era otro sitio donde no se senta cmodo. Dylan crea que unahamburguesera tena que parecer una hamburguesera, no la consulta de un mdico,ni una guardera con imgenes de payasos y animales divertidos en las paredes, ni unpabelln de bamb en una isla desierta, ni una rutilante rplica en plstico de unacafetera de los cincuenta que, en realidad, nunca existi. Si vas a comer vacacarbonizada baada en queso, con guarnicin de unas tiras de patata a las que lainmersin en aceite hirviente ha dejado tan crujientes como un papiro antiguo, y sipara ayudarte a tragar todo eso vas a consumir cantidades satisfactorias de cerveza

    muy fra o un batido que contiene el equivalente calrico de todo un cerdo asado,entonces esa fabulosa consumicin debe tener lugar en un ambiente que declare

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    prcticamente a voz en grito placer culpable, o incluso pecado. La iluminacindebe ser baja y clida. Las superficies, oscuras, preferentemente de caoba vieja, latndeslustrado y tapicera de color vinoso. Debe haber msica para sosegar a loscarnvoros; no esa clase de msica que hace que te entren nuseas porque la tocanunos msicos macerados en Prozac, sino melodas igual de sensuales que la comida;

    quiz rock and rollde los primeros tiempos o swing de las big bands o buena msicacountry que hable de tentacin y remordimiento y perros muy queridos.

    De todos modos, cruz el suelo de baldosas de cermica hasta un mostrador deacero inoxidable, donde hizo su pedido para llevar a una mujer regordeta cuyo cabelloblanco, aspecto pulcro y uniforme de color caramelo la convertan en la doble exactade la seora Santa Claus. Casi esperaba ver asomar un elfo por el bolsillo de su blusa.

    En tiempos lejanos, los mostradores de los sitios de comida rpida eran atendidos,en su mayor parte, por adolescentes. No obstante, en los tiempos actuales, un nmeroimportante de esos adolescentes pensaba que ese trabajo era indigno de ellos, lo cualabra la puerta a los jubilados que queran complementar sus cheques de la seguridad

    social.La seora Santa Claus llam cario a Dylan, le entreg su pedido dentro de dos

    bolsas de papel blanco y se inclin por encima del mostrador para prenderle unainsignia promocional en la camisa. La insignia exhiba el eslogan FRIES NOT FLIES 1y lacara sonriente de un sapo de dibujos animados cuya conversin, que le haba hechoabandonar la dieta tradicional de su verrugosa especie para pasarse a gustazos desabor tales como las hamburguesas de queso de media libra, se describa en la actualcampaa de publicidad de la empresa.

    Y ah estaba de nuevo el guante de tres dedos; Dylan no comprenda por qu sedaba por sentado que el aval de un sapo de dibujos animados o de una estrella del

    deporte o de un premio Nobel, si a eso vamos iba a pesar en su nimo al decidirqu quera comer. Por aadidura, no comprenda por qu tena que seducirlo unanuncio que le aseguraba que las patatas fritas del restaurante eran ms sabrosas quelas moscas de la casa. Ms vala que las patatas tuvieran un sabor superior a unpuado de insectos.

    Se guard su opinin antisapos porque ltimamente haba empezado a notar quepermita que le irritaran demasiadas cosas intrascendentes. Si no se moderaba,acabara agrindose hasta convertirse en un cascarrabias de mbito mundial antes decumplir los treinta y cinco. Sonri a la seora Santa Claus y le dio las gracias, no fueraque le cayera encima una Navidad de carbn.

    Afuera, bajo la oronda luna, mientras cruzaba los tres carriles de la autova hasta elmotel, cargado de bolsas de papel llenas de fragante colesterol en diversos formatos,Dylan se record algunas de las muchas cosas por las que deba estar agradecido.Buena salud. Bonitos dientes. Un pelo magnfico. Juventud. Tena veintinueve aos.Gozaba de cierto talento artstico y tena un trabajo que encontraba a la vez agradabley con sentido. Aunque no corra el peligro de hacerse rico, venda sus cuadros con lasuficiente frecuencia como para cubrir gastos y meter un poco de dinero en el bancocada mes. No tena ninguna cicatriz que le desfigurara el rostro, ningn problemapersistente de hongos, ningn gemelo malvado y enredador, ningn perodo deamnesia del que se despertara con sangre en las manos ni tampoco ningn uero.

    1 Patatas fritas, no moscas. (N. de la T.)

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    Y tena a Shepherd. A la vez una bendicin y una maldicin; en sus mejoresmomentos, Shep haca que Dylan se alegrara de estar vivo y se sintiera feliz de ser suhermano.

    Bajo el letrero de nen de color rojo con la palabra MOTEL, donde la sombraandante de Dylan pint un negro ms puro sobre el asfalto enrojecido por el nen y,

    luego, cuando pas junto a achaparrados sags, punzantes cactus y otros elementosresistentes del paisaje desrtico, o mientras segua los caminos de hormign querecorran el motel; incluso, sin duda, cuando pas junto a las mquinas expendedorasde refrescos, con su zumbido y su quedo tintineo, absorto en sus pensamientos,rumiando sobre las suaves cadenas de los compromisos familiares... alg