Crítica literaria y políticas culturales

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  • Crtica literaria chilena actual.

    Breve historia de debates y polmicas: de la querella del criollismo hasta el

    presente.

    Crtica literaria y polticas culturales:

    Escritores, revistas literarias y compromiso social.

    Vicente Bernaschina Schrmann Paulina Soto Riveros

    2011 Todos los derechos reservados.

    Esta investigacin cont con el apoyo del Fomento del Libro, Modalidad

    Investigacin y de la Beca de Creacin Literaria, Gnero Ensayo del Fondo de

    Fomento del Libro y la Lectura 2009.

  • C r t i c a l i t e r a r i a y p o l t i c a s c u l t u r a l e s | 2

    ndice

    Crtica literaria y polticas culturales: ........................................................................................................ 1

    1. Detenidos en el umbral de nosotros mismos ........................................................................................ 3

    2. La guerra de guerrillas o tirarse con la bomba bajo el auto. .............................................................. 16

    3. Hasta qu punto ests dispuesto a callar? ........................................................................................... 36

    4. Purgando La Moneda .............................................................................................................................. 56

  • V i c e n t e B e r n a s c h i n a P a u l i n a S o t o | 3

    1. Detenidos en el umbral de nosotros mismos

    Qu ha ocurrido en la literatura chilena en los ltimos veinte aos?, se preguntaba Carlos

    Droguett en un artculo publicado por la revista Mensaje en su nmero correspondiente a septiembre

    y octubre de 1970.1 La pregunta no tendra por qu parecernos extraordinaria como para destacarla.

    Es una pregunta sencilla, que invita a la evaluacin de un proceso; una pregunta que incluso

    tendramos que considerar necesaria, si adems nos percatamos que el momento en que se la

    formula es concebido como el umbral de una nueva poca.

    Sin embargo, la pregunta no deja de presentarnos ciertas dificultades; sobre todo, porque no

    es verdaderamente una pregunta, sino una afirmacin llena de sarcasmo.

    Droguett, polmico como siempre, lanz la pregunta por sobre el desarrollo literario de la

    narrativa de la generacin del 38 y de la del 50, sobre los largos debates de los encuentros de

    escritores y de las revistas literarias y culturales para declarar directamente: la respuesta es tajante y

    definitiva, o definitoria ms bien. No ha pasado nada.2 Si bien est dispuesto a reconocer que hay

    excepciones, autnticas islas, estas no son suficientes para conformar un continente ni justificarlo.

    En su opinin, la literatura chilena [] es frvola, espiritualmente pequea, irresponsable, no tiene

    garra, no tiene coraje, no tiene imaginacin, profundidad ni estilo, vive de espaldas a la realidad

    chilena. No solo la realidad histrica sino la realidad no escrita, desgraciadamente no escrita, que

    pasa por ah afuera en estos momentos.3

    Ahora bien, si la pregunta planteada ms arriba por Droguett era en verdad una afirmacin

    sarcstica y provocadora, la declaracin de que en veinte aos no ha pasado nada tampoco podemos

    tomarla como una negacin sin ms. De serlo as, Droguett no estara diciendo absolutamente nada.

    Se habra limitado a la penosa constatacin de un hecho y luego al lamento correspondiente. Pero la

    1 Carlos Droguett, La literatura chilena de espaldas a la realidad nacional. Apartado Revista Mensaje 203-204 (1970): 1. 2 Ibd., 1. 3 Ibd., 1.

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    negacin, puesta en un momento histrico y bajo la determinacin de un objetivo, no slo marca

    una toma de posicin del escritor ante su labor, sino la eleccin de una tradicin y de un rol poltico

    y social. La literatura chilena, esa que no hace nada, esa que no ha hecho nada, que prcticamente no

    existe para Droguett, vive de espaldas a la realidad chilena. No cualquier realidad, por supuesto, sino

    la que sucede crudamente ah, frente a nuestras narices y fuera de los libros, de las instituciones, de la

    visibilidad de los hechos y actores considerados histricos por el discurso hegemnico.

    El artculo de Droguett, como la gran mayora de sus escritos, lleva estampada la fecha de su

    composicin: 19 de septiembre de 1970. Por lo tanto, su insistencia apunta claramente al reciente

    triunfo de Salvador Allende y la Unidad Popular en las votaciones del 4 de septiembre de ese ao. Si

    bien su triunfo an tena que ser ratificado por el Congreso, ya que no haba conseguido la mayora

    absoluta, este desenlace del desarrollo poltico del pas era parte de un largo proceso social y cultural

    en el que los sectores marginados obreros, campesinos, mineros, artesanos, estudiantes y muchos

    otros emergan con potencia para luchar por sus derechos.

    Paradjica, dolorosamente este proceso an no alcanzaba su concrecin en la literatura.

    Para Droguett, esta ausencia era clarsima y todava ms cruda, ms censurable dice, si se la

    miraba a la luz del resto de Amrica Latina: en estos aos dramticos, el continente que escribe la

    novela de ms trgica autenticidad, de ms tremenda autenticidad y de ms trascendencia en el

    mundo.4 No por la visibilidad pblica que adquirieron algunos escritores de lo que ya para entonces

    se consideraba el Boom latinoamericano, quienes para Droguett eran en su mayora unos playboys de

    la literatura imitativa y expertos en relaciones pblicas de s mismos, sino por el desarrollo de

    narrativas de alto compromiso artstico, poltico y social, como las de Juan Rulfo, Rosario

    4 Ibd., 1.

  • V i c e n t e B e r n a s c h i n a P a u l i n a S o t o | 5

    Castellanos y Agustn Yaez, en lo que a la novela mexicana respecta, o como la de Jos Mara

    Arguedas en el caso de la zona andina.5

    En Chile, por su parte, si bien existieron algunos guas y derroteros, nadie haba sido capaz

    de enfrentarlos y darles continuidad real. Acaso Nicomedes Guzmn, quien para Droguett

    lamentablemente peca a ratos de tendencioso y, en consecuencia, termina por ahogar la tragedia de

    sus personajes, de sus novelas y a s mismo. Acaso Manuel Rojas, sobre todo en sus cuatro o cinco

    ltimas novelas, pero nadie ms ha sido capaz de hacerse cargo de la labor emprendida por

    Baldomero Lillo, precursor del socialismo en el arte, pero de un arte que no es socialista ni es

    denuncia en cuanto es profundo y verdadero.6 Un arte cuyo protagonista no es ni un arte bello

    porque s, ni un mensaje didctico expresado burdamente, sino la injusticia social en toda su crudeza.

    La gran discusin que se vena alargando ya desde fines de los aos veinte entre criollismo e

    imaginismo, entre criollismo e impresionismo, entre criollismo y cosmopolitismo, para Droguett es

    trgicamente puro ruido que ha mantenido ocupados a los escritores chilenos en cuestiones

    superfluas, hacindolos ignorar el buceo fundamental de las experiencias y el alma popular.

    O sea, los narradores de los ltimos veinte aos no han sido capaces de incorporar

    seriamente el proceso social y poltico que han vivido los verdaderos actores de las transformaciones

    profundas de la nacin y del continente. Siguiendo los pobres estereotipos del criollismo, la

    representacin literaria del grueso de la poblacin del pas, de la poblacin marginada de la Historia

    con mayscula, no pasa de ser ms que una reproduccin de sujetos y rasgos inexistentes, productos

    de un vano orgullo nacionalista, o una evasin que busca festinar sobre una libertad espiritual que

    slo exista para el mundo alienado de las clases media y alta.

    Las polmicas literarias con las que se haba dado inicio a la dcada del sesenta,

    fundamentalmente anticriollistas, iban de la mano con los reclamos de la generacin del 50 por un

    5 Antonio Avaria, Entrevista con Carlos Droguett. rbol de letras 3 (Abril 1968): 20-21. 6 Carlos Droguett, La literatura chilena de espaldas a la realidad nacional, 3.

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    arte que se debiera principalmente a s mismo y no a determinaciones pseudocientficas o

    extraliterarias, por una literatura que se abriera a los conflictos universales y a las nuevas formas y

    estilos de representar la realidad a travs de la psicologa. Sin embargo, ya para inicios de los setenta,

    quedaba en evidencia que tal reclamo pareca haberse olvidado de que la realidad social y cultural de

    Chile requera de una literatura que, apropindose de los nuevos procedimientos artsticos, fuera

    capaz de integrarlos dentro de su cultura sin imponer como realidad slo una parte de las

    experiencias de una minora de la poblacin.

    Desde la segunda mitad de los cincuenta, la aparicin de La difcil juventud (1954) de Claudio

    Giaconi sent el tono y la visin de mundo promovida por el grupo de escritores noveles que

    Enrique Lafourcade autodenomin la generacin del 50. Esta visin, reafirmada por Giaconi a

    travs de mltiples intervenciones pblicas en revistas, congresos y encuentros de escritores,

    adquiri ms fuerza, en la medida que aparecieron otras colecciones de cuentos y novelas que, de un

    modo u otro, la compartan.

    Un ejemplo clarsimo de esta confirmacin lo entrega Coronacin (1957) de Jos Dono