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    Ediciones Herramienta Av. Rivadavia 3772 - l/B - (C 1204AAP) Buenos Aires, Argentina Te!. (5411) 4982-4146 Correo electrnico: [email protected] Pgina en Internet: http://www.herramienta.com.ar

    ISBN 978-987-22929-9-7

    Printed in Argentina Impreso en la Argentina, mayo de 2008

    Todos los derechos reservados

    Hecho el depsito que marca la Ley 11.723

    Acha, Ornar La nueva generacin intelectual: incitaciones y

    ensayos. - la ed. - Buenos Aires: Herramienta, 2008.

    192 p. ; 23x15 cm.

    ISBN 978-987-22929-9-7

    l. Ciencias Sociales. 1. Ttulo CDD 301

    ndice

    Prefacio

    Primera parte EXPLICACIN DE UNA NUEVA GENERACIN

    Introduccin a la orfandad intelectual

    El desierto del debate intelectual en la Argentina

    El enigma de la historia

    Cmo se constituye una generacin intelectual?

    El porvenir de una nueva generacin

    Segunda parte TRES ENSAYOS SOBRE EL CAMBIO INTELECTUAL

    Grande historia e historia normal (en torno al fracaso de Groussac)

    Revistas de las afueras del peronismo: Contorno e mago Mundi entre la renovacin historiogrfica y el proyecto generacional

    Las narrativas contemporneas de la historia nacional y sus vicisitudes

    Eplogo Diez tesis sobre el obrar intelectual contemporneo

    11

    17

    33

    55

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    103

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    195

    ..

  • La nueva generacin intelectual. Ornar Acha

    de Laferrere, entre la colaboracin con los muchachos de la esquina (una monedita para la birra, vieja) y la marcha amenazante de lajaura de perros callejeros. Se percibe un hasto, pero tambi~.Il:J~j!!~~i~n de que nuestras p.9j:~ncias.~stncl~Sp~rdic:.ia~~s: La matriz universitaria o mercantil en que se nos quiere moldear, segn los casos, nos parece muy poco, aunque las destrezas que demanden no sean desdeables. Sabemos muy bien que un excelente profesor puede ser un intelectual insignificante. La praxis intelectual y la universidad no estn enlazados por una relacin de sinonimia. Incluso son antnimos cuando se quiere imponer la supremaca de la razn acadmica.

    Qu dicen nuestras vivencias? Que hay una necesidad insatisfecha, un deseo sin objeto, un ansia sin un cuerpo que gozar. Nos falta pasar de esa sensacin sin palabras a la tesis, a la accin. Es preciso poner en discurso y en acto la necesidad de una obra que sea de horda. No importa que las primeras tentativas fracasen. Por el contrario, es imprescindible que encallen pronto. Porque as darn paso a una obra plural y renovadora. Del sentimiento a la poltica cultural slo se transita a travs de la palabra, yeso requiere el planteo de ideas.

    Un proverbio rabe sostiene que las personas se parecen ms a su poca que a sus padres. La afirmacin es sin duda simplificadora. No nos exime de pensarnos histricamente. Pero aqu y ahora refiere una verdad concreta: la vida intelectual argentina, aunque sostenida en programas de televisin, ctedras universitarias, revistas, cargos gubernamentales, editoriales, est herida de muerte.

    Lo que nos queda por hacer es mucho ms que la inevitable despedida de todo posible entuerto con las palabras y actos de las generaciones precedentes. Nuestra tarea consiste en elaborar la agenda del quehacer intelectuall?m:ye~i~.-P~r~-i'~-grarlohabr que'operaiuna lectura'crtica d~"ia'hist~~i~:' ~;'~xamen riguroso del presente, proponer un problema del porvenir. En primer trmino de la tierra yerma del debate intelectual en que nacimos, donde nos hastiamos y donde se origin la vocacin polmica de una cultura militante.

    La carencia de una historia intelectual verdaderamente problematizadora para la conformacin de nuestra generacin es la oportunidad para romper con las formas generacionales precedentes. O lo que es su contracara, interrumpir el proceso de destruccin de la vida in.

    - .. .~

    telectual argentina que se inici en 1930. Sobre el ataque contra la praxsintelectual a lo largo del siglo veinte, tratar el siguiente captulo. 32

    El desierto del debate intelectual en la Argentina

    Por qu debera existir vida intelectual antes que una nada intelectual? El debate cultural es un componente obligatorio de toda cultura? Es imaginable que una sociedad compleja carezca de una respiracin intelectual donde se calibren las aspiraciones de una vida mejor? La despolitizacin de la intelectualidad argentina se consolid como un rasgo de larga duracin? Habr que ir a buscar las ideas a un "pueblo" en esencia virtuoso y repleto de saberes ms valiosos que los desvaros intelectuales? O puede considerarse abolido el tiempo del hacer intelectual sublevado? Pero la pregunta de las preguntas es otra: por qu estas inquisiciones parecen improcedentes o arcaicas?

    Sin embargo, su pertinencia es mundial. Es posible que una sociedad compleja carezca de actividad intelectual crtica? Es sta una simplificacin polmica? Hace pocos aos, Jean-Claude Milner pregunt si exista "vida intelectual" en Francia, es decir, si la intelectualidad se situaba crticamente frente al orden establecido y as cuestionaba sus condiciones de existencia. El lingista conclua que no la haba, La reaccin contra el clima terico del Mayo francs, contra el sesentaiochismo, se haba coaligado con el conservadurismo de los aos noventa y la mediatizacin chic del cambio de siglo para eliminar toda discusin autnticamente crtica. El argumento de Milner es convincente si observamos que el intelectual-tipo de Francia es un ftil animador como Alain Finkielkraut. Qu distancia con los aos en que disputaban Sartre, Althusser, Bourdieu y Foucault!

    Va de suyo que las razones argentinas son distintas. Pero el resul- ~ tado es similar. Milner se confina al lamento. Nuestra actitud no puede

    33

  • La nueva generacin intelectual. Ornar Acha

    contentarse con la imprecacin. No nos basta la bronca ni nos place el resentimiento. Tenemos demasiado por decir para agotamos en la congoja. Debemos explicar por qu llegamos a la vacancia d~pr()yec!()~ intelectuales y qu desafos pueden nutrir una prctica difert:ntt::

    Las ideologas culturales alimentaron durante largas dcadas la creencia de que las grandes ciudades argentinas posean activos ambientes intelectuales. Crdoba, "la docta", Rosario, "la Barcelona argentina", o sobre todo Buenos Aires, cuya inquietud era reconocida incluso por quienes le reprochaban que diera "la espalda al pas".

    En una de las estaciones iniciales de la historia cultural argentina, el Facundo de Domingo Faustino Sarmiento, las ciudades configuraban el espacio de las ideas, del cambio, de la comunicacin. El campo era la tundra inhspita de la falta de lenguaje. La pampa era fuerza pura, antidialctica. El resto de la historia cultural argentina se trenz en disputa con Sarmiento, al menos hasta que Jos Luis Romero plante que el enigma a resolver se haba trasladado a las ciudades. De la dicotoma ciudad/campo se pas a la de lites/masas. Un rasgo profundo del razonamiento sarmientino sobreviva en Romero: las lites son el producto del desarrollo urbano. Sin embargo, el temor ms hondo del historiador socialista reformista resida en que las multitudes tambin devenan urbanas, y en cierto momento era la propia ciudad la que produca la masificacin. De all su desasosiego ante el hormigueo annimo de una Nueva York, deca, sin estilo. Esa conclusin, sin embargo, no llegaba a desinvestir la esperanza en las ideas formuladas en las ciudades.

    Un paso adicional en la supervivencia de la ciudad como terreno propio de la accin intelectual aparece en David Vias y en Horacio Gonzlez. Para ellos, sea en los reductos librescos de la avenida Corrientes o en el acopio de textualidades sobre la pampa, 10 urbano emerge como el mbito por excelencia de las ideas. Yeso a pesar de las escrituras sobre los gauchos e indios, o sobre Ezequiel Martnez Estrada. En el largo plazo de la an breve historia argentina, la conexin entre Buenos Aires y el hacer intelectual adquiri una trama difcil de quebrar. Existen resistencias, por ejemplo en Rosario, pero la hegemona portea ser difcil de conmover (he all una tarea a la que se dedicar nuestra generacin).

    Lo que no existe en la Argentina de los ltimos aos, sea en las ciudades,-~l campo o el curso de los ros, es un debate intelectua}. Las dis34

    El desierto del debate intelectual en la Argentina

    cusiones son dilogos de sordos. Nada se juega en los diferendos, al menos nada que supere los celos "intelectuales". Hay por doquier personas que se jactan de intelectuales por posiciones adquiridas, pero cuya obra carece de proyeccin futura. Se satisfacen con viajes al pasado, sea para celebrar sus promesas incumplidas o para conjurar su repeticin. Naturalmente, los planteas tecnocrticos carecen de relevancia.

    Tampoco la copia de modas acadmicas del hemisferio norte va- \ le como sustituto de un debate. En la Argentina leemos mucho a Antonio Negri y a Jacques Lacan, a Ranajit Guha ya Judith Butler, pero de nuestros problemas sociales y culturales es poco profundo 10 que tenemos para decir. Es que no reconocemos que nuestra realidad es ms compleja que cualquier teora. Y si nos resistimos a leer esa bibliografia (necia decisin), nos deja igualmente con las manos vacas la ilacin de una tradicin nacional que pretende exprimir de los textos de Ral Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche, o de Milcades Pea y Rodolfo Puiggrs, los saberes para una renovacin poltico-cultural. El signo revelador de la pobreza del mundo intelectual arge

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